Month: abril 2011

Quiero ser un ratón!

Quiero ser un ratón!

Estoy suscrito a innumerables servicios de noticias sobre diabetes, a muchos portales que envían newsletters cada vez a que aparece algo nuevo sobre el tema; constantemente reviso las publicaciones especializadas y los sitios web de las principales asociaciones de diabetes del mundo. Sitios de clínicas, centros de investigación, hospitales y prestigiosas universidades son una parada regular. También lo que dice la industria que gira en torno a la diabetes ocupa parte de mi tiempo cada día. Por cierto, leo los blog de muchos pacientes que, al igual que yo, comparten su día a día con diabetes con el resto de la DOC (Diabetes Online Community)… Y converso harto con personas que andan en las mismas que yo: buscando más y más información.

Y siempre aparece por ahí algún estudio que da esperanzas sobre la cura de la diabetes, un nuevo tratamiento o sobre la “posible prevención de la diabetes tipo 1, porque se ha descubierto no sé que gen que si se modifica puede ser, que a lo mejor, quizás, en una de esas, quién sabe, se logre evitar que el sistema inmune destruya las células beta…”.



Por razones éticas, ningún estudio parte inmediatamente en seres humanos. Nuestros amigos los ratones de laboratorio suelen ser quienes han de pasar por todo el padecimiento para que llegado el momento, si los comités de ética lo aprueban y la investigación lo amerita, la investigación continúe en personas.

Sin desmerecer el valor de toda la investigación científica, queda claro que generando un “paciente ideal” (el ratón) en un “mundo ideal” (el laboratorio), es más factible llegar a los resultados esperados. Se simplifica el problema, se reducen las variables para lograr aislar la más relevante, la que se quiere probar (recuerdan el método científico que nos enseñaron en la escuela) y ya está, se obtienen conclusiones.


Insisto en que no estoy menospreciando el trabajo, hay mucho esfuerzo, dedicación y recursos en ello. Y alguien tiene que hacer esa labor.



Por lo mismo es que estoy seguro que si fuéramos ratones ya estaríamos curados.
¿ Cuántas veces he leído que se ha curado la diabetes… en ratones? ¿Cuántas veces he escuchado que se puede prevenir la diabetes tipo 1… en ratones? ¿Cuántas veces he visto un reportaje que muestra que si se modifica un gen o se usa tal alimentación, la diabetes en ratones no existe?



Lo malo para todos nosotros es que no somos ratones. Y además, cada vez que surge una luz sobre el origen de la diabetes se abren más interrogantes.

La realidad es dura. 


Si todo fuera tan fácil, el mal llamado “páncreas artificial” ya sería realidad.
Es que una máquina todavía no puede interpretar y ajustar todos los factores que inciden en la variación de la glicemia. Piensen no más: todas las hormonas contrareguladoras (adrenalina, glucagón, hormona de crecimiento, etc.), ejercicio, tipo de alimentación, combinación de los alimentos, hora de alimentación, insulina, alguna enfermedad viral, el estrés, factores ambientales (calor, frío), tiempo de evolución de la enfermedad, medicamentos asociados y así un largo etcétera que podemos resumir en la vida entera de un ser humano único, irreductible en sus experiencias particulares.

 Es cosa de ver los videos de los experiemntos en pacientes humanos para apreciar la complejidad del asunto.

Pero… ¿Hay esperanza? Claro que la hay. Los cientos de papers que se publican al año así lo indican. A lo que hay que estar atentos es a leer entre líneas, a ir más más allá y no deslumbrarnos por cantos de sirena. La mayoría de los investigadores termina sus conclusiones con una frase que ya me sé de memoria: “este es un avance, pero hacen falta más estudios para comprobar que lo que afirmamos sea igual para todos…”.


Por eso es que al final del día a veces me dan ganas de ser ratón.
Así es, me dan ganas de participar en algún estudio que, a través de la labor de investigadores, sirva para ayudar a mis glucolegas. Creo que todos deberíamos tener esa disposición, por supuesto si no hay riesgos graves asociados (cosa que queda muy explicitada en los protocolos).



Quizás sin proponérselos muchos de ustedes han sido en cierta forma ratones de laboratorio. Supongo que saben que la insulina glargina (Lantus) no está aprobada para menores de 6 años ni embarazadas… ¿Y cuántos la han usado a pesar de estar en esos grupos sin presentar ningún inconveniente? Conozco a varios. Y ese uso le ha permitido al médico que la recetó “hacer experiencia” y acumular casos para el futuro. 


En nuestro país se hace investigación, por lo que hay que estar atentos y preguntarles a nuestros médicos qué se está haciendo. Quizás podamos participar. Es una buena manera también de estar informados y demostrar que queremos ir más allá y no ser exclusivos receptores de los beneficios sino también partícipes de su génesis.

Ayudando en la investigación nos ayudamos todos.



¿Están dispuestos a ser ratones? 😉

Lo quiero ahora lo quiero ya!

Leía el otro día en un blog amigo, cuyo nombre mantendremos en reserva 😉 , las quejas de una persona porque no había visto los resultados que él esperaba con la terapia de rehabilitación que estaba siguiendo un sobrino y otros niños que él conocía. Atribuía el fracaso directamente a la terapia, sin más. Sin entrar en detalles, el sentido común me llevó a pensar que muchos factores podían intervenir en ese resultado, pero me detuve en uno que para nosotros, las personas con diabetes, es bien importante: el tiempo desde el diagnóstico y el que llevaban haciendo la terapia.

Desde chiquitos, y sobre todo en esta época en la que nos ha tocado vivir, nos acostumbramos a tener lo que queremos en el acto; basta llorar un poco para tener la comida, el dulce… o el juguete que reclamamos.


Cuando vemos televisión, sólo apretando un botón en el control remoto que está en nuestra mano podemos cambiar de canal y buscar el que nos entretenga o informe, de acuerdo con el gusto y la necesidad del momento.

Detenidos frente a la luz roja del semáforo, no bien vemos de reojo parpadear el hombrecito verde que autoriza a los peatones a cruzar se comienzan a escuchar las aceleradas de los motores, y cual peregrinaje se inicia lentamente un movimiento en cadena de los vehículos listos para arrancar.

Navegando en internet, desesperados por la lentitud de la conexión, no hacemos más de tres clics para llegar a lo que buscamos… y somos pocos los que pasamos de la segunda página de resultados en Google cuando necesitamos alguna información.

O sea, lo queremos rápido… lo queremos ya.

 La inmediatez es un signo de los tiempos. Todo sucede ahora, todo parece tener un resultado en este instante. Hemos dejado de ser pacientes, para ser tremendamente impacientes en todo. Y en nuestra diabetes también.

Sin ir más lejos, en mi última visita a la farmacia por mis insumos para la diabetes hubo un problema y no me moví de ahí hasta que se solucionó. Me ofrecieron una alternativa que incluyó el envío de un mail y la espera de la respuesta. No aguanté la espera y llamé yo mismo desde mi teléfono móvil. En menos de 10 minutos el problema estaba solucionado.


¿Cuántos de ustedes han sentido frustración y derechamente rabia cuando no consiguen los números “ideales” de su diabetes?

¿Cuántos han caído en depresión luego de comprobar en carne propia que por más esfuerzo que hagan, algo falla y la hemoglobina no baja?
¿Cuántos, en alguna etapa de su vida con diabetes, no han querido mandar todo al carajo por culpa de esta enfermedad crónica, que parece que todo lo complica?



Con casi 25 años con diabetes puedo asegurarles que todo esfuerzo vale la pena. Con casi 25 años junto a la Tía Betty puedo confirmarles que al final, todo esfuerzo tiene su recompensa.
 Cada décima de una hemoglobina glicosilada a la baja es un logro. Cada glicemia post prandial dentro del rango es bueno. Cada hiperglicemia deja una enseñanza para corregir. Cada felicitación del médico es un golpe de ánimo. Cada permiso de fin de semana ganado el lunes, martes o miércoles por un buen control se atesora y disfruta al máximo…



Hoy no estaría orgulloso de las cifras que acompañan mi vida con diabetes: peso normal, colesterol normal, presión normal, 5 dedos completos en cada pie, visión correcta en cada ojo (bueno, el astigmatismo no es atribuible a la diabetes), dos riñones que funcionan impecables, en fin… si hubiese sido impaciente por no obtener los resultados esperados los primeros años.

Es decir, todo el esfuerzo desplegado, los desvelos midiendo glicemias en la madrugada, contando carbohidratos cada vez, calculando bolos de corrección (no olviden que me pasé 20 años con jeringas no más), midiendo y volviendo a medir, corrigiendo y volviendo a corregir, están dando sus frutos. No hay signos de complicaciones endosables a la diabetes

Aprendí a ser paciente. Aprendí a que hay que sembrar para cosechar.


La diabetes es traicionera. Si le damos la espalda nos puede asestar una puñalada donde más nos duela.

De nada sirven las lamentaciones si nosotros somos los primeros responsables de nuestro tratamiento, pues hasta con los más mínimos recursos, que en nuestro país están garantizados por ley, podemos llevar un mejor control.

Hay un circulo vicioso, porque la impaciencia nos lleva a la frustración. Y la frustración a descuidar la enfermedad.

Pero pensar siempre que lo que hacemos por nuestra diabetes día a día nos llevará a un mejor futuro nos hace mejores pacientes, más conscientes , y nos abre las puertas para disfrutar un mañana mejor, como lo estoy disfrutando yo.

Y lo digo ahora, lo digo ya y quiero decir lo mismo en 25 años más!

Post invitado: Y porque me importa el rotulado de alimentos… es que escribo esto…

Tenemos una bloguera invitada. Es Mariana Vivar, autora del sitio web www.mihijotienediabetes.cl. Mamá de Camila y Andrés, este último diagnosticado con diabetes tipo 1 a los 15 meses de edad, en 2003. Pueden seguirla en Twitter en @mvivar.

Acá está su opinión sobre un tema que ha estado en el debate nacional los últimos días: la nueva ley de rotulado de alimentos y la regulación en la publicidad y venta de productos alimenticios en colegios y universidades.

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Información Nutricional

Así es… porque me importa el rotulado de alimentos y llevo al menos 8 años peleando por ello, es porque tengo opinión…

Suena lindo el proyecto de ley, como todo proyecto de ley cuando se resume. Pero viola temas fundamentales que tienen que ver con el libre albedrío, con el que no estoy dispuesta a transar un ápice.

El rol del Estado como padre protector que decide por uno, no me agrada en lo absoluto.

No me parece que niños que tienen peso normal no puedan comprar en el colegio lo que les plazca.

Creo que la obesidad en las familias chilenas debe resolverse con educación en esas familias y apoyo real del estado. Los colegios cumplen un rol fundamental detectando los casos y derivándolos al Ministerio de Salud, especialistas, etc. Favor, mis cabros son flacos, porque en mi casa se come razonablemente sano, no me moleste.

Prohibirlo todo no enseña nada. Promoverá el tráfico de “super 8” clandestino.

Abrirle la puerta al Estado y legisladores para que además se meta en esto es FATAL. Es una puerta que no quiero abrir y sí, lo comparo con la Patriot Law, abre posibilidades que no quiero ver abiertas.

Rotular??? OBVIO. Fui una gran promotora/demandadora de la ley de rotulado anterior y quería aún más exigencias quizás. Todo, señalar todo, enseñarle a la gente a leer etiquetas, hacer campañas al respecto, en los colegios, en los supermercados. El tamaño de la rotulación y la letra que se usa en ella… por favor, que alguien se preocupe de eso, que es importantísimo, sobre todo para los pobres viejos piti diabéticos, y que a nadie le importan. Pero prohibir… que le midan el IMC a los niños en el colegio y los molesten ahí… que llamen a sus padres del Ministerio, del Sename, de donde sea… mis hijos tienen derecho a su “super 8” y “super 9” si quieren. Que haya 20 niñitos gordos en otro colegio, y en otro curso, no es tema de mis hijos, es un tema país, que debe resolverse de otra manera. Esta ley no resuelve la obesidad, sólo tranquiliza conciencias.

Qué pésimo que hayan amarrado una buena ley de rotulación a un tema tan delicado como es prohibir esto o aquello, que levanta molestia y rechazo inmediato.

Mala cosa … mala cosa que todo en Chile sea obligación, castigo e imposición… No da para más la creatividad.

Incentivo al precio de frutas y verduras y productos integrales que son re caros, supongo que no se le ocurrió a ninguno de los impulsores de esta ley no?

Pues finalmente el culpable de todo es la mala educación imperante los últimos años, que ha provocado padres que no entienden una etiqueta nutricional y por ello, aquellos que sí entendemos y nos pasamos 3 horas en el supermercado y leemos cada cosa antes de comprar un producto, debemos asumir que hay otros que “el papi Estado” no estuvo, no está, ni estará interesado en educar, y por lo tanto “para cuidarlo” tiene que prohibirle, porque en realidad “es el tontito que no entiende” y es más fácil así.

Y por otra parte, leyes como ésta, que ponen todo el tema en la alimentación discriminan a todos aquellos que tiene problemas de obesidad por temas metabólicos y hacen que la sociedad los discrime sin tener idea de qué se habla.

Ya veo que algún pelotud@ me dice, por ahí, dado que el tema se pone de moda que quizás Andrés no tendría diabetes si no “hubiéramos sido descuidados con su alimentación”…

En fin…

ODIO EL PAPI ESTADO. Y cada vez me molesta más que mis partners socialstas les encante tanto…

Me voy a buscar otro país donde vivir, porque hace rato ni mi familia ni yo encajamos en ninguna “tendencia” nacional…

¡Cumplimos!

Finalmente, el sábado pasado cumplimos con la entrega de los premios a los ganadores del concurso “Regístrate con el 103 de MiDiabetes y Alatheia – Medical”.

Unas semanas atrás ya habíamos hecho entrega de los premios a Nico Godoy, quien llegó con toda su familia desde Copiapó en busca de los premios por su segundo lugar.

Por lo que esta vez tocaba el primer y tercer premio.

Así fue como nos encontramos con Pamela Hales, Especialista en Diabetes de Alatheia Medical y las familias de Valentina y de Benjamín.

Con bastante más años de diabetes que Valentina que debutó recién hace un año, Benjamín ya es todo un experto y para el tema de las fotos tenía toda una preparación, lo que quedó graficado con la imagen que ganó. Valentina nos contó que lo único que no quería era que la glicemia del 103 le saliera temprano en la mañana, ya que muy coqueta ella no quería fotos en pijamas ni despeinada…

En lo que todos coinciden eso sí es que esto de estar más atentos a la glicemia posibilitó que se involucrara toda la familia, como queda demostrado en las fotos ganadoras, que tienen detrás de la cámara a aquellos que siempre están atentos a lo que no pase.

Una vez más gracias a todos los que con su entusiasmo participaron, gracias a las familias que apoyaron e hicieron clic con la cámara o el teléfono móvil, e infinitas gracias a Alatheia Medical, que con el 103 en la caja de su glucómetro Quantlife, su apoyo y los premios hizo posible que este concurso se llevara a cabo.

Estén atentos, porque les advierto que pronto habrá otra oportunidad para participar.

Todos somos ganadores!

Premiación 103

Premiación 103

Nico Godoy, 2º lugar concurso 103