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SOS Diabetes!

Miércoles, 3 de marzo de 2010

No había podido escribir nada y tenía muchas ganas de hacerlo.
Todavía a esta hora no se restablece el suministro de energía eléctrica en mi casa, por lo mismo no tengo acceso a internet. Aprovecho que estoy donde mis padres.

Mi familia se encuentra bien. Sólo tengo daños materiales en mi vivienda, una construcción que data de 1940 y ya había tenido que soportar varios sismos…

Quiero hablarles de SOS Diabetes,  una campaña que ha impulsado la Fundación Diabetes Juvenil de Chile para ir en ayuda de los diabéticos víctimas del terremoto. En una primera etapa, busca ayudar específicamente a los glucolegas de la Región del Bíobío.

Deseo dejar muy en claro que no se trata que haya desabastecimiento de insumos. Muy por el contrario. En Chile, afortunadamente en estos momentos tenemos insumos para enfrentar la catástrofe, lo que está fallando son los canales de distribución: cadenas de farmacias saqueadas y cerradas, problemas con los sistemas informáticos que hacen imposible la obtención de la Garantía GES para la gente de las Isapres… y las propias farmacias de los hospitales, que en un primer momento se han visto sobrepasadas por la emergencia.

Por ello es que se están recolectando glucagón, insulina y cintas reactivas en la Sede Central de la FDJ, Lota 2344, teléfono 02 367 3900,  y en el local de su Filial de la Región de Valparaíso, Arlegui 440, local 201 (Galeria Aradia)  teléfono 32-2541624 32-2541625.

Se han recibido ofrecimientos de ayuda de organizaciones internacionales relacionadas con la diabetes. Se agradecen, pero por ahora no se necesitan.

Se ha conversado directamente con los laboratorios proveedores y nos garantizan el suministro sumándose a las colaboraciones.
Ahora es el momento de demostrar nuestra solidaridad, quizás mañana sea el turno nuestro de recibir apoyo.

Un primero envío será llevado personalmente hasta la ciudad de Concepción para ser entregado a los representantes de la Corporación de Ayuda al Niño y Adolescente Diabético de dicha ciudad.

Ojalá podamos todos colaborar, porque hoy más que nunca, la diabetes no puede esperar.

SOS DIABETES!

¿Glicemia? ¿Glucemia?

Viernes, 19 de febrero de 2010
Un glucómetro sobre un diccionario de la RAE
Esta no es más que una divagación de día viernes que no cambiará el curso del manejo de mi diabetes, pero quería compartirla.
El otro día, chateando con una amiga, en una parte de nuestra conversación hizo un alto y me preguntó: ¿gli o glu?
Y la verdad es que tuve que responderle la verdad, por dura que parezca frente a la costumbre.
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua la palabra correcta es glucemia, porque glicemia no existe.
De toda lógica, pues viene de glucosa
Pero en Chile al menos, está impresa hasta en los exámenes, y tanto pacientes como personal médico dice y escribe “glicemia”
¿Por qué? ¿Cuando cambiamos la glu por la gli? ¿Cuando le quitamos todas las “s” a los plurales al hablar? Ni idea.
Y acá decimos hipoglicemia, hiperglicemia, índice glicémico y hasta hemoglobina glicosilada y debiera ser glucosilada…
Ahora, mirando bien el diccionario, dice que viene del francés glycémie… Y tal vez de ahí se explique el error cometido.
glucemia.
(Del fr. glycémie, con u influida por glucosa).
1. f. Med. Presencia de glucosa en la sangre.
2. f. Med. Medida de la cantidad de glucosa presente en la sangre.
De todos modos me pregunto si será el momento de iniciar una campaña y que todos digamos y escribamos glucemia o la campaña debe ir orientada a que la que Academia reconozca el uso masivo en el habla que se le da a glicemia (y que todos los entendemos al fin y al cabo) para que la reconozca e incorpore a su diccionario?
¿Qué opina el pueblo?

¿Discriminación?

Miércoles, 10 de febrero de 2010

No Diabetes

No voy a entrar en profundidades. El tema es duro en sí mismo y para eso necesito más antecedentes y reflexión, cosas que este verano han sido difíciles conseguir.

Pero quiero compartir esto con ustedes.

Una amiga me cuenta que tiene mucha rabia. Está tramitando un crédito para comprar casa y en el banco le dicen que por su declaración de salud el seguro de desgravamen aumentará en un ¡200%! Claro, en la declaración de salud dice que tiene diabetes tipo 1…

¿Discriminación?

Si no lo es podría estar disfrazada en las “políticas comerciales del banco”. Pienso igual que tiene toda la cara de serlo. Es cierto que las personas con diabetes somos poco “confiables” para el sistema financiero. Estamos más expuestos a sufrir una descompensación, caer hospitalizados y, supongo, morir… ¿Hay algún inmortal por acá?

En estos momentos ella está redactando una queja y hará valer el primer y único derecho al que no podemos renunciar: el derecho a pataleo, es decir reclamará por lo que le parece un cobro excesivo. Esperemos que le vaya bien y ya les contaré cómo termina la historia.

Pero, ¿bastará con tener un historial de buen control? ¿Será necesario una declaración de nuestro médico que de cuenta de los bien que nos manejamos?

Parece que no.

¿Qué probabilidades hay que una persona que declara ser sana, por lo que tiene un seguro de desgravamen “normal”, se enferme gravemente y fallezca luego de contratado el crédito?

Creo que falta legislación al respecto.

Es cierto que en Chile opera el libre mercado, pero claramente las cosas se nos ponen difíciles a las personas con diabetes cuando crecemos. Lamentablemente la niñez y juventud es una especie de estado de gracia que acaba con los años…

Oportunidades laborales truncadas por “salud incompatible”, pocas facilidades para tomar la medicación a las horas que corresponde, recomendación de no estudiar o postular a carreras militares…

Haciendo historia recuerdo que luego de diagnosticado en junio de 1986, y habiendo cumplido los 18 años en abril de ese año, en agosto fui a inscribirme para el Servicio Militar Obligatorio. Por cierto que sumados a los papeles que acreditaban que estaba estudiando en la universidad, iba con mis certificados médicos que hablaban de mi condición, con lo que esperaba “sacármelo” sin mucho esfuerzo.

Esa fría mañana en el Cantón de Reclutamiento había una larga fila que se movía lentamente. Como veía que pasaba la hora y seguía más o menos en el mismo lugar, y por la NPH que usaba entonces ya se venía mi hora de colación de media mañana, pensé en un momento usar el argumento de mi enfermedad para saltarme la espera. Pero mirando la cara de pocos amigos de quienes estaban a cargo del proceso (mediados de los 80 en Chile, vestidos de uniforme militar y con armamento de grueso calibre…) preferí esperar.
Al llegar mi turno el oficial de guardia me preguntó mis datos junto con algún antecedente de salud. Dije diabetes tipo 1, insulino dependiente, sin agregar nada más. Me miró, llenó un papel y sin siquiera preguntarme por algún certificado me dijo “Eximido!”. ¿Discriminación positiva? Perplejo salí de ahí pensando en que quizás me vio tan flaco todavía que no fue necesario ningún otro argumento… Con apenas un par de meses de diagnóstico pensé “parece que esto de la diabetes no será tan malo”.

Lo malo ocurrió a fines de ese mes, cuando en la universidad reprobé un ramo de matemáticas.

Es cierto que no soy ningún Einstein, pero la verdad es que me sentí discriminado por el profesor.

Ocurrió que estando hospitalizado por mi debut falté a una prueba. Inmediatamente de vuelta a clases y con mis certificados médicos me acerqué al profesor para plantearle la solicitud de poder rendir el examen. Me contestó que lo dejáramos para más adelante…

Un par de semanas después mientras todos mis compañeros estaban en clases, yo, en la misma sala rendía una prueba, que según pude constatar después era de una complejidad mayor a la que tuvieron ellos en su oportunidad. ¿Castigo por faltar? ¿Nivel de exigencia superior porque tuve “más tiempo” para estudiar? Lo que haya sido provocó una cadena de discusiones en donde el único que perdió fue el diabético… que hasta casi lo echan de la universidad.

Bueno, años después sigo sin entender para qué me sirvieron esas clases si yo lo único que quería era ser redactor creativo y lo conseguí

Cuando debuté, el sistema de salud que cubría parte de mi tratamiento era el de mi padre. Claro, yo tenía 18 años y estaba estudiando.

Cuando comencé a trabajar en una agencia de publicidad, era obligación dejar de ser carga y pasar a cotizar por mis propios medios. Intenté quedarme en la misma isapre en la que estaba como carga, cosa que no fue posible: simplemente me dijeron que no por la diabetes… Vaya! Eso si era discriminación, aunque la isapre estaba en su derecho. ¿Y los míos?

Lo intenté un par de veces más con resultados negativos. Estuve en Fonasa por casi dos años hasta que una representante de Vida Tres se acercó y me dijo que no había peor gestión que la que no se hace y decidió jugársela para que me aceptaran.

Por cierto que la primera respuesta de la contraloría médica de la isapre fue un rotundo no.
Con distintas apelaciones y muchos certificados finalmente conseguimos algo: me aceptaban con la condición de no cubrir nada relacionado con la diabetes ni con sus complicaciones (nefropatía, cardiopatía, retinopatía diabética y otras muchas cosas más) por un lapso de dos años. Es decir, yo pagaba mensualmente mi cotización y podía hacer uso de los beneficios de mi plan de salud siempre y cuando lo que me pasara no estuviera relacionado con la diabetes, nada.
Imagino que ellos esperaban que dijera que no y me quedara en Fonasa, que era la única opción que me iba quedando. Pero pensé que como ya llevaba seis años con diabetes y no había tenido problemas, por qué no podía apostar a que por otros dos años más estaría bien. Así que acepté. Y por ahí tengo el primer contrato, con la declaración de salud fechada en junio de 1992…

Después, y gracias al tipo de trabajo que desarrollé, nunca tuve problemas. Ah, bueno, no se si cae dentro de discriminación, pero una polola que tuve estaba muy, pero muy preocupada con el tema de la diabetes y la virilidad, tanto que se me hacía sentir incómodo… tanto que no merecía la pena estar con ella.

Contratar el seguro de mi vehículo me ha dado la ocasión de discutir con mi corredora el tema de un seguro de vida, pero la prima sería tan alta y tantas las restricciones que no vale el esfuerzo, creo.

Otra amiga DM1, terminando su internado en una carrera ligada a la medicina me comentaba que seguir el ritmo de pabellón se le hacía cuesta arriba, que más allá de no pedir ninguna regalía sentía que sus superiores tenían poca empatía con su condición de diabética insulino dependiente. No es que pidiera trato especial, pero si comprensión y no miradas que decían sin palabras: “para qué estudiaste esto entonces…”.

Alguna vez me tocó conversar con debutantes adolescentes que veían en la carrera militar su futuro. Unos querían ser pilotos de combate, otros pertenecer a la Policía de Investigaciones. Y claro, tuvieron la mala suerte de debutar antes de entrar a estudiar aquello, pues si hubieran sido diagnosticados ya adentro la cosa sería distinta.

Otro glucolega, profesor de educación física tuvo que “pelear” a la hora de postular a hacer clases en una escuela de las Fuerzas Armadas… Le estaban exigiendo lo mismo que a los conscriptos, siendo que él ya era profesor, y con DM1 desde pequeño. O sea…

¿Llegará el día en que nos juzguen por nuestras capacidades académicas, profesionales y no por la diabetes que nos tocó?

¿Por qué los insulino dependientes tenemos que mentir cuando en el examen de conducir el médico nos pregunta si tenemos la presión alta, sufrimos alguna afección cardíaca o tenemos diabetes? ¿Por qué una vez declarada la enfermedad tenemos que renovar la licencia cada año si hay gente que maneja peor de uno y circula por las calles siendo una amenaza pública?

¿Por qué los padres de niños pequeños con diabetes además de sufrir por la enfermedad de sus hijos deben lidiar con la angustia de elegir un colegio “apropiado” para el niño? Y a pesar de lograr ingresar al poco tiempo y luego de muchas dificultades se ven enfrentados a la sugerencia: “¿No ha pensado en cambiarlo mejor?”.

Hoy, la tecnología y la medicina han puesto a nuestro alcance herramientas que bien usadas nos permiten hacer literalmente lo que queramos (en estos días Josu Beijoo debe estar casi en la cima del Aconcagua).

Hoy la misma legislación nos protege. El GES nos garantiza, ya sea que estemos en el sistema privado o en el público, el tratamiento de nuestra diabetes, entonces ¿dónde está el problema? En la educación, no sólo del paciente, si no que de toda la sociedad.

Es cierto, algunas de las “discriminaciones” que les he relatado no son generalidades, pero pasan. Y ocurren muchas más veces de las que creemos.

Ad portas de la instalación de un nuevo gobierno, con nuevos legisladores, ¿será la hora de una vez por todas de llamar al Chapulín Colorado y empezar a normar cosas que por ahora parecen estar sólo en el aire?
¿O tenemos que esperar a cumplir años y a que nos ocurran a cada uno para preocuparnos de verdad?

No puede ser otra cosa que el sitio… de inserción.

Jueves, 4 de febrero de 2010

Claro. Dos glicemias seguidas sobre 200 mg/dL, con corrección incluida, me dice que mejor cambio el sitio donde está inserta la cánula.

Anoche estaba un poco bajo (68 mg/dL) luego de algunos jueguitos en la Wii de mi hijo (pasar de la casi inactividad, a moverme descoordinadamente para tratar de mejorar mi record en el Tenis de Mesa virtual ha sido una interesante experiencia provocadora de hipoglicemias, jejejeje). Me corregí con cuatro tabletas de glucosa (16 hidratos de carbono en total) y me dormí sin medirme.

Glucemias

Esta mañana, a las 7:32, al levantarme tenía 114 mg/dL. Nada mal, pero soy exigente, habría preferido no pasar de los 90 a esa hora.
Al desayuno, 37 hidratos de carbono y la máquina dice 3.5 UI. de insulina. Ok.
Ya a las 9:30 tenía síntomas de hiperglicemia. En mi caso, algo de sed, pero por sobre todo naúseas. La glicemia marca 203 mg/dL a las 9:50 hrs. La bomba me dice que la corrección es con 0,4 UI. Como pienso que me quedo corto sumo 0,2 UI más, o sea 0,6 en total.

Glucemia

Poco más de media hora después los síntomas de la hiperglicemia se mantienen… Me mido… 205 mg/dL. No hay variación a pesar del bolo de corrección. Pienso en cuándo cambié la cánula y fue recién el lunes a medio día: o sea han pasado justo 72 horas. Pero a mi las cánulas han llegado a durarme 6 días. Bueno, supongo que el clima más caluroso, el sudor y esas cosas me están afectando.

Cambio la cánula a pesar que a simple vista el sitio luce bien.

Nueva corrección aprovechando la cánula nueva. Esta vez la bomba me sugiere derechamente 0,8 UI. Lo apruebo y vamos para adentro.
Una hora después me controlo y ya estoy en 145 mg/dL. Un nuevo chequeo para ufanarme nada más y ya estoy normal ;)

Glucemia

Supongo que era el sitio. Tres días en verano parece ser la norma. Habrá que gastar cánulas no más, no queda otra.

Glucómetros… esos aparatos en los que debemos confiar

Martes, 21 de julio de 2009

A propósito del revuelo que causó la noticia sobre Lantus y los estudios que la situaban siendo el origen de algunos tipo de cáncer es que me detuve a pensar…

¿Por qué usamos los glucómetros que usamos? ¿Precio? ¿Calidad? ¿Costumbre? ¿Obligación? ¿Es lo que hay no más?

Llegó a mis manos el glucómetro Prodigy Autocode. En un próximo “MiDiabetes lo prueba” les contaré como estuvo, pero esta prueba me llevó a recordar cuando hace un par de años probé un modelo anterior de la misma marca… que me pareció bastante pobre en calidad, muy lejos del que probé hoy día, o sea hay un avance considerable en lo que la marca nos ofrece hoy día.

Y claro… De términos técnicos como glucosa oxidasa, reflexión de luz y otras cosas poco sabemos o la verdad poco nos interesa… Pero debería, pues del resultado que leemos en esa máquina depende casi nuestra supervivencia.

Pero… ¿quién certifica que lo que marca el glucómetro que usamos sea la realidad? ¿Quién nos garantiza que los resultados son confiables?

A las insulinas les pedimos muchos estudios clínicos que garanticen su efectividad y su seguridad… Y a las máquinas con las que medimos nuestra glicemia… ese resultado que nos lleva a dosificar nuestra jeringa, lápiz o bomba no le pedimos lo mismo.

Saben ustedes que el estándar internacional permite hasta el 20% de error como margen a los glucómetros… ¡20%! A esta hora, las 22:09, mi bomba me corrige con 0,6 UI si tuviera 300 mg/dL y con nada si tuviera 240 mg/dL…

El punto es que ¡confiamos! en esas máquinas sin cuestionar mucho parece… Y justo me encuentro con un artículo en el New York Times on line que trata del tema. Se los copio abajo pues creo que está sólo para suscriptores. Habla de que los estándares para monitores de glicemia deben ser elevados dada la cantidad de gente que los usa hoy día para dosificar tratamientos y lo crítico de su uso, ya que es común verlos incluso en las salas de urgencia de hospitales.

Todo un tema.

Standards Might Rise on Monitors for Diabetics

By GARDINER HARRIS
Published: July 18, 2009

Federal officials may soon require improvements for the glucose monitors used by more than 11 million diabetics in the United States.

The rise in the use of home glucose monitors, even by hospitals, is pushing the action by the Food and Drug Administration, which for decades has followed international standards that allow the devices to be wrong by as much as 20 percent. Such a wide error rate can leave patients vulnerable to severe problems, including seizures, unconsciousness and coma.

In June, the agency pressed the international group that sets the standards to tighten them. If the group refuses to act, the agency “may instead recognize other (higher) performance standards” on its own, according to a June letter from Dr. Margaret A. Hamburg, the agency commissioner.

A change in the international standards is the easiest and best option, officials said. The International Organization for Standardization, which sets the standards, can act quickly and broadly. But the F.D.A. can change the rules itself through a more time-consuming and cumbersome process.

Officials said they would keep pushing until monitor accuracy improves, a promise that diabetes doctors cheered. In a May letter, the American Association of Clinical Endocrinologists formally asked that the agency act on the issue.

“Because of the highly variable quality of the meters and the glucose testing strips in widespread use, the safety of our patients who depend upon those meters is threatened,” the letter said.

Khatereh Calleja, a spokeswoman for the Advanced Medical Technology Association, which represents monitor manufacturers, responded, “We think the present standard is working.”

Diabetes has been diagnosed in 18 million people in the United States, and another 6 million are estimated to have the disease without knowing it. It is the seventh leading cause of death and costs the United States an estimated $174 billion a year, with the federal Medicare program spending $1 billion on diabetes test strips alone.

Of particular concern to federal officials is the increasing use of home glucose monitors in hospitals. A landmark 2001 study published in The New England Journal of Medicine found that using insulin to maintain low blood sugar levels in critically ill patients, even those without diabetes, reduced hospital deaths by 34 percent — a result so astonishing that hospitals around the world soon adopted the practice.

But instead of buying the highly accurate and expensive glucose monitors used in the study, many hospitals bought cheaper home models never approved for hospital use. More recent studies have shown that critically ill hospital patients whose glucose levels were kept low suffered more problems — the opposite result from 2001.

The difference, F.D.A. officials said, may have resulted because many patients in the second study were checked with home monitors.

“We think this technology is not up to par for some of the protocols we see out there” like hospital treatment of critically ill patients, said Dr. Alberto Gutierrez, deputy director of the agency’s in vitro diagnostics office. “We feel passionately that this is an important issue.”

Besides having a wide error rate, many home monitors give the wrong result if patients are taking certain drugs like Tylenol or even vitamin C. The Accu-Chek monitors made by Roche can be confounded by drugs commonly used in dialysis. Julie A. Vincent, a Roche spokeswoman, said, “Every blood glucose monitor on the market has some limitation or interferences.”

The F.D.A. issued warnings about the drug-related problems, but doctors complain that they have a hard time keeping straight which drugs conflict with which monitors.

“In the hospital setting, you really don’t know how many deaths are due to things that may be related to meter accuracy,” said Dr. Richard Hellman, a former president of the endocrinology group. “I don’t know how common it is, but I don’t think it’s rare.”

A study by government researchers found that when comparing tests from five different popular monitors, results varied by as much as 32 percent. For a class science project recently, Morgan DiSanto-Ranney, 16, of Bishop O’Connell High School in Arlington, Va., bought seven different glucose monitors and had her father, a diabetic, use all of them.

“What I found was that almost all of the meters were off from one another by 60 to 75 points,” Morgan said in an interview. Two of the meters — Ascensia Breeze and Ascensia Breeze II, both made by Bayer — differed by an average of 62 points, she said.

Staci Gouveia, a Bayer spokeswoman, said her company’s monitors meet federal requirements. “If the F.D.A. standards change, Bayer will work with the F.D.A. to meet their requirements and assure the accuracy and effectiveness of our meter,” Ms. Gouveia said.

Morgan’s mother is Emilia DiSanto, a staff investigator for Senator Charles E. Grassley, Republican of Iowa. Briefed on Morgan’s test and other studies, Mr. Grassley sent a letter to the F.D.A. in June asking officials to review the problem.

As a result of her project, Morgan’s father lost faith in glucose monitors. “He doesn’t use them as much anymore,” she said.

That reaction is exactly what federal officials are hoping to avoid by quietly pressing manufacturers to improve accuracy. Multiple studies make clear that diabetics who routinely use monitors are healthier and suffer fewer serious complications than those who do not.

Manufacturers have long complained that any requirement to improve accuracy would lead them to raise prices, which would discourage use.

“If we decrease the use of meters, you will have some fairly dire consequences to health,” Dr. Gutierrez said, but requiring stricter accuracy standards “seems a reasonable and safe practice to do.”

Every year, the F.D.A. receives reports of several deaths and thousands of injuries related to glucose monitor failures, but the reports represent only a fraction of the actual toll. Insulin-dependent diabetics slip into unconsciousness once a year on average, and 40 percent suffer seizures or coma in their lifetimes because of low blood sugar levels, according to the American Diabetes Association, which has long advocated stricter accuracy standards for monitors.

“Insulin is a dangerous drug, and if someone makes the wrong decision about its use because of a bad test, they could die,” said Dr. David Sacks, an associate professor of pathology at Harvard Medical School.