Month: junio 2010

En primera persona…

Este post lo escribí hace un tiempo ya y lo publiqué en mi anterior blog… Sin embargo es de los que siempre leo otra vez… Es mi cable a tierra. Y apropósito de algunas cosas que han pasado en los últimos días se los voy a mostrar otra vez.
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Qué fácil resulta para algunos de nosotros caer en la tentación…

Nos convertimos en insulino dependientes a muy corta edad. Y en la medida que pasan los años, y vamos aprendiendo cada vez más de esta condición, nuestro nivel de conocimiento nos lleva a límites impensados.
Qué facil resulta entonces caer en la arrogancia de creernos médicos, de creer que todo lo que leímos y lo que aplicamos con nuestra diabetes debe aplicarse a todas las personas con diabetes.
Qué fácil resulta decirle a una madre de un chiquito debutante, con una hipoglicemia severa con convulsiones “No, no se preocupe, si hipoglicemias va a hacer toda la vida, entonces… una más o una menos, que más da”.
Qué fácil resulta ceerse un Dios en el manejo de la diabetes, un todopoderoso, que todo lo sabe y todo lo que hace es ley… Alguien que está por encima de todos.
Qué facil resulta creerse líderes porque llevamos más de la mitad de nuestra vida teniendo diabetes y nos hemos convertido en “ejemplos” dignos de imitar: aprendimos de la manera más dura todos los trucos y manejos poco ortodoxos para hacer de la diabetes nuestra aliada… y a veces creemos que eso está bien.
Qué fácil resulta creerse “Educador en Diabetes” por el sólo hecho de tener diabetes, como si el conocimiento de las tablas de multiplicar nos calificara para pararnos frente a un curso de 25 niños en un colegio como “maestros” y enseñarles matemáticas…
Qué fácil resulta darle indicaciones a una persona ignorante en el tema, inocente, que cree en ti por tu labia y postura frente a la vida.

¿Qué nos cuesta asumir nuestra propia ignoracia? ¿Qué nos cuesta ser consecuentes? ¿Qué nos cuesta respetar a un profesional que no por nada gastó al menos 12 años de su vida en aprender de medicina? Tal vez no estemos de acuerdo con su manejo… pero no somos médicos.

Es cierto. El poder que nos confiere el hablar en primera persona es fuerte. Pero por lo mismo debemos ser responsables. Si queremos ser el espejo del niño que recién está partiendo debemos ser consecuentes y humildes.
Debemos asumir nuestra ignoracia, nos hará más nobles.
Debemos tener conciencia que ningún consejo que nosotros pudiéramos dar reemplazará jamás la opinión de un médico, jamás.

¿Qué es lo que quiero? Llegar con mi testimonio de vida de hombre, esposo, padre, profesional, con diabetes por ya largos 24 años a quienes recién están comenzando, también a quienes ya llevan un tiempo y todavía no encuentran el tratamiento óptimo para su vida.
No quiero premios ni alabanzas. No quiero dejar a una madre temblando por el siniestro futuro que le auguro a su hijo, prefiero que esa madre se informe más y lo deduzca al conocer mi buena historia y al darse cuenta que tal vez ella no lo está haciendo tan bien como parece…

Prefiero un “gracias” desde el alma, por el ejemplo de vida que estoy dando más que las loas por mis “incuestionables conocimientos médicos sobre diabetes”.

Llevo 24 años aprendiendo de diabetes. Y cada día descubro algo nuevo.

Me nutro con mis amigos, con otras personas con diabetes y sus historias, me nutro con lo que cuentan sus padres, sus hermanos, sus esposas e hijos. Me nutro de un contacto cercano con distintos profesionales de la salud: médicos, enfermeras, nutricionistas, psicólogos. Con cada uno de ellos aprendo y discuto distintos puntos de vista. Los respeto y me respetan. Jamás le diría a un paciente que cambie de tratamiento, jamás le diría que su médico lo está haciendo pésimo, no tengo los estudios para hacerlo. Lo que si puedo hacer es confrontarlo con otros tratamientos y concluir que un ajuste podría mejorar su calidad de vida… como ha mejorado a lo largo de estos años la mía…

Porque esto es en primera persona.