Month: octubre 2010

Alatheia Medical y el mercado de las bombas de insulina…

¿Ahora a la ‘chilean way’?
Alatheia Medical

La semana pasada leí unas declaraciones del Ministro de Salud Jaime Mañalich con respecto al rescate de los 33 mineros de Atacama que precisamente ayer por la tarde me hicieron mucho sentido.

Él contaba que reunidos con los expertos de la Nasa que vinieron muy poco después del hallazgo del grupo para entregar algunas directrices sobre el trato en materia de salud en relación a su confinamiento, lo que más le había llamado la atención al Ministro fue el comentario que si los chilenos tuvieran protocolos para todo, como tienen en el llamado primer mundo, ya seríamos un país desarrollado. Porque los profesionales ya los tenemos… Y la tecnología se puede comprar. Es la forma de hacer las cosas lo que hay que cambiar.
Y eso fue precisamente lo que aplicaron: protocolos para todo, aún con el riesgo de llenarse de papeles… Pero para que llegado el momento de cualquier eventualidad, estuviera quien estuviera a cargo, se supiera qué hacer… porque el protocolo lo indicaría.

Y eso fue lo que vi ayer en el lanzamiento formal de las Bombas de Insulina Dana de Sooil en nuestro país, realizado en dependencias de la Fundación Diabetes Juvenil de Chile. Vi a una empresa que se toma muy en serio su lugar en el mercado. Una empresa que ha invertido tiempo y recursos en desarrollar un trabajo desde cero, armando protocolos para aplicar en determinadas situaciones y así ponerse al servicio de los pacientes. Pues como ellos mismos definen, “la bomba de insulina es un producto ético y como tal debe ser tratado: con cuidado, con resguardo de cada detalle, un producto en donde el servicio hace la diferencia”.

Creo que para quienes no sabían mucho de bombas, y para los que ya sabíamos algo también, la presentación de ayer fue una pequeña clase de repaso, en donde se respondieron las mayoría de la inquietudes que muchos tienen.

Conocer la tecnología desarrollada por Sooil, los fabricantes koreanos de la bomba Dana, puede sorprender a quien no ha leído mucho, pero además darse cuenta que estamos frente a uno de los mayores y más antiguos fabricantes de bombas de infusión de insulina del mundo no es menor.

Uno de los postulados de Alatheia Medical es que al igual que en los países desarrollados, la bomba esté disponible y sea accesible para la mayoría de los pacientes como una alternativa más, y que el factor precio no sea la primera barrera.

Por lo mismo es que luego de contarnos del sistema de trabajo, del protocolo de entrenamiento y entregar las características técnicas del producto dejaron para el final el tema de los precios. Alcancé a anotar que la Dana R, la top de línea, que incluye control remoto con glucómetro cuesta poco más de CLP$2.600.000.- y puede ser cancelada en 6 cheques, sin interés.

El otro modelo es más barato, (sin control remoto y CLP$1.800.000 aproximadamente) y queda abierta como política de up grade que quien compra el modelo más básico, al momento de optar al modelo superior debe cancelar sólo la diferencia del precio que tengan ambas en ese momento en el mercado. Los precios son por lanzamiento y mencionaron que estarán vigentes hasta fines de este año 2010.

Cualquiera de los dos modelos que se comercializan tienen un garantía de fábrica de 4 años.
Pueden ver en el MiDiabetes Lo Prueba respectivo, para más detalles.

Eché un poco de menos la nula mención de las desventajas del uso o los riesgos que lleva implícito el uso de bomba, como la cetoacidosis, pero imagino que los protocolos lo incluyen.

Ver pare creer. El papel aguanta mucho.

Si bien es cierto que Alatheia Medical tiene el aval serio de años de trabajo en el área de los insumos y equipos médicos, muchos de ellos de gran complejidad, no es menos cierto que el papel aguanta mucho y por más que al momento de la compra se firme un contrato en donde quedan establecidos los derechos y deberes por ambas partes, el papel aguanta mucho y habrá que verlos en la práctica cómo se manejan.

Ojalá nadie tenga que recurrir al protocolo de asistencia, sin embargo se agradece que hablen de un servicio 24/7 sin costo extra, pues quizás una de las mayores preocupaciones a las que nos vemos enfrentados quienes usamos bomba es un desperfecto inesperado un domingo en la madrugada. Y por más que se les preguntó sobre ese tema, tanto Rubén Kramarenko, Gerente General, como Pamela Hales, Representante Point of Care y Especialista en Diabetes hicieron hincapié en aquello.

Alatheia Medical apuesta por un protocolo exclusivo, en donde el foco de la atención es el paciente, y todas las acciones del equipo multidisciplinario tienden a entregarle todas las herramientas para sacar el máximo provecho de su bomba. Evaluación psicológica, apoyo de especialistas en nutrición, enfermería y contacto directo y estrecho con el médico tratante, recalcando que la bomba de insulina es una indicación médica, marcaron la presentación de una estrategia comercial potente hacia los pacientes.

Permítanme algo que puede parecer una arrogancia. Lo más fácil ya ha sido hecho: lanzar un producto de probada eficacia y calidad.  Ahora en base a los protocolos fijados, cumplir las promesas que se hicieron representa el mayor desafío, el que sólo con el paso del tiempo podremos evaluar.

Y les aseguro que dada la importancia del tema, estaremos muy atentos.

¿Acaso no es esa la “chilean way”?

Y si no tuviera diabetes?

Lo más probable es que estaría con sobrepeso.
Y es que también mi colesterol estaría por la nubes.
Sería una persona muy sedentaria, eso es seguro.
Tendría una alimentación muy poco saludable y para nada variada.
Mucha de la puntualidad y responsabilidad que me caracteriza no existiría.
La preocupación que siento por el prójimo quizás no sería tan marcada.
La costumbre de leer las etiquetas de los alimentos que ingiero sería nula.
No habría conocido a muchas de las maravillosas personas que conozco gracias a la diabetes.
Capaz que hasta fumaría.
No tendría la menor idea de la diferencia entre diabetes tipo 1 y diabetes tipo 2.
Probablemente miraría con pena y desdén a quienes sufren las consecuencias de una diabetes mal cuidada.
Pensaría que la diabetes es cosa de gente mayor.
Pensaría que las dieta diabética es lo peor.
Miraría a un pequeño que se inyecta insulina con lástima y más dolor que el que él mismo siente.
No entendería la preocupación de un padre al ver que su otro hijo, el “sano”, comienza a beber más agua de la normal y a ir de carreritas al baño…
Pensaría que pincharse los dedos varias veces al día, sacarse una gota de sangre, ponerla en una máquina y luego chuparse ese mismo dedo es lo más freak del mundo.
No entendería cómo es posible que alguien que “no puede comer azúcar, necesite precisamente azúcar para sentirse bien” .
Creería que estar “alto” es andar drogado y “bajo” deprimido…
Diría: “no, a mi no me va a dar esa cosa, si yo me cuido mucho, yo no como azúcar…”.
Creería que a todos los niños les da diabetes el día siguiente de Halloween…
Pensaría que las tiras que se usan para medir el azúcar en la sangre son “radiactivas” y no reactivas…
Creería que las lancetas son sólo esos aguijones que las abejas usan cuando se enojan con uno y lo pican…
Creería que el mercado de la diabetes está lleno de “tiburones” de los negocios y no conocería que de verdad hay algunos que son verdaderos ángeles de la guarda con nosotros.
No me preocuparía del embarazo de muchas de mis amigas, a menos que se sospechara que soy el padre de la criatura…
Creería que la culpa de la diabetes de los hijos es de los padres y de nadie y nada más.
Pensaría que las famosas 4P del diagnóstico (polidipsia, poliuria, polifagia y pérdida de peso) son simplemente una nueva forma de sacar la lengua como el ya clásico 😛
Escucharía la palabra glucagón y pensaría en que es una nueva mala palabra.
Pensaría en un hombre con diabetes como un candidato seguro a tener serios problemas sexuales.
Recordaría a Bret Michaels sólo como el vocalista del grupo Poison y no porque tiene diabetes desde los 8 años y está bastante bien a pesar de algunos inconvenientes por ahí.
Imaginaría a una persona con diabetes parada en una fila por largo rato llenándose de hormigas que se le subirían por las piernas…
Diría: Pobre el chico de los Jonas Brothers, ojalá se cure luego y pueda seguir cantando con sus adorables hermanos…
Un bombero sería sólo la persona que apaga los incendios y no alguien que usa microinfusora de insulina…
Pensaría: que terrible esa enfermedad que le da a todos los humoristas y cantantes viejos, que terminan  amputados, dializados y casi ciegos…
Glucómetro, HbA1c, glucemia capilar y muchas otras serían palabras muy técnicas y pensaría que mejor se las dejamos a los doctores y científicos no más…

Podrías seguir escribiendo, pero creo que ya está bueno, quizás ustedes pueden aportar lo suyo 🙂

No soy capaz de decir: “si volviera a nacer, me gustaría tener diabetes otra vez…”, pero la verdad es que después de más de 24 años no me imagino sin la diabetes en mi vida.

Atentos!

Es cierto. Puede haber innumerables razones para cometer un error…

Por esas circunstancias de la vida moderna, terminé la tarde del sábado pasado comiendo junto a mi señora e hijo en el patio de comidas de un mall.
Ok. Harto donde elegir, rápido, barato, no había ánimo de ir a un restaurante.

Sin embargo, rodeado de la modernidad arquitectónica y este estilo de vida de hoy, hubo un hecho que me hizo sentir como si volviera no sé, unos 15 años atrás.

Con mi señora pedimos un par de pizzas que incluían bebidas. Agua soda pare ella y Coca Light para este servidor.

Ella se fue a sentar mientras estaba listo lo que habíamos ordenado pues las pizzas las preparan en el momento.
No había mucha gente frente al mesón, por lo que pude seguir con la mirada todo el proceso: la destreza casi circense del quien preparaba las pizzas con la masa volando por los aires para estirarla, los ingredientes dispuestos con un cuidado desorden y al horno pues.
Mientras, otro dependiente ubicaba la bandeja con los cubiertos, servilletas y bebestibles. La soda para mi esposa era lo más fácil… aunque parece que siempre les sorprende que alguien puede querer beber sólo agua con un poco de gas.

Y aquí vino el detalle. Mientras el comprobante decía claramente que yo había pedido una Coca Light (sólo porque no tenían Pepsi Ligth que es mi favorita 😉 ) pude ver que quien me estaba atendiendo sirvió una Coca normal. Le puso la tapa al vaso mientras conversaba con un colega y la dejó sobre mi bandeja.

Yo estaba a no más de dos metros de distancia. Pude decirle antes que la sirviera que estaba cometiendo un error, pero creí mejor esperar.

Cuando salió la pizza del horno y me entregó mi pedido, amablemente me preguntó si se me ofrecía otra cosa. Le dije que por supuesto, que mi pedido era con bebida light y él había puesto una normal. Miró el ticket dudando de lo que le decía, tomó el vaso servido, lo botó a la basura y sirvió la correcta. Cuando se me acercó le dije: “si yo no tuviera diabetes, te la había aceptado, pero no puedo, es un tema de salud”.
Le di las gracias y me fui. No se si lo entendió. El tráfago de los pedidos que ya se empezaban a acumular lo hizo sumergirse nuevamente en una rutina mecánica que parece no admitir errores.

Hace 24 años recuerdo que casi con vergüenza tenía que explicar que tenía diabetes, que no podía comer azúcar y todas esas cosas cuando un mozo, en un restaurante, me miraba raro porque pedía bebidas ligth. Claro, no había mucha variedad donde elegir y “cuidar la figura” era cosa de mujeres. Además con lo flaco que estaba… cuidar la línea parecía un despropósito.

La modernidad quiso que llegarán las famosas bebidas en máquina, esas que mezclan el líquido con el gas en el momento de servirlo y puaj que saben mal, nunca las mezclas son iguales y muchas veces me ha quedado la duda que lo que me sirvan sea verdaderamente light. Por eso prefiero las bebidas en lata o botellas, con eso me voy a la segura.

Pero si me toca consumir de máquina… que por lo menos salga de donde está el logo de la light. Y para eso, hay que estar bien atentos.