Month: agosto 2012

MiDiabetes y el corticoide, juntos pero no revueltos.

“
Usted es la culpable, de todas mis angustias, de todos mis quebrantos…”
José Antonio Zorrilla Martínez

 
Infiltración lista!

No ha sido tan dura finalmente esta experiencia.
Quizás el haber vivido algo similar hace ya 6 años, quizás el estar usando bomba de insulina esta vez, quizás el haberme preparado mejor mentalmente hablando haya ayudado…

Hará un mes y un poco más comencé con un dolor en mi muñeca derecha. Pensé en las clásicas tendinitis producto de la posición al escribir en el teclado del computador o al usar el mouse. Era un dolor más bien intermitente, no muy intenso, que luego de un poco de descanso cedía. Hasta que comenzó a ser más persistente, tanto que tomé algún antiinflamatorio y analgésico por ahí.
Con el pasar del tiempo, el dolor comenzó a ser más intenso, sin llegar a invalidarme, pero sí llegaba a obligarme a usar más la mano izquierda (soy diestro) para compensar un poco.

Hasta que hace un par de semanas, durante la madrugada y al mover mi muñeca para acomodarme desperté con un dolor muy agudo localizado justo en la parte de afuera de la muñeca, en un lugar muy específico, en el espacio que queda entre ese huesito que sobresale y la mano propiamente tal. El dolor era tan intenso que hizo que no pudiera dormir bien el resto de la noche y además por la mañana casi no podía usar la mano sin tener muchas molestias. 
Rápidamente conseguí una hora con un traumatólogo especialista en mano y no bien saludarnos (de la mano claro está) me dijo: “ya sé lo que tienes…”.
Le describí mis molestias, el tiempo que había pasado desde que habían comenzado y mis actividades diarias para que entendiera dónde podía estar el origen de aquello.
Luego de examinarme con detención la muñeca me dijo que íbamos a tomar unas radiografías y una resonancia nuclear magnética para corroborar lo que se asomaba como el diagnóstico más probable: rotura del fribrocartílago triangular de la muñeca derecha.

Conversamos sobre los posibles tratamientos y en el horizonte inmediato aparecían los corticoides, cosa que yo no desconocía. Por supuesto que le hice ver que tenía diabetes tipo 1 y entonces habría que tener algún cuidado especial. Lo primero que me dijo es que él había tratado a otros pacientes con diabetes, siempre con el pase del diabetólogo, y que habían andado muy bien. De no resultar la terapia con la infiltración del corticoide, el siguiente paso es la cirugía, pero la idea es evitarla. 

Las radiografías y la resonancia me las hice por la tarde y, entre paciente y paciente, el doctor pudo verlas el mismo día.

Las imágenes no hicieron más que confirmar lo planteado en la visita de la mañana así que la indicación de la infiltración del corticoide y luego terapia kinésica no se hizo esperar. Eso sí, la infiltración me la realizaría otro médico, especialista, y bajo visión ecográfica luego del pase de mi diabetólogo.

Yo no soy de mucho molestar a mi médico sobre todo cuando entiendo que lo que le preguntaré ya se da por sabido. La experiencia y los años que nos conocemos me llevan a respetar mucho sus espacios, a pesar de tener su teléfono móvil y poder llamarlo cuando yo quiera. Además, él no es muy dado a las formalidades de papeles escritos, por lo que le envíe un mensaje de texto y un mail contándole lo que se venía para mi.
 En el mail que le mandé le argumentaba que yo creía que esta vez sería distinto a la ocasión anterior -en 2006- cuando me infiltraron la rodilla. Estaba más preparado, usando bomba y con más conocimientos en general.
Su respuesta breve y precisa no me sorprendió: “Ok. Te subirán un poco las glicemias y ya sabes que hacer”. Y claro que sé que hacer, pues él mismo me ha enseñado durante estos 18 años que llevamos juntos.


Así que llegó el día de la infiltración y partí con el mail impreso y el mensaje de texto en mi teléfono móvil que decía más o menos lo mismo.

Lo primero que me dijeron es que en la clínica acostumbraban a tener los pases de los diabetólogos por escrito. Supongo que con eso me estaban diciendo que lo preferían más formal. Pero les dije que yo me hacía responsable. Por otro lado, también tuve que firmar un conocimiento informado de todo lo que me harían y los riesgos que eso implicaba. Así que luego de la firma me hicieron pasar a la sala de procedimientos.

Una camilla y un ecógrafo eran los elementos principales. La asistente me puso una compresa de hielo en la muñeca para prepararla antes de la infiltración. Luego llegó el médico con el que discutimos el procedimiento basados en los antecedentes. Luego de darle una vuelta el tipo de corticoide a aplicar concordamos en que dada mi poca tolerancia al dolor, era mejor que me inyectara uno no tan concentrado (duele menos) aunque en mayor volumen.
 Todo esto no duró más allá de 15 minutos. Y sí, me dolió algo el pinchazo, pero no mucho. O no tanto como yo esperaba. Diría que todo fue bastante poco traumático, si me permiten usar esas palabras.

Nos despedimos cordialmente con algunas indicaciones de su parte, usar un poco de hielo cada dos horas y seguir con un antiinflamatorio por un par de días al menos.



Lo que vendría después era muy esperable.

 Traté de tener mis glicemias lo más estables posible en los días previos. Y lo conseguí. Como pueden ver en las fotos, una vez ya inyectado el corticoide las primeras 3 a 4 horas prácticamente no hubo variación. Eso sí, subí la infusión basal en un 25%… Lo que claramente no fue suficiente, porque 24 horas después ya estaba con una basal aumentada al 220%, y con eso ya anduve un poco mejor.
Pero para llegar a eso fueron necesarios muchos controles… Casi cada hora y más de uno en la madrugada. Es que es la única manera de poder evaluar cómo va la absorción del corticoide, no hacerlo sería estar disparando a ciegas a la bandada.


Debo confesar que de todos modos fue agotador, pero la recompensa no se hizo esperar: luego de hiperglicemias rebeldes, malestar general y muchas náuseas (me pasa cuando estoy alto), la sensación de bienestar al ver un número dentro del rango en el glucómetro es impagable. Además de mejorar el ánimo y la posibilidad cierta de ser menos restrictivo con los hidratos de carbono que como… Porque como bien me dijo en las redes sociales nuestra glucolega Natalia, de San Juan, Argentina, los corticoides sumados a los hidratos de carbono son como una bola de nieve que crece y crece cada vez más… y cuesta mucho detenerla. Por eso es que tuve que subir también las dosis de los bolos para los alimentos. Esos no llegaron al 200%, pero estuvieron cerca.

Reconozco que en 2006 no me di cuenta de lo difícil que es. Quizás por originarse todo en una cirugía, cosa bastante más compleja que lo que me hicieron ahora. Mi mente estaba más preocupada en pensar cómo iba a quedar mi rodilla.
Ahora todo fue distinto. Conversamos mucho con el médico, discutimos cuál podría ser el mejor corticoide y me focalicé en buscar el control lo antes posible.


Lo que ha seguido después son gajes del oficio. 
¿Cómo saber la rapidez con que se absorberá? ¿Cómo saber en qué momento debo iniciar el regreso gradual a mis basales pre infiltración? ¿Cómo saber si la hiperglicemia del momento es producto de una absorción errática del corticoide o de la panzada que me di al almuerzo? Cómo saber…


En fin. Ensayo y error es la consigna.
Y muy atento. 
Empoderado con dos de las herramientas más importantes en mi tratamiento: glucómetro e insulina. Si los tengo aquí, a la mano… ¿por qué no usarlos? ¿Riesgos? Claro, el de una baja si me inyecto mucho, pero… ¿cuántas bajas ya he tenido a lo largo de estos 26 años? Acaso no me dijo mi médico que eran algo con lo que debía aprender a vivir? Y así lo he hecho. Hago cosas, trato las hiper, las corrijo, buscando estar mejor… Y lo consigo.

Mañana comienzo la fase de kinesioterapia. Y veremos como nos va. Por ahora no hay queja. He sido muy bien atendido, en forma diligente, profesional, por personas que han respondido todas mis dudas y más. Tanto así que hay un hecho que se escapa al tema de mi muñeca pero no puedo dejar de destacar. 


El día de la infiltración y apenas llegaba de vuelta a casa, me llamaron desde la Clínica Meds (en donde me he estado atendiendo). Era una de las recepcionistas para decirme que había olvidado en el mesón mi tarjeta de crédito, con la que pagué los procedimientos. Volví rápidamente y ahí la tenían. Yo no me había dado cuenta del olvido, pero este gesto retrata la calidad en la atención. Gracias Maribel. Mientras no me llegue un cobro por vacaciones en el caribe o una joyería, te lo seguiré agradeciendo 😉

Y gracias a todos quienes a través de las redes sociales me han expesado su apoyo. No es un trance tan difícil, pero por cierto que el ánimo y las palabras de aliento ayudan y lo hacen sentir a uno acompañado.

Pero esto continúa y MiDiabetes se los seguirá contando.

Ejemplo de buenas prácticas y profesionalismo.

Da gusto leer una nota tan clara.

Siempre estoy levantando la voz con críticas a los periodistas.

Es que el trato que dan a la diabetes en los medios deja mucho que desear… Siempre sensacionalistas, siempre con inexactitudes que llevan a la confusión.

Entonces, como nobleza obliga y a mi también me gusta que me feliciten cuando hago bien mi trabajo, esta vez hago públicas mis felicitaciones a la periodista del diario El Mercurio de Santiago Paula Leighton.
Paula firma la nota aparecida en el día de ayer en el Cuerpo A, página A12, titulada “Cirugía gana respaldo como alternativa para tratar la diabetes 2”.

En un lenguaje claro, sencillo, bien documentada, apegada a las buenas prácticas y no dejando posibilidad alguna a la confusión, ella explica el por qué las intervenciones quirúrgicas que reducen el tamaño del estómago están significando importantes beneficios en algunos pacientes con diabetes tipo 2. Se mencionan estudios que avalan los resultados que hemos visto en la práctica, así como los requisitos que debe cumplir las personas.

Justo cuando comentaba con una glucolega mexicana la desilusión que me había provocado leer en un medio de su país una nota plagada de inconsistencias, y más encima avalada por un profesional de la salud, ver que en nuestro país existen profesionales como Paula me obliga a reconocer su mérito.

Ojalá haya más que la imiten.