Esta mañana me correspondió ir a hacerme algunos exámenes de rutina.
Acudí como de costumbre al Laboratorio de la Universidad Católica de Chile que está ubicado en Irarrázaval esquina Diagonal Oriente, en la Comuna de Ñuñoa. Me resulta muy cómodo porque además está cercano a mi casa.
Hace unos tres meses ya me los había hecho pero tuve que modificar la dosis de un medicamento por el hipotiroidismo que tengo, por lo que en esta ocasión tocaba el control para evaluar cómo estoy.
Las cosas han cambiando bastante desde las primeras veces que iba al laboratorio.
Desde el lugar físico, hasta los elementos que se usan en el procedimiento.
Por lo general antes, la ida al laboratorio implicaba para mi una ansiedad controlada… Saber cómo iba mi tratamiento, conocer en cifras la evaluación de cómo estoy, con parámetros por todos aceptados, donde el “me siento bien” da paso a un porcentaje por ejemplo, nos hace a todos iguales.
Ha pasado el tiempo y hoy ya no hay ansiedad y sí un cierto automatismo que quedó demostrado desde el momento en que el recepcionista me mira con cara de complicado para decirme: “Sabe caballero, uno de los exámenes que le pidieron necesita la recolección de orina por 24 horas…” “Yiaaaaaaaaa”, le dije yo, “¿Qué hay con eso”. “Es que se necesita la orina…”. “Bueno, pues si yo la traigo…” “Ah, está bien entonces”.
Me gustaría detenerme un poco acá. Durante toda nuestra vida con diabetes deberemos someternos a muchos exámenes, unos más simples que otros, unos más costosos que otros. Sin embargo habrán varios que se repetirán. Y conviene familiarizarse con sus nombre, conviene saber para qué son, para que sirven, qué es lo que se busca determinar con su resultado. Es cierto, a veces hasta los nombres abruman, pero es bueno siempre saber de qué se tratan. Y la primera fuente de información será el médico. Si su médico les dice “vamos a hacer estos exámenes”, vamos! lo lógico es que ustedes le pregunten para qué son, por qué quiere hacerlos. La ignorancia es el origen de muchos errores, y está en nosotros remediarlo.
Volviendo a esta mañana, en la sala de espera ya no hay tantos “viejitos” y sí más gente como uno… ¿Será que me he empezado a convertir en “viejito”? No lo se, pero es curioso. Antes, siempre yo iba al laboratorio y estaba lleno de adultos mayores… ¿Será que es más tarde? Las 8:45 sí es tarde considerando que abren a las 7:30 hrs. y la gente mayor suele madrugar para estas cosas. Pero tener gente de mi edad al lado me hace sentir “normal”.
Ya una vez cruzada la mampara que separa la sala de espera de los box de atención, la auxiliar me dice: “¿Vino en ayunas?”. Sí, dije yo. Agrega ella: “Así que le pidieron una microalbuminuria… ¿Y me puede contar cómo recolectó la orina?”. Le seguí la corriente y se lo conté casi detalladamente: “Aquí, en esta botella de agua mineral hay orina de 24 horas. Comencé ayer domingo por la mañana, pero la primera del día no está incluida y sí lo está la primera del día de hoy lunes…”. A lo que no pude dejar de agregar… “Llevo como 20 años haciéndome el mismo examen…”. “…Mmmm… Es que hay mucha gente que comete el error de juntar sólo la del día completo por eso se lo tengo que preguntar…”, agregó ella.
En fin. Nos pusimos a conversar de diabetes, de lo indolora y prácticas que eran las agujas ahora, de mi bomba de insulina y los cambios de cánula.
El procedimiento no tomó más de 5 minutos.
Al final nos despedimos cordialmente y me dijo que iba a tratar que la microalbuminuria estuviera esta tarde también, junto con los exámenes de sangre, los que ahora puedo imprimir yo mismo buscándolos en el sitio web del laboratorio…
Las cosas han cambiado bastante me decía a mi mismo, cuando al salir pude ver que la sala de espera estaba llena de viejitos otra vez.
