Month: julio 2016

De tristezas, diabetes y Angelina Julie.

Él es tu amigo, tu compañero, tu defensor, tu perro.
Tú eres su vida, su amor, su líder.
Él será tuyo siempre, fiel y sincero, hasta el último latido de su corazón.
A él le debes ser merecedor de tal devoción.”
Anónimo

 

Angelina Julie

Luego de 17 días desaparecida, Angelina Julie, está de regreso en casa. No todas las historias como esta tienen un final feliz… Nosotros sí lo podemos contar.

Me voy a tomar una licencia, y en este blog, en donde escribo de diabetes, voy a escribir algo personal… Porque si al final somos indivisibles y todo lo que nos pase, de una u otra forma afecta nuestra diabetes, es bueno contar historias.

 

Desde que tengo uso de razón he estado rodeados por esos seres de 4 patas que considero mucho más que una “mascota”. Son miembros de la familia. 
Primero en la casa de mis padres, también en las de mis abuelos que siempre visité, y finalmente en el hogar que formamos hace 22 años con mi esposa.
Desde que éramos pareja, siempre estuvo la idea de tener un can que nos moviera la cola de felicidad al llegar a casa.

Y así llegó Timoteo, un labrador retriever negro, que había nacido el lluvioso 18 de septiembre de 1997, imposible de enseñar a no destrozar las plantas… Por lo que su misión como “labrador” era solo cosechar… 😉
Cuando Timoteo se hacía viejo, y las enfermedades comenzaban a instalarse en su existencia, decidimos que quizás hasta para él sería bueno tener compañía más cercana, y llegó Guillermo Antonio Felipe Luis, que es una mezcla de Schnauzer. Y vaya que la pasaron bien los casi 3 años que alcanzaron a estar juntos. Timoteo falleció de causas naturales los primeros días de enero de 2010.

Guillermo dormía con nosotros, en nuestra cama.
Y se convirtió en un aliado importante en el manejo de mi diabetes. No, no crean que detecta hipoglicemias y cosas parecidas… Lo que ocurre es que tiene por costumbre despertarse a eso de las 2 AM para ir al baño. Entonces me despertaba para que le abriera la puerta, momento que yo aprovechaba para controlar cómo estaba mi azúcar en la sangre a esa hora. Así me salvó de varias hipos e hiper, pues estaba obligado a tomar alguna decisión con el número que me mostraba la máquina.

Siempre estuvo la idea de buscar un compañero o compañera para Guillermo. Por carácter, la recomendación era tener una hembra.
Sin embargo, nuestra afición por viajar (a veces por un largo tiempo) nos limitaba a conseguir esa cachorrita: ¿quién los cuida? ¿Molestamos a mis padres otra vez? ¿Pagamos por un hotel canino? ¿Nos extrañarán? ¿Les extrañaremos nosotros? ¿es justo con ellos ese “abandono” temporal?

A mi siempre me llamaron las atención los bulldog, sin distingo de si era inglés o francés. Quería un compañero o compañera para Guillermo que tuviera personalidad propia, por presencia.
En más de una oportunidad ante la posibilidad cierta de tener uno me negué, por el tema que mencioné antes, el de asumir una responsabilidad mayor con dos perros más bien pequeños que vivirían dentro de la casa (Timoteo era del patio trasero y era feliz con eso).

Finalmente en agosto de 2015, hacia finales de ese mes, parecía que los astros se alineaban y supimos de una cachorra bulldog francés “vaquita”, por el color blanco con manchas negras, de poco menos de 2 meses, que quedaba de una camada de varios hermanos más.
El 28 de agosto de 2015 Angelina Julie llegó a vivir con nosotros. Había nacido el 2 de julio.

Desde el principio demostró su personalidad más extrovertida que Guillermo. Guillermo es un gentleman que mira todo, lo analiza y luego toma una decisión: casi siempre es la de no intervenir, jajajaja. 
Angelina es más impulsiva, atropelladora, come con muchas ganas, bota la comida fuera de su plato, usa sus patas delanteras para más cosas que caminar… Es divertida, cariñosa, ronca mucho y huele peor!!! Pero esas son características de la raza… Quienes tienen bulldogs francés me entenderán. 
Los frenchies son así. Pero solo mirar su carita y sus ojos ya hace que te conquisten. Son adorables.

Angelina ha crecido sana y gracias a las publicaciones que he compartido en algunas redes sociales, ya muchos de nuestros amigos la conocen y también saben que forma parte importante de nuestra familia.
Para prevenir cualquier “accidente”, por recomendación de su veterinaria, Guillermo fue castrado… Porque además duermen juntos en la cocina (imposible para nosotros tener un sueño reparador con los ronquidos de Angelina). Pensamos más adelante cruzar a Angelina porque queremos verla ser madre también y así hacer crecer la familia de 4 patas en la casa.

La noche del domingo 19 de junio hacía frío. Hacía mucho frío, y como de costumbre, a eso de las 21 horas, salí con Angelina y Guillermo al jardín delantero de la casa, para que estuvieran ahí por última vez antes de cerrar las puertas e ir a acostarnos.
La rutina es esa: salen, hacen lo que tienen que hacer, entramos, suben al dormitorio, están una hora con nosotros recibiendo y dando cariño, y luego los bajamos a la cocina. Así cada noche, desde hacía 10 meses.

Como hacía frío, entré a buscar algo para abrigarme. Un par de minutos… Un par de minutos bastaron para escuchar a Guillermo ladrar, salir apurado, mirar hacia donde estaba Guillermo y no ver a Angelina y sentir su ausencia. No pensé en que podía estar en el otro lado del jardín… Simplemente sentí que ya no estaba con nosotros.
La llamé… La busqué al otro lado… No vino. Llamé a mi esposa para avisarle… Me asomé por sobre la reja, no se veía nadie… Salimos a la calle a buscarla… Nada… Salimos en el auto para buscarla un poco más lejos… Y nada…
La angustia, la pena, el dolor, la desazón y la incertidumbre nos invadieron.
Lloramos todos, los tres con nuestro hijo.
Lloré mucho, como nunca imaginé que podía llorar.
Esa noche casi no dormí… Estaba destrozado. Me sentía responsable. Le falle a ella, que confiaba en mi… Una pena infinita me invadió para no abandonarme por 17 días. Los amigos más cercanos lo saben.

Bajé casi 3 kilos en esos 17 días.
Los primeros días no tenía ganas de comer. Apenas lo hice. Además, estaba resfriado. Todavía no me explico cómo pude controlar tan bien mi diabetes y no caer en una descompensación. Quizás los años, seguro la bomba de insulina que utilizo, y mucho de sentir que tenía que estar bien para buscarla a ella. No tenía alternativa. Tenía que estar bien.

Yo trabajo desde casa, por lo que la compañía de Angelina y Guillermo es permanente. Ya tenemos nuestra rutina de cada día. Están conmigo, por lo general en el escritorio, durmiendo. Se despiertan, me piden salir, jugar un rato. Les alimento, compartimos mucho tiempo juntos.

Angelina no se escapó. La reja estaba cerrada, y no cabe entre los barrotes. Angelina es muy cariñosa. Se da con quien llegue a casa o pase frente al jardín. Basta levantarle los brazos y ella se para en sus dos patas traseras. No ladra.
Angelina fue sustraída desde nuestro jardín. Seguramente por arriba de la reja, que no es muy alta. Para nosotros, era la desaparición de un miembro de la familia.

Lo peor es no saber dónde está, no tener certeza alguna de las condiciones en la que la tienen… Para quien quiere a estos seres de 4 patas, para quien los quiere mucho, es muy duro enfrentar eso.

Sabemos que los “frenchies” están de moda. Sabemos que es una de las razas de perros más robada hoy en Chile. Pero uno no espera que le toque lo que parece una mala jugada del destino.

Sabemos que muchos perros robados se comercializan en ferias libres, mercados persas, y por supuesto en páginas en internet. Es cosa de mirar en el computador, o darse una vuelta por las ferias un domingo a medio día… Pero la nuestra es una perrita que ya está más grande… Y no está esterilizada. Entonces lo que se piensa es que la llevarán a un criadero clandestino y la usarán para reproducción… Esa es la realidad de muchos de los perritos robados también.

Entonces, te roban tu mascota y ¿qué haces?

Yo fui a primera hora del lunes 20 a Carabineros, a la 18ª Comisaría de Ñuñoa… Y la carabinero que estaba en la puerta, que me preguntó qué necesitaba y a la que le relaté lo que me había pasado me dijo que ellos “no podían hacer nada, porque no había testigos ni ningún indicio… “ Que mejor me dedicara a buscarla, y cuando tuviera una pista les avisara. 
Y me di media vuelta y me fui, con más pena que gloria. O sea, redes sociales, carteles en las calles, amigos, visitas a ferias libres y mercados persas, porque la autoridad no se hace cargo pensé.

Le pregunté a mi hermana, que algo sabe de esto por su trabajo y tampoco lo tenía muy claro.
 La recomendación: un cartel con recompensa. Hice un cartel para fotocopiar y así tener una buena cantidad y pegarlos en el barrio, para comenzar.
Pero la verdad, yo no tenía mucha esperanza. Es decir: si la robaron, no estaría en el barrio… Porque no se perdió. De eso estaba seguro.

Comenzamos el rito de la búsqueda. Y en cada cartel que pegaba, quedaba un poco de mi esperanza. Lloré pegando carteles…
En las redes se multiplicaba el mensaje. Muchos ayudaron. Muchos se interesaron. Muchos ofrecieron ayuda.
Mi papá empapeló su barrio. Y así, mucha solidaridad.

Finalmente mi hermana me dijo que debía hacer la denuncia en la PDI. Y ahí me trataron muy bien.
De hecho, aunque suene frío, una mascota robada para ellos es lo mismo que el robo de un televisor o una bicicleta. Se debe hacer la denuncia y será la Fiscalía la que determine si hay mérito para investigar o no.

Estando en la PDI el martes 21 de junio, específicamente en la Brigada de Delitos Medio Ambientales (la denuncia se puede hacer en cualquier unidad), recibí una llamada. Una voz de hombre, más bien joven y con un bajo nivel educacional por la forma de expresarse, me preguntó si había encontrado mi perro. No alcancé a responder y me cortó. Luego hicimos contacto otra vez pero según él no era mi perro. Por un momento creí que luego de 3 días vería a mi Angelina.
La denuncia iría a la Fiscalía. Eso tardó una semana. Es mejor denunciar directamente en la Fiscalía y se ahorran ese tiempo de tramite.

Llegó el primer fin de semana y la búsqueda nos llevó a las ferias persas de Santiago. No solo a la tradicional del Biobío, también a la de Teniente Cruz, reconocidas por ser lugares donde se puede conseguir un perro de raza, por bajo precio… Y dudosa procedencia, bueno, no solo perros…
La mayoría de quienes habían pasado por esto me lo recomendaban: si ves a tu perro, no lo cuestiones, cómpralo sin dudarlo!
Estuve en contacto directo con el detective que me decía que ellos por ahora no podían hacer nada hasta que la Fiscalía emitiera una orden de investigar, pero para eso, se necesitaban más antecedentes, alguna pista, que en ese minuto yo no tenía.

Ir a una feria persa a buscar un perro en particular es como buscar una aguja en un pajar… Nosotros íbamos para sentir también que hacíamos algo, que no estábamos en casa, de brazos cruzados, dejando pasar quizás la oportunidad de encontrarla. Pero la sensación de desesperanza nos invadía nada más al mirar y no ver nada.

De todos modos dejábamos carteles y conversamos con guardias y policías para hacerles saber que estábamos buscando a nuestra Angelina y ofrecíamos una recompensa. ¿Cuánto? No sabíamos pero $400.000 podían ser.

Recomendaciones y datos me hicieron llegar incluso a uno de los lugares más peligrosos de Santiago, en la zona oriente… Me dijeron que había un criadero clandestino de perros y que allí había muchos, que varias personas habían recuperado en ese lugar a sus perritos robados.
Fui, me expuse, conversé con personas que me miraban con desconfianza… Pero no conseguí nada.
Bueno, conseguí salir de ahí indemne, lo que para muchos a quienes les relaté esa experiencia ya era un logro.

Los mensajes a mi WhatsApp se sucedían… Muchos, solo malas bromas de personas que no logran entender el dolor que puede significar la pérdida de una mascota, de un miembro tan importante en nuestra familia.

Y hacía frío sobre Santiago… Y cada vez que salía a la calle, a cerrar la puerta de entrada repitiendo los ritos con Guillermo, se me encogía el corazón pensando en Angelina.

Pasó el fin de semana largo, se había cumplido más de una semana de la desaparición y un llamado telefónico serio, de una persona que de verdad nos entendía, me devolvió algo de esperanza. Me dijo que le parecía haber visto a Angelina el viernes 24 de junio, envuelta en una frazada, en brazos de una mujer, en la sucursal de un Banco Estado, en San Luis de Macul. Me describió a la mujer y me recomendó ir al lugar a preguntar. Eso queda a unos 5 kilómetros de nuestra casa, pero al otro lado de la Autopista Vespucio Sur, hacia al sur oriente.
Con ese dato fui a la Fiscalía. Si fue vista en un banco, se podían pedir las grabaciones de las cámaras de seguridad. Tenía el día y la hora bastante acotada.
 En la fiscalía ingresaron los nuevos antecedentes, pero obviamente que hay todo un proceso burocrático que lleva a que iniciar las acciones tomen tiempo.

Entonces… ¿Qué hacer?

Fui al lugar donde la habían visto. Fui y conversé con el Guardia de Seguridad del banco, que de tanto ver gente entrar con perros a la sucursal ya no se fija en eso. Pegué carteles en los alrededores y conversé con los dueños de algunos locales comerciales. En la farmacia del barrio me atendieron sus propios dueños, una pareja de adultos mayores, amantes de los perros, que se conmovieron y lloraron conmigo al escuchar la historia. Me dejaron pegar carteles, me regalaron más cinta adhesiva y junto a sus dependientas me dieron ánimo porque “usted va a encontrar a su perrita”. Salí de ahí con mucha esperanza.
Me fui a recorrer las Veterinarias del barrio. Mi esposa hizo lo mismo en forma virtual, enviando mails a todas las de las comunas cercanas. Muchas no respondieron, otras enviaron de vuelta el acuse de recibo con algunas palabras de apoyo.

Cuando ya volvía a la casa suena mi teléfono móvil. Me llamaban de la farmacia. Me pedían que volviera pues una clienta había reconocido a Angelina en el cartel.
 Volví y me encontré con una señora que vive a unos 4 kilómetros de ahí, más hacia el sur oriente, cerca de las intersecciones de Tobalaba y Departamental.
 Ella tiene un negocio, una botillería, y me dijo que el fin de semana había visto a una mujer, con Angelina en sus brazos, envuelta en una frazada… Y la descripción coincidía con la que me habían dado por teléfono (ella no sabía esa información). 
Me dio su dirección y teléfono por si quería llamarla. Obviamente ese era otro dato que podía aportar a la Fiscalía. Y así lo hice al día siguiente. Pero una vez más, antes que ellos emitieran la orden, fui directamente hasta el lugar.

Quienes conocen la zona saben que es un barrio más bien popular, casas pequeñas, de construcción semi solidas, y si uno sigue el dirección al oriente se encuentra con los faldeos cordilleranos y algunas quebradas. Si bien algunas poblaciones han sido erradicadas de ahí por los riesgos de aluviones (que los afectaron en años anteriores) de todos modos ha llegado gente nueva a algunas “tomas”, por lo que para quienes llevan más tiempo no es sorpresa ver caras nuevas con mucha frecuencia. Es lo que me dijeron la mayoría de los dueños de negocios con los que conversé y a quienes les pedí permiso para pagar carteles. Gente muy receptiva también y dispuesta a ayudar.

¿Podría estar Angelina en alguna casa por ahí? Habían pasado 12 días ya y eran los únicos datos concretos que teníamos pero… ¿Y si se habían confundido? Los bulldog francés se parecen muchos unos a otros, incluso en más de un grupo en Facebook ponían la foto de uno que había aparecido preguntando si era Angelina.

El fin de semana del 2 y 3 de julio la pasamos mal. El sábado 2 Angelina cumplía un año de edad. Y salimos a recorrer algunas ferias libres del barrio y de comunas adyacentes a donde la habían visto… Pero hacía tanto frío, y el ambiente era tan deprimente que solo queríamos que no estuviera ahí.
Además, estábamos enfermos. Un resfrío rebelde, con las defensas muy bajas nos tenía por las cuerdas con mi señora. Mi hijo estaba en las mismas, y con una sobre carga de estudio por termino del semestre.

El domingo fuimos a una feria persa en la misma zona, en la calle Departamental, al poniente de donde la habían visto por última vez. Amigos recorrían otras en paralelo. Pero nada. Solo vimos la venta de algunos cachorros de raza indeterminada.
Volvimos a casa con pena, una vez más.

La semana del 4 de julio comenzó con la idea de intensificar la difusión en redes sociales, aunque poco a poco las esperanzas comenzaban a flaquear. 
Lo positivo es que me llamaron de la Fiscalía, me pidieron más antecedentes y se comprometieron a agilizar las medidas. El contacto que seguía manteniendo con el detective de la BRIDEMA de la PDI ayudó a eso también.

El miércoles 6, fui a dejar a mi esposa a un evento al que había sido invitada, porque la vida continúa. Eso fue cerca de las 20 horas.
Luego de dejarla y comenzar a volver a casa, a eso de las 20:15, y en medio de un tráfico horrible, recibí un llamado. Me di cuenta que tenía varias llamadas perdidas del mismo teléfono.
Lo primero que hace la voz de un hombre al otro lado de la linea es identificarse, con nombre y apellido. Eso solo me había pasado cuando me llamaron para darme el dato del Banco Estado donde habían visto a Angelina.
 Me pregunta si soy Marcelo González, luego de lo cual me dice: “Creo que le tengo una buena noticia… Encontré a su perrita”.

Si bien era la noticia que estaba esperando desde hacía 17 días, luego de todo lo que había pasado, de los llamados fingiendo que la tenían para cobrar la recompensa, de las malas bromas de adolescentes ociosos y los mensajes de WhatsApp que buscaban engañarnos, no podía menos que desconfiar. Total, ya era público que estábamos ofreciendo un millón de pesos de recompensa también.

Bueno. Le dije a Juan que en vista de todo lo que me había pasado antes, necesitaba ver una foto para comprobar que fuera ella. Y él me dijo que sí era. Que había visto mi publicación en Facebook y era Angelina. 
Me envió una foto… Y por supuesto era. Le re envié la foto a mi señora pero nunca la vio, no tenía señal en su teléfono. Se le envié a mi hijo y él también la reconoció.
Con mi glicemia estable, me comí un par de tabletas de glucosa mientras conducía para evitar una baja, total, prefería estar alto en esa situación.

Juan me dio su dirección, la de su casa, me dijo que estaba con su señora y su pequeño hijo. Que podía ir al buscarla en el momento, pero que ellos no lo hacían por la recompensa. Habían visto todas las publicaciones que habíamos hecho y entendían nuestro dolor, que ellos adoraban a los perro, de hecho tienen una pastor alemán de nombre Estrella, muy bonita.

Pasadas las 20:45 llegué hasta su casa, ubicada la comuna de La Florida, en un conjunto de departamentos de edificios de 4 pisos. El de ellos está en el primero. Me salió a recibir luego que lo llamé por teléfono. Me hizo pasar y me presentó a su señora y su hijo. Y ahí, en el centro del pequeño living estaba Angelina… Mi Angelina.

No, no crean que corrió a recibirme al reconocerme, eso solo pasa en las películas. Me quedó mirando y claramente sí me reconoció, pero creo que mi presencia ahí la desconcertó. Por supuesto que dejó que le hiciera cariño, y se quedó entre mis piernas. Mientras, Juan me contaba la historia que le tocó vivir con ella.

Él trabaja en forma independiente repartiendo pan. Y estaba en eso cuando el día lunes 4 la vio en la calle, a eso de las 6 de la mañana. La vio caminando sola, en el sector donde se pone la feria persa que visitamos el domingo anterior. Eso queda más o menos a un kilómetro de donde fue vista en la botillería.
Al verla sola, y reconocerla como una perrita de raza, dice que su primera impresión fue pensar que estaba perdida, que a alguien se le debía haber escapado. Pero no había nadie en la calle. La subió a su camioneta, como alguna vez hizo con otro perrito que encontró en iguales circunstancias. La arropó con una manta de polar de su hijo, porque notó que tenía frío, pero no se veía con algún daño físico, salvo una pequeña herida que parecía estar cicatrizada a la altura de su hombro derecho.
 El resto de la mañana Juan siguió trabajando y luego la llevó a su casa. Por la tarde le comentó a un amigo que tiene un bulldog francés lo que había sucedido y que era seguro que alguien la debía andar buscando. Su amigo le dijo que buscaría en los grupos de Facebook y así fue como el martes dieron con nuestro aviso.

Juan tenía su camioneta con un pequeño abollón por un choque y por eso estuvo preocupado de solucionar eso, lo que hizo que recién me llamara el miércoles por la tarde.
Mientras, le dieron comida a “Luna”, como llamaban a Angelina. Y su hijo le prestó un autito para que jugara…
La primera noche fue él con su esposa quienes durmieron con ella en su cama, y la segunda noche fue su hijo… Todos coinciden que aparte de ser una perrita muy limpia, no se puede dormir con ella por los ronquidos y sus olores… 😉

Yo quiero destacar la nobleza de ellos como familia. No quisieron recibir la recompensa. De hecho, sentí que se sintieron ofendidos cuando se los mencioné en más de una ocasión. Pero bueno, saben que tienen nuestra gratitud eterna.
Alguien en Facebook, al comenzar nuestro drama comentó lo triste que le parecía que éramos como sociedad, llegar a robar mascotas… Yo le dije que prefería pensar en la gente buena que se conmueve y que solidariza y ayuda a quien lo necesita. Y Juan con su familia están en esta categoría.

Al salir de su casa ese día yo le insistía en que me sentía en deuda con ellos. Le dije a Juan que si en algo podía ayudarles, encantado. Yo no tengo mucho cómo, pues dedicándome 100% a lo de MiDiabetes.cl esperaba que no necesitaran mi ayuda nunca. Pero que quizás si alguna vez su hijo se enferma y requieren un consejo o asistencia, mi esposa es pediatra. Y agregué que trabaja muy cerca de su casa. Juan me preguntó cómo se llamaba ella. Y cuando escuchó su nombre puso cara del sorpresa y emoción: ella ES la pediatra de su hijo.
El mundo es un pañuelo y el destino está escrito: todo ocurre por algo. Le di un abrazo y me despedí.

Poco antes de las 10 de la noche del miércoles 6 de julio de 2016, luego de 17 días fuera, Angelina Julie volvió a casa.
Mi esposa no supo nada hasta que me llamó a las 23:15 porque recién tenía algo de señal en su móvil…
La emoción fue inmensa. La emoción continúa.

Gracias a Juan y su familia. Gracias a todos quienes ayudaron a viralizar nuestra búsqueda, hasta más allá de nuestras fronteras. Gracias a quienes aguantaron nuestros estados, y desde su posición de amigos nos apoyaron. Gracias a quienes entendieron que estuviéramos “idos”… Porque así nos sentimos.

Garcias por tanto, a tantos.

Poco a poco Angelina se reencuentra con las rutinas de este, su hogar, del que nunca debió salir.
Han pasado varios días, pero todavía cuesta creer el final de esta historia.

Sentirla roncar y aromatizar nuestra casa con su olor no tiene precio, y saber que es ella la “responsable” 😉 no se puede explicar.

Ser paciente.

Sala de Espera

Sala de Espera

No voy a descubrir la pólvora al afirmar que el trabajo serio, constante, responsable, fundado en la verdad, tarde o temprano rinde sus frutos.

Les comento esto a propósito de una invitación que recibí hace una semanas. 
Desde el Ministerio de Salud de Chile me invitaron a participar de las reuniones que un comité de expertos está teniendo en el marco de la elaboración de la nueva Guía Clínica de Diabetes Mellitus Tipo 2. En ese comité hay médicos, especialistas, enfermeras, técnicos y… pacientes.

La satisfacción que sentí al ser invitado por la Dra. Andrea Srur, Jefe del Departamento de Enfermedades No Transmisibles, fue muy grande. Ser considerado así, siendo un paciente con diabetes, me llena de orgullo.
Pero como en otras oportunidades, sin falsa modestia, no me sorprende.


Y lo encuentro lógico, pues cuando hoy en día se habla del “paciente experto”, del “paciente educado”, “empoderado”, “activista”, “advocate” en otro idioma, pues sí, lo soy. Me convertí en eso.

Pero no ocurrió de noche a la mañana.

Quienes siguen mis andanzas en la internet por más de una década, saben que este trabajo comenzó hace rato, más precisamente en 2002, administrando el sitio web de una organización de pacientes, y ya luego con mi blog propio en 2005.
Son varios años dedicado 100% a esto. 
Entonces, 14 años después no es extraño que me llamen, no solo desde el Ministerio de Salud.


Lo que no todos conocen es que el principal impulsor de que hiciera algo por ayudar a mis pares fue mi médico, el Dr. Jaime Pérez Correa, que vio en mí el potencial de comunicar y contar parte de mi historia de vida con diabetes y me lo decía constantemente en nuestras primeras citas, a mediados de los 90.

No quiero decir que sea la regla, pero quizás cuando se habla del por qué no surgen en nuestras latitudes otros pacientes que usen las redes sociales para compartir y apoyar a pares, una razón podría ser la falta la agudeza para detectarlos y motivarlos por parte del profesional de la salud que los atiende.

Pero claramente esa no es ni puede ser la única razón.

La motivación personal juega un rol fundamental.
Ya lo dije también: muchas veces el compartir mis vivencias es terapéutico. Me sirve para ordenar las ideas, para dejar un registro de algunas cosas que me pasaron, y así repasarlas en un tiempo más y comprobar teorías y/o corregirlas, según corresponda.

Son embargo, si para subirse a un escenario y hablar ante muchas personas sin entrar en un ataque de nervios hace falta una personalidad especial, para enfrentar algo parecido en las redes sociales hace falta lo mismo. Mostrar parte de nuestra vida, con todas las implicaciones que hoy puede tener esa exposición, no es nada fácil. Y hay que estar dispuesto a enfrentarlo.



No menor, pero muy importante también es el tiempo que uno puede dedicarle a esto. Aunque dicen por ahí que querer es poder. Y quien quiere, puede dedicar aunque sean unos minutos cada día, o unas horas del fin de semana quizás. La periodicidad y oportunidad de las publicaciones marca una diferencia. Pero cada uno a su ritmo.


También está nuestro nivel de auto exigencia. Quien se conforma con subir selfies con su diabetes no hace nada malo. Pero no todos queremos ver eso. No todos queremos subir solo selfies. Lo vasto de las audiencias nos dice que siempre habrá público para todo.

El principal éxito de un blog de pacientes, al menos a mi juicio, tiene que ver con la calidad del contenido que genera. Con el aporte que un comentario sobre un tema que quizás alguien no conozca. 
Contar experiencias hace la diferencia. Lograr que el lector se identifique con lo que contamos es clave. Eso nace solo si se es honesto en lo que se cuenta.
Para comenzar, si lo viviste lo puedes contar mejor. Así de simple.



Otra cosa es contextualizar noticias o sacar frases de manuales y construir desde ahí un relato. Y eso también se agradece, sobre todo cuando hay tanto donde buscar información.

Pero forzar eso, a mi juicio va contra la naturaleza de las redes sociales.

Cómo ven, y sin hablar nada de diabetes todavía, dar un paso al frente como paciente, subir un escalón, es muy parecido a los factores que influyen en una glicemia: son infinitesimales… 😉

Durante mucho tiempo asistí a cuanto curso y congreso de diabetes se dictara en Chile, la mayoría para profesionales de la salud. 
De tanto saludar a los médicos, que no me conocían, y pedir permiso para participar, pues hoy ya varios me conocen. De tanto publicar y llamar la atención con lo que comparto, hoy la industria también me reconoce.


Entonces, que el Ministerio de Salud me llame, lo encuentro lógico. 
Sobre todo cuando se habla de apertura y de darle espacios a la ciudadanía para que se pronuncie y opine sobre los temas que le afectan de forma directa.


Lo que corresponde entonces es contarlo, hacerlo público y destacarlo.
Más de una vez acá mismo me he quejado del poco espacio que se le da a las incitativas positivas. Quizás sea que la precariedad de nuestro sistema de salud en muchos aspectos, y la inequidad del mismo, hace que se destaque y se vea mucho más lo negativo.
Y tiene sentido, pues los resultados de una política de salud pública deficiente repercuten directamente en nosotros los pacientes, en nuestra salud.

Somos pacientes. No elegimos serlo.
Yo no elegí tener diabetes tipo 1, y aunque se diga que la diabetes tipo 2 es evitable en un 80%, tampoco creo que alguien plenamente consciente decida tenerla.

Somos pacientes, pero frente a un sistema de salud imperfecto, que tiene en Chile una Ley GES y ahora otra llamada Ricarte Soto, en las cuales se discute de fármaco economía, de costo efectividad, de parámetros de calidad de vida, de resultados en el corto, mediano y largo plazo… Debemos ser no solo pacientes: debemos ser médicos, enfermeras, nutricionistas, psicólogos, abogados, contadores, ingenieros… Y así, verdaderos expertos en muchos temas. 

Entonces, que no sorprenda que no hayamos muchos haciendo esto. Lo importante es motivar a otros que también se sumen. Desde su trinchera, desde su experiencia y conocimientos.
 Les necesitamos.

Al final la clave es ser paciente, empoderado, activista, educado, informado, experto… no importa el apellido.
Ser paciente es la clave, y yo lo soy.

Marcelo González
Director Ejecutivo
Fundación Mi Diabetes