Es cierto. Puede haber innumerables razones para cometer un error…
Por esas circunstancias de la vida moderna, terminé la tarde del sábado pasado comiendo junto a mi señora e hijo en el patio de comidas de un mall.
Ok. Harto donde elegir, rápido, barato, no había ánimo de ir a un restaurante.
Sin embargo, rodeado de la modernidad arquitectónica y este estilo de vida de hoy, hubo un hecho que me hizo sentir como si volviera no sé, unos 15 años atrás.
Con mi señora pedimos un par de pizzas que incluían bebidas. Agua soda pare ella y Coca Light para este servidor.
Ella se fue a sentar mientras estaba listo lo que habíamos ordenado pues las pizzas las preparan en el momento.
No había mucha gente frente al mesón, por lo que pude seguir con la mirada todo el proceso: la destreza casi circense del quien preparaba las pizzas con la masa volando por los aires para estirarla, los ingredientes dispuestos con un cuidado desorden y al horno pues.
Mientras, otro dependiente ubicaba la bandeja con los cubiertos, servilletas y bebestibles. La soda para mi esposa era lo más fácil… aunque parece que siempre les sorprende que alguien puede querer beber sólo agua con un poco de gas.
Y aquí vino el detalle. Mientras el comprobante decía claramente que yo había pedido una Coca Light (sólo porque no tenían Pepsi Ligth que es mi favorita
) pude ver que quien me estaba atendiendo sirvió una Coca normal. Le puso la tapa al vaso mientras conversaba con un colega y la dejó sobre mi bandeja.
Yo estaba a no más de dos metros de distancia. Pude decirle antes que la sirviera que estaba cometiendo un error, pero creí mejor esperar.
Cuando salió la pizza del horno y me entregó mi pedido, amablemente me preguntó si se me ofrecía otra cosa. Le dije que por supuesto, que mi pedido era con bebida light y él había puesto una normal. Miró el ticket dudando de lo que le decía, tomó el vaso servido, lo botó a la basura y sirvió la correcta. Cuando se me acercó le dije: “si yo no tuviera diabetes, te la había aceptado, pero no puedo, es un tema de salud”.
Le di las gracias y me fui. No se si lo entendió. El tráfago de los pedidos que ya se empezaban a acumular lo hizo sumergirse nuevamente en una rutina mecánica que parece no admitir errores.
Hace 24 años recuerdo que casi con vergüenza tenía que explicar que tenía diabetes, que no podía comer azúcar y todas esas cosas cuando un mozo, en un restaurante, me miraba raro porque pedía bebidas ligth. Claro, no había mucha variedad donde elegir y “cuidar la figura” era cosa de mujeres. Además con lo flaco que estaba… cuidar la línea parecía un despropósito.
La modernidad quiso que llegarán las famosas bebidas en máquina, esas que mezclan el líquido con el gas en el momento de servirlo y puaj que saben mal, nunca las mezclas son iguales y muchas veces me ha quedado la duda que lo que me sirvan sea verdaderamente light. Por eso prefiero las bebidas en lata o botellas, con eso me voy a la segura.
Pero si me toca consumir de máquina… que por lo menos salga de donde está el logo de la light. Y para eso, hay que estar bien atentos.







