Cuesta escribir esto pero no tengo por qué ocultar lo que siento.
Y es que la noticia que leo no me emociona tanto como a otros…
La nota en cuestión la recibí vía Twitter el miércoles de la semana pasada por la mañana y no pude publicar nada pues estuve todo el día en reuniones de las que espero poder informarles más adelante.
Se las resumo. La Fundación de Investigación para la Diabetes Juvenil (JDRF por sus siglas en inglés) anunció una innovadora alianza con Animas Corporation (cuyos dueños son Johnson & Johnson) para desarrollar en conjunto un sistema automatizado y ayudar así a las personas con diabetes tipo 1 en un mejor control de su enfermedad. Este sería el primer paso en el más revolucionario avance en el tratamiento de la diabetes tipo 1 pues de lo que se habla es del desarrollo de un páncreas artificial, un sistema totalmente automatizado para entregar insulina al pacientes basado en los cambios en tiempo real del nivel de azúcar en la sangre.
Se espera iniciar las pruebas en un año y en un plazo de unos cuatro tenerlo listo para la comercialización y aprobación por parte de la FDA.
Les dejo el enlace al comunicado para que lo vean ustedes mismos. http://www.jdrf.org/index.cfm?fuseaction=home.viewPage&page_id=2458B97B-1279-CFD5-A70D0580F67A16A9
Debo declarar que encuentro tremenadamente destacable y respetable el trabajo que desarrolla la JDRF, eso es incuestionable.
Pero no puedo emocionarme por lo que leo. Cuando se plantea que el dispositivo será un páncreas artificial es en donde me surgen las dudas.
Primero se dice que el dispositivo detendrá la infusión automáticamente en situaciones de hipoglicemia y la aumentará en caso contrario.
Invito a los lectores más nuevos a leer, y a los antiguos a recordar, que acá mismo en MiDiabetes.cl, y con ocasión del Congreso de la ADA en USA, publiqué una nota sobre el Paradigm Veo, el dispositivo de Medtronic que es una bomba asociada a sensor continuo de glucosa que lanza la alarma de hipoglicemia y detiene hasta por dos horas la infusión de insulina. Más todavía. Acaba de ser presentado en España.
O sea, ya hay algo parecido en el mercado Europeo, pero todavía no recibe la aprobación de la FDA. Desconozco la relación entre Medtronic y la JDRF, desconozco el por qué todavía no es aprobada en los Estados Unidos.
Pero más allá de las dudas de orden económico-político que me surgen, aparecen otras más relacionadas con la cosa científica.
¿Han reparado en lo que implica escuchar sobre un órgano artificial? Pulmones artificiales, corazón artificial… Y hasta el sistema de diálisis cae en la categoría de riñón artificial. ¿Y cómo son esos aparatos? ¿En qué circunstancias llegan a ser usados? Grandes, costosos, usados como elementos de salvataje frente a una emergencia vital.
Es cierto que el avance de la ciencia nos ha llevado a la disminución en el tamaño de los dispositivos. Basta ver las imágenes de las primeras bombas de insulina: verdaderas mochilas en las espaldas de los pacientes, hoy reducidas a medidas similares a las de un buscapersonas o un teléfono móvil.
Bomba y sensor continuo de glucosa en un mismo aparato ya trabajan juntos, con resultados no del todo óptimos, pero abren la esperanza de que algo mejor vendrá.
Sin embargo, liberar al paciente de la toma de decisiones… Todavía lo veo lejano.
Tendríamos que adentrarnos en los intrincados caminos de la química de la alimentación para entender que la liberación de insulina por parte de las células beta no comienza cuando el azúcar llega a la sangre. Tendríamos que tener muchas páginas para explicar el mecanismo que propicia la liberación por parte del hígado del glicógeno que nos hace subir la glicemia cuando estamos bajos.
Hoy yo, con los datos de glicemia e ingesta de carbohidratos que ingreso a la bomba propicio que el aparato me ofrezca una cifra, una sugerencia en cuanto a la cantidad de insulina a liberar para determinada comida. Y todo eso basado en la comunión de las partes móviles del equipo y un complejo software. Pero soy yo el que modifica esa cantidad si lo que voy a comer contiene muchas grasas o es de absorción rápida. Soy yo el que decide activar una basal temporal al 50% luego de realizar un ejercicio sostenido en el tiempo. Soy yo el que previendo una situación de estrés y posible aumento de la glicemia me aplico 0,2 UI para mantener el azúcar en el rango meta. Soy yo el que sabe que dependiendo de donde me ponga la cánula, habrá una variación en la absorción de la insulina, y en ese caso, tengo que cebarla con más unidades que las normales… y hasta subir un poco mi basal por un rato.
La regulación del nivel de mi azúcar en sangre parte en mi cerebro… Y no me imagino este “páncreas artificial” conectado a mi cerebro.
Reducir la explicación del funcionamiento de un páncreas artificial a que si el sensor marca alta la bomba infunde más y si es una baja deja de bombear, es saber poco del trabajo de nuestro maravilloso cuerpo humano (bueno, maravilloso es un decir en mi caso).
Hay muchas otras investigaciones que van por el camino de la modificación genética, de un reajuste de nuestro sistema inmune, vacunas y células madre de por medio, que para mi tienen más el sentido de la “cura”.
Pero como dije hace casi 24 años, ojalá alguno de los esfuerzos que se hacen por “mejorarnos” resulte. Ojalá haya un aparato, un método, un medio que pueda curarnos de una vez por todas, o por lo menos curar a los que están por ser diagnosticados.
Como en esas navidades en que no esperaba nada y tenía el mejor regalo que pudiese haber escogido, antes que las decepciones y la desesperanza por el fracaso prefiero la cautela y llevarme una tremenda sorpresa cuando lo que se dice y anuncia con comunicados de prensa sea de verdad realidad.