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MiDiabetes desde Paris.

Viernes, 6 de enero de 2012

MiDiabetes en Paris

Cuesta concentrase en escribir cuando se supone que se está de vacaciones.
 Y digo se supone porque habiendo decidido dedicarme a esto de la diabetes a través de un sitio web, mientras sea el único responsable hay poco espacio para el descanso. Pero no me quejo. Es lo que elegí y es algo que me ha ido llenando de satisfacciones.
Además, es la forma perfecta de demostrar que la diabetes no se toma vacaciones. O que justamente en vacaciones es quizás cuando más tengamos que preocuparnos pues las rutinas cambian y con eso es casi seguro que más de algún ajuste tengamos que realizar en nuestro manejo.

Por lo pronto les cuento, para los que no lo sabían, que estoy en Paris, Francia, desde el martes 3. No es la primera vez que visito esta ciudad. Pero desde 1998, la última ocasión que estuve por acá, muchas cosas han cambiando y no sólo en mi diabetes.
Quizás las más significativas son que tengo un hijo y junto a mi señora viajamos con él, uso bomba y hoy internet existe masivamente.

Para mi, un viaje supone una preparación especial. Considero que la planificación es fundamental. Por cierto que tratar de tener todo controlado es imposible, pero sí algunas certezas como donde alojar por ejemplo. Quizás por eso nunca de joven hice el clásico mochileo…

Cuando viene a Europa por primera vez, en 1995, ya usaba multidosis. Pero era con insulina NPH y rápida (cristalina). Recuerdo que una de las preocupaciones era pedir “menú para diabético” en la línea área. Y la otra preocupación era cómo ajustar los horarios de las inyecciones de la NPH, ya sea arriba del avión o ya instalado en el destino.

Con respecto a los horarios, mi médico me sugirió dos alternativas. La primera era ir ajustando poco a poco (una hora cada día) el horario de la inyección de la insulina basal. Así que si teníamos cuatro horas de diferencia, en 4 días debía terminar de ajustar las dosis. Y la otra, pero que me exponía a descompensaciones por lo que requería estar más alerta, era ajustar de inmediato arriba del avión. 
Como buen tímido aprendiz lo primero que hice fue ir ajustando poco a poco, conforme pasaban los días… Y era un desastre, pues me obligaba a estar más pendiente de eso que de lo que de verdad venía a hacer acá (que era trabajar). Entonces mi diabetes molestaba más de la cuenta. Por lo que al siguiente viaje me decidí por la alternativa de modificar de inmediato todo arriba del avión (en donde tengo tendencia a las altas por el estrés de viaje) inyectándome con el horario del destino. 
Y así lo hice varias veces sin grandes problemas. 
Y en esta ocasión, con la bomba, me resulta más fácil aún, ya que sólo tengo que cambiar la hora de la bomba por la hora del destino para que las basales ajustadas comiencen a hacer su trabajo. Así tuve glicemias muy normales durante todo el desplazamiento hasta llegar al aeropuerto.

Con respecto al “menú para diabéticos”, les contaré que después de haberlo pedido la primera vez y haberme pasado todo el viaje hipoglicémico, nunca más lo solicité. Es que está pensado para pacientes con diabetes tipo 2, entonces los hidratos de carbono brillan por su ausencia. Y ahí uno tiene andar preparado con la glucosa o el jugo o los dulces…

Hoy como lo que todo el mundo. Pido bebidas sin azúcar y edulcorante y lo demás lo voy viendo con harto sentido común. Eso sí, mis glucosas me acompañan siempre.

Estando en Paris el tema ha sido bien fácil. La información nutricional está por todas partes y es cosa de leer no más para hacer los cálculos. Como buenos turistas con presupuesto limitado, no nos vamos a meter a restaurantes caros, que tienen platos sofisticados en donde hay que adivinar los ingredientes. Y como en cada esquina hay más de un café chiquito y con onda la oferta es amplia.
Las baguettes con más ricas y crujientes acá, el queso sabe de otra manera, pero los hidratos de carbono son casi lo mismo. Si sumamos las largas caminatas diarias (nosotros no somos turistas de arriba de buses o autos) tenemos una buena combinación para conseguir glicemias dentro del rango.
En estos 4 días he tenido sólo un par de hipoglicemias sintomáticas (una en el hotel, llegando de un paseo con 39 mg/dL) y dos hiperglicemias sobre 200, ambas esta mañana en el museo de Orsay.

Llevo también un cambio de cánula con llenada de reservorio y eso no ha significado ningún problema.

Esta mañana, al entrar al museo debimos cruzar un arco detector de metales. La instrucción era vaciar los bolsillos y dejar todo, los bolsos y cámaras fotográficas en una caja, para pasarlos por el lado. Así lo hice y el señor guardia me dijo que mi “móvil” también debía dejarlo. Él creyó ver un teléfono al mirar la bomba. Le dije que era una bomba de insulina y muy presto me pidió disculpas y me dijo que pasara no más. 
Y algo similar sucedió ayer, cuando subimos a la Torre Eiffel. También hay que pasar un control y esta vez soné! Literalmente activé la alarma. Otra vez la bomba. Cosa que no ocurrió al salir en el aeropuerto de Santiago. De hecho allá no me revisaron nada, y conste que en una maleta de mano llevaba casi la mitad de su contenido en insumos para MiDiabetes: jeringas, cánulas, insulina, glucagón, cartuchos de insulina, lápices desechables, aguas, etcétera.

En fin, cosas de los viajes, pero para todo hay que estar preparado. Sólo así pienso que se disfruta más y mejor.

Carta de Navidad

Jueves, 22 de diciembre de 2011

Navidad

Santiago de Chile, diciembre de 2011.



Querido Santa:
Estuve pensando qué podía pedirte y me salió una tremenda lista…


Quiero que todo mejore, para todos.
Quiero seguir disfrutando lo que la vida me ha dado.
Quiero seguir llegando hasta los lugares más apartados con mi mensaje.
Quiero mejor calidad de vida para todos mis glucolegas
Quiero que el optimismo se quede a vivir entre nosotros.
Quiero que con MiDiabetes lleguemos hasta el infinito y más allá.
Quiero seguir conociendo personas especiales y maravillosas.
Quiero seguir ayudando a derribar mitos, derrotando estadísticas.
Quiero que todos tengamos acceso al mejor tratamiento que podamos tener.
Quiero que las investigaciones sobre la cura de la diabetes lleguen a buen puerto.
Quiero que podamos probar más y mejores productos para personas con diabetes.
Quiero que nadie hable de “diabéticos” y que todos hablen de personas con diabetes.
Quiero que la industria siga viéndonos como pacientes y no como clientes.
Quiero que las autoridades entiendan que la clave es prevenir y educar, desde los niveles más básico.
Quiero que más pacientes se empoderen usando las redes sociales.
Quiero tener un poco más de tiempo para contestar cada mail que me llega.
Quiero seguir contando hasta 10 antes de apretar enter y enviar ese twit o publicar un comentario.
Quiero seguir contando con el auspicio de quienes han confiado en MiDiabetes y con muchos más.
Quiero seguir haciendo concursos para premiar a todos los que día a día apoyan la causa.
Quiero que los medios de comunicación hablen con la verdad y no desinformen.
Quiero ver más ejemplos positivos de personas que viven con diabetes.
Quiero compartir MiDiabetes, porque compartir hace bien.

Quiero agradecer a todos por estar ahí y seguir a MiDiabetes, aportando desde su experiencia y visión personal. 


Quiero gritar con fuerza que con diabetes sí se puede!

Quiero que si se me olvida algo en esta lista no sea tan importante…



Santa… 

Durante el año me he portado bien, entonces quiero que ojalá puedas cumplir aunque sea uno de mis deseos ;) , con eso me conformo.




Recibe mis calurosos saludos desde el hemisferio sur



Marcelo

¿Con quién te comparas tú?

Miércoles, 14 de septiembre de 2011

Unas pocas divagaciones en este v-blog ;)
Apuntemos alto, no nos conformemos con poco.

“En el Día del Padre, regálale zapatos especiales para diabéticos”

Miércoles, 15 de junio de 2011

No son especiales, sólo son cómodos.

Esta mañana me llegó un correo spam con un mensaje que me perturbó: “En el Día del Padre, regálale zapatos especiales para diabéticos”. 

Quedé perplejo. Verifiqué a qué cuenta de email me lo habían enviado, pues creí que había toda una colusión para enviármelo a alguna de MiDiabetes.cl… Pero no… Simplemente el destino me estaba jugando una broma macabra.



Bueno, quiero dejar en claro que no estoy en contra del libre emprendimiento. Quiero dejar en claro que cada cual es soberano de elegir qué usa. Y si una diabetes un tanto mal controlada los hace necesitar esos “zapatos especiales”, está bien.
 Pero yo espero y me esfuerzo día a día para no necesitarlos nunca.


Hace 25 años que tengo diabetes (sí, voy a seguir insistiendo, jajaja) y siempre he comprado el calzado que yo he querido: desde mis añoradas zapatillas de lona de colores Topper (usaba un pie de un color y el otro de otro color, si seré…) pasando por botines de gamuza, zapatos con cordones, sin cordones y múltiples variedades deportivas, hasta llegar a las que uso hoy (parece que tendré que jubilarlas ya).


De algo sí siempre me he preocupado. Como no puedo darme el lujo de elegir algo que potencialmente dañe mis pies, siempre he buscado con mucho cuidado. ¿Y qué condiciones pongo? Primero que me gusten, no voy a usar algo que me desagrade estéticamente. Segundo que sea un calzado cómodo, flexible. Que me quede como guante. Que no tenga costuras que puedan ejercer algún tipo de presión en mi pie. Que esté hecho de buenos materiales, que sea fresco en verano y cálido en invierno.

Parece poco, parece mucho. ¿Pero eso no debería ser lo que cada simple mortal le exija a su calzado? Puede que me tome mucho tiempo encontrar lo que busco. Puede que sea un poco más costoso que otros modelos… ¿Pero saben una cosa? Me he dado cuenta que los “zapatos especiales para diabéticos” cuestan lo mismo o más incluso. 

Entonces, si recién voy en los 43 años de edad, ¿para qué me voy a poner algo que usan los viejitos de 80?

Y quizás cuando tenga 80 siga usando mis zapatillas favoritas, las zapatillas especiales para MiDiabetes ;)

De algo estamos claros acá en la casa: mi hijo ya sabe cuál es el regalo que NO quiero para este Día del Padre ;)

El orgullo de los 25 años… con diabetes.

Lunes, 13 de junio de 2011

Hace 25 años...

Llovía a cántaros la tarde del viernes 13 de junio de 1986 en la ciudad de Santiago de Chile. Llovía a cántaros y como se venía el invierno, a las 18 horas (la hora de mi cita con el médico especialista) ya estaba bastante oscuro.

Ese viernes llegué a la consulta sin saber mucho a qué iba. Es decir tenía demasiadas interrogantes dando vueltas en mi cabeza. Me había hecho un examen de sangre unos días antes por insinuación de la enfermera del trabajo de mi padre. Es que había bajado de peso de forma increíble las últimas semanas (llegué a pesar 42 kilos con mi metro y 72 cms.), estaba muy cansado y bebía líquidos en exceso. Ella vio los resultados y le dijo a mi papá que parecía diabetes y que debía ver a un especialista con urgencia…

Así que en eso estábamos ese viernes en la tarde. Yo sin tener la menor idea de qué era esto de la diabetes… Sólo sabía que era una enfermedad de viejitos, relacionada con el azúcar, pero nada más…

Nada más ver mis exámenes el Dr. Luis Costamaillere dijo lo que me pareció una sentencia múltiple: “Diabetes… Tendrás esto para toda la vida… No podrás comer nunca más chocolates, dulces, tortas ni helados… De ahora en adelante deberás inyectarte insulina todos los días y comer una dieta especial… Hay que cuidarse de las complicaciones… Y como tienes que aprender eso, ahora te vas a quedar hospitalizado…”. O sea… Yo iba acompañado de mis padres pero con ninguna idea de quedarme internado, es decir, andaba con lo puesto. La oscuridad de la noche que se colaba por ventana de la consulta, sumada a la lluvia que caía inclemente se sumaban a mi sensación de sorpresa y depresión formando un cuadro que no era el más alentador.

Bueno, había que actuar rápido y si había una cama disponible, había que quedarse no más…  Ahí estuve, en la Clínica Indisa de Santiago por 5 días… Días en los que en la zona central de Chile literalmente diluvió… Diluvio que inundó por algunas noches mi cabeza también.

¿Qué hacía allí solo, en una clínica, hospitalizado por diabetes, compartiendo la única pieza disponible con un viejito que apenas hablaba?
¿Qué había pasado que de la noche a la mañana parecía que todos los sueños, la vida perfecta que me había trazado, se desmoronaba antes mis ojos como castillo de naipes?
¿Qué había ocurrido mi vida que ahora mis preocupaciones debían focalizarse en aprender a estar bien, con este tratamiento que parece tan agresivo, con inyecciones y pinchazos al por mayor (si me hubieran dicho en ese entonces que eso no era nada comparado con la terapia con multidosis no lo habría creído, jajajaja)?
Estaba solo. Solo en esa clínica llena de gente que entraba y salía de mi habitación. Solo con esas personas que venían cada hora a pincharme el dedo y cada 6 a ponerme insulina. ¿Así sería el resto de mi vida?

Creo que pude irme para la casa al tercer día, pero como nadie de mi familia se había atrevido a ponerme insulina, cuando finalmente mi mamá lo hizo (le dolió más a ella que a mi) me dieron de alta. Yo no me sentía enfermo. Yo ya estaba bien, o eso creía.

Pero vamos! Era junio de 1986, y aún cuando la insulina se descubrió en 1922, mirado en perspectiva esos años seguían siendo la prehistoria de la diabetes.

Por lo pronto y para ponerles en contexto les puedo decir que ese año Argentina ganaría la Copa del Mundo de Fútbol en México. El 7 de septiembre se produciría el atentado a Augusto Pinochet en la zona de El Melocotón, en el Cajón del Maipo.

Mirando los temas más contemporáneos, ese año nacieron Usain Bolt, Richard Gasquet, las hermanas Olsen, Lady Gaga y Rafael Nadal entre otros…
El 14 de junio murió Jorge Luis Borges; antes, el 8 de enero, lo había hecho Juan Rulfo.

También se descubrió el agujero de ozono sobre la antártica y se estrenan en el cine “Top Gun” con Tom Cruise, y “Hanna y sus Hermanas” una de las mejores películas del genial Woody Allen.
En materia musical, el grupo Europe edita el disco “The Final Countdown”, Depeche Mode lanza su magnífico “Black Celebration”, el gran Joaquín Sabina su “Joaquín Sabina y Viceversa”. La reina del pop Madonna publica “True Blue”, Los Prisioneros en Chile editan “Pateando Piedras” y Mecano en España  “Entre en cielo y el suelo”. Peter Gabriel nos muestra “So” y Soda Stereo “Signos”…

Colo Colo salió campeón superando a Palestino en un partido de definición.

Yo había entrado a estudiar Publicidad a la Universidad de Santiago de Chile y cursaba el primer semestre de la carrera. Si bien en términos generales puedo decir que la diabetes no afectó mayormente esa parte de mi vida, sí reprobé un ramo debido a que tuve que faltar a un control por encontrarme hospitalizado…

Debuté con apenas 260 mg/dL de glicemia en ayunas. Pero eso, sumado a los síntomas que tenía eran suficientes antecedentes para determinar que tenía una diabetes mellitus tipo 1 (o juvenil como le llamaban en ese entonces).

No les voy a dar lata contándoles el detalle de cómo era mi vida en ese tiempo, ya varías veces lo he hecho. Pero sí les voy a decir que sólo me inyectaba una vez al día… y me medía también una vez al día si es que… me daba la gana :( 

 Claro, usaba esa tiras, las Haemo-Glukotest, para control visual… Esas a las que había que poner una gran gota de sangre para luego esperar, limpiar con algodón y comparar con una tabla de colores el resultado. Era un resultado aproximado… Y uno siempre decía que estaba más bajo de lo que marcaba la tabla…
Y las lancetas… Vaya las lancetas…
Cuando el otro día recogía mis insumos GES en la farmacia y con mucho gusto veía que las Multiclix ahora están incorporadas a la canasta no pude dejar de recordar aquellas primeras lancetas, esas metálicas completas, envasadas en un sobre de papel, individual, que más parecían un cuchillo de lata que un instrumento de precisión… Además, había que pinchar a pulso… Y… uy! que dolía cuando a uno se la pasaba la mano con la presión. De todos modos ese aprendizaje sirvió para que hoy no desespere si se me estropea el lancetero. O en el caso de las cánulas, para las que no uso el aplicador automático… Lo hago a “capela” no más ;)

Jeringas Terumo e insulinas de Novo Nordisk fueron mis primeras compañeras. La única gaseosa sin azúcar en Chile era la TAB, una bebida cola. Luego llegaría la Coca Diet.

La sección light del supermercado era apenas una repisa… Hoy en cada pasillo hay una sección con productos sin azúcar… Y las palabras “dieta”, light o diet comienzan a ser reemplazadas por alimentación saludable, que suena mejor y más completa.

La Fundación Diabetes Juvenil de Chile no existía, por lo que conocer al primer glucolega igual a mi me tomó unos cuantos meses, durante los cuales me sentí el “diabético” más solitario del planeta.

Internet no existía como la conocemos hoy y el material educativo se conseguía sólo en revistas extranjeras. Lo mismo que pasaba con los dulces, chicles y chocolates para personas con diabetes. Y si habían en el país eran caros y derechamente con un sabor no muy atractivo.

Muchas cosas han pasado en estos 25 años. He aprendido mucho de diabetes. Gracias a la diabetes he conocido personas maravillosas. Desde profesionales del área de la salud hasta personas comunes y corrientes, con los que al parecer sólo compartimos la diabetes, pero con las que de verdad tenemos cosas mucho más profundas en común.
Estoy muy orgulloso de lo que he conseguido. Mucho de ello no habría sido posible sin el apoyo de quienes más quiero y más me quieren. No voy a nombrar a nadie para no olvidar a alguno.
Sigo aprendiendo, porque quiero que los próximos 25 años sean mejores que los primeros.

Quizás haber vivido la diabetes por allá en la década de los 80 me hace valorar mucho más lo que tenemos hoy en día. Me permite disfrutar las maravillas tecnológicas que hoy están en nuestras manos.

No soy el primero ni seré el último que cumplirá 25 años. A propósito de la entrega de medallas en el Joslin Diabetes Center (medallas por 25, 50 y 75 años) hace poco aparecía una nota de un ciudadano norteamericano que celebraba 85! años con diabetes tipo 1…

Descartando el deseo de la cura, deseo también que esas notas sigan apareciendo, y sean cada vez más las personas que puedan cumplir años con diabetes y tengan el orgullo de afirmar como yo que con diabetes sí se puede.

“Querido hijo: yo tengo diabetes”.

Jueves, 9 de junio de 2011

Con mi hijo Max.

¿Les ha pasado o no? ¿Han tenido que decir la frase que está en el título?

Eso. Explicarle la diabetes que tienen a sus hijos.


Si no les ha pasado (porque no tienen hijos) quizás les toque más adelante. Ojalá les toque, porque eso quiere decir que han sido protagonistas de uno de los momentos más importantes y trascendentes en la vida de un ser humano: el nacimiento de un hijo.

 Si han sido diagnosticados ya mayores, con los hijos más grandes, pues habrá que explicarles.

El diagnóstico de la diabetes es un duro golpe. Eso no admite discusión. Es hasta desconcertante y atemorizador para una persona adulta… Y puede significar un punto de inflexión muy fuerte al interior de una familia.

¿Y qué pasa con los hijos en ese caso?


¿Qué pasa cuando de la noche a la mañana su padre o madre se va internado unos días y al volver a la casa le ven clavándose jeringas en el estómago y pinchándose los dedos para sacar una gota de sangre?
 ¿Qué pasa cuando los juegos deben ser interrumpidos para beber algo azucarado y compensar esa inoportuna hipoglicemia?

Bueno. En mi caso se ha dado en forma natural. Además, estando ligado al tema de la diabetes los últimos 9 años no podía ser de otro modo. ;)

Hubo una época, no mucho tiempo atrás, en que mi hijo (hoy de 13 años) decía: “Ah, ya… Mi papá está alto porque anda gruñón…”. Y bueno… Era verdad. A él le habíamos dicho que uno de los síntomas que me hacían darme cuenta que estaba con una hiperglicemia era justamente el cambio de humor.


Los niños siempre tienen preguntas. Y será nuestra misión entregarles las respuestas claras y de acuerdo a su edad para que puedan entenderlas.

Una técnica que no sólo uso con mi hijo, lo hago también con chiquitos recién diagnosticados, es preguntar qué tanto saben del tema en cuestión y a partir de ahí, con ese conocimiento o ignorancia, construir una respuesta.

Porque si son pequeños no sacamos nada con decirles, en el caso de los tipo 1, que nuestro sistema inmune se volvió loco y comenzó a atacar las células beta que producen la insulina en el páncreas… Mejor será decir: “fíjate que mi cuerpo no produce insulina y por eso tengo que inyectármela con la jeringa”. Si pregunta qué es o para qué sirve la insulina responderemos lo más claro posible.

Si ya nacieron con uno de los padres teniendo diabetes es un poco más fácil. Estarán familiarizados porque habrán visto desde siempre las actividades de medir la glucosa e inyectar la insulina. Seguro que hasta hayan sido medidos ellos más de alguna vez ;) 



Hay que ser honesto. Querer protegerlos con historias de cuentos de hadas en lo referente a la diabetes no sirve. Los niños en eso nos pueden dar lecciones. Las cosas por su nombre. Los niños pequeños suelen ser muy concretos, por eso que los eufemismos con ellos no sirven.

Por otro lado, el temor a la muerte también suele estar presente en esas etapas tempranas de la vida, por lo que el camino es llevarles la tranquilidad de que con el tratamiento adecuado a su padre o madre nada le pasará. Esto no implica que cuando vayan creciendo y su nivel de madurez y comprensión aumente no se les explique los posibles efectos de una diabetes mal cuidada. Estarán en edad de entender. 

De todos modos yo soy de la idea de ver el lado positivo y hablar de que con los cuidados adecuados viviremos bien muchos años. Además, la alimentación saludable, que debe ser compartida por toda la familia, es algo bueno para todos. Lo mismo que el ejercicio. Aprovechar justamente esas instancias para hablar de diabetes con ellos es muy enriquecedor.

Enseñarles a enfrentar una emergencia debe ser una de las prioridades cuando ya se hacen más grandes: qué hacer, a quién llamar, qué es lo que se necesita en caso de una baja. Cosas sencillas, sin complicarse de más.

Me ha correspondido muchas veces conocer papás jóvenes que se aterran con que alguno de sus hijos menores se inyecte insulina o se pinche el dedo debido a su curiosidad… O el clásico: “yo quiero ser como mi papá”.

Todavía no llega a mis oídos ningún caso que dé cuenta de aquello. No digo que no haya ocurrido. Por lo mismo es que con hijos pequeños recomiendo tener los insumos de la diabetes bien guardados (igual que cualquier otro medicamento). Tal vez el tema de las glicemias no sea problema, tomarles una de vez en cuando no les hará mal (y quizás hasta diagnostiquen una diabetes tipo 1 temprana, ojalá que no!). Con la insulina la explicación de que el papá se la inyecta porque no tiene nos da la posibilidad de decir: “no te preocupes, tú no la necesitas porque tú si tienes”.



La diabetes es parte de nuestra vida y como tal también de nuestro entorno. Mientras mayor sea la naturalidad con la que la manejemos, mayor seguridad infundiremos a quienes nos rodean.

Queremos estar la mayor cantidad de tiempo con nuestros hijos. Queremos protegerlos de cualquier cosa mala que pudiera ocurrirles… 

Cuidarnos nosotros, preocuparnos de nuestra diabetes es el punto de partida para que eso ocurra y los veamos crecer felices cada día.

Y sin embargo somos tan frágiles… es hora de rellenar.

Lunes, 30 de mayo de 2011

Cuesta escribir a veces desde el sentimiento. Cuesta tratar de entender con la lógica de la ciencia y la razón los hechos que a veces nos suceden a quienes tenemos diabetes, sea tipo 1 o tipo 2. 
Cuesta, sobre todo cuando ves que una persona que tanto quieres es la que sufre.
Surgen interrogantes, cuestionamientos, dudas… y finalmente algunas certezas.
Hace unas semanas una buena amiga tuvo una hipoglicemia severa, de la que incluso con dos ampollas de glucagón no pudo salir. A pesar que recibió las atenciones de personas calificadas y con pleno conocimiento de lo que hacían, fue necesario ponerle una vía venosa para que recibiera suero glucosado y así pudiera recuperarse.
Ella hoy está físicamente bien. Eso sí, por sugerencia de su médico tratante debe someterse a algunos exámenes para descartar distintas causas de este hecho.

Hemos conversado un par de veces del tema, y la única conclusión a la que llegamos por ahora es que faltó una programación más cuidada en su bomba de insulina y que por estar siempre en el límite inferior de sus rangos de glicemia meta se le habían agotado las reservas de glicógeno. 

Eso. No tenía reservas suficientes de glicógeno en el hígado. Por eso aparentemente el glucagón no funcionó.
¿Qué tan frecuente es esto? ¿En qué momento nos puede suceder?

Aunque todavía quedan pendientes algunas respuestas para tratar de explicar lo que le ocurrió, surgen algunas luces y es lo que voy a aprovechar para que de este trance difícil, aprendamos algo y miremos el vaso medio lleno.

Veamos las verdades que conocemos.
¿Sabían ustedes que el glucagón es una hormona que “saca” las reservas de glicógeno del hígado cuando la glicemia está baja para tratar de restablecer la normalidad? 

Esas reservas han llegado allí como parte de un proceso natural.

Cuando tenemos la glicemia normal-alta una parte del exceso va a guardarse al hígado (por eso la gente que hace huelgas de hambre puede resistir varios días, pues comienza a ocupar esas reservas) y la otra parte se queda en el torrente sanguíneo (hiperglicemia) y/o se elimina por la orina.

Se dice que el cuerpo es capaz de almacenar hasta 600 grs. de glicógeno. Se almacena como dije principalmente en el hígado, pero también parte de él se almacena en los músculos. Sin embargo es el que está en el hígado el único que puede ser transportado a todos los otros órganos del cuerpo y por ende servir de ayuda en el caso de una hipoglicemia.
Si estamos siempre muy bajos, para compensar eso y subir un poco se liberarán paulatinamente esas reservas. Cuando dormimos y pasamos un largo período de ayuno, en que amanezcamos normales tiene su explicación allí. Si todo anda bien, glucagón y adrenalina como hormonas contrareguladoras nos ayudan a “sobrevivir” la noche.

Pero como todas reservas, no son ilimitadas, por lo que si mantenemos nuestras glicemias muy bajas se terminarán agotando…

Entonces, si no tenemos reservas podemos inyectar 10 ampollas de glucagón y no pasará nada… No es que el glucagón esté malo… simplemente no hay nada que liberar.

Ahí hay que actuar rápido y saber que lo aconsejable es ir directamente a un Servicio de Urgencia para que pongan suero glucosado por vía endovenosa al paciente.


Volviendo a la historia de mi amiga, ella hace poco había hecho un ajuste en su tratamiento y estaba amaneciendo permanentemente con glicemias en el límite inferior de su rango meta. Mirando en detalle la programación de sus insulinas basales, estas estaban un poco altas para lo que indica la norma.

Entonces no sabemos que estaba ocurriendo durante la noche con esas glicemias. Quizás se pasaba toda la noche así y poco a poco, para compensar, su hígado estuvo liberando el glicógeno almacenado… hasta que se le agotó.

¿Y cómo se “rellena” lo que falta? 
Bueno, parece fácil, pero hay que pensar un poco pues no basta con subir la glicemia no más (lo que se podría hacer fácilmente inyectando menos insulina por ejemplo). Lo que corresponde es aumentar la ingesta de hidratos de carbono según lo que cada persona necesite.

Por otro lado, aunque son raras, hay algunas enfermedades que también pueden alterar la acumulación de glicógeno en el hígado, ya sea afectando diferentes enzimas que intervienen en el proceso o directamente al hígado. 


No era el caso de mi amiga, pero aprovecho de mencionar algo bien importante también. 
Porque otra razón para que el glucagón no funcione (descartando que está vencido por supuesto) es la ingesta de alcohol.

Y es que el metabolismo de los alcoholes pasa por el hígado. El hígado entiende el alcohol como una toxina, entonces su prioridad es eliminarlo. Y sólo se concentrará en esa labor, por lo que no liberará glicógeno hasta que no haya eliminado el último gramo de alcohol del cuerpo. Y para cuando haya logrado eso puede ser demasiado tarde.

Debemos cuidarnos, porque de verdad somos frágiles. Vivimos así en un precario equilibrio que debemos mantener.

Por eso cuando vamos al médico y llevamos nuestras maravillosas hemoglobinas glicosiladas cercanas o bajo 6 algunos médicos se espantan.
Y claro. Ven en ese resultado el riesgo de una hipoglicemia con consecuencias poco gratas. Y ahí viene la recomendación: “mejor es que te pases un par de semanas sobre 160 en todas las glicemias con una buena ingesta de hidratos de carbono de por medio para “rellenar” los depósitos de glicógeno del hígado”. 

Y a juzgar por lo que le pasó a mi amiga, no es una mala idea.

13 arbitrarias cosas del manejo de la diabetes que he aprendido en 25 años

Martes, 10 de mayo de 2011

A mi me pasó que cuando me dijeron que tenía diabetes una nube de preguntas llenó mi cabeza. Sólo había escuchado algo por ahí de problemas con el azúcar y que mi bisabuela materna la tenía.

Con el paso del tiempo, mientras más aprendía y nuevos conceptos se incorporaban a mi vida más dudas surgían. ¿Uso o no uso la jeringa más de una vez… se puede? ¿La insulina debe estar siempre refrigerada? ¿O sea tengo que andar con un cooler para todas partes? ¿Y mis pies, tengo que cuidarlos desde ahora usando zapatos especiales? 

Bueno…
Para algunas de las preguntas ya tengo mis propias respuestas.

1.-
Las lancetas, las jeringas y las agujas se pueden reutilizar. Eso es así y nadie lo puede negar. Que sanitariamente no sea recomendable es otra cosa.
 Cuando no existía el beneficio del GES y debía costear de mi bolsillo todos los insumos, la lanceta se cambiaba sólo cuando dolía mucho el dedo. Si bien esto no es recomendable, no había mucha más alternativa.
Si a la jeringa se le pone su tapa inmediatamente y no se la expone a contaminación, también se puede usar más de una vez.
O sea, no hay que desesperar si tienen sólo una jeringa o aguja de lápiz en su bolsito y ya salieron de la casa.

2.-
Basta lavar las manos con agua y secarlas bien para medirse la glicemia. No alcohol. Muchos estudios lo confirman. Las manos limpias y bien secas es suficiente. Sobre todo si se ha comido algo azucarado antes. El alcohol termina resecando y endureciendo la piel, por lo que tampoco se recomienda.

3.-
En las enfermedades crónicas, el apoyo de los pares es fundamental. 
Una enfermedad crónica es para toda la vida. 
La diabetes por ahora no tiene cura, pero si muy buenos tratamientos que nos permiten hacer nuestra vida sin grandes sobresaltos si nos preocupamos de cuidarnos.
Pero como es para siempre, es bueno recorrer el camino acompañado, no sólo de los más cercanos, como la familia, si no por otros que estén pasando por lo mismo. Incluso la experiencia de quienes llevan más tiempo es una buena fuente de aprendizaje.
Acercarse a las asociaciones de pacientes es el primer paso para conocer a nuestros iguales.

4.-
Siempre es bueno escuchar una segunda opinión.
De un médico, de una enfermera, de una nutricionista… de un glucolega. 
Los términos técnicos con los que habla el médico deben ser aclarados. Las dudas que tengamos con respecto a nuestra enfermedad y su tratamiento deben ser aclaradas. Si las respuestas no nos satisfacen, antes de entrar en un conflicto o en un diálogo de sordos, puede ser el momento de preguntar a alguien más. Es nuestro derecho.

5.-
No somos súper héroes, la diabetes es un arduo trabajo de todos los días y podemos flaquear. Lo importante es levantarse. No tenemos que parecer perfectos, no lo somos. 
La diabetes suele ponernos retos. En este camino habrán altas y bajas… muchas de ellas. Pero también habrá glicemias dentro del rango por las que nos sentiremos orgullosos y correremos a contárselas al todo el mundo.

6.-
La fecha de vencimiento de nuestros insumos no significa que se destruyen al día siguiente.
El laboratorio nunca lo dirá, pero tanto la insulina, el glucagón y las tiras reactivas se pueden utilizar pasadas su fecha de caducidad.
Por cierto que ellos no garantizarán la efectividad del producto ni avalarán su uso, eso no lo pueden hacer. Pero puedo decir con mucho conocimiento de causa que en el caso de las tiras yo las he usado hasta con 3 meses cumplida la fecha de vencimiento. 
Lo importante es de todos modos contar con tiras que no estén vencidas pues si queda la duda de la cifra que muestra el glucómetro podemos comprobarla con otra tira nueva.

7.-
Siempre habrá una nueva glicemia para mejorar. A no desanimarse si el número no es es que esperábamos.
Es sólo un número, pero casi un GPS para decirnos a dónde vamos.
Lo más importante es reflexionar el por qué de esa cifra. Analizándolas todas (ya dije que la diabetes es un arduo trabajo 24/7) llegarán a las causas, tanto de las que están dentro de rango como las que están fuera. Si están dentro, vamos! a repetir lo que se hizo bien y aprovechar el margen para experimentar. Si están fuera de los rangos meta planteados en conjunto con el equipo de salud, hay que ver en donde se necesita hacer un ajuste.
Que el pinchazo en el dedo valga la pena, que no sea un acto mecánico, casi con el único objeto de cumplir y poder responder un largo “sí” cuando nos preguntan si nos medimos…

8.-
No hay preguntas tontas sobre diabetes… Sólo hay preguntas que no se hacen.
La información es poder. Y para estar informados hay que averiguar, hay que preguntar. Y si las respuestas no nos dejan contentos, seguir preguntado. La persona con diabetes que sabe más sobre su enfermedad vive más y mejor.

9.-
No, no, no! Ese oscuro futuro que nos vaticinan (amputados, ciegos, dializados…) está en nuestras manos que no sea realidad. Con nuestro esfuerzo podemos tener una excelente calidad de vida sin sacrificar el disfrutar de las cosas y con las personas que más queremos. Estoy casado, tengo un hijo, familia y amigos que quiero y me quieren. He viajado, fui a la universidad, me convertí en profesional, trabajo y creo que soy un aporte para muchas personas… Todo con diabetes!

10.-
La dieta del diabético no existe.
Sólo existe la alimentación saludable, que toda la población debería ingerir. 
No hay que caer en la tentación de usar sólo productos light. Es cierto que si se puede evitar el azúcar refinada hay que hacerlo, pero tampoco podemos caer en la paranoia de que si no es light no se puede.
Con educación e información, podemos comer muchas cosas más de las que pensamos.
Si tenemos las herramientas en nuestras manos (insulina, hipoglucemiantes orales, glucómetros, el hábito de hacer ejercicio en forma regular) usémoslas bien. Apliquemos lo que hemos aprendido a lo largo de nuestros años de experiencia.

11.-
La diabetes no es una sentencia de muerte.
Si no, sería muy raro que luego de 25 años yo estuviera escribiendo esto.
Nadie se muere de diabetes, lo que termina con la vida de los pacientes son problemas relacionados con las complicaciones de la diabetes: falla renal, infarto cardíaco, etc. Y para que eso no pase hay que hacer una sola cosa: cuidarse.

12.-
¿Zapatos especiales para diabéticos? No gracias.
La verdad sea dicha, no le he prestado mayor preocupación a mis pies que la que el sentido común indica. No ando descalzo por la vida, uso calcetines y zapatos cómodos (de preferencia zapatillas). Corto mis uñas en forma recta y todo bien. Por ahí de repente uso una crema para humectar.
Entiendo que haya un mercado para esto, sobre todo considerando que una de las primeras manifestaciones de complicaciones son las neuropatías que suelen terminar con amputaciones…. Ok, lo acepto, pero prefiero pensar en positivo y usar la profilaxis de un buen tratamiento y no llegar a esos extremos.

13-
Con diabetes sí se puede.
Está demostrado: deportistas de alto rendimiento, artistas, cantantes, profesionales exitosos, y… ejem! blogueros también… muchos con diabetes… Todos con las ganas de hacer las cosas bien, todos con las ganas de aprender, de tener un buen autocontrol y salir adelante.
Que hay que tomar precauciones para hacer algunas de las cosas que más nos gustan, sí, claro… pero estoy seguro que de esa forma las disfrutamos más.

Ah… ¿Y la insulina? Ya lo he dicho más de una vez, la insulina en uso no necesita refrigeración. Puede estar a temperatura ambiente, alejada del calor excesivo, por lo que no es necesario andar con un cooler para todos lados. ;)

A ver si ustedes pueden aportar con otras muchas más.

Nota: esta es una lista arbitraria y representa 100% mi opinión. No puede ser usada como guía de tratamiento de nadie. Siempre consulta con tu médico.

Seis años del GES… ¿qué he aprendido?

Miércoles, 4 de mayo de 2011



No voy a explicar acá en profundidad que es el GES, pero les puedo aportar a los que no lo saben (nuestros amigos extranjeros seguramente) que el GES es un beneficio de salud garantizado por ley, que no discrimina y se implementa para mejorar la calidad de vida de la población. Con el GES todos los beneficiarios, ya sea del sistema público o privado de salud, tienen derecho a exigir las garantías establecidas por el Estado para los diversos problemas de salud que contempla. Estas garantías son acceso a la atención, plazos máximos para otorgar las atenciones garantizadas, calidad igual para todos y protección financiera.

La Diabetes Mellitus Tipo 1 fue una de las cinco patologías que se incluyó justamente en el plan piloto, por lo que es de las que acumula más tiempo en el sistema.

Por un pequeño pago único mensual, tengo acceso a la consulta con un médico especialista, exámenes y los más importante para nosotros los tipo 1, los insumos que nuestro tratamiento necesita: por cierto que la insulina y las tiras reactivas están incluidas. Por ahora no se incluye la terapia con bomba infusora por lo que eso debo costearla yo, pero descontando aquello la ayuda en notable.



Como desde junio de 2005 ya ha pasado un largo tiempo en el que hemos ido haciendo camino al andar, tratando de solucionar muchos problemas de logística por ejemplo, permítanme hacer una lista de lo que he aprendido. Es una lista un tanto sesgada quizá pues yo estoy en el sistema privado de salud, pero hay varias cosas que les pueden servir como ejemplo, hay mucho originado en el ensayo y error, al igual que he hecho con mi diabetes.

1.-
Nadie nos hace un favor al atendernos por el GES, ni en la isapre, ni en el centro médico ni en la farmacia. El GES es un derecho garantizado por ley. Así que aunque parezca soberbia, cuando llegamos a alguna parte, tenemos que hacer valer nuestro derecho y no sentir que llegamos pidiendo caridad.

2.-
El sistema ha probado no ser universal (y no me refiero al cambio de nombre del original AUGE que quedó de lado cuando se dieron cuenta que las fuerzas armadas y de orden no recibían el beneficio), si no a que por más que hayan cosas comunes, cada isapre y farmacia lo enfrenta distinto.
Entonces, lo que nos sirve a unos, como experiencia, no se aplica exactamente a otros. Entonces debemos aprender la mecánica del prestador que nos tocó para seguirla al pie de la letra.

3.-
Pocas veces he salido con todos mis insumos de la farmacia. Casi siempre hay problemas de stock, y la respuesta es: “¿puede venir a buscarlo en un par de días?”. Por lo que a poco de andar el sistema me “hice cliente” de una en particular. Así por lo menos ya la gente me conoce y estás más o menos preparada (lo que no quita que todavía no tienen un registro exclusivo de los pacientes GES para tener stock suficiente para el mes).

4.-
Siempre que haya algún problema hay que dejar constancia por escrito, en alguna parte. El libro de reclamos de la farmacia o directamente con el (la) ejecutivo (a) de la isapre.
Si van por tercera vez a la farmacia y no encuentran todos los insumos y les piden volver por ellos, como si ustedes tuvieran la culpa de ser “enfermitos” y querer 300 cintas de glicemia en vez de las 50 que lleva todo el mundo, no hay forma de demostrarles a los superiores que eso ya les había ocurrido antes.




5.-
Tomar nota del nombre de la persona que los atendió, llamarla por su nombre. En este mundo tan tecnologizado, donde somos un número (rut) la mayoría de las veces, que ellos sepan con quien están hablando y ustedes conozcan el nombre del interlocutor no es malo. Ayuda. La salud es un tema sensible, personal.
Y con la rotación de gente en los call centers, en las oficinas de atención de las isapres y en las farmacias… lo que diga Juanito a veces no está apegado a la verdad y Pedrito dice lo contrario. Lo mejor para argumentar son los datos, fechas y nombres. Además… que de una vez por todas alguien se haga responsable y no sea siempre culpa de que “se cayó el sistema”.
No hay peor respuesta al “¿Pero quién le dijo eso?” que el “no sé… un funcionario”.

6.-
Si el problema es con la farmacia y es reiterado a pesar de su insistencia, quizás llegó la hora de ir a la isapre. Por lo demás es la isapre la que nos obliga a ir a una cadena de farmacias en particular. Estamos obligados… Somos clientes cautivos. Con mayor razón deben tratar de solucionar nuestro problema a la brevedad.

7.-
Siempre tener insumos extra, para emergencias… Entendiendo por emergencia que la farmacia no tenga stock.
Bueno, esto se puede conversar con el médico y pedirle que en la receta en vez de poner 40 UI de insulina al día, ponga no sé, 43… Tampoco se trata de acumular por acumular.
Primero, con eso nos estamos cubriendo porque las dosis suelen ser variables y segundo, no nos quedaremos sin el vital elemento en caso se nos ocurra ir a la farmacia un domingo en la tarde… y no les quede insulina…

8.-
Por lo mismo, ojalá no ir a la farmacia ni los viernes después de las 5 ni los fines de semana… Sobre todo si el stock de insumos que tenemos en casa está casi por acabarse. 
Si hay un problema, ya sea falta de stock (que pueden conseguir en otro local) o el sistema está caído, o el inconveniente es de la isapre (cuyo funcionario ingresó mal el período y aparecen sin tratamiento por ejemplo) será muy difícil que encuentren a alguien que solucione el entuerto.

9.-
Sean amables con la gente de la isapre o de la farmacia. El funcionario que está detrás del escritorio o del mesón es persona igual que nosotros, a veces con los mismos o peores problemas. Por mucho que exijamos nuestros derechos, hay maneras y maneras… Y la mayoría de los inconvenientes se solucionan con buena voluntad.

10.-
Cuando vean que la conversación para solucionar el problema con la persona al otro lado del mesón es un diálogo de sordos, mejor pidan hablar con el jefe, plantéenle sus dudas, e inquietudes. A veces la fuente del conflicto está plenamente identificada y ustedes mismos pueden ser un aporte para encontrar la solución.

Alguna vez, en un contacto con el contralor de una isapre él estaba muy sorprendido por la cantidad de cosas negativas que le conté me habían pasado en las dinámica del beneficio GES. Y estaba sorprendido pues me dijo que a él no le llegaba ninguna queja, de ningún afiliado… Y así creía que todo estaba bien.

Por lo mismo es que se deben usar los conductos regulares para elevar las quejas y solicitudes… Pero en honor a la verdad, también deberíamos ser agradecidos y hacer ver las cosas buenas que pasan.

11.-
La Superintendencia de Salud el el organismo contralor de FONASA e Isapres. Si la solución no ha llegado por los canales adecuados (la isapre), para allá hay que ir.

12.
Traten de informarse de la canasta de insumos que les corresponde, de las marcas y laboratorios que están presentes.
Es decir, muchas veces he escuchado a la gente quejarse porque sólo le “dan” de una marca de tiras reactivas. Primer error: no nos dan las tiras, es un derecho… Y mucho o poco, pagamos por ello.
Segundo, la mayoría de las isapres tiene convenio con más de un laboratorio, por lo que la elección de qué tira y glucómetro usar pasa por una conversación con el doctor GES y las necesidades personales.

Es cierto que en los hospitales eso no ocurre, ahí sí que hay sólo una marca para usar, pero por lo menos sabemos que las marcas presentes en el mercado chileno son confiables.

Recuerden que en la farmacia NO PUEDEN cambiarles la receta, por lo que si les dicen: “Ah… Es que esa marca no está en su canasta”, averigüen bien con la Isapre antes de aceptar lo que ellos digan. Incluso hay médicos GES que no conocen a cabalidad la canasta GES que le corresponde al paciente.

Eso sería. Espero que no pasen otros 6 años y sigamos con los mismos inconvenientes. Ya muchas de estas cosas deberían estar solucionadas, pero veo que se siguen cometiendo los mismos errores del principio.

¿Alguno de ustedes tiene algo más para aportar?

Quiero ser un ratón!

Jueves, 21 de abril de 2011

Quiero ser un ratón!

Estoy suscrito a innumerables servicios de noticias sobre diabetes, a muchos portales que envían newsletters cada vez a que aparece algo nuevo sobre el tema; constantemente reviso las publicaciones especializadas y los sitios web de las principales asociaciones de diabetes del mundo. Sitios de clínicas, centros de investigación, hospitales y prestigiosas universidades son una parada regular. También lo que dice la industria que gira en torno a la diabetes ocupa parte de mi tiempo cada día. Por cierto, leo los blog de muchos pacientes que, al igual que yo, comparten su día a día con diabetes con el resto de la DOC (Diabetes Online Community)… Y converso harto con personas que andan en las mismas que yo: buscando más y más información.

Y siempre aparece por ahí algún estudio que da esperanzas sobre la cura de la diabetes, un nuevo tratamiento o sobre la “posible prevención de la diabetes tipo 1, porque se ha descubierto no sé que gen que si se modifica puede ser, que a lo mejor, quizás, en una de esas, quién sabe, se logre evitar que el sistema inmune destruya las células beta…”.



Por razones éticas, ningún estudio parte inmediatamente en seres humanos. Nuestros amigos los ratones de laboratorio suelen ser quienes han de pasar por todo el padecimiento para que llegado el momento, si los comités de ética lo aprueban y la investigación lo amerita, la investigación continúe en personas.

Sin desmerecer el valor de toda la investigación científica, queda claro que generando un “paciente ideal” (el ratón) en un “mundo ideal” (el laboratorio), es más factible llegar a los resultados esperados. Se simplifica el problema, se reducen las variables para lograr aislar la más relevante, la que se quiere probar (recuerdan el método científico que nos enseñaron en la escuela) y ya está, se obtienen conclusiones.


Insisto en que no estoy menospreciando el trabajo, hay mucho esfuerzo, dedicación y recursos en ello. Y alguien tiene que hacer esa labor.



Por lo mismo es que estoy seguro que si fuéramos ratones ya estaríamos curados.
¿ Cuántas veces he leído que se ha curado la diabetes… en ratones? ¿Cuántas veces he escuchado que se puede prevenir la diabetes tipo 1… en ratones? ¿Cuántas veces he visto un reportaje que muestra que si se modifica un gen o se usa tal alimentación, la diabetes en ratones no existe?



Lo malo para todos nosotros es que no somos ratones. Y además, cada vez que surge una luz sobre el origen de la diabetes se abren más interrogantes.

La realidad es dura. 


Si todo fuera tan fácil, el mal llamado “páncreas artificial” ya sería realidad.
Es que una máquina todavía no puede interpretar y ajustar todos los factores que inciden en la variación de la glicemia. Piensen no más: todas las hormonas contrareguladoras (adrenalina, glucagón, hormona de crecimiento, etc.), ejercicio, tipo de alimentación, combinación de los alimentos, hora de alimentación, insulina, alguna enfermedad viral, el estrés, factores ambientales (calor, frío), tiempo de evolución de la enfermedad, medicamentos asociados y así un largo etcétera que podemos resumir en la vida entera de un ser humano único, irreductible en sus experiencias particulares.

 Es cosa de ver los videos de los experiemntos en pacientes humanos para apreciar la complejidad del asunto.

Pero… ¿Hay esperanza? Claro que la hay. Los cientos de papers que se publican al año así lo indican. A lo que hay que estar atentos es a leer entre líneas, a ir más más allá y no deslumbrarnos por cantos de sirena. La mayoría de los investigadores termina sus conclusiones con una frase que ya me sé de memoria: “este es un avance, pero hacen falta más estudios para comprobar que lo que afirmamos sea igual para todos…”.


Por eso es que al final del día a veces me dan ganas de ser ratón.
Así es, me dan ganas de participar en algún estudio que, a través de la labor de investigadores, sirva para ayudar a mis glucolegas. Creo que todos deberíamos tener esa disposición, por supuesto si no hay riesgos graves asociados (cosa que queda muy explicitada en los protocolos).



Quizás sin proponérselos muchos de ustedes han sido en cierta forma ratones de laboratorio. Supongo que saben que la insulina glargina (Lantus) no está aprobada para menores de 6 años ni embarazadas… ¿Y cuántos la han usado a pesar de estar en esos grupos sin presentar ningún inconveniente? Conozco a varios. Y ese uso le ha permitido al médico que la recetó “hacer experiencia” y acumular casos para el futuro. 


En nuestro país se hace investigación, por lo que hay que estar atentos y preguntarles a nuestros médicos qué se está haciendo. Quizás podamos participar. Es una buena manera también de estar informados y demostrar que queremos ir más allá y no ser exclusivos receptores de los beneficios sino también partícipes de su génesis.

Ayudando en la investigación nos ayudamos todos.



¿Están dispuestos a ser ratones? ;)