Month: enero 2012

MiDiabetes desde Paris.

MiDiabetes en Paris

Cuesta concentrase en escribir cuando se supone que se está de vacaciones.
 Y digo se supone porque habiendo decidido dedicarme a esto de la diabetes a través de un sitio web, mientras sea el único responsable hay poco espacio para el descanso. Pero no me quejo. Es lo que elegí y es algo que me ha ido llenando de satisfacciones.
Además, es la forma perfecta de demostrar que la diabetes no se toma vacaciones. O que justamente en vacaciones es quizás cuando más tengamos que preocuparnos pues las rutinas cambian y con eso es casi seguro que más de algún ajuste tengamos que realizar en nuestro manejo.

Por lo pronto les cuento, para los que no lo sabían, que estoy en Paris, Francia, desde el martes 3. No es la primera vez que visito esta ciudad. Pero desde 1998, la última ocasión que estuve por acá, muchas cosas han cambiando y no sólo en mi diabetes.
Quizás las más significativas son que tengo un hijo y junto a mi señora viajamos con él, uso bomba y hoy internet existe masivamente.

Para mi, un viaje supone una preparación especial. Considero que la planificación es fundamental. Por cierto que tratar de tener todo controlado es imposible, pero sí algunas certezas como donde alojar por ejemplo. Quizás por eso nunca de joven hice el clásico mochileo…

Cuando viene a Europa por primera vez, en 1995, ya usaba multidosis. Pero era con insulina NPH y rápida (cristalina). Recuerdo que una de las preocupaciones era pedir “menú para diabético” en la línea área. Y la otra preocupación era cómo ajustar los horarios de las inyecciones de la NPH, ya sea arriba del avión o ya instalado en el destino.

Con respecto a los horarios, mi médico me sugirió dos alternativas. La primera era ir ajustando poco a poco (una hora cada día) el horario de la inyección de la insulina basal. Así que si teníamos cuatro horas de diferencia, en 4 días debía terminar de ajustar las dosis. Y la otra, pero que me exponía a descompensaciones por lo que requería estar más alerta, era ajustar de inmediato arriba del avión. 
Como buen tímido aprendiz lo primero que hice fue ir ajustando poco a poco, conforme pasaban los días… Y era un desastre, pues me obligaba a estar más pendiente de eso que de lo que de verdad venía a hacer acá (que era trabajar). Entonces mi diabetes molestaba más de la cuenta. Por lo que al siguiente viaje me decidí por la alternativa de modificar de inmediato todo arriba del avión (en donde tengo tendencia a las altas por el estrés de viaje) inyectándome con el horario del destino. 
Y así lo hice varias veces sin grandes problemas. 
Y en esta ocasión, con la bomba, me resulta más fácil aún, ya que sólo tengo que cambiar la hora de la bomba por la hora del destino para que las basales ajustadas comiencen a hacer su trabajo. Así tuve glicemias muy normales durante todo el desplazamiento hasta llegar al aeropuerto.

Con respecto al “menú para diabéticos”, les contaré que después de haberlo pedido la primera vez y haberme pasado todo el viaje hipoglicémico, nunca más lo solicité. Es que está pensado para pacientes con diabetes tipo 2, entonces los hidratos de carbono brillan por su ausencia. Y ahí uno tiene andar preparado con la glucosa o el jugo o los dulces…

Hoy como lo que todo el mundo. Pido bebidas sin azúcar y edulcorante y lo demás lo voy viendo con harto sentido común. Eso sí, mis glucosas me acompañan siempre.

Estando en Paris el tema ha sido bien fácil. La información nutricional está por todas partes y es cosa de leer no más para hacer los cálculos. Como buenos turistas con presupuesto limitado, no nos vamos a meter a restaurantes caros, que tienen platos sofisticados en donde hay que adivinar los ingredientes. Y como en cada esquina hay más de un café chiquito y con onda la oferta es amplia.
Las baguettes con más ricas y crujientes acá, el queso sabe de otra manera, pero los hidratos de carbono son casi lo mismo. Si sumamos las largas caminatas diarias (nosotros no somos turistas de arriba de buses o autos) tenemos una buena combinación para conseguir glicemias dentro del rango.
En estos 4 días he tenido sólo un par de hipoglicemias sintomáticas (una en el hotel, llegando de un paseo con 39 mg/dL) y dos hiperglicemias sobre 200, ambas esta mañana en el museo de Orsay.

Llevo también un cambio de cánula con llenada de reservorio y eso no ha significado ningún problema.

Esta mañana, al entrar al museo debimos cruzar un arco detector de metales. La instrucción era vaciar los bolsillos y dejar todo, los bolsos y cámaras fotográficas en una caja, para pasarlos por el lado. Así lo hice y el señor guardia me dijo que mi “móvil” también debía dejarlo. Él creyó ver un teléfono al mirar la bomba. Le dije que era una bomba de insulina y muy presto me pidió disculpas y me dijo que pasara no más. 
Y algo similar sucedió ayer, cuando subimos a la Torre Eiffel. También hay que pasar un control y esta vez soné! Literalmente activé la alarma. Otra vez la bomba. Cosa que no ocurrió al salir en el aeropuerto de Santiago. De hecho allá no me revisaron nada, y conste que en una maleta de mano llevaba casi la mitad de su contenido en insumos para MiDiabetes: jeringas, cánulas, insulina, glucagón, cartuchos de insulina, lápices desechables, aguas, etcétera.

En fin, cosas de los viajes, pero para todo hay que estar preparado. Sólo así pienso que se disfruta más y mejor.