|
|

16.09.2009.

Vaya. Leo la información que publica la Fundación para la Diabetes de España en su sitio web y no dejo de sorprenderme.
En ese país, cerca del 10% de los niños con diabetes oculta su enfermedad al profesor.
Será porque a mi me dio diabetes más viejo (a los 18), pero me cuesta imaginar a alguien, más un niño, que oculte la diabetes tipo 1 que padece. Yo casi la uso como carta de presentación. Tal vez exagero, pero los que me conocen saben que muchas veces aparte de levantarme la polera para pincharme en el estómago (cuando usaba jeringas) o medirme la glicemia sin asco en público, me presento: "Hola, soy Marcelo González, y tengo diabetes tipo 1 desde los 18...". Por cierto que la cara de quien me escucha cambia y comienzan con el "pero cómo, tan delgado que es, pobrecito" y todo eso que muchos ya han escuchado... Sí, todavía me lo dicen... En fin.
Bueno, volviendo a la nota, según un estudio realizado por la Fundación para la Diabetes, aunque más del 90% de los profesores-tutores está informado de que en su sala hay un niño con diabetes, todavía un 8% de los padres y/o niños no comunica su enfermedad. Este número llega al 15% en el caso del profesor de educación física, lo que a todas luces representa un peligro potencial mayor, pues por todos es sabido que la actividad física incide directamente sobre el manejo de la glicemia.
Otras cifras del estudio realizado a niños entre los 6 y los 16 años, dicen que el 95% de los padres y el 99% de los docentes de niños con diabetes consideran que la formación en diabetes tipo 1 del profesorado es una medida esencial para mejorar la integración del niño que padece la enfermedad en la escuela. En este sentido, y según otro estudio realizado también por la misma organización, todos los profesores manifestaron que les sería de gran utilidad contar con algún material explicativo sobre el manejo de las situaciones de emergencia de la enfermedad como, por ejemplo, la hipoglicemia.
"El profesor es el primer adulto que contacta con el niño en el colegio y, por tanto, aquel de quien parte la primera acción ante una hipoglicemia y cuya ayuda puede ser fundamental", explica el doctor Juan Pedro López Siguero, presidente de la Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica. “Es más –añade-, para el buen control de la diabetes en el niño es imprescindible una formación adecuada del profesorado y una buena relación con la familia del niño, que será quien marque las pautas a seguir”.
El 32% de los escolares encuestados en el estudio se inyecta insulina y el 65% controla su glicemia en el colegio. Además, el 45% de los niños que asiste a un centro escolar con comedor almuerza en el mismo centro, pero de ellos, el 37% lleva la comida de casa. Los motivos más frecuentes que se aluden para no hacerlo son el hecho de tener que seguir una dieta correcta (40%) y de pincharse insulina (14%).
Como colaborador de la Fundación Diabetes Juvenil de Chile, me tocó en varias oportunidades participar en lo que se denomina el "Team Colegios", un grupo de Monitores, que va a los colegios donde hay recién diagnosticados o recién incorporados con diabetes tipo 1. Lo que se busca es a través de una breve exposición a los profesores y alumnos, por separado si es necesario, entregarles nociones básicas de qué es la diabetes y cuál es su tratamiento, así como las medidas a tomar en caso de una emergencia. Más que dictar cátedra profunda, lo que se hace es desmitificar la diabetes y llevarla al ámbito cotidiano, amén de que la presencia de jóvenes con diabetes tipo 1, iguales al alumno y con buen control, abre las mentes de quienes suelen estar condicionados por prejuicios.
Siempre he notado mucho interés. Pero mucho queda entregado a la buena voluntad. Me queda claro que también todo depende de cómo sea planteada la situación por parte de los padres: si ellos todavía no manejan bien el tema lo más probable es que las inseguridades y temores se traspasen al colegio y eso genere cierto rechazo.
Es todo un tema y no menor condiderando el aumento del diagnóstico en edades más tempranas y la implantación de la jornada escolar completa en nuestros colegios.
Ojalá se pudiera hacer un estudio similar en Chile que sentara las bases de un plan de acción que coordine a todos los entes involucrados: asociaciones de pacientes, Ministerios de Salud y Educación, escuela, padres y por supuesto a los niños.
|