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La etiqueta de la diabetes.

Miércoles, 8 de Septiembre de 2010

¿Han escuchado hablar de la “etiqueta de la diabetes”?

Bueno, la verdad es que al contrario de lo que pudiera pensarse, se trata de una serie de 10 consejos dirigidos a personas que NO TIENEN diabetes…

Es una cartilla patrocinada por Roche Diabetes Care en los Estados Unidos, que pretende mostrar que con pequeñas acciones nuestra diabetes puede ser algo más llevadero.

Me parece muy pertinente compartir con ustedes una traducción que hice, no sólo porque estoy seguro que les arrancará más de una sonrisa, si no porque es una espléndida manera de acercarnos a quienes nos rodean sin eufemismos, y en forma muy directa cuando se trata de hablar de diabetes.

Veamos entonces:

1.- No ofrecer consejos no solicitados acerca de mi alimentación u otros aspectos de mi diabetes.
Puedes tener buenas intenciones, pero entregar un consejo a alguien sobre hábitos personales, especialmente cuando no han sido solicitados, no es muy apropiado. Por otro lado, muchas de las creencias más populares acerca de la diabetes (“deberías dejar de comer azúcar”) están obsoletas o simplemente equivocadas.

2.- Darse cuenta y apreciar que la diabetes es un trabajo duro.
El manejo de la diabetes es un trabajo de tiempo completo al que no postulé, que no quería y al que no puedo renunciar. Eso implica reflexionar sobre qué, cuándo y cuánto comer, al tiempo de considerar el ejercicio, los medicamentos, el estrés, el monitoreo de azúcar en la sangre y mucho más todos y cada uno de los días.

3.- No me cuentes historias de terror sobre tu abuela u otras personas con diabetes.
La diabetes es bastante aterradora e historias como esas no son alentadoras. Además, ahora sabemos que con un buen manejo, las probabilidades de que se pueda vivir una vida larga, saludable y feliz con diabetes son muy buenas.

4.- Ofrece unirte a mi para realizar cambios a estilos de vida saludable.
No tener que hacer el esfuerzo solo, como comenzar un programa de ejercicios, es una de las formas más poderosas en las cuales puedes ayudar. Después de todo, cambios a estilos de vida saludable, pueden beneficiar a todo el mundo.

5.- No mires con cara de espanto cuando controlo mi azúcar en la sangre o me inyecto.
Tampoco es divertido para mi. Controlar el azúcar en la sangre y tomar medicamentos son cosas que debo hacer para manejar bien mi diabetes. Si tengo que esconderme cuando lo hago, lo hace mucho más difícil para mi.

6.- Pregunta cómo podrías ayudar.
Si quieres ser solidario, hay muchas pequeñas cosas que yo apreciaría con las que tú me ayudaras. Sin embargo, lo que yo realmente necesito puede ser muy distinto de lo que tú crees que yo necesito, así que pregunta primero.

7.- No des ánimo sin pensar primero.
La primera vez que supiste de mi diabetes, quisiste apoyarme diciendo cosas como: “Hey, podría ser peor, podrías tener cáncer!” Esto no me hará sentir mejor. Y el mensaje implícto parece ser que la diabetes no es importante. Sin embargo, la diabetes (como el cáncer) ES importante.

8.- Apoya mis esfuerzos para el auto cuidado.
Ayúdame a implementar un ambiente para tener éxito ayudándome en la elección de comida saludable. Por favor, acepta mi decisión de rechazar una comida en particular incluso cuando realmente te gustaría que la probara. Eres más útil cuando no eres una fuente de tentación innecesaria.

9.- No espíes o comentes mis glucemias sin preguntarme primero.
Estos números son privados a menos que yo elija compartirlos. Es normal tener números que a veces son muy bajos o muy altos
Tus comentarios no solicitados acerca de estos número pueden agregar a la desilusión que ya siento frustración y enojo.

10.- Ofrece tu amor y aliento.
Mientras trabajo duro para manejar con éxito la diabetes, algunas veces sólo saber que te importa puede ser muy útil y motivador.

¿Qué les parece? Comentar esto puede ser una buena forma de iniciar una conversación sobre diabetes con esa persona que siempre está al lado nuestro pero no sabe muy bien como ayudarnos.

Puedes descargar una copia del original en inglés y en formato .PDF haciendo clic en el enlace Behavioral Diabetes Institute

Muy baja… wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Jueves, 22 de Julio de 2010

Muy baja.
Es cierto.

Hay quienes dicen que una hipoglucemia forma parte de la demostración de que nuestro tratamiento está haciendo su efecto: que la insulina, que la alimentación, que el ejercicio… que todo está bien.

Ahora bien. Una hipogluecemia no ocurre porque sí. Siempre hay una razón, por muy misteriosa o escondida que parezca.

Despertar luego de llevar poco más de una hora profundamente dormido, todo mojado por el sudor, con una sensación de mareo intensa y además sin poder fijar la vista muy bien no es agradable.

Las tabletas de glucosa entraron  a mi boca antes de sacar siquiera el lancetero del estuche del glucómetro. Agradezco esos minutos de cordura que todavía me quedan para no hacer tonteras o necesitar que alguien me ayude. Mi esposa dormía a mi lado y no la iba a despertar, a menos que la situación de escapara de mis manos, y no quiero decir con esto que se me cayera el glucómetro al suelo :)

28 mg/dL marcaba la máquina. Yo he tenido 27 como lo más bajo registrado. Nunca un Lo ni un Hi, por fortuna.

¿Pero qué había pasado?

Pues que  mi hijo me había pedido que jugáramos con su consola Wii un rato antes de dormir… Y la verdad es que sub estimé el impacto que esos “pequeños” movimientos de mi brazo y casi todo mi cuerpo, para tratar de ganarle (cosa que nunca puedo lograr), iban a tener en mi glucemia.

El ejercicio no más. Una pueba más que la vida sedentaria no nos conduce a nada, y no sólo a quienes ya tenemos diabetes, si no a todo el mundo.

Seguiré intentando ganarle a mi hijo, pero esta vez voy a preocuparme más de medirme antes, durante y después… y a ver si con una colación extra le puedo dar más batalla y dormir tranquilo :)

Ah… Y ojo papás, más atención con las consolas que involucran movimientos del cuerpo, puede ser esa la razón de las hipos sin causa conocida.

:)

En primera persona…

Martes, 22 de Junio de 2010

Este post lo escribí hace un tiempo ya y lo publiqué en mi anterior blog… Sin embargo es de los que siempre leo otra vez… Es mi cable a tierra. Y apropósito de algunas cosas que han pasado en los últimos días se los voy a mostrar otra vez.
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Qué fácil resulta para algunos de nosotros caer en la tentación…

Nos convertimos en diabéticos insulino dependientes a muy corta edad. Y en la medida que pasan los años, y vamos aprendiendo cada vez más de esta condición, nuestro nivel de conocimiento nos lleva a límites impensados.
Qué facil resulta entonces caer en la arrogancia de creernos médicos, de creer que todo lo que leímos y lo que aplicamos con nuestra diabetes debe aplicarse a todos los diabéticos.
Qué fácil resulta decirle a una madre de un chiquito debutante, con una hipoglicemia severa con convulsiones “No, no se preocupe, si hipoglicemias va a hacer toda la vida, entonces… una más o una menos, que más da”.
Qué fácil resulta ceerse un Dios en el manejo de la diabetes, un todopoderoso, que todo lo sabe y todo lo que hace es ley… Alguien que está por encima de todos.
Qué facil resulta creerse líderes porque llevamos más de la mitad de nuestra vida siendo diabéticos y nos hemos convertido en “ejemplos” dignos de imitar: aprendimos de la manera más dura todos los trucos y manejos poco ortodoxos para hacer de la diabetes nuestra aliada… y a veces creemos que eso está bien.
Qué fácil resulta creerse “Educador en Diabetes” por el sólo hecho de ser diabético, como si el conocimiento de las tablas de multiplicar nos calificara para pararnos frente a un curso de 25 niños en un colegio como “maestros” y enseñarles a multiplicar…
Qué fácil resulta darle indicaciones a una persona ignorante en el tema, inocente, que cree en ti por tu labia y postura frente a la vida.

¿Qué nos cuesta asumir nuestra propia ignoracia? ¿Qué nos cuesta ser consecuentes? ¿Qué nos cuesta respetar a un profesional que no por nada gastó al menos 12 años de su vida en aprender de medicina? Tal vez no estemos de acuerdo con su manejo… pero no somos médicos.

Es cierto. El poder que nos confiere el hablar en primera persona es fuerte. Pero por lo mismo debemos ser responsables. Si queremos ser el espejo del niño que recién está partiendo debemos ser consecuentes y humildes.
Debemos asumir nuestra ignoracia, nos hará más nobles.
Debemos tener conciencia que ningún consejo que nosotros pudiéramos dar reemplazará jamás la opinión de un médico, jamás.

¿Qué es lo que quiero? Llegar con mi testimonio de vida de hombre, esposo, padre, profesional, de diabético por ya largos 24 años a quienes recién están comenzando, también a quienes ya llevan un tiempo y todavía no encuentran el tratamiento óptimo para su vida.
No quiero premios ni alabanzas. No quiero dejar a una madre temblando por el siniestro futuro que le auguro a su hijo, prefiero que esa madre se informe más y lo deduzca al conocer mi buena historia y al darse cuenta que tal vez ella no lo está haciendo tan bien como parece…

Prefiero un “gracias” desde el alma, por el ejemplo de vida que estoy dando más que las loas por mis “incuestionables conocimientos médicos sobre diabetes”.

Llevo 24 años aprendiendo de diabetes. Y cada día descubro algo nuevo.

Me nutro con otros diabéticos y sus historias, me nutro con lo que cuentan sus padres, sus hermanos, sus esposas e hijos. Me nutro de un contacto cercano con distintos profesionales de la salud: médicos, enfermeras, nutricionistas, psicólogos. Con cada uno de ellos aprendo y discuto distintos puntos de vista. Los respeto y me respetan. Jamás le diría a un paciente que cambie de tratamiento, jamás le diría que su médico lo está haciendo pésimo, no tengo los estudios para hacerlo. Lo que si puedo hacer es confrontarlo con otros tratamientos y concluir que un ajuste podría mejorar su calidad de vida… como ha mejorado a lo largo de estos años la mía.

En Sudáfrica: Mi Tab y Yo.

Viernes, 28 de Mayo de 2010

En Sudáfrica: Mi Tab y Yo.

Quiero compartir con ustedes una foto que es una de mis favoritas, histórica para mi.

Primero porque fue tomada en Cape Town, Sudáfrica, el 8 de diciembre de 2006, en el marco del Congreso Mundial de Diabetes, al que asistimos con Carolina Kahler, por entonces Gerente General de la Fundación Diabetes Juvenil de Chile.

Y segundo porque lo que ven en mi mano es una lata de Tab, una bebida cola que ya no se vende en Chile hace mucho tiempo, pero que era la única que existía en 1986, cuando fui diagnosticado…
Habían pasado más de 20 años y muchas bebidas light han llegado al mercado y otras se han ido… como la Tab.

Por lo mismo es que muchos recuerdos vinieron a mi memoria cuando la tuve en mis manos, y no perdí la oportunidad de inmortalizar el momento.

Ahora, siendo francos, la encontré igual de mala que cuando tenía 18 años, jajajajaja.

Los insumos del mes y alguna reflexión

Jueves, 27 de Mayo de 2010

Los insumos del mes

Y me pasé un mes para retirarlos…
Es que han sido tantas las cosas que han pasado que me olvidé de renovar mi receta GES. Y al pedir hora con la doctora que me corresponde, tenía su agenda llena, no me quedó más que esperar cuatro semanas para visitarla.

Decidido a asumir mi olvido, y siendo mi responsabilidad, revisé que tenía insulina extra para llegar hasta la fecha sin problemas. Donde sí había inconvenientes era con las tiras reactivas.

Bueno, metí la mano a mi bolsillo, compré algunas. Un buen amigo me ofreció otra caja (te la debo Leandro y en cuanto nos veamos te la repongo) y un laboratorio por ahí también me “auspició”.

Ok. Visita a la doctora y con la receta, luego de la isapre, rumbo a la farmacia.

¿Tendrían todo lo que necesitaba?

Como me estoy midiendo más seguido, esta vez le pedí a la doctora que aumentara las cintas: de 8 a 10 diarias, por lo tanto necesito 300 para el mes, seis cajas de 50. Si cuando usaba 8 nunca tenían todo el stock en la farmacia, esperaba que esta vez que ocurriera lo mismo.

Pero no, para mi sorpresa estaba todo, bueno, casi todo.
Seis cajas de cintas Optium, una caja de 5 cartuchos de insulina Novo Rapid, un Glucagen Hipokit y 300 lancetas… de las que sólo habían 200. Y esto no me importa pues no son las lancetas que uso (mi lancetero es el Multiclix, del Laboratorio Roche).

Entonces puedo decir que me fue bien, pues lo que más me importa, tiras e insulina, sí estaba.

¿Habré dejado a alguien sin tiras? ¿Qué pasará el mes siguiente? ¿Si la dependiente que gentilmente me atiende ya no estará porque saldrá con prenatal… quien esté lo hará igual?

Estas pequeñas cosas me hacen feliz…

Jueves, 8 de Abril de 2010

Refrigerio de media mañana...

Y por lo mismo las comparto.

Esta mañana, en medio del trabajo simplemente sentí ganas de comer algo.
Aprovechando que laboro en casa, fui a la cocina y, mientras hervía el agua para un té, miré en la despensa. Muchas galletas dulces y otras cosas… Y por ahí unas brownies (esos quequitos de chocolate con un poco de nuez encima).
Ok. Glucemia del momento 100, dosis de insulina 2,5 UI y a disfrutar…

Una hora y media después disfruté más. Con una glucemia post brownie de 99 mg/dL todo había estado bien. Bien el cálculo del bolo, bien la basal y la panza bien satisfecha…

Ah… Estas pequeñas cosas que me hacen feliz :)

Glucemia post brownie

Junto a Mamá Terapeuta

Martes, 9 de Marzo de 2010

Compartir

MamáTerapeuta & MiDiabetes

Qué duda cabe!
Causas distintas, mismo medio, mismo objetivo: ayudar a nuestros iguales. Blogueros solidarios.

Junto a mi señora, a quien le debemos el registro gráfico y la mayor parte del aporte, hoy estuvimos en el departamento de Sonia, el cuartel general de Mamá Terapeuta.

Nos sumamos a su campaña de ayuda a niños con necesidades especiales que a causa del terremoto han visto peligrar su tratamiento.

Y a pesar que tenemos contacto casi a diario a través de los ciber espacios que compartimos, hacía falta el encuentro en vivo y en directo (¿un par de años ya sin vernos Sonia? Hay que decirle a Mariana que organice algo, jejeje).

Si hasta seguidores en común tenemos ( y ojo, que no son nuestros amigos más personales).

Poco a poco hemos ido recorriendo el mismo camino, con algunos matices, pero en esencia nos interesa lo mismo.

Gracias por estar allí. Gracias por permitirnos ayudar a quien lo necesita.

Aunque sea una frase manida, ayudar hace bien y estoy seguro que no miento si digo que con Sonia nos sentimos muy bien!

SOS Diabetes!

Miércoles, 3 de Marzo de 2010

No había podido escribir nada y tenía muchas ganas de hacerlo.
Todavía a esta hora no se restablece el suministro de energía eléctrica en mi casa, por lo mismo no tengo acceso a internet. Aprovecho que estoy donde mis padres.

Mi familia se encuentra bien. Sólo tengo daños materiales en mi vivienda, una construcción que data de 1940 y ya había tenido que soportar varios sismos…

Quiero hablarles de SOS Diabetes,  una campaña que ha impulsado la Fundación Diabetes Juvenil de Chile para ir en ayuda de los diabéticos víctimas del terremoto. En una primera etapa, busca ayudar específicamente a los glucolegas de la Región del Bíobío.

Deseo dejar muy en claro que no se trata que haya desabastecimiento de insumos. Muy por el contrario. En Chile, afortunadamente en estos momentos tenemos insumos para enfrentar la catástrofe, lo que está fallando son los canales de distribución: cadenas de farmacias saqueadas y cerradas, problemas con los sistemas informáticos que hacen imposible la obtención de la Garantía GES para la gente de las Isapres… y las propias farmacias de los hospitales, que en un primer momento se han visto sobrepasadas por la emergencia.

Por ello es que se están recolectando glucagón, insulina y cintas reactivas en la Sede Central de la FDJ, Lota 2344, teléfono 02 367 3900,  y en el local de su Filial de la Región de Valparaíso, Arlegui 440, local 201 (Galeria Aradia)  teléfono 32-2541624 32-2541625.

Se han recibido ofrecimientos de ayuda de organizaciones internacionales relacionadas con la diabetes. Se agradecen, pero por ahora no se necesitan.

Se ha conversado directamente con los laboratorios proveedores y nos garantizan el suministro sumándose a las colaboraciones.
Ahora es el momento de demostrar nuestra solidaridad, quizás mañana sea el turno nuestro de recibir apoyo.

Un primero envío será llevado personalmente hasta la ciudad de Concepción para ser entregado a los representantes de la Corporación de Ayuda al Niño y Adolescente Diabético de dicha ciudad.

Ojalá podamos todos colaborar, porque hoy más que nunca, la diabetes no puede esperar.

SOS DIABETES!

¿Glicemia? ¿Glucemia?

Viernes, 19 de Febrero de 2010
Un glucómetro sobre un diccionario de la RAE
Esta no es más que una divagación de día viernes que no cambiará el curso del manejo de mi diabetes, pero quería compartirla.
El otro día, chateando con una amiga, en una parte de nuestra conversación hizo un alto y me preguntó: ¿gli o glu?
Y la verdad es que tuve que responderle la verdad, por dura que parezca frente a la costumbre.
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua la palabra correcta es glucemia, porque glicemia no existe.
De toda lógica, pues viene de glucosa
Pero en Chile al menos, está impresa hasta en los exámenes, y tanto pacientes como personal médico dice y escribe “glicemia”
¿Por qué? ¿Cuando cambiamos la glu por la gli? ¿Cuando le quitamos todas las “s” a los plurales al hablar? Ni idea.
Y acá decimos hipoglicemia, hiperglicemia, índice glicémico y hasta hemoglobina glicosilada y debiera ser glucosilada…
Ahora, mirando bien el diccionario, dice que viene del francés glycémie… Y tal vez de ahí se explique el error cometido.
glucemia.
(Del fr. glycémie, con u influida por glucosa).
1. f. Med. Presencia de glucosa en la sangre.
2. f. Med. Medida de la cantidad de glucosa presente en la sangre.
De todos modos me pregunto si será el momento de iniciar una campaña y que todos digamos y escribamos glucemia o la campaña debe ir orientada a que la que Academia reconozca el uso masivo en el habla que se le da a glicemia (y que todos los entendemos al fin y al cabo) para que la reconozca e incorpore a su diccionario?
¿Qué opina el pueblo?

¿Discriminación?

Miércoles, 10 de Febrero de 2010

No Diabetes

No voy a entrar en profundidades. El tema es duro en sí mismo y para eso necesito más antecedentes y reflexión, cosas que este verano han sido difíciles conseguir.

Pero quiero compartir esto con ustedes.

Una amiga me cuenta que tiene mucha rabia. Está tramitando un crédito para comprar casa y en el banco le dicen que por su declaración de salud el seguro de desgravamen aumentará en un ¡200%! Claro, en la declaración de salud dice que tiene diabetes tipo 1…

¿Discriminación?

Si no lo es podría estar disfrazada en las “políticas comerciales del banco”. Pienso igual que tiene toda la cara de serlo. Es cierto que las personas con diabetes somos poco “confiables” para el sistema financiero. Estamos más expuestos a sufrir una descompensación, caer hospitalizados y, supongo, morir… ¿Hay algún inmortal por acá?

En estos momentos ella está redactando una queja y hará valer el primer y único derecho al que no podemos renunciar: el derecho a pataleo, es decir reclamará por lo que le parece un cobro excesivo. Esperemos que le vaya bien y ya les contaré cómo termina la historia.

Pero, ¿bastará con tener un historial de buen control? ¿Será necesario una declaración de nuestro médico que de cuenta de los bien que nos manejamos?

Parece que no.

¿Qué probabilidades hay que una persona que declara ser sana, por lo que tiene un seguro de desgravamen “normal”, se enferme gravemente y fallezca luego de contratado el crédito?

Creo que falta legislación al respecto.

Es cierto que en Chile opera el libre mercado, pero claramente las cosas se nos ponen difíciles a las personas con diabetes cuando crecemos. Lamentablemente la niñez y juventud es una especie de estado de gracia que acaba con los años…

Oportunidades laborales truncadas por “salud incompatible”, pocas facilidades para tomar la medicación a las horas que corresponde, recomendación de no estudiar o postular a carreras militares…

Haciendo historia recuerdo que luego de diagnosticado en junio de 1986, y habiendo cumplido los 18 años en abril de ese año, en agosto fui a inscribirme para el Servicio Militar Obligatorio. Por cierto que sumados a los papeles que acreditaban que estaba estudiando en la universidad, iba con mis certificados médicos que hablaban de mi condición, con lo que esperaba “sacármelo” sin mucho esfuerzo.

Esa fría mañana en el Cantón de Reclutamiento había una larga fila que se movía lentamente. Como veía que pasaba la hora y seguía más o menos en el mismo lugar, y por la NPH que usaba entonces ya se venía mi hora de colación de media mañana, pensé en un momento usar el argumento de mi enfermedad para saltarme la espera. Pero mirando la cara de pocos amigos de quienes estaban a cargo del proceso (mediados de los 80 en Chile, vestidos de uniforme militar y con armamento de grueso calibre…) preferí esperar.
Al llegar mi turno el oficial de guardia me preguntó mis datos junto con algún antecedente de salud. Dije diabetes tipo 1, insulino dependiente, sin agregar nada más. Me miró, llenó un papel y sin siquiera preguntarme por algún certificado me dijo “Eximido!”. ¿Discriminación positiva? Perplejo salí de ahí pensando en que quizás me vio tan flaco todavía que no fue necesario ningún otro argumento… Con apenas un par de meses de diagnóstico pensé “parece que esto de la diabetes no será tan malo”.

Lo malo ocurrió a fines de ese mes, cuando en la universidad reprobé un ramo de matemáticas.

Es cierto que no soy ningún Einstein, pero la verdad es que me sentí discriminado por el profesor.

Ocurrió que estando hospitalizado por mi debut falté a una prueba. Inmediatamente de vuelta a clases y con mis certificados médicos me acerqué al profesor para plantearle la solicitud de poder rendir el examen. Me contestó que lo dejáramos para más adelante…

Un par de semanas después mientras todos mis compañeros estaban en clases, yo, en la misma sala rendía una prueba, que según pude constatar después era de una complejidad mayor a la que tuvieron ellos en su oportunidad. ¿Castigo por faltar? ¿Nivel de exigencia superior porque tuve “más tiempo” para estudiar? Lo que haya sido provocó una cadena de discusiones en donde el único que perdió fue el diabético… que hasta casi lo echan de la universidad.

Bueno, años después sigo sin entender para qué me sirvieron esas clases si yo lo único que quería era ser redactor creativo y lo conseguí

Cuando debuté, el sistema de salud que cubría parte de mi tratamiento era el de mi padre. Claro, yo tenía 18 años y estaba estudiando.

Cuando comencé a trabajar en una agencia de publicidad, era obligación dejar de ser carga y pasar a cotizar por mis propios medios. Intenté quedarme en la misma isapre en la que estaba como carga, cosa que no fue posible: simplemente me dijeron que no por la diabetes… Vaya! Eso si era discriminación, aunque la isapre estaba en su derecho. ¿Y los míos?

Lo intenté un par de veces más con resultados negativos. Estuve en Fonasa por casi dos años hasta que una representante de Vida Tres se acercó y me dijo que no había peor gestión que la que no se hace y decidió jugársela para que me aceptaran.

Por cierto que la primera respuesta de la contraloría médica de la isapre fue un rotundo no.
Con distintas apelaciones y muchos certificados finalmente conseguimos algo: me aceptaban con la condición de no cubrir nada relacionado con la diabetes ni con sus complicaciones (nefropatía, cardiopatía, retinopatía diabética y otras muchas cosas más) por un lapso de dos años. Es decir, yo pagaba mensualmente mi cotización y podía hacer uso de los beneficios de mi plan de salud siempre y cuando lo que me pasara no estuviera relacionado con la diabetes, nada.
Imagino que ellos esperaban que dijera que no y me quedara en Fonasa, que era la única opción que me iba quedando. Pero pensé que como ya llevaba seis años con diabetes y no había tenido problemas, por qué no podía apostar a que por otros dos años más estaría bien. Así que acepté. Y por ahí tengo el primer contrato, con la declaración de salud fechada en junio de 1992…

Después, y gracias al tipo de trabajo que desarrollé, nunca tuve problemas. Ah, bueno, no se si cae dentro de discriminación, pero una polola que tuve estaba muy, pero muy preocupada con el tema de la diabetes y la virilidad, tanto que se me hacía sentir incómodo… tanto que no merecía la pena estar con ella.

Contratar el seguro de mi vehículo me ha dado la ocasión de discutir con mi corredora el tema de un seguro de vida, pero la prima sería tan alta y tantas las restricciones que no vale el esfuerzo, creo.

Otra amiga DM1, terminando su internado en una carrera ligada a la medicina me comentaba que seguir el ritmo de pabellón se le hacía cuesta arriba, que más allá de no pedir ninguna regalía sentía que sus superiores tenían poca empatía con su condición de diabética insulino dependiente. No es que pidiera trato especial, pero si comprensión y no miradas que decían sin palabras: “para qué estudiaste esto entonces…”.

Alguna vez me tocó conversar con debutantes adolescentes que veían en la carrera militar su futuro. Unos querían ser pilotos de combate, otros pertenecer a la Policía de Investigaciones. Y claro, tuvieron la mala suerte de debutar antes de entrar a estudiar aquello, pues si hubieran sido diagnosticados ya adentro la cosa sería distinta.

Otro glucolega, profesor de educación física tuvo que “pelear” a la hora de postular a hacer clases en una escuela de las Fuerzas Armadas… Le estaban exigiendo lo mismo que a los conscriptos, siendo que él ya era profesor, y con DM1 desde pequeño. O sea…

¿Llegará el día en que nos juzguen por nuestras capacidades académicas, profesionales y no por la diabetes que nos tocó?

¿Por qué los insulino dependientes tenemos que mentir cuando en el examen de conducir el médico nos pregunta si tenemos la presión alta, sufrimos alguna afección cardíaca o tenemos diabetes? ¿Por qué una vez declarada la enfermedad tenemos que renovar la licencia cada año si hay gente que maneja peor de uno y circula por las calles siendo una amenaza pública?

¿Por qué los padres de niños pequeños con diabetes además de sufrir por la enfermedad de sus hijos deben lidiar con la angustia de elegir un colegio “apropiado” para el niño? Y a pesar de lograr ingresar al poco tiempo y luego de muchas dificultades se ven enfrentados a la sugerencia: “¿No ha pensado en cambiarlo mejor?”.

Hoy, la tecnología y la medicina han puesto a nuestro alcance herramientas que bien usadas nos permiten hacer literalmente lo que queramos (en estos días Josu Beijoo debe estar casi en la cima del Aconcagua).

Hoy la misma legislación nos protege. El GES nos garantiza, ya sea que estemos en el sistema privado o en el público, el tratamiento de nuestra diabetes, entonces ¿dónde está el problema? En la educación, no sólo del paciente, si no que de toda la sociedad.

Es cierto, algunas de las “discriminaciones” que les he relatado no son generalidades, pero pasan. Y ocurren muchas más veces de las que creemos.

Ad portas de la instalación de un nuevo gobierno, con nuevos legisladores, ¿será la hora de una vez por todas de llamar al Chapulín Colorado y empezar a normar cosas que por ahora parecen estar sólo en el aire?
¿O tenemos que esperar a cumplir años y a que nos ocurran a cada uno para preocuparnos de verdad?