Month: febrero 2010

¿Glicemia? ¿Glucemia?

Un glucómetro sobre un diccionario de la RAE
Esta no es más que una divagación de día viernes que no cambiará el curso del manejo de mi diabetes, pero quería compartirla.
El otro día, chateando con una amiga, en una parte de nuestra conversación hizo un alto y me preguntó: ¿gli o glu?
Y la verdad es que tuve que responderle la verdad, por dura que parezca frente a la costumbre.
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua la palabra correcta es glucemia, porque glicemia no existe.
De toda lógica, pues viene de glucosa
Pero en Chile al menos, está impresa hasta en los exámenes, y tanto pacientes como personal médico dice y escribe “glicemia”
¿Por qué? ¿Cuando cambiamos la glu por la gli? ¿Cuando le quitamos todas las “s” a los plurales al hablar? Ni idea.
Y acá decimos hipoglicemia, hiperglicemia, índice glicémico y hasta hemoglobina glicosilada y debiera ser glucosilada…
Ahora, mirando bien el diccionario, dice que viene del francés glycémie… Y tal vez de ahí se explique el error cometido.
glucemia.
(Del fr. glycémie, con u influida por glucosa).
1. f. Med. Presencia de glucosa en la sangre.
2. f. Med. Medida de la cantidad de glucosa presente en la sangre.
De todos modos me pregunto si será el momento de iniciar una campaña y que todos digamos y escribamos glucemia o la campaña debe ir orientada a que la que Academia reconozca el uso masivo en el habla que se le da a glicemia (y que todos los entendemos al fin y al cabo) para que la reconozca e incorpore a su diccionario?
¿Qué opina el pueblo?

¿Discriminación?

No Diabetes

No voy a entrar en profundidades. El tema es duro en sí mismo y para eso necesito más antecedentes y reflexión, cosas que este verano han sido difíciles conseguir.

Pero quiero compartir esto con ustedes.

Una amiga me cuenta que tiene mucha rabia. Está tramitando un crédito para comprar casa y en el banco le dicen que por su declaración de salud el seguro de desgravamen aumentará en un ¡200%! Claro, en la declaración de salud dice que tiene diabetes tipo 1…

¿Discriminación?

Si no lo es podría estar disfrazada en las “políticas comerciales del banco”. Pienso igual que tiene toda la cara de serlo. Es cierto que las personas con diabetes somos poco “confiables” para el sistema financiero. Estamos más expuestos a sufrir una descompensación, caer hospitalizados y, supongo, morir… ¿Hay algún inmortal por acá?

En estos momentos ella está redactando una queja y hará valer el primer y único derecho al que no podemos renunciar: el derecho a pataleo, es decir reclamará por lo que le parece un cobro excesivo. Esperemos que le vaya bien y ya les contaré cómo termina la historia.

Pero, ¿bastará con tener un historial de buen control? ¿Será necesario una declaración de nuestro médico que de cuenta de los bien que nos manejamos?

Parece que no.

¿Qué probabilidades hay que una persona que declara ser sana, por lo que tiene un seguro de desgravamen “normal”, se enferme gravemente y fallezca luego de contratado el crédito?

Creo que falta legislación al respecto.

Es cierto que en Chile opera el libre mercado, pero claramente las cosas se nos ponen difíciles a las personas con diabetes cuando crecemos. Lamentablemente la niñez y juventud es una especie de estado de gracia que acaba con los años…

Oportunidades laborales truncadas por “salud incompatible”, pocas facilidades para tomar la medicación a las horas que corresponde, recomendación de no estudiar o postular a carreras militares…

Haciendo historia recuerdo que luego de diagnosticado en junio de 1986, y habiendo cumplido los 18 años en abril de ese año, en agosto fui a inscribirme para el Servicio Militar Obligatorio. Por cierto que sumados a los papeles que acreditaban que estaba estudiando en la universidad, iba con mis certificados médicos que hablaban de mi condición, con lo que esperaba “sacármelo” sin mucho esfuerzo.

Esa fría mañana en el Cantón de Reclutamiento había una larga fila que se movía lentamente. Como veía que pasaba la hora y seguía más o menos en el mismo lugar, y por la NPH que usaba entonces ya se venía mi hora de colación de media mañana, pensé en un momento usar el argumento de mi enfermedad para saltarme la espera. Pero mirando la cara de pocos amigos de quienes estaban a cargo del proceso (mediados de los 80 en Chile, vestidos de uniforme militar y con armamento de grueso calibre…) preferí esperar.
Al llegar mi turno el oficial de guardia me preguntó mis datos junto con algún antecedente de salud. Dije diabetes tipo 1, insulino dependiente, sin agregar nada más. Me miró, llenó un papel y sin siquiera preguntarme por algún certificado me dijo “Eximido!”. ¿Discriminación positiva? Perplejo salí de ahí pensando en que quizás me vio tan flaco todavía que no fue necesario ningún otro argumento… Con apenas un par de meses de diagnóstico pensé “parece que esto de la diabetes no será tan malo”.

Lo malo ocurrió a fines de ese mes, cuando en la universidad reprobé un ramo de matemáticas.

Es cierto que no soy ningún Einstein, pero la verdad es que me sentí discriminado por el profesor.

Ocurrió que estando hospitalizado por mi debut falté a una prueba. Inmediatamente de vuelta a clases y con mis certificados médicos me acerqué al profesor para plantearle la solicitud de poder rendir el examen. Me contestó que lo dejáramos para más adelante…

Un par de semanas después mientras todos mis compañeros estaban en clases, yo, en la misma sala rendía una prueba, que según pude constatar después era de una complejidad mayor a la que tuvieron ellos en su oportunidad. ¿Castigo por faltar? ¿Nivel de exigencia superior porque tuve “más tiempo” para estudiar? Lo que haya sido provocó una cadena de discusiones en donde el único que perdió fue el diabético… que hasta casi lo echan de la universidad.

Bueno, años después sigo sin entender para qué me sirvieron esas clases si yo lo único que quería era ser redactor creativo y lo conseguí

Cuando debuté, el sistema de salud que cubría parte de mi tratamiento era el de mi padre. Claro, yo tenía 18 años y estaba estudiando.

Cuando comencé a trabajar en una agencia de publicidad, era obligación dejar de ser carga y pasar a cotizar por mis propios medios. Intenté quedarme en la misma isapre en la que estaba como carga, cosa que no fue posible: simplemente me dijeron que no por la diabetes… Vaya! Eso si era discriminación, aunque la isapre estaba en su derecho. ¿Y los míos?

Lo intenté un par de veces más con resultados negativos. Estuve en Fonasa por casi dos años hasta que una representante de Vida Tres se acercó y me dijo que no había peor gestión que la que no se hace y decidió jugársela para que me aceptaran.

Por cierto que la primera respuesta de la contraloría médica de la isapre fue un rotundo no.
Con distintas apelaciones y muchos certificados finalmente conseguimos algo: me aceptaban con la condición de no cubrir nada relacionado con la diabetes ni con sus complicaciones (nefropatía, cardiopatía, retinopatía diabética y otras muchas cosas más) por un lapso de dos años. Es decir, yo pagaba mensualmente mi cotización y podía hacer uso de los beneficios de mi plan de salud siempre y cuando lo que me pasara no estuviera relacionado con la diabetes, nada.
Imagino que ellos esperaban que dijera que no y me quedara en Fonasa, que era la única opción que me iba quedando. Pero pensé que como ya llevaba seis años con diabetes y no había tenido problemas, por qué no podía apostar a que por otros dos años más estaría bien. Así que acepté. Y por ahí tengo el primer contrato, con la declaración de salud fechada en junio de 1992…

Después, y gracias al tipo de trabajo que desarrollé, nunca tuve problemas. Ah, bueno, no se si cae dentro de discriminación, pero una polola que tuve estaba muy, pero muy preocupada con el tema de la diabetes y la virilidad, tanto que se me hacía sentir incómodo… tanto que no merecía la pena estar con ella.

Contratar el seguro de mi vehículo me ha dado la ocasión de discutir con mi corredora el tema de un seguro de vida, pero la prima sería tan alta y tantas las restricciones que no vale el esfuerzo, creo.

Otra amiga DM1, terminando su internado en una carrera ligada a la medicina me comentaba que seguir el ritmo de pabellón se le hacía cuesta arriba, que más allá de no pedir ninguna regalía sentía que sus superiores tenían poca empatía con su condición de diabética insulino dependiente. No es que pidiera trato especial, pero si comprensión y no miradas que decían sin palabras: “para qué estudiaste esto entonces…”.

Alguna vez me tocó conversar con debutantes adolescentes que veían en la carrera militar su futuro. Unos querían ser pilotos de combate, otros pertenecer a la Policía de Investigaciones. Y claro, tuvieron la mala suerte de debutar antes de entrar a estudiar aquello, pues si hubieran sido diagnosticados ya adentro la cosa sería distinta.

Otro glucolega, profesor de educación física tuvo que “pelear” a la hora de postular a hacer clases en una escuela de las Fuerzas Armadas… Le estaban exigiendo lo mismo que a los conscriptos, siendo que él ya era profesor, y con DM1 desde pequeño. O sea…

¿Llegará el día en que nos juzguen por nuestras capacidades académicas, profesionales y no por la diabetes que nos tocó?

¿Por qué los insulino dependientes tenemos que mentir cuando en el examen de conducir el médico nos pregunta si tenemos la presión alta, sufrimos alguna afección cardíaca o tenemos diabetes? ¿Por qué una vez declarada la enfermedad tenemos que renovar la licencia cada año si hay gente que maneja peor de uno y circula por las calles siendo una amenaza pública?

¿Por qué los padres de niños pequeños con diabetes además de sufrir por la enfermedad de sus hijos deben lidiar con la angustia de elegir un colegio “apropiado” para el niño? Y a pesar de lograr ingresar al poco tiempo y luego de muchas dificultades se ven enfrentados a la sugerencia: “¿No ha pensado en cambiarlo mejor?”.

Hoy, la tecnología y la medicina han puesto a nuestro alcance herramientas que bien usadas nos permiten hacer literalmente lo que queramos (en estos días Josu Beijoo debe estar casi en la cima del Aconcagua).

Hoy la misma legislación nos protege. El GES nos garantiza, ya sea que estemos en el sistema privado o en el público, el tratamiento de nuestra diabetes, entonces ¿dónde está el problema? En la educación, no sólo del paciente, si no que de toda la sociedad.

Es cierto, algunas de las “discriminaciones” que les he relatado no son generalidades, pero pasan. Y ocurren muchas más veces de las que creemos.

Ad portas de la instalación de un nuevo gobierno, con nuevos legisladores, ¿será la hora de una vez por todas de llamar al Chapulín Colorado y empezar a normar cosas que por ahora parecen estar sólo en el aire?
¿O tenemos que esperar a cumplir años y a que nos ocurran a cada uno para preocuparnos de verdad?

No puede ser otra cosa que el sitio… de inserción.

Claro. Dos glicemias seguidas sobre 200 mg/dL, con corrección incluida, me dice que mejor cambio el sitio donde está inserta la cánula.

Anoche estaba un poco bajo (68 mg/dL) luego de algunos jueguitos en la Wii de mi hijo (pasar de la casi inactividad, a moverme descoordinadamente para tratar de mejorar mi record en el Tenis de Mesa virtual ha sido una interesante experiencia provocadora de hipoglicemias, jejejeje). Me corregí con cuatro tabletas de glucosa (16 hidratos de carbono en total) y me dormí sin medirme.

Glucemias

Esta mañana, a las 7:32, al levantarme tenía 114 mg/dL. Nada mal, pero soy exigente, habría preferido no pasar de los 90 a esa hora.
Al desayuno, 37 hidratos de carbono y la máquina dice 3.5 UI. de insulina. Ok.
Ya a las 9:30 tenía síntomas de hiperglicemia. En mi caso, algo de sed, pero por sobre todo naúseas. La glicemia marca 203 mg/dL a las 9:50 hrs. La bomba me dice que la corrección es con 0,4 UI. Como pienso que me quedo corto sumo 0,2 UI más, o sea 0,6 en total.

Glucemia

Poco más de media hora después los síntomas de la hiperglicemia se mantienen… Me mido… 205 mg/dL. No hay variación a pesar del bolo de corrección. Pienso en cuándo cambié la cánula y fue recién el lunes a medio día: o sea han pasado justo 72 horas. Pero a mi las cánulas han llegado a durarme 6 días. Bueno, supongo que el clima más caluroso, el sudor y esas cosas me están afectando.

Cambio la cánula a pesar que a simple vista el sitio luce bien.

Nueva corrección aprovechando la cánula nueva. Esta vez la bomba me sugiere derechamente 0,8 UI. Lo apruebo y vamos para adentro.
Una hora después me controlo y ya estoy en 145 mg/dL. Un nuevo chequeo para ufanarme nada más y ya estoy normal 😉

Glucemia

Supongo que era el sitio. Tres días en verano parece ser la norma. Habrá que gastar cánulas no más, no queda otra.