Month: febrero 2013

Cuando querer es poder.

En un nuevo post invitado, tenemos a Valentina que nos cuenta parte de su motivadora historia.

valentina

Hola! Un enorme abrazo a todos mis queridos glucolegas, ya sea que me conozcan en la vida real, virtualmente o en ninguna de las anteriores. Los saludo afectuosamente debido a que tenemos algo en común… padecemos de diabetes tipo 1 o como es muy posible también, tienen un hij@ o familiar que la padece. (No me gustó mucho la palabra que escogí en este párrafo para describirnos… “padecer”, porque me suena a sufrimiento… pero ya saben a lo que me refiero).

Mi nombre es Valentina Ibáñez, tengo 18 años y egresé de Cuarto Medio el pasado año 2012.
En Marzo, en un mes más, se van a cumplir 3 años de que debuté a la vertiginosa edad de 15 años. Y también, ingresaré a la Universidad de Chile, al Programa de Bachillerato Académico sin tener que pagar ni un sólo peso.

A continuación les quiero contar un poco de mi historia…

Siempre fui una niña muy normal, con buenas notas y fanática del estudio, cuyo sueño era llegar a ser Doctora cuando grande. Nunca fui de muchos amigos, pero siempre tuve a mis hermanos y a mi familia, que toda la vida me protegieron mucho.

En el verano del año 2010 (si, el mismo del terremoto) ocurrió otro gran terremoto en nuestras vidas igual de dramático, que remeció los cimientos de todo lo que conocíamos. Después de perder 10 kilos, llevarme retos hasta de mi propia mamá por “estar echada todo el día”, beberme toda el agua que juntamos y compramos cuando se cortó el agua por el terremoto y de comerme todo lo que había en las despensas de la casa, me llevaron a hacerme una curva de insulina que no se pudo llevar a cabo. El hemoglucotest en ayunas señalaba algo inusual… Nada más que decir, directo a Urgencias, donde mi vida cambió para siempre.

Acá, es historia conocida para muchos. Tuve que entender e incorporar tantas cosas nuevas como “insulina”, “glucagón”, “hiperglicemia e hipoglicemia”, “cetoacidosis”, etc que me van a acompañar por el resto de mi vida… Me hablaron de las complicaciones, de los exámenes, del autocontrol, viví el momento en el que las enfermeras te enseñan como inyectarte sola y el momento en que te atreves a hacerlo…

En fin… con una fortaleza mía que yo no conocía, tuve que tener los ojos secos mientras mi mamá y mi abuela lloraban, (aunque yo estuviera mucho más asustada y triste que ellas) Tomé el mando de lo que me sucedía y cuando me dieron de alta, me dediqué a leer, investigar y tratar de enterarme de todo lo que necesitaba para poder llevar una vida saludable, ahora que aquello estaba en mis manos.

Admito que estaba muy asustada… tan asustada que no quería volver al colegio (no sé cómo se me ocurrió esa idea tan descabellada) a ratos lloraba sobretodo en las noches y se me caía el pelo sin razón fisiológica aparente. Pero gracias a mi familia, mis amigos, y mi equipo médico de a poco pude aceptarme y mirar hacia el futuro sin miedo. Mis ánimos de ser Doctora nunca se vieron aplacados, incluso yo que pensaba en neurología hoy me he planteado que debería ser endocrinóloga, para poder prestarles una mano a las familias que lo necesitan y a personas como yo.

Volví al colegio. Cursaba Segundo Medio y a pesar de todo el tiempo que no asistí pude terminarlo con un promedio 6,4. En los siguientes dos años, Tercero y Cuarto, me puse las pilas y los terminé con un 6,8. La diabetes nunca interfirió en ninguno de mis planes… casi no me deja ir a mi Gira de Estudios! Pero al final mi familia tuvo que ceder… somos capaces de lo que sea que nos propongamos.

Cuando terminé Cuarto Medio y era la hora de dar la famosa PSU, estaba muy asustada… No porque no fuera capaz de obtener un buen resultado, los ensayos no me indicaban precisamente eso. ¡Yo temía estar en medio de la prueba y sufrir una hipoglicemia que mandara mi cabeza a las nubes! No sería capaz de dar mi 100% lo que significaría un año más de preparación o tener que optar por otra opción. ¿Qué hacer? No podía estar tranquila.

El día del reconocimiento de salas me propuse hablar con el examinador para explicarle mi situación. Cuando llegué ahí le dije “Hola, ¿sabe? Tengo un problema, yo soy diabética tipo 1 y necesito entrar a la prueba con mi glucómetro” El caballero me miró con una sonrisa de “ya sé todo lo que me vas a decir” y me dijo “Pero, ¿por qué? ¿Sueles controlarte a esa hora o simplemente quieres ver cómo estás, por si tienes una hipoglicemia?” Sorprendente respuesta, debido a que yo sabía que si hacia las cosas bien en la mañana estaría fuera de peligro y además se notaba que el señor tendría algún familiar con diabetes o quizás el mismo la tenía, quien sabe. “No, pero… bueno… no sé” Aquella fue mi súper respuesta. Me dijo que por supuesto que lo podía llevar pero no lo podía tener conmigo en la mesa, debía dejarlo en el mesón de él.

Con todo acordado, al día siguiente di la PSU de Lenguaje, con un puñado de dulces en el bolsillo y ultra nerviosa. Sabía que en la mañana había tomado las decisiones correctas (de comida e insulina) y esperaba que mi cálculo no me sorprendiera. Así fue en las 3 pruebas que di y esos 2 días fueron los días en los que más me cuidé de lo que hacía. Anduve excelente.

Anecdótico fue lo que me pasó en la PSU de Ciencias-Biología, a la que no llevé dulces porque se me olvidaron. En cuanto me di cuenta de que no los llevaba conmigo, me comencé a marear. “¡No!” pensé “¿¡Por qué ahora que no traje los dulces!?” Pero luego, respiré profundo y me calmé. Lo atribuí a lo hipocondriaca que soy y los síntomas desaparecieron. Jajaja.

Luego vino la espera eterna de los resultados. Cuando llegó el día mi mamá estaba atenta al teléfono, ya que según ella me llamarían porque había sido Puntaje Nacional. Que más hubiera querido yo pero sabía que no lo había conseguido. Fueron pasando las horas, hasta que recibí un llamado a las 19:00 hrs aproximadamente. Era la Universidad de Chile (la casa de estudios con la que siempre soñé) diciéndome que me había ganado una Beca que cubría totalmente el arancel y la matrícula de cualquier carrera a la que quisiera y pudiera entrar en esa Universidad. Yo me reía de nerviosa en el teléfono y me invitaron a una ceremonia que fue en la Casa Central. Era la heroína de mi familia.

Horas más tarde conocía los resultados y con algo de incertidumbre de mi parte (en medio de todo el jolgorio familiar) me daba cuenta de que no me alcanzaba para Medicina. Fue un golpe muy duro para mi… no tenía segunda opción y estaba 20 y tantos puntos debajo del corte.

Pensamos incluso en buscar otra casa de estudios (ya que quedaba en todas las otras privadas), trataron de convencerme de que eligiera otra carrera… porque más que mal, podría haber elegido cualquier otra carrera de la Chile a costo 0. Pero no. Yo quiero ser Doctora, y eso ya no se puede cambiar. Apareció la opción del Bachillerato, 2 años de estudios generales y luego de graduarme, ingresar a segundo año de Medicina, si cumplía con los requisitos.

Decidí hacer eso. No había ninguna Universidad que me hiciera una mejor oferta, tampoco quería ser Dentista ni nada por el estilo… Medicina es mi futuro y he de conseguirlo a como dé lugar.

Al fin y al cabo había recorrido tanto camino que no podía rendirme en ese momento y había luchado tanto… que en vez de deprimirme fue una inyección de ánimo. Ahora tengo que atreverme a ser la mejor, para poder llegar a ser estudiante de Medicina dentro de pocos años y especializarme, ojalá, en Endocrinología… Bueno, eso sólo el tiempo lo dirá.

En este momento en el que estoy mirando cara a cara a mi futuro sólo me queda decirle unas últimas cosas: Nunca, pero nunca dejen de soñar. Sueñen cosas que suenen descabelladas, porque la voluntad es más fuerte que cualquier adversidad. Propónganse una meta y lleguen a ella. Confíen en ustedes. Digan “yo llegaré a ser Doctor, Abogado, Ingeniero, Actor, Profesor…”. Díganlo y créanselo. A los que van a dar la PSU este 2013 no permitan que nadie les diga “tu colegio es malo” “no podrás porque tu colegio no es caro” “no eres capaz”… Hay que sacarse eso de la cabeza y cuando lo logres serás capaz de hacer lo que sea en cualquier aspecto de tu vida.

Si quieres buenos números, cuídate y se constante. Conócete y ten paciencia. Habrá días muy malos y otros muy buenos. Debes aprender todos los días de ti mismo. La buena salud te traerá buen humor y el buen humor, buenos momentos que te darán bienestar.

Mamás, papás… entréguenle amor a sus hijos, nunca se alejen mucho (pero tampoco nos ahoguen, ¿eh?) jaja. Escuchen lo que les tengan que decir y aprecien cada detalle. Aprendan lo más que puedan de sus pequeños y dulces guerreros. (Bueno, de los no tan pequeños, también, jaja).

En conclusión, la constancia y la voluntad son la clave de la vida. Perseveren y nunca se rindan…
No se dejen intimidar por nada ni nadie!! No se detengan a pensar en el “¿Por qué a mi?” porque no encontrarán respuesta. Sólo acéptalo y vive lo que te tocó con gratitud. 🙂

Me despido, agradecida de haber tenido la oportunidad de contarles algo de mi breve historia… y agradecida también de que se hayan tomado el tiempo de leer.

Un inmenso y dulce abrazo de mi parte a todos.

Y una frase que lo resuma todo? Con diabetes si se puede.

Cariños, Valentina.