Personal

De tristezas, diabetes y Angelina Julie.

Él es tu amigo, tu compañero, tu defensor, tu perro.
Tú eres su vida, su amor, su líder.
Él será tuyo siempre, fiel y sincero, hasta el último latido de su corazón.
A él le debes ser merecedor de tal devoción.”
Anónimo

 

Angelina Julie

Luego de 17 días desaparecida, Angelina Julie, está de regreso en casa. No todas las historias como esta tienen un final feliz… Nosotros sí lo podemos contar.

Me voy a tomar una licencia, y en este blog, en donde escribo de diabetes, voy a escribir algo personal… Porque si al final somos indivisibles y todo lo que nos pase, de una u otra forma afecta nuestra diabetes, es bueno contar historias.

 

Desde que tengo uso de razón he estado rodeados por esos seres de 4 patas que considero mucho más que una “mascota”. Son miembros de la familia. 
Primero en la casa de mis padres, también en las de mis abuelos que siempre visité, y finalmente en el hogar que formamos hace 22 años con mi esposa.
Desde que éramos pareja, siempre estuvo la idea de tener un can que nos moviera la cola de felicidad al llegar a casa.

Y así llegó Timoteo, un labrador retriever negro, que había nacido el lluvioso 18 de septiembre de 1997, imposible de enseñar a no destrozar las plantas… Por lo que su misión como “labrador” era solo cosechar… 😉
Cuando Timoteo se hacía viejo, y las enfermedades comenzaban a instalarse en su existencia, decidimos que quizás hasta para él sería bueno tener compañía más cercana, y llegó Guillermo Antonio Felipe Luis, que es una mezcla de Schnauzer. Y vaya que la pasaron bien los casi 3 años que alcanzaron a estar juntos. Timoteo falleció de causas naturales los primeros días de enero de 2010.

Guillermo dormía con nosotros, en nuestra cama.
Y se convirtió en un aliado importante en el manejo de mi diabetes. No, no crean que detecta hipoglicemias y cosas parecidas… Lo que ocurre es que tiene por costumbre despertarse a eso de las 2 AM para ir al baño. Entonces me despertaba para que le abriera la puerta, momento que yo aprovechaba para controlar cómo estaba mi azúcar en la sangre a esa hora. Así me salvó de varias hipos e hiper, pues estaba obligado a tomar alguna decisión con el número que me mostraba la máquina.

Siempre estuvo la idea de buscar un compañero o compañera para Guillermo. Por carácter, la recomendación era tener una hembra.
Sin embargo, nuestra afición por viajar (a veces por un largo tiempo) nos limitaba a conseguir esa cachorrita: ¿quién los cuida? ¿Molestamos a mis padres otra vez? ¿Pagamos por un hotel canino? ¿Nos extrañarán? ¿Les extrañaremos nosotros? ¿es justo con ellos ese “abandono” temporal?

A mi siempre me llamaron las atención los bulldog, sin distingo de si era inglés o francés. Quería un compañero o compañera para Guillermo que tuviera personalidad propia, por presencia.
En más de una oportunidad ante la posibilidad cierta de tener uno me negué, por el tema que mencioné antes, el de asumir una responsabilidad mayor con dos perros más bien pequeños que vivirían dentro de la casa (Timoteo era del patio trasero y era feliz con eso).

Finalmente en agosto de 2015, hacia finales de ese mes, parecía que los astros se alineaban y supimos de una cachorra bulldog francés “vaquita”, por el color blanco con manchas negras, de poco menos de 2 meses, que quedaba de una camada de varios hermanos más.
El 28 de agosto de 2015 Angelina Julie llegó a vivir con nosotros. Había nacido el 2 de julio.

Desde el principio demostró su personalidad más extrovertida que Guillermo. Guillermo es un gentleman que mira todo, lo analiza y luego toma una decisión: casi siempre es la de no intervenir, jajajaja. 
Angelina es más impulsiva, atropelladora, come con muchas ganas, bota la comida fuera de su plato, usa sus patas delanteras para más cosas que caminar… Es divertida, cariñosa, ronca mucho y huele peor!!! Pero esas son características de la raza… Quienes tienen bulldogs francés me entenderán. 
Los frenchies son así. Pero solo mirar su carita y sus ojos ya hace que te conquisten. Son adorables.

Angelina ha crecido sana y gracias a las publicaciones que he compartido en algunas redes sociales, ya muchos de nuestros amigos la conocen y también saben que forma parte importante de nuestra familia.
Para prevenir cualquier “accidente”, por recomendación de su veterinaria, Guillermo fue castrado… Porque además duermen juntos en la cocina (imposible para nosotros tener un sueño reparador con los ronquidos de Angelina). Pensamos más adelante cruzar a Angelina porque queremos verla ser madre también y así hacer crecer la familia de 4 patas en la casa.

La noche del domingo 19 de junio hacía frío. Hacía mucho frío, y como de costumbre, a eso de las 21 horas, salí con Angelina y Guillermo al jardín delantero de la casa, para que estuvieran ahí por última vez antes de cerrar las puertas e ir a acostarnos.
La rutina es esa: salen, hacen lo que tienen que hacer, entramos, suben al dormitorio, están una hora con nosotros recibiendo y dando cariño, y luego los bajamos a la cocina. Así cada noche, desde hacía 10 meses.

Como hacía frío, entré a buscar algo para abrigarme. Un par de minutos… Un par de minutos bastaron para escuchar a Guillermo ladrar, salir apurado, mirar hacia donde estaba Guillermo y no ver a Angelina y sentir su ausencia. No pensé en que podía estar en el otro lado del jardín… Simplemente sentí que ya no estaba con nosotros.
La llamé… La busqué al otro lado… No vino. Llamé a mi esposa para avisarle… Me asomé por sobre la reja, no se veía nadie… Salimos a la calle a buscarla… Nada… Salimos en el auto para buscarla un poco más lejos… Y nada…
La angustia, la pena, el dolor, la desazón y la incertidumbre nos invadieron.
Lloramos todos, los tres con nuestro hijo.
Lloré mucho, como nunca imaginé que podía llorar.
Esa noche casi no dormí… Estaba destrozado. Me sentía responsable. Le falle a ella, que confiaba en mi… Una pena infinita me invadió para no abandonarme por 17 días. Los amigos más cercanos lo saben.

Bajé casi 3 kilos en esos 17 días.
Los primeros días no tenía ganas de comer. Apenas lo hice. Además, estaba resfriado. Todavía no me explico cómo pude controlar tan bien mi diabetes y no caer en una descompensación. Quizás los años, seguro la bomba de insulina que utilizo, y mucho de sentir que tenía que estar bien para buscarla a ella. No tenía alternativa. Tenía que estar bien.

Yo trabajo desde casa, por lo que la compañía de Angelina y Guillermo es permanente. Ya tenemos nuestra rutina de cada día. Están conmigo, por lo general en el escritorio, durmiendo. Se despiertan, me piden salir, jugar un rato. Les alimento, compartimos mucho tiempo juntos.

Angelina no se escapó. La reja estaba cerrada, y no cabe entre los barrotes. Angelina es muy cariñosa. Se da con quien llegue a casa o pase frente al jardín. Basta levantarle los brazos y ella se para en sus dos patas traseras. No ladra.
Angelina fue sustraída desde nuestro jardín. Seguramente por arriba de la reja, que no es muy alta. Para nosotros, era la desaparición de un miembro de la familia.

Lo peor es no saber dónde está, no tener certeza alguna de las condiciones en la que la tienen… Para quien quiere a estos seres de 4 patas, para quien los quiere mucho, es muy duro enfrentar eso.

Sabemos que los “frenchies” están de moda. Sabemos que es una de las razas de perros más robada hoy en Chile. Pero uno no espera que le toque lo que parece una mala jugada del destino.

Sabemos que muchos perros robados se comercializan en ferias libres, mercados persas, y por supuesto en páginas en internet. Es cosa de mirar en el computador, o darse una vuelta por las ferias un domingo a medio día… Pero la nuestra es una perrita que ya está más grande… Y no está esterilizada. Entonces lo que se piensa es que la llevarán a un criadero clandestino y la usarán para reproducción… Esa es la realidad de muchos de los perritos robados también.

Entonces, te roban tu mascota y ¿qué haces?

Yo fui a primera hora del lunes 20 a Carabineros, a la 18ª Comisaría de Ñuñoa… Y la carabinero que estaba en la puerta, que me preguntó qué necesitaba y a la que le relaté lo que me había pasado me dijo que ellos “no podían hacer nada, porque no había testigos ni ningún indicio… “ Que mejor me dedicara a buscarla, y cuando tuviera una pista les avisara. 
Y me di media vuelta y me fui, con más pena que gloria. O sea, redes sociales, carteles en las calles, amigos, visitas a ferias libres y mercados persas, porque la autoridad no se hace cargo pensé.

Le pregunté a mi hermana, que algo sabe de esto por su trabajo y tampoco lo tenía muy claro.
 La recomendación: un cartel con recompensa. Hice un cartel para fotocopiar y así tener una buena cantidad y pegarlos en el barrio, para comenzar.
Pero la verdad, yo no tenía mucha esperanza. Es decir: si la robaron, no estaría en el barrio… Porque no se perdió. De eso estaba seguro.

Comenzamos el rito de la búsqueda. Y en cada cartel que pegaba, quedaba un poco de mi esperanza. Lloré pegando carteles…
En las redes se multiplicaba el mensaje. Muchos ayudaron. Muchos se interesaron. Muchos ofrecieron ayuda.
Mi papá empapeló su barrio. Y así, mucha solidaridad.

Finalmente mi hermana me dijo que debía hacer la denuncia en la PDI. Y ahí me trataron muy bien.
De hecho, aunque suene frío, una mascota robada para ellos es lo mismo que el robo de un televisor o una bicicleta. Se debe hacer la denuncia y será la Fiscalía la que determine si hay mérito para investigar o no.

Estando en la PDI el martes 21 de junio, específicamente en la Brigada de Delitos Medio Ambientales (la denuncia se puede hacer en cualquier unidad), recibí una llamada. Una voz de hombre, más bien joven y con un bajo nivel educacional por la forma de expresarse, me preguntó si había encontrado mi perro. No alcancé a responder y me cortó. Luego hicimos contacto otra vez pero según él no era mi perro. Por un momento creí que luego de 3 días vería a mi Angelina.
La denuncia iría a la Fiscalía. Eso tardó una semana. Es mejor denunciar directamente en la Fiscalía y se ahorran ese tiempo de tramite.

Llegó el primer fin de semana y la búsqueda nos llevó a las ferias persas de Santiago. No solo a la tradicional del Biobío, también a la de Teniente Cruz, reconocidas por ser lugares donde se puede conseguir un perro de raza, por bajo precio… Y dudosa procedencia, bueno, no solo perros…
La mayoría de quienes habían pasado por esto me lo recomendaban: si ves a tu perro, no lo cuestiones, cómpralo sin dudarlo!
Estuve en contacto directo con el detective que me decía que ellos por ahora no podían hacer nada hasta que la Fiscalía emitiera una orden de investigar, pero para eso, se necesitaban más antecedentes, alguna pista, que en ese minuto yo no tenía.

Ir a una feria persa a buscar un perro en particular es como buscar una aguja en un pajar… Nosotros íbamos para sentir también que hacíamos algo, que no estábamos en casa, de brazos cruzados, dejando pasar quizás la oportunidad de encontrarla. Pero la sensación de desesperanza nos invadía nada más al mirar y no ver nada.

De todos modos dejábamos carteles y conversamos con guardias y policías para hacerles saber que estábamos buscando a nuestra Angelina y ofrecíamos una recompensa. ¿Cuánto? No sabíamos pero $400.000 podían ser.

Recomendaciones y datos me hicieron llegar incluso a uno de los lugares más peligrosos de Santiago, en la zona oriente… Me dijeron que había un criadero clandestino de perros y que allí había muchos, que varias personas habían recuperado en ese lugar a sus perritos robados.
Fui, me expuse, conversé con personas que me miraban con desconfianza… Pero no conseguí nada.
Bueno, conseguí salir de ahí indemne, lo que para muchos a quienes les relaté esa experiencia ya era un logro.

Los mensajes a mi WhatsApp se sucedían… Muchos, solo malas bromas de personas que no logran entender el dolor que puede significar la pérdida de una mascota, de un miembro tan importante en nuestra familia.

Y hacía frío sobre Santiago… Y cada vez que salía a la calle, a cerrar la puerta de entrada repitiendo los ritos con Guillermo, se me encogía el corazón pensando en Angelina.

Pasó el fin de semana largo, se había cumplido más de una semana de la desaparición y un llamado telefónico serio, de una persona que de verdad nos entendía, me devolvió algo de esperanza. Me dijo que le parecía haber visto a Angelina el viernes 24 de junio, envuelta en una frazada, en brazos de una mujer, en la sucursal de un Banco Estado, en San Luis de Macul. Me describió a la mujer y me recomendó ir al lugar a preguntar. Eso queda a unos 5 kilómetros de nuestra casa, pero al otro lado de la Autopista Vespucio Sur, hacia al sur oriente.
Con ese dato fui a la Fiscalía. Si fue vista en un banco, se podían pedir las grabaciones de las cámaras de seguridad. Tenía el día y la hora bastante acotada.
 En la fiscalía ingresaron los nuevos antecedentes, pero obviamente que hay todo un proceso burocrático que lleva a que iniciar las acciones tomen tiempo.

Entonces… ¿Qué hacer?

Fui al lugar donde la habían visto. Fui y conversé con el Guardia de Seguridad del banco, que de tanto ver gente entrar con perros a la sucursal ya no se fija en eso. Pegué carteles en los alrededores y conversé con los dueños de algunos locales comerciales. En la farmacia del barrio me atendieron sus propios dueños, una pareja de adultos mayores, amantes de los perros, que se conmovieron y lloraron conmigo al escuchar la historia. Me dejaron pegar carteles, me regalaron más cinta adhesiva y junto a sus dependientas me dieron ánimo porque “usted va a encontrar a su perrita”. Salí de ahí con mucha esperanza.
Me fui a recorrer las Veterinarias del barrio. Mi esposa hizo lo mismo en forma virtual, enviando mails a todas las de las comunas cercanas. Muchas no respondieron, otras enviaron de vuelta el acuse de recibo con algunas palabras de apoyo.

Cuando ya volvía a la casa suena mi teléfono móvil. Me llamaban de la farmacia. Me pedían que volviera pues una clienta había reconocido a Angelina en el cartel.
 Volví y me encontré con una señora que vive a unos 4 kilómetros de ahí, más hacia el sur oriente, cerca de las intersecciones de Tobalaba y Departamental.
 Ella tiene un negocio, una botillería, y me dijo que el fin de semana había visto a una mujer, con Angelina en sus brazos, envuelta en una frazada… Y la descripción coincidía con la que me habían dado por teléfono (ella no sabía esa información). 
Me dio su dirección y teléfono por si quería llamarla. Obviamente ese era otro dato que podía aportar a la Fiscalía. Y así lo hice al día siguiente. Pero una vez más, antes que ellos emitieran la orden, fui directamente hasta el lugar.

Quienes conocen la zona saben que es un barrio más bien popular, casas pequeñas, de construcción semi solidas, y si uno sigue el dirección al oriente se encuentra con los faldeos cordilleranos y algunas quebradas. Si bien algunas poblaciones han sido erradicadas de ahí por los riesgos de aluviones (que los afectaron en años anteriores) de todos modos ha llegado gente nueva a algunas “tomas”, por lo que para quienes llevan más tiempo no es sorpresa ver caras nuevas con mucha frecuencia. Es lo que me dijeron la mayoría de los dueños de negocios con los que conversé y a quienes les pedí permiso para pagar carteles. Gente muy receptiva también y dispuesta a ayudar.

¿Podría estar Angelina en alguna casa por ahí? Habían pasado 12 días ya y eran los únicos datos concretos que teníamos pero… ¿Y si se habían confundido? Los bulldog francés se parecen muchos unos a otros, incluso en más de un grupo en Facebook ponían la foto de uno que había aparecido preguntando si era Angelina.

El fin de semana del 2 y 3 de julio la pasamos mal. El sábado 2 Angelina cumplía un año de edad. Y salimos a recorrer algunas ferias libres del barrio y de comunas adyacentes a donde la habían visto… Pero hacía tanto frío, y el ambiente era tan deprimente que solo queríamos que no estuviera ahí.
Además, estábamos enfermos. Un resfrío rebelde, con las defensas muy bajas nos tenía por las cuerdas con mi señora. Mi hijo estaba en las mismas, y con una sobre carga de estudio por termino del semestre.

El domingo fuimos a una feria persa en la misma zona, en la calle Departamental, al poniente de donde la habían visto por última vez. Amigos recorrían otras en paralelo. Pero nada. Solo vimos la venta de algunos cachorros de raza indeterminada.
Volvimos a casa con pena, una vez más.

La semana del 4 de julio comenzó con la idea de intensificar la difusión en redes sociales, aunque poco a poco las esperanzas comenzaban a flaquear. 
Lo positivo es que me llamaron de la Fiscalía, me pidieron más antecedentes y se comprometieron a agilizar las medidas. El contacto que seguía manteniendo con el detective de la BRIDEMA de la PDI ayudó a eso también.

El miércoles 6, fui a dejar a mi esposa a un evento al que había sido invitada, porque la vida continúa. Eso fue cerca de las 20 horas.
Luego de dejarla y comenzar a volver a casa, a eso de las 20:15, y en medio de un tráfico horrible, recibí un llamado. Me di cuenta que tenía varias llamadas perdidas del mismo teléfono.
Lo primero que hace la voz de un hombre al otro lado de la linea es identificarse, con nombre y apellido. Eso solo me había pasado cuando me llamaron para darme el dato del Banco Estado donde habían visto a Angelina.
 Me pregunta si soy Marcelo González, luego de lo cual me dice: “Creo que le tengo una buena noticia… Encontré a su perrita”.

Si bien era la noticia que estaba esperando desde hacía 17 días, luego de todo lo que había pasado, de los llamados fingiendo que la tenían para cobrar la recompensa, de las malas bromas de adolescentes ociosos y los mensajes de WhatsApp que buscaban engañarnos, no podía menos que desconfiar. Total, ya era público que estábamos ofreciendo un millón de pesos de recompensa también.

Bueno. Le dije a Juan que en vista de todo lo que me había pasado antes, necesitaba ver una foto para comprobar que fuera ella. Y él me dijo que sí era. Que había visto mi publicación en Facebook y era Angelina. 
Me envió una foto… Y por supuesto era. Le re envié la foto a mi señora pero nunca la vio, no tenía señal en su teléfono. Se le envié a mi hijo y él también la reconoció.
Con mi glicemia estable, me comí un par de tabletas de glucosa mientras conducía para evitar una baja, total, prefería estar alto en esa situación.

Juan me dio su dirección, la de su casa, me dijo que estaba con su señora y su pequeño hijo. Que podía ir al buscarla en el momento, pero que ellos no lo hacían por la recompensa. Habían visto todas las publicaciones que habíamos hecho y entendían nuestro dolor, que ellos adoraban a los perro, de hecho tienen una pastor alemán de nombre Estrella, muy bonita.

Pasadas las 20:45 llegué hasta su casa, ubicada la comuna de La Florida, en un conjunto de departamentos de edificios de 4 pisos. El de ellos está en el primero. Me salió a recibir luego que lo llamé por teléfono. Me hizo pasar y me presentó a su señora y su hijo. Y ahí, en el centro del pequeño living estaba Angelina… Mi Angelina.

No, no crean que corrió a recibirme al reconocerme, eso solo pasa en las películas. Me quedó mirando y claramente sí me reconoció, pero creo que mi presencia ahí la desconcertó. Por supuesto que dejó que le hiciera cariño, y se quedó entre mis piernas. Mientras, Juan me contaba la historia que le tocó vivir con ella.

Él trabaja en forma independiente repartiendo pan. Y estaba en eso cuando el día lunes 4 la vio en la calle, a eso de las 6 de la mañana. La vio caminando sola, en el sector donde se pone la feria persa que visitamos el domingo anterior. Eso queda más o menos a un kilómetro de donde fue vista en la botillería.
Al verla sola, y reconocerla como una perrita de raza, dice que su primera impresión fue pensar que estaba perdida, que a alguien se le debía haber escapado. Pero no había nadie en la calle. La subió a su camioneta, como alguna vez hizo con otro perrito que encontró en iguales circunstancias. La arropó con una manta de polar de su hijo, porque notó que tenía frío, pero no se veía con algún daño físico, salvo una pequeña herida que parecía estar cicatrizada a la altura de su hombro derecho.
 El resto de la mañana Juan siguió trabajando y luego la llevó a su casa. Por la tarde le comentó a un amigo que tiene un bulldog francés lo que había sucedido y que era seguro que alguien la debía andar buscando. Su amigo le dijo que buscaría en los grupos de Facebook y así fue como el martes dieron con nuestro aviso.

Juan tenía su camioneta con un pequeño abollón por un choque y por eso estuvo preocupado de solucionar eso, lo que hizo que recién me llamara el miércoles por la tarde.
Mientras, le dieron comida a “Luna”, como llamaban a Angelina. Y su hijo le prestó un autito para que jugara…
La primera noche fue él con su esposa quienes durmieron con ella en su cama, y la segunda noche fue su hijo… Todos coinciden que aparte de ser una perrita muy limpia, no se puede dormir con ella por los ronquidos y sus olores… 😉

Yo quiero destacar la nobleza de ellos como familia. No quisieron recibir la recompensa. De hecho, sentí que se sintieron ofendidos cuando se los mencioné en más de una ocasión. Pero bueno, saben que tienen nuestra gratitud eterna.
Alguien en Facebook, al comenzar nuestro drama comentó lo triste que le parecía que éramos como sociedad, llegar a robar mascotas… Yo le dije que prefería pensar en la gente buena que se conmueve y que solidariza y ayuda a quien lo necesita. Y Juan con su familia están en esta categoría.

Al salir de su casa ese día yo le insistía en que me sentía en deuda con ellos. Le dije a Juan que si en algo podía ayudarles, encantado. Yo no tengo mucho cómo, pues dedicándome 100% a lo de MiDiabetes.cl esperaba que no necesitaran mi ayuda nunca. Pero que quizás si alguna vez su hijo se enferma y requieren un consejo o asistencia, mi esposa es pediatra. Y agregué que trabaja muy cerca de su casa. Juan me preguntó cómo se llamaba ella. Y cuando escuchó su nombre puso cara del sorpresa y emoción: ella ES la pediatra de su hijo.
El mundo es un pañuelo y el destino está escrito: todo ocurre por algo. Le di un abrazo y me despedí.

Poco antes de las 10 de la noche del miércoles 6 de julio de 2016, luego de 17 días fuera, Angelina Julie volvió a casa.
Mi esposa no supo nada hasta que me llamó a las 23:15 porque recién tenía algo de señal en su móvil…
La emoción fue inmensa. La emoción continúa.

Gracias a Juan y su familia. Gracias a todos quienes ayudaron a viralizar nuestra búsqueda, hasta más allá de nuestras fronteras. Gracias a quienes aguantaron nuestros estados, y desde su posición de amigos nos apoyaron. Gracias a quienes entendieron que estuviéramos “idos”… Porque así nos sentimos.

Garcias por tanto, a tantos.

Poco a poco Angelina se reencuentra con las rutinas de este, su hogar, del que nunca debió salir.
Han pasado varios días, pero todavía cuesta creer el final de esta historia.

Sentirla roncar y aromatizar nuestra casa con su olor no tiene precio, y saber que es ella la “responsable” 😉 no se puede explicar.

Una carta para mi, 30 años después.

Una carta desde el futuro, 30 años después.

Santiago, 13 de junio de 2016.


Querido Marcelo:

No te sorprendas si te digo querido. Tienes recién 18 años, pero te quiere más gente de la que crees.
Tampoco te sorprendas, quizás no me conozcas, pero soy tú, 30 años más viejo. Te escribo 30 años desde tu futuro.

Se que acabas de ser diagnosticado con diabetes tipo 1, y te sientes solo, muy solo en esa oscura, fría y húmeda tarde del viernes 13 de junio de 1986. Te sientes solo en una clínica llena de gente, mientras tus padres se tienen que ir, y te dejan al cuidado del personal de enfermería de turno esa noche, en la Clínica Indisa de Santiago de Chile.
Has bajado varios, muchos kilos en las últimas semanas. Has comido como condenado y no subes de peso. Al contrario. Y una sed infinita te persigue, haciendo que al terminar todo lo bebestible del refrigerador sencillamente te conectes a la llave del agua para seguir bebiendo. No han sido semanas fáciles. Es tu primer semestre estudiando la carrera de Publicidad. Te ves enfrentado un mundo nuevo y fascinante. Pero algo no anda bien, y lo sabes.

Te escribo porque a pesar de que el error es una forma fantástica de aprender, y cometerás muchos errores de aquí en más, hay cosas que deberías saber, y al conocerlas te harán sentir un poco mejor.



Primero, yo te recomendaría llorar. Si, es cierto, tienes 18 años, acabas de entrar a la universidad y ya están grandecito ya para derramar lágrimas. Lo que pasa es que de tanto guardarte esas lágrimas, ya en unos años más saldrán a flote con mucha facilidad: una película, una escena en la calle, con comentario, un afecto… Y yo creo que es porque te las estás guardando ;)

No temas expresas tus sentimientos, nunca. No te hará quedar como débil, te hará más humano, te sentirás mejor. Además, ¿a quién tienes que demostrarle fortaleza? ¡A nadie!

Te escribo querido Marcelo porque el día de hoy lo único cierto de lo que te acaba de decir el médico allá abajo en su consulta, es que deberás inyectarte insulina de por vida. No, no tienes que creerle cuando te dice que la cura de la diabetes estará en 5 años. Sí, los ratones de laboratorio sí se han curado, pero seres humanos… Mmmm… Creo que todavía falta para eso. 
Te acaba de decir “No podrás comer nunca más chocolates, dulces, tortas ni helados… De ahora en adelante deberás inyectarte insulina todos los días y comer una dieta especial… Hay que cuidarse de las complicaciones… Y como tienes que aprender eso, ahora te vas a quedar hospitalizado…”

Concéntrate en las cosas positivas del diagnóstico: ha sido a tiempo, no estás grave y tienes un tratamiento a seguir. Focalízate en esas cosas.

Claro, la insulina y lo de hospitalizado, no ha cambiando mucho en este tiempo. Pero lo otro… Vaya, vaya.
Con educación llegarás a comer de todo. ¿No me crees? Mírate en cumpleaños o fiestas, reuniones sociales o lo que sea en unos años más. Otra cosa es que seas mañoso y algunas cosas no te gusten, pero la diabetes no será excusa. Sin embargo, para eso deberás pasar un largo proceso, que nunca acaba.


¿Terminarás la universidad? Si tú quieres. ¿Serás un profesional? Si tú quieres.
¿Tendrás pareja? ¡Claro! ¿Por qué no? Si la diabetes no es contagiosa. Buscar y encontrar depende de ti. E incluso, sin que busques a nadie, igual como dice Fito Páez, aparecerá alguien, te lo aseguro.
¿Hijos? ¡Claro! Uno maravilloso. ¿Tendrá diabetes? Mmmm… Tiene el riesgo aumentando en relación a la población general, eso es innegable. Podrías hacerle un examen de anticuerpos, pero no serviría de mucho. En 2016 todavía no hay como prevenir la aparición de la diabetes tipo 1. Si llega, llega. Ojalá que no, pero creo que tendría un muy buen ejemplo a seguir si es que le tocara. Ojalá que no. Tu mayor temor respecto a la diabetes mientras él crece será tener una hipoglicemia que te imposibilite atenderlo. Y cada vez que lo veas bebiendo agua a raudales, y partir corriendo al baño, lo llamarás para tomar su dedo y medirle la glicemia. Y esos 5 segundos en la máquina serán eternos… Más que los 3 minutos que te tomará medirte la glicemia en una de las primeras máquinas que usarás en 1993.



La diabetes te llevará a conocer lugares que nunca imaginaste y compartirás con personas increíbles. Personas entrañables, y de todas aprenderás.

Te convertirás en una suerte de “conector”, el que unirá a unos y otros, el puente… Pero para eso tienes un largo camino que recorrer.

Te equivocarás muy feo, porque en un primero momento, cerca de ti no habrá conocimiento que aprovechar. Es más, como la diabetes no duele, te darás cuenta de la forma más dura el mal manejo que llevarás. ¿Cómo evitarlo? En 1986 es difícil, no hay muchos especialistas que sepan de verdad. La ciencia avanza, pero no como quisiéramos, el acceso es limitado, muy limitado. Pero hoy no hay excusa.

Sentirás el cariño de tus amigos, algunos que conservarás por estos 30 años, y seguirán contigo.

Te recomiendo no arrepentirte de nada, pero si ser más humilde en tus apreciaciones. Corre riesgos! Es la única forma de avanzar más rápido.

Nadie nace sabiéndolo todo. Y aprenderás cada día. Aprenderás que la diabetes es un ensayo y error permanente, y que cuando crees tenerla dominada, o ya tienes el dominio de una situación… Paf! A empezar otra vez.

Aprenderás que la diabetes es como manejar un auto… Puedes ir más rápido o más lento. Puedes detenerte o pisar el acelerados a fondo. Tu conduces, pero para no salirte del camino ni tener problemas, tu auto debe ser mantenido, hay que ponerle combustible y si no mantienes el volante bien firme, puedes derrapar… Sí, la diabetes es como un auto, solo que no puedes bajarte nunca más. Tendrás que manejarlo para siempre…

Conseguirás cosas que en este momento, solo en esa habitación de la clínica escuchando llover, ni te imaginas.

Podrás viajar con diabetes… Y mucho! Hasta donde ni siquiera sueñas… Y podrás viajar por la diabetes también. Porque tu mensaje de optimismo traspasará las fronteras.

Las llamadas “nuevas tecnologías” te brindarán la oportunidad de llevar una palabra de aliento e inspiración a muchas personas, aunque no te creas el cuento, porque eres menos influyente de lo que crees.

Usarás todos los tratamientos existentes para la diabetes tipo 1 en Chile, ni uno más, ni uno menos, y así podrás hablar con propiedad de cual resulta mejor para ti.

En esa solitaria habitación de la clínica no eres capaz de visualizar el poder de una palabra, la fuerza de una imagen, pero no te preocupes, recién comienzas tu carrera de publicista. Con el ánimo que tienes pronto te darás cuenta que tienes un don para comunicar, y lo aprovecharás para ayudarte a ti primero y luego ayudar a otros. ¿Te imaginas escribiendo parte de tu vida y compartirla públicamente? Así será. Y de pronto conocerás en persona a gente que nunca antes has visto… Y ellos sabrán más de ti de lo que crees, pero tú mismo se lo habrás contado.
Así conocerás familias completas, padres, y sobre todo madres dignas de levantarles un monumento, mamás páncreas literalmente.


Los profesionales de la salud te sorprenderán, de buena y mala manera. Pero las buenas personas prevalecerán, y llegarán a ser tus amigos.

A veces la diabetes te dolerá. Y me refiero no solo a dolor físico, sino al dolor del alma.
Sí, la diabetes duele a veces. Duelen los pinchazos en los dedos, en los muslos, en los brazos, donde más te duelen… Pero duele mucho más adentro. Y debes aceptarlo. Aprenderás a vivir con ello.

La inseguridad de contar con los recursos económicos para tu tratamiento dará paso a la satisfacción de saber que hay una ley que te beneficiará. Pero pronto te darás cuenta de la iniquidad del sistema, y harás lo que esté a tu alcance por cambiar eso.

Sabrás prontamente que con la diabetes no se lucha, no se pelea, no hay una guerra. Es una mochila con la que deberás cargar el resto de tu vida. Y a veces pesará mucho. Y otras un poco menos, porque habrá personas que te ayudarán a acomodarla de mejor manera.

Las prohibiciones dejarán paso a la responsabilidad, a la educación, al conteo de carbohidratos.

Mientras, comenzarás a compilar la banda sonora de tu vida con diabetes, y si en 1986 Soda Stereo lanza Signos, en el 89 The Cure lo hace con Lovesong; el 91 será One de U2. Llegará en 2004 el tiempo de Mr. Brightside de The Killers y en el 2014 será Magic de Coldplay… Imagina lo que viene.

Pasarás por un periodo en que se te olvidará que tienes diabetes… Bueno… Eres joven, no sabes nada, tu doctora no es la mejor, además a ella no le afecta tu mal control. Pero también tienes responsabilidad: le mentirás las glicemias en tu cuaderno y no respetarás las cantidades que indicaron comer. Sí, es un tratamiento horrible, pero en 1986, 87, 88, 89… no hay otro! Eso para comenzar.

Querido Marcelo… Se paciente, deberás serlo, siempre. Ese pequeño estante del supermercado con algunos productos light endulzados con sacarina, dará paso con el tiempo a pasillos completos y ya luego en cada sección habrán cada vez más productos sin azúcar. Sin embargo, tardarás unos 8 años en aprender que no porque no tengan azúcar puedes comer lo que quieras.

Aprenderás a valorar lo que has conseguido porque cuando comenzaste casi no había nada. La educación solo se conseguía en revistas extranjeras o de la mano de alguna enfermera o representante de algún laboratorio, como la que te entregará tus primeros lápices, el año 1994.

Marcelo, estás solo en esa habitación de la Clínica Indisa, te inunda el desconcierto, pero solo puedo decirte una cosa: confía. No será fácil, pero se puede.
Aprende todo lo que puedas y comparte con otros que al igual que tú se sientan confundidos cuando recién comienzan.

No pierdas tiempo en pequeñeces, no gastes esfuerzos en quien no quiere que le ayuden. Ok, sí, inténtalo una vez, dos veces, pero tampoco eres ni será nunca un super héroe. Eres un joven que llegará a ser un hombre que podrá poner su cabeza en la almohada pensando que cuando se vaya, este mundo será un poco mejor que cuando llegó.

No te asombres Marcelo porque en la Antártica se descubre un agujero de ozono en 1986… El agujero que sientes en tu vida será mayor, pero esa sensación no durará para siempre. La toalla solo la puedes tirar en la playa y en el cesto de la ropa sucia.

¿Sabes Marcelo? No te quedes nunca con una duda. Resuélvela lo antes que puedas. No creas nunca que lo sabes todo, nunca se deja de aprender, y menos en diabetes.

Practica los afectos, dale las gracias siempre a quien te tienda la mano, destaca a quien te ayuda. Los Ángeles de la Guarda no abundan, pero las personas con diabetes tienen varios dentro de su equipo.

No te rías del desconocimiento ajeno. Nada sabes de las circunstancias que rodean a esa persona.
Sí preocúpate de derribar mitos, de sacar a la gente de su error. Pero para eso debes ser serio y responsable en relación a tus escasos conocimientos.

Mantén los pies en la tierra.
Un médico no sabe menos que tú que diabetes… Sabe otras cosas. Y juntos son complemento para buscar lo mejor para ti, son equipo, lo serán siempre… Hasta que tú decidas.
Porque no tienes que quedarte con una sola opinión. Tienes derecho a contrastarla con otras.

Tú eres el paciente, tú vivirás con diabetes toda la vida, porque ya lo dijimos… Te aseguro que en 2016, 30 años después de tu diagnóstico, la cura todavía no existe. Y si quieres cumplir 30 años más así de bien, debes contar con lo mejor que esté a tu alcance.

Marcelo, nunca te preguntes “por qué” fuiste tú el diagnosticado con diabetes tipo 1. La pregunta correcta es “para qué”. Y te aseguro que la respuesta le dará un sentido único a tu vida, para siempre.

No tengo intención que sigas estos consejos al pie de la letra, solo quería que sepas que te quiero y quiero lo mejor para ti. Tienes toda la vida por delante, y te puedo asegurar que la diabetes no será un impedimento para que consigas lo que te propongas.

Un abrazo,

 

Marcelo González Guzmán.

Diagnosticado con diabetes tipo 1 en 1986, a los 18 años.

En la cuerda floja, con diabetes.





Han sido dos noches complicadas. Bueno, quizás no tanto considerando que llevo 30 años con diabetes y las hipoglicemia han formado parte importante del paisaje cotidiano.

Pienso en ello y creo que estoy viviendo al límite, en la cuerda floja, con diabetes. ¿Sí? ¿No? Suena a título de película de acción… ¿Es lo que quiero de verdad?

Hace dos noches, desperté muy sobresaltado a eso de las 3 AM. Estaba todo mojado (y nada tenía que ver con la fina lluvia que esa hora caía sobre la ciudad de Santiago de Chile).
Estaba sobresaltado, contrariado. Sin dudas tenía una hipoglicemia. 
Pero a pesar de tener claridad en que cursaba un cuadro de baja de azúcar en mi sangre, hice cosas que no debí hacer: comí 3 gomitas sin medir mi glicemia en el glucómetro. Pensé que no era necesario comprobar que estaba bajo. Era necesario actuar rápido. Ni siquiera encendí la luz. A oscuras, sabiendo donde están en mi mesa de noche, estiré el brazo y alcancé las gomitas. Comí solo tres… Y esperé un rato… Sentí que necesitaba más, esas 3 eran solo 9 gramos de hidratos de carbono. Comí otras 6, para completar 27 gramos de hidratos de carbono. Luego de un rato, caí en un sueño profundo. Sueño del que me desperté con la alarma del reloj a las 6 AM. Tenía 170 mg/dL.


Se preguntarán “¿Y qué pasó con el sensor Marcelo, si tú usas sensor?” 


Les respondo.

El sensor que yo uso tiene una vida útil informada por el fabricante de 6 días, al cabo de los cuales hay que cambiarlo. Pues yo los uso un poco más. Cuando se cumple esa fecha, saco el transmisor y lo vuelvo a poner como si fuera un sensor nuevo. He superado bastante esos 6 días, con mediciones muy acertadas, eso se debe principalmente a mi poca variabilidad glicémica, no todos pueden hacer lo mismo. 

Entonces, el sensor que estaba usando esa noche llevaba algo así como 9 días y ya daba muestras de agotamiento: variaciones muy bruscas de arriba hacia abajo, flechas indicando tendencias en cada momento… Esas señales yo las entiendo como que ya debo cambiarlo. Pero la noche en cuestión esto ocurrió tarde, pasadas las 22:30… Y cambiar el sensor a esa hora, pues no es lo más recomendable, ya que la inicialización del sistema puede demorar un par de horas por lo menos.
Decidí apagar el sensor y cambiarlo al día siguiente, por lo que enfrenté la noche sin sensor… Pero sin tomar ninguna otra precaución más que medir mi glicemia (en rango estaba) al momento de pagar la luz y dormir.


Y aquí es en donde surgen los distintos caminos que podemos tomar para llegar a un mismo destino: pasar una buena noche.


Podría haber puesto una alarma para medirme y despertarme a las 2 AM. 

Podría haber bajado un poco la infusión de insulina basal, considerando que no es raro que tenga alguna detención de la bomba a mitad de la noche porque mi glicemia baja, aunque eso siempre depende de lo que haya comido a la cena.
Podría haber comido algo de absorción lenta y conformarme con amanecer un poco más alto de lo que acostumbro.
Y así podría seguir.

O sea al irme a dormir apagando el sensor, lo que es un hecho distinto a lo que ocurre cada día, NO tomé ninguna decisión, ninguna… Y ese fue mi error.

Capítulo 2.

Anoche… Anoche… 


Anoche tenía un sensor nuevo, funcionando muy bien desde la mañana. Sin embargo, durante el día noté que al parecer estaba quedándome corto con la insulina. Glicemias post prandiales un poco altas, lo que me llevó a corregirme varias veces, pero con resultados que no eran los que hubiera esperado. Raro.

Me fui a dormir pasadas las 22:30. En rango, con la tranquilidad de tener el sensor.

Monitoreo antes de irme a dormir.
Me dormí profundamente. Estaba muy cansado porque además arrastraba un fuerte dolor de espalda desde la mañana.

Entre sueños sentí la alarma de baja de la bomba.
Entre sueños, yo desactivaba la alarma, con la confianza que la infusión estaba detenida y debía recuperarme solo de la hipoglicemia, con las reservas de glucógeno que seguramente hay en mi hígado.
Eso, hasta que poco antes de media noche con la alarma que sonaba insistentemente decidí mirar la pantalla.

Miré la bomba: poco más de una hora detenida, con una medición inferior a 40 mg/dL (el sensor no mide más abajo). La línea es plana…
Me medí con el glucómetro. 29 mg/dL marcaba el InsuLinx.
29 marcaba el InsuLinx
¿Me sentía de 29? Sí, por lo que no hice un segundo chequeo.
Comí mis gomitas salvadoras y me dormí otra vez… Hasta las 2 AM… En que otra vez sonó la alarma de baja… No me medí con glucómetro, la bomba marcaba 52, comí gomitas… Me dormí hasta pasadas las 4, con la alarma nuevamente. Y repetir el ciclo.

Obviamente que desperté a las 6 con mucho sueño. No dormí bien. Tenía 141 a esa hora.

Toda la noche...
Y otra vez la pregunta: ¿Que pasó? Cené bien anoche, calculé bien los hidratos de carbono.

¿Qué pasó?
Sí, tengo diabetes y ella es bipolar a veces como me dice una buena amiga (sin ofender a quienes tienen ese trastorno de personalidad). Una veces se porta muy bien y otras, mejor ni hablar.
¿Qué pasó?

No encontrar una respuesta a veces deprime.
Estos son los Everest de los que a veces hablo: todos los tenemos, cada día, no tiene por qué ser una montaña de verdad la que tengamos que subir… Nuestra vida, la mayoría de las veces es cuesta arriba.

¿Qué pasó?


Mi análisis, y ya saben que no soy médico…


Debí comer hidratos de carbono de acción lenta luego del primer episodio, ese del 29 registrado. No haberlo hecho fue un gran error.

Quizás he estado tan bajo en el último tiempo, comiendo pocos hidratos de carbono, que no tengo ya muchas reservas de glucógeno en el hígado, y por eso “no van a mi rescate”. Tendré que “rellenar”, y para eso, deberé estar un poco más alto unos días, más alto que mis rangos, y subir la carga de hidratos de carbono que ingiero.
Debo ajustar las basales. Está claro que tampoco es lógico tener tantas suspensiones predictivas de la infusión de insulina basal por la noche. Es decir, es una función maravillosa de la bomba de insulina MiniMed 640G. Es una especie de seguro, pero yo digo que siempre el mejor seguro es no tener que usar el seguro… Y si lo estoy usando es porque algo está fallando. Algo que se puede y debo corregir.

Quizás, y esto es solo una especulación, la zona en que tengo la cánula, la parte lateral de mi cintura, donde tengo más depósito de grasa, no estuvo absorbiendo bien la insulina durante el día (de ahí mis salidas de rango post prandiales), y al acostarme, y presionar justo de ese lado, se haya generado un efecto así como de masaje que haya hecho que en ese momento sí pasara bien la insulina… No lo sé… Puede ser. 

En diabetes todo puede ser.

No soy un súper héroe. Y aunque algunos dicen que en vez de capa usamos glucómetros e insulina, no me interesa serlo. Menos si con algunas acciones pongo en riesgo mi seguridad.
Esto se los cuento para que vean que esta es mi realidad. Quizás no muy distinta a las que les toca vivir a ustedes. Para que vean que quien parece el ejemplo y la inspiración, luego de 30 años sigue cometiendo errores, porque humanos somos.

Vivimos en una cuerda floja, en un precario equilibrio. Vivimos tomando decisiones frente a lo que vendrá. Qué agotador suena… Que agotador es.


¿Cómo estar mejor y evitar que estas cosas pasen? C
Solo sacando lecciones. Solo levantándonos una y otra vez.

Nadie dijo que la tecnología es infalible. Nadie ha dicho que el uso de la bomba de insulina elimina las hipoglicemias. Las disminuye, sí. Y de eso puedo dar testimonio.
Pero justamente el tener menos hipoglicemias cada día, hace que cuando me ocurren episodios como los que les he descrito algo de decepción se produzca. Y mucho de rabia conmigo mismo. Pero no saco nada con quedarme pegado en eso, debo moverme, debo dar el paso siguiente.

Porque mientras tenga neuronas que sigan haciendo su trabajo, que sigan haciendo sinapsis y comunicándose unas con otras, pues seguiré pensando, actuando y manteniendo el equilibrio para mañana estar mejor que ayer.

Marcelo González.

De diabetes, sentimientos y otras cosas más para divagar.

No soy médico ni chef, por lo mismo no doy recetas de ningún tipo.
Solo soy un paciente compartiendo su experiencia y algunas de las cosas que ha aprendido en casi 30 años con diabetes tipo 1.

¿La hipoglicemia provoca miedo, vergüenza? ¿Qué más?

La semana pasada estaba siguiendo el Congreso de la Sociedad Española de Diabetes vía redes sociales.
Y me llamó positivamente la atención que en una ponencia sobre hipoglicemias se mencionara que en materia de educación, hay que trabajar en los sentimientos negativos que ésta ocasiona en los pacientes, principalmente el miedo y la vergüenza.


¿Cuántos confesamos eso ante nuestros doctores o familiares más cercanos?

¿Ustedes sienten las dos cosas, miedo y vergüenza, frente a las hipoglicemias? ¿Solo uno? ¿Otros más? 
¿Cuántos de ustedes han recibido esa pregunta por parte de su medico o el personal sanitario? ¿Han hablado realmente sobre los sentimientos en la consulta?


Bueno. Les pregunté directamente en Facebook qué sentían ustedes en relación a la hipoglicemia… Y las respuestas fueron variadas, pero significativas.

Acá hay una lista:

Impotencia (por tener que dejar de hacer lo que se está haciendo para medir, inyectar, corregir o subir una baja)
Orgullo (de los padres al ver a sus hijos enfrentar y superar la adversidad).
Rabia.
Culpa.
Miedo (que hace que uno no ajuste más el control).
Vulnerabilidad.
Precaución (respeto).
Miedo a dar miedo a otros.
Miedo a lo desconocido.
Angustia.
Pavor.
Coraje.
Pena, tristeza.

Preocupación.

Vergüenza.

Ya saben, pero yo hablo desde mi posición de paciente, que es muy distinta a lo que puede sentir un padre, pareja, familiares o amigos de alguien que tiene diabetes.

Y es que quizás el tener tantos años ya con diabetes y nunca haber tenido una hipoglicemia severa haga que no les tema.
Sí les tengo respeto, y por supuesto trato de evitarlas. Pero miedo a las hipoglicemias no tengo.


Sin embargo logro entender lo que sienten, porque en más de una ocasión a lo largo de mi vida con diabetes yo mismo lo he sentido.


Seguro que los sentimientos van mutando, forman parte nuestra propia evolución. Y quizás la vergüenza de enfrentar una hipoglicemia que es responsabilidad 100% de nosotros, porque sabíamos que no comeríamos todo lo que pensamos, da paso al cabo de los años a la pena y la frustración por no poder controlarlas mejor.


Como no soy ningún super héroe de capa y antifaz, ni pretendo serlo, les voy a confesar un par de cosas.



La primera es que cuando mi hijo estaba recién nacido y mi esposa hacía turnos de 24 horas en un hospital público de Santiago de Chile, yo tenía miedo a tener una hipoglicemia nocturna, pues mi hijo estaba 100% a mi cuidado. Y el miedo era a dejarlo a él solo. Un bebé indefenso, con poco más de tres meses de edad y su padre convulsionando el la otra habitación era la imagen que tenía y que obviamente quería sacar de mi cabeza. Pero me resultaba difícil. 
Mi esposa me llamaba a las 3 AM para saber cómo estaba… Y estaba despierto muchas veces… Hasta que ella llegaba a casa por la mañana.

Nunca me pasó nada. Ya saben, nunca he tenido una hipoglicemia severa. Pero ese era mi gran miedo.

Hoy el bebé acaba de cumplir 18 años y él me avisa a veces que está sonando la alarma de baja de mi bomba de insulina 😉

Y lo segundo tiene que ver con el dicho ese: “el que nada sabe, nada teme…”


Porque estoy seguro que en materia de diabetes el saber más hace que uno tenga más conciencia de lo vulnerable que es.

Es bueno que les recuerde que en 1994, 8 años después de mi diagnóstico, y en una prueba absoluta de no haber asumido en propiedad que tenía diabetes tipo 1, sin preocuparme de aprender nada extra más allá de lo que decía el médico en el que confiaba, yo tenía 12.4% de hemoglobina glicosilada.

Sí, el nuevo medico que vio me hizo entender que iba directo al precipicio… Y que si yo no hacía algo drástico al respecto, nadie lo iba a hacer por mi.

Obviamente lo primero fue cambiar de tratamiento y comenzar a aprender lo más posible, como un nuevo diagnóstico (no me gusta la palabra “debut”).

Así fue como me involucré cada vez más en el mundo del conocimiento de la diabetes. 
En pocos meses logré revertir el incipiente daño a nivel renal y de la retina, bajar mi hemoglobina glicosilada a rangos que bordeaban los 6.5% y a sentirme bien conmigo mismo y mi diabetes.

Y parecía que la vida me sonreía. Cuidándome a diario, gastando mucho en los insumos (hasta que llegó el GES en 2005), con hemoglobinas rondando el 6%… Pensaba que había “derrotado” a la diabetes.


Pero la dura realidad me dio como una puerta en la nariz. 


En 2006, en un congreso mundial de diabetes, recuerdo que frente a la imposibilidad de asistir a las conferencias le pregunté a un medico qué era lo más novedoso que había visto hasta ese momento. Y me habló de un nuevo concepto que estaba generando alertas: la “memoria metabólica”.

Resulta que ahora hay más personas que han vivido más tiempo con diabetes usando distintos tratamientos, y han sido seguidas en estudios por muchos años, entonces es posible sacar algunas conclusiones. Como por ejemplo esto de la memoria metabólica, que no es más que el efecto futuro que tiene el control en los primeros años luego del diagnóstico.

Podrán imaginar lo que me dijo el médico: quienes tuvieron buen control los primeros años, tendrían menos complicaciones que aquellos que no.
Y comencé a vivir con la espada de Damocles sobre mi.

Perdí 8 años de mi vida. No me cuidé… ¿Consigo algo con culpar a otros? ¿Cambia en algo mi presente? No, nada.
¿Me preocupa? Claro… Cada cierto tiempo. Cuando queda de manifiesto que vivo en un precario equilibrio, en la cuerda floja como puse hace poco en una red social.

Por eso creo que mi mayor temor hoy es que a pesar de hacer lo mejor posible, de cuidarme lo más que puedo, de mantener hemoglobinas glicosiladas bajo 6%, de hacer lo que se supone que tengo que hacer, no tengo garantías de no tener complicaciones. Nadie me lo puede asegurar… Bueno, a nadie se lo pueden garantizar. 

Vivir con eso en la mente no es fácil.

Y cuando aparece algún síntoma físico que tiene que ver con el tema… Les confieso que a veces hay pánico.
Y sí, lo he sentido, sobre todo con la gastroparesia (complicación de origen neuropático que tiene que ver con la afectación de los nervios de la zona abdominal, que hacen que el vaciamiento gástrico sea más lento).


Es cierto que mi médico me dijo que en realidad para 30 años con diabetes tipo 1 y el mal control de los 8 primero, estoy muy bien, y debería tener muchos años más sin grandes complicaciones…
Pero la verdad, si lo pienso bien, eso me consuela poco en algunos momentos.


Pero no se equivoquen. No es que ande pensando en eso siempre. No, no es así… Es como una nubecilla que de pronto esconde al sol, pero ya luego viene el viento del optimismo y la aleja.


Ahora bien. Ya les decía que no soy un súper héroe, y ustedes tampoco. O por lo menos no tiene que actuar como uno. Y cuando llega un punto en que sentimos que no podemos lidiar con lo que se nos presenta, lo mejor es buscar ayuda.


Porque es bueno confrontar nuestros sentimientos negativos antes que nos hagan daño.

La diabetes sí hace que nos sintamos amenazados, y como defensa surge la rabia. Pero mirado desde el punto de vista positivo, eso puede hacer que uno se cuide más. ¿Por qué no hacerlo entonces?



Para comenzar yo les diría que una de las claves es nunca dejar de aprender, pues la diabetes cambia con nosotros.

Hay que compartir lo más que puedan con sus seres queridos y con otras personas con diabetes. A veces la gente no sabe cómo ayudar pero quiere… Conversen.

Establecer límites es muy bueno, y buscar ayuda profesional para adquirir herramientas y habilidades que les permitan manejarse mejor en el día a día son caminos para estar mejor.



Es la hora de cambiar el “tengo que medirme, tengo que inyectarme, tengo que contar carbohidratos porque tengo diabetes”, por un “Voy a medirme, voy a inyectarme y voy contar los carbohidratos porque quiero pasarla bien y disfrutar con mi familia ahora y el resto de mi vida”.



El momento para cuidarse es ahora, no lo dejen pasar.










Medtronic Diabetes Advocates Forum 2016 #MedtronicDAF

(O el Foro de Activistas de la Diabetes de Medtronic 2016)

Ahí estuve.
Este era el cuarto encuentro de este tipo en el que Medtronic, fabricante de bombas de insulina entre otros insumos médicos, invita a un grupo de pacientes con diabetes, empoderados, activos en las redes sociales, para intercambiar opiniones, contarles algunas de sus novedades y recibir de primera fuente retroalimentación de cómo están haciendo su trabajo, o cómo es percibido.

Para mi, es un focus group más honesto: conversamos directamente con ejecutivos claves en la compañía y no nos guardamos nada. No nos invitan para que les digamos que lo están haciendo fantástico, eso se los aseguro.

Fue justamente este evento en 2014, al que los pacientes de Latinoamérica no fuimos invitados pues estaba reservado solo para pacientes de los Estados Unidos, el que originó las reuniones que hemos venido teniendo como #diabetesLA (diabetes en Latino América). 
En aquella ocasión, hicimos las quejas vía redes sociales, pues nosotros veíamos que teníamos los mismos méritos para ser invitados que los asistentes que allá estaban. Nuestro reclamo fue escuchado y dos meses después se tradujo en nuestra primera reunión, a fines de marzo de 2014, en Ciudad de México.

De izq. a der. Bianca, Brasil; Tanya, Puerto Rico; Mariana, México; Carolina, Colombia; y Marcelo, Chile.

De izq. a der. Bianca, Brasil; Tanya, Puerto Rico; Mariana, México; Carolina, Colombia; y Marcelo, Chile.

Me enteré que había sido invitado este año durante mis pasadas vacaciones, en enero. Y no me sorprendió.
La modestia no es mi estilo, lo saben 😉 Creo que a lo largo de estos ya más de 10 años participando activamente en internet y luego en las redes sociales, tengo un espacio ganado tanto en el mundo “on” como “off line” de la diabetes.

Mi relación con la industria se basa precisamente en lo que Medtronic y otros laboratorios del área buscan: colaboración, respeto, honestidad, y que todos ganemos.



Llegar a Los Ángeles desde Chile no es fácil. Es un viaje largo, generalmente con una escala. Más de 12 horas de vuelo, seguro.
Así que medio “destruido” llegué el miércoles 13 por la mañana, con 4 horas más en el cuerpo, pero 4 menos que en Chile en el reloj de pulsera.

Durante el resto del día fueron llegando los otros participantes, para reunirnos todos hacia el final de la jornada en una cena de bienvenida, que sirvió para poner voz a muchas caras conocidas a través de la web.
Breve presentación, y cena para compartir nuestras primeras impresiones entre nosotros y con ejecutivos claves en la atención al paciente. Excelente apuesta!
Luego, ir a dormir temprano (aunque mi cuerpo ya me decía que era la 1 AM) para iniciar la jornada del jueves a las 6:45 AM, pues tendríamos un día lleno de conferencias y conversaciones.

Y así fue.

Comenzamos la serie de presentaciones.

Conocimos al jefe de la recientemente creada Oficina del Paciente. Vaya novedad novedosa. Esperamos que con el correr del tiempo la importancia de esa oficina se note en cambios reales en las formas en las que Medtronic se relaciona con el paciente, pues está claro que el trabajo no termina el día que venden una bomba de insulina, ese día debiera comenzar una relación que para perdurar debe ser alimentada de permanente comunicación.
Porque si solo se tratara de apretar botones, todos podemos hacerlo; pero llegar a sacarle verdadero provecho a una bomba de insulina requiere mucho más que eso. Y la asistencia y acompañamiento es vital.




Somos una audiencia especial. Los pacientes empoderados invitados a este evento, estamos un paso adelante que otros, por iniciativa propia. Por eso no es fácil vendernos cualquier idea. Somos críticos y buscamos debajo del agua.
No estamos ahí porque seamos lindos o le caigamos bien a Medtronic. 


“La atención centrada en la persona, la diabetes es un trabajo arduo, oportunidades para conocer mejor las necesidad de los usuarios”… Sí, es bonito, muy bonito en una presentación. 
Es muy bonito escucharlo en los cuarteles generales de la compañía, en el primer mundo, en Los Ángeles, USA… 
Pero y qué pasa más al sur del continente, donde a nosotros más nos interesa…
En verdad, ¿qué pasa desde México hacia abajo, hasta llegar a Chile? 
La queja recurrente es que todo lo que oímos como ideal, salvo honrosas excepciones, no ocurre en nuestro países. Lo bueno es que Medtronic ya está consciente de aquello y está trabajando para solucionarlo.

¿Saber que la nueva MiniMed 670G tendrá una infusión basal automática las 24 horas y se prepara su envío para aprobación a la FDA? Ya lo sabíamos.

¿Saber que se viene una nueva generación de sensores Enlite? Ya lo sabíamos.
¿Nuevo dispositivo 2 en 1: sensor y cánula para disminuir pinchazos, con 7 días de duración? Ya lo sabíamos.

¿Saber que Medtronic firmó una alianza con IBM para manejo y análisis de todos los datos de los pacientes? Ya lo sabíamos.
..

Con esto no quiero menospreciar el contenido que nos compartió Medtronic.

Fue un buen resumen de lo mucho que leemos a diario, fragmentado, desde muchas fuentes. Pero ahora lo recibimos contextualizado y acompañado de buenas explicaciones por parte de los ponentes. Ya vendrán los detalles particulares en una próxima entrega.

El grupo de blogueros invitados, con representantes de USA, Canadá y Latinoamérica.

El grupo de blogueros invitados, con representantes de USA, Canadá y Latinoamérica.

Claramente reunir a poco más de 20 blogueros de USA, Canadá y Latinoamérica hace que las posturas sobre sus necesidades sean muy diversas. Hay temas transversales, sí; pero cada individualidad le aporta sus matices. Tenemos realidades distintas en todos los países… Y mientras el tema del acceso se vuelve común (acceso a bombas en condiciones favorables para todos), cuando en algunos casos ni siquiera se tiene acceso a insulina las peticiones de bombas parecen ser completamente extemporáneas. ¿Cómo nivelar esas diferencias? Con trabajo y más trabajo colaborativo.

Y con una actitud positiva.
Porque si nos vamos a frustrar con cada adelanto que nos muestra Medtronic en los que está trabajando, y usamos el argumento: “pero es que en mi país no hay acceso…”, pues mejor no asistimos a este tipo de eventos y nos enfocamos nada más en hacer algo por nuestros glucolegas en nuestro propio territorio.


Entonces, debemos mirar con buenos ojos la alianza de Medtronic con IBM. Porque como la diabetes es una enfermedad de datos y su manejo, llegará el momento en que el sistema, analizando toda la información que le entreguemos, podrá predecir una hipoglicemia con 3 horas de anticipación, y podremos evitarla.

Cómo no va a ser relevante saber los esfuerzos que se hacen para acercar la terapia a los pacientes con diabetes tipo 2, que pueden obtener grandes beneficios con el uso intensivo del monitoreo continuo por ejemplo.

O saber de los acuerdos que se están llevando adelante en el Reino Unido, China o México para mejorar el acceso de la población de pacientes.
A estar atentos, porque de ellos ya muy pronto tendremos noticias.



La experiencia me indica que la mayoría de las veces, en estos eventos es más importante lo que ocurre tras bambalinas que en una presentación formal.


La oportunidad de conocernos en persona, de reencontrarnos con los amigos con los que iniciamos y ya recorremos un largo camino siempre es bueno.

La oportunidad de dialogar con quien es el responsable del diseño de un software, hablar de usabilidad, de oportunidades para mejorar, quejarnos directamente por lo que consideramos es deficiente, no se tiene todos los días.

Esta “línea directa” que abre Medtronic es un canal fantástico para ayudarles a cumplir parte de su misión: transformar el cuidado de la diabetes para una mayor libertad y una mejor salud. Y no debemos desaprovecharla.

Agradezco eso. Agradezco la invitación, agradezco el espacio para ser escuchados y escuchar. Agradezco el poder compartir con pares, iguales a mi, apasionados en hablar de diabetes y hacer cosas por la diabetes, por la nuestra, por la de todos. Personas a quienes la diabetes nos ha unido en la búsqueda de una mejor calidad de vida.


La jornada finalizó con el compromiso de apoyar dos campañas de defensoría, una para el mercado de USA, y otra para diabetesLA, lo que para nosotros significa un gran logro. Por lo mismo es que de eso les hablaremos más adelante.

Regreso a Chile cansado pero feliz. Con la certeza que hay mucho por hacer. 
Pero eso nos mueve siempre, el desafío de levantarse cada mañana y tener otras 24 horas para lograr los más felices números del mundo.


Marcelo González G.

MiDiabetes



Nota: como lo dije en Twitter y Facebook, Medtronic pagó mi viaje, incluido el alojamiento, las comidas y la Coca Zero… Pero mis opiniones nunca han estado en venta.

A modo de balance del 2015.

Feliz 2016!

Feliz 2016!

A la hora del balance, puedo resumir este 2015 como un año intenso.
Muchas actividades llenaron mi agenda.Viajes al extranjero y dentro de Chile. Conferencias como asistente y como ponente.

Un cúmulo de hechos que fueron consolidando una convicción: hay que dar un paso más, hay que comprometerse más.

La desgracia que afligió a algunos de mis compatriotas en el norte de Chile, con los aluviones de marzo pasado, fue una señal. La forma en que rápidamente pudimos responderles, no solo con frases de apoyo a la distancia, si no que con acciones concretas, envío de insumos a quienes más lo necesitaban, fue notable y me llenan de orgullo y emoción. El impacto que hemos logrado con la campaña para pedir que las bombas de insulinas estén cubiertas por nuestro seguro de salud (tema aún no resuelto) lo vino a reafirmar.

La necesidad de pertenecer a un colectivo que por ahora sustenta su relación a través de las redes sociales debe ser concretada.

No podemos dejar que la unión lograda se diluya.
Hay tanto por hacer.

La voz de los pacientes con diabetes en Chile, y más allá, debe ser escuchada…
Pero para eso, hay que levantarla.

Subsisten muchas injusticias. Se cometen arbitrariedades, hay irregularidades. Y más que ser parte del problema, los pacientes podemos ser parte de la solución.
Pero para eso se necesita un paciente empoderado, un paciente informado. Un paciente que sepa a cabalidad sus derechos y sus deberes, y como tal esté dispuesto a hacerlos valer, por los canales que la propia institucionalidad nos entrega.

Hoy en Chile vivimos en un aparente paraíso en relación a la disponibilidad de tratamientos tanto para la diabetes tipo 1 como para la diabetes tipo 2. Pero las cifras que vemos de pacientes bien controlados contrasta negativamente con eso. ¿Qué pasa en el camino? ¿Por qué la gente no tienen lo que necesita? ¿Qué falta? ¿Es solo educación o hay otras cosas?

Respuestas pueden haber muchas. Llegará el momento de darlas.Pero sí es el momento de comprometerme ante ustedes.

Sí es el momento de anunciarles que haremos una ONG, fundación, corporación o la figura legal que se necesite, para intentar ayudar y canalizar formalmente un trabajo que ya se prolonga por varios años.

No será fácil. Pero si ya me dedico 100% a esto y sabiendo que cuento con el apoyo de amigos que han recorrido el mismo camino que yo, con diabetes, lo conseguiremos.
Y lo más importante, espero contar el apoyo de todos ustedes.

Marcelo González.
Con diabetes tipo 1 desde 1986, a los 18 años de edad.

Con diabetes y con los afectos a flor de piel… Con Fupadi en Paraguay.

¿Alguien puede poner en duda que al conocer a un perfecto desconocido nos basta saber que tiene diabetes tipo 1, o está relacionado con ella de alguna forma, para saber que estamos a punto de iniciar una conexión que nos llevará a descubrir lo parecido que pensamos y sentimos?
¿Cómo explicamos que personas que no se han visto nunca antes, que nunca antes han compartido el mismo espacio físico puedan coincidir tanto y se expresen tanto afecto sin una “historia” previa?

Quizás eso se explicaba antes con la “química de las relaciones humanas” y era la excepción de la regla. Pero hoy las redes sociales lo facilitan.


Estando en la celebración del matrimonio de una “mamá páncreas”, la esposa del glucolega y médico paraguayo Víctor Arias me dijo sorprendida luego de recordar que suelo tomar café descafeinado: “¿Tomas descafeinado, cierto? Sí, tomas descafeinado. Es curioso, se muchas cosas de ti, jajajajaja”.
Cuando Victor fue diagnosticado hace unos 11 años, su esposa Claudia, también médico, buscó información en la web y llegó a mi blog. Y así iniciamos una relación a través del ciber espacio, con regular intercambio de mensajes. Siempre con el deseo de encontrarnos en persona.

Quiso el destino que lo consiguiéramos en 2012, en Madrid. Y el año pasado también en Chile, en una visita de capacitación que hizo Víctor. 
Por lo que cuando hace un tiempo Silvana González, de Paraguay, mamá de un chiquito con diabetes tipo 1, y con quien también había intercambiado mensajes, me dijo que quería hacer lo posible por tenerme en su país, compartiendo con los pacientes de la Fundación Paraguaya de Diabetes Fupadi, no dudé un minuto en decirle que encantado iría.

La visita que se concretó los pasados días 20 y 21 de noviembre.
No estuvo fácil acordar las fechas, pues como habrán visto en mis publicaciones, desde fines de octubre que no paso una semana y media seguida en casa, entre congresos, cursos y presentaciones varias. Ya sabemos que todos los años, las actividades se concentran en noviembre… Y la agenda se llena rápidamente.
Todas las incomodidades de un viaje tan tarde por la noche (llegué pasadas las 2 AM a Asunción) fueron olvidadas cuando vi a Víctor esperándome en la salida de vuelos internacionales. Lo divisé de lejos entre las pocas personas que ahí había a esa hora. Tenía en su manos el clásico cartel que lleva la gente que no conoce a quien va a buscar. Pero no era el caso, pues ya nos conocíamos. Y el cartel decía #BombaDeInsulinaAlAUGE.
Era su particular forma de darme la bienvenida a su país. Era su forma decirme “estás en casa, compañero de ruta”.
Lo que vino de ahí en más, quedará grabado en mi memoria hasta que llegue el momento de partir de esta vida.


El glucolega y médico Víctor Arias, esperando en el aeropuerto.

El glucolega y médico Víctor Arias, esperando en el aeropuerto.

No voy a entrar en detalles, porque tampoco quiero olvidar a nadie, pero las muestras de afecto y admiración que recibí superan cualquier otra circunstancia anterior, por lejos. Creo que nunca me sentí tan querido antes.
Participé en tres actividades oficiales, y en muchas conversaciones informales. Y en todas pude ver las enormes coincidencias que nos unen frente al presente y futuro con diabetes que queremos cambiar.
Escuchar las palabras de agradecimiento, los abrazos, tan sinceros, tan desde adentro no podían si no emocionarme y comprometerme más todavía en la causa que defendemos.


Dar mi testimonio de vida, aportarles desde mi experiencia, desde estos casi 30 años con diabetes tipo 1 es algo que se me da fácil. 
Lo importante que puede ser escucharme para una familia donde hay un hijo u otro pariente con diabetes tipo 1 es algo que percibo en sus miradas, en sus gestos, en sus palabras cuando estoy frente a ellos.

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Tengo grabados innumerables detalles y personas.
 Si nombro a alguna se me va olvidar otra… 
Pero no puedo dejar de mencionar junto a los ya nombrados Víctor y Claudia, a Paty, a Mami Samaniego, a Allan, José, Tania y Fany y la Dra. Ale Rolón.

Pero quien se lleva mis mayores agradecimientos, por ser la artífice de que yo llegara hasta allá… Y estuvo preocupada por mi hasta saber que había arribado sano y salvo de vuelta a casa, es Silvana González.

Con Silvana González. Gracias!

Con Silvana González. Gracias!


Silvana es una bella persona, por fuera y por dentro. Silvana es una mamá que ha dado un paso adelante luego del diagnóstico de su hijo menor con diabetes tipo 1. Es una mujer que lleva en su ADN el deseo de aprender más y ayudar a otros. Una mujer que está dispuesta a ponerse el overol y trabajar codo a codo, sudando la gota gorda, por la causa. Porque sabe que eso es bueno para todos.

Ya te lo dije muchas veces Silvana… Gracias! Gracias por ser, gracias por estar. Si este mundo tuviera muchas Silvanas, sería un lugar mejor para vivir. Pero tú, y quienes la vida a puesto a tu lado en este camino, lo están haciendo cada día.

Ya hay un antes y un después de Paraguay en la vida de MiDiabetes. 
Ya se donde me gustaría ir si me dan a elegir cualquier lugar del mundo… Porque donde están mis amigos, ahí quiero estar.


La bomba de insulina debería estar en el AUGE.

En días pasados, les compartí acá mismo una publicación sobre las bombas de insulina y mi deseo (el de muchos) de su incorporación al AUGE.
La mayoría de ustedes sabe que uso la terapia con bomba de insulina desde 2006, con una interrupción de dos meses (los peores desde que fui diagnosticado creo, sin exagerar).
Hoy no cambiaría por nada esta forma que tengo de administrarme la insulina. Hoy no quiero volver atrás.
Yo se que podría volver a pincharme más de 150 veces en el mes… Yo se que podría resistir, quizás, las hipoglucemias a diario… ¿Pero por qué habría de hacerlo? ¿Por qué si la tecnología está disponible aquí mismo, en nuestro país? ¿Por qué si los expertos la recomiendan? ¿Por qué si la terapia ha probado ser efectiva? ¿Por qué si el uso de la bomba e insulina me ha brindado los mejores años de toda mi diabetes?

Soy afortunado. Cuento con los recursos para poder costearla, porque todos sabemos… No es barata.
Y ser afortunado (como los poco más de 500 compatriotas glucolegas que la usan) no significa que todo resulte fácil. Mantenerla no resulta fácil.

Y con la responsabilidad que me cabe el haber creado esta comunidad y brindarles el espacio a todos ustedes para que compartamos nuestra diabetes y aprendamos juntos, siento que llegó el momento de dar un paso más.
Llegó el momento de intentar algo más. Siento que se los debo. Siento que es justo que más personas puedan tener la opción de disfrutar los mismos beneficios que he obtenido yo al usar una bomba de insulina. ¿Por qué no?

Tenemos derecho a soñar un mañana mejor, tenemos derecho a exigir de nuestras autoridades un mañana mejor. Se trata de nuestra salud, de la salud de nuestros hijos.
¿Por qué las bombas de insulina deberían estar cubiertas por nuestro seguro de salud en Chile?

El *mayor estudio con bombas de insulina en población infantil arrojó que:

– La terapia de bomba de insulina comparada con las inyecciones de insulina en niños y adolescentes mejora y mantiene el control glucémico,
– Reduce las tasas de hipoglicemia severa, 
– Reduce la hospitalización por cetoacidosis,
– Reduce los requerimientos de insulina,
– Y todo esto sin comprometer el índice de masa corporal.

Estas conclusiones las podemos llevar a un gran concepto: mejor calidad de vida.

Por eso es que este martes 22 de septiembre, a las 19 horas de Chile, nos reuniremos en una marcha virtual en todas las redes sociales para iniciar nuestra campaña y pedir la Bomba de Insulina Al AUGE.

* Fuente: http://www.diabetologia-journal.org/files/Johnson.pdf

Mi hemoglobina glicosilada: de 12.4 a 5.8%.



En agosto de 1994 yo tenía 8 años con diabetes y 12.4% de hemoglobina glicosilada (HbA1c). Tuve que conocer a quien sería mi esposa y madre de mi hijo para darme cuenta lo mal controlado que estaba. 


21 años después seguimos más juntos que nunca con Tamara, mi hijo tiene 17, pero ya no tengo 12.4% de HbA1c.
¿Cómo es posible que en 8 años desde que fui diagnosticado con diabetes tipo 1 nunca me pidieron una HbA1c?
 Eran otros tiempos… No había tanta información… Que yo no supiera quizás podía justificarse, pero ¿y los médicos?

21 años después tengo, por segunda vez, 5.8%.

Si bien es cierto que mantengo HbA1c bajo 6.6 desde 1995, luego que me apliqué, que me involucré activamente en el control de mi diabetes, está cifra de 5.8% debe ser de las que me tiene más contento. 
Y no necesariamente porque sea la más baja, si no porque es el resultado de un trabajo muy minucioso.

La gente que no me conoce lo suficiente suele decir con la primera información: “Ah… Es que tú usas bomba, por eso tienes esa hemoglobina glicosilada”.


La verdad sea dicha: tengo hemoglobina glicosilada bajo 6.6% desde 1995, usando insulina cristalina y NPH, con lápices y jeringas, con unas 4 o más mediciones de glucemia al día.

Yo comencé usar la bomba de infusión de insulina en noviembre de 2006. En ese momento yo tenía 6.1% de HbA1c.
Y lo que más recuerdo cuando se presentaron las bombas de insulina en Chile, fue lo que me dijo Mieco Hashimoto, Enfermera Educadora en Diabetes de Medtronic (que vino a dar una conferencia): “Marcelo, la bomba no va a mejorar mucho tu HbA1c, pues ese valor ya está bien. Lo que puede hacer es mejorar tu calidad de vida. Hará que el resultado de tu HbA1c sea consecuencia de un mejor control glucémico, con menos variación, menos altas y bajas seguidas, con más estabilidad”.
 Y tenía toda la razón.

Mi anterior 5.8% fue producto del uso del Monitoreo Continuo Dexcom. Con él aprendí muchas cosas.
 Y este 5.8%, debo atribuirlo en gran medida al uso de la bomba de insulina MiniMed 640G, de Medtronic.
 Porque antes de ella estaba en 6.1. Pero venía con muchas hipos largas… Sostenidas por la noche. Lo que me llevaba a comer para compensarlas y se me pasaba un poco la mano. Inestabilidad glucémica era la constante. Es que también había dejado de usar el Dexcom.


Pero tampoco nos engañemos.
Cuando uno inicia un tratamiento nuevo, o da un paso adelante en el que ya tenía, hay una motivación extra que nos puede llevar a tener buenos resultados, con cierta seguridad. 

Estoy usando una bomba nueva, quiero sacarle el mayor partido, me aplico, aprendo harto, estoy atento, me controlo más, me fijo muy bien en lo que como, hago un buen conteo de hidratos de carbono… Y zas! Los resultados llegan. 
Es que hay que ser rigurosos.


Pero… No podemos negar que la tecnología ayuda.

Si hasta he bajado tres kilos sin hacer ejercicio extra! 

La tecnología Smart Guard de la nueva bomba de insulina MiniMed 640G funciona. A mi me funciona!
 Yo era un poco escéptico al respecto. Los sensores de Medtronic no tienen tan buen resultado como los de Dexcom, eso es un hecho científicamente comprobado. Además, la forma de aplicarlos, muy traumática a mi juicio, tampoco ayuda mucho.


Pero me acostumbré. Porque me di el trabajo de ser paciente y de encontrar la zona en mi abdomen en donde funcionan mejor. Y estoy obteniendo muy buenos resultados.

Además, con una variabilidad glucémica reducida (no hay tantos altos ni bajos), el sensor anda más preciso.



Debo agradecer la fortuna de vivir en esta época y también tener la oportunidad de usar esta tecnología hoy. 


Pero siempre con la esperanza de que lo mejor está por venir.

¿Cuánto marcará mi próxima HbA1c? Espero que menos de 5.8%.

A veces Mi Diabetes me duele.

Bueno, bueno... Algunos sensores de #Medtronic parece que no me quieren  #Enlite #sangre #blood #cgm #MonitoreoContinuoDeGlucosa

¿Qué es el dolor para ustedes?
¿Qué significa para ustedes decir “me duele”?

A veces Mi Diabetes me duele.

Y no estoy hablando de sufrimiento, que es otra cosa. Al menos para mi, y de eso hablaremos en otro post.

La RAE adjudica a DOLOR dos definiciones:



dolor.
(Del lat. dolor, -ōris).

1. m. Sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior.
2. m. Sentimiento de pena y congoja.



Sin pensar mucho, sobre esa base, cuando yo digo que a mi, mi diabetes a veces me duele (sobre todo al poner un sensor o pinchar un dedo), en realidad lo digo desde el punto de vista del paciente que tiene esa “sensación molesta de una parte del cuerpo”, la de la definición 1.


Y atención, que no estoy hablando de ninguna complicación de largo plazo originada por la diabetes. Reitero, me refiero al pinchazo en el dedo, a una inyección de insulina, al cambio de una cánula, a la puesta de un sensor de monitoreo continuo de glucosa.

Me refiero al dolor que podemos sentir en el día a día.


¿Puedo elegir que no me duela esa acción? ¿Puedo decidir que no me duela?

 Creo que si nos atenemos a la definición número 1, no. No puedo decidir que no me duela.

Y en el caso de la definición 2… Es más difícil pero no imposible. Eso ya cae en el ámbito de la psicología y algún tipo de terapia según sean las circunstancias del paciente.


Por otro lado, cada uno tenemos una percepción distinta del dolor. Y eso es muy válido. Dicen que los hombre somos más cobardes. Que sometidos al dolor de un parto natural, seguro no lo soportaríamos como sí lo hacen muchas mujeres.


Pero entendámonos.

Alguna vez ya escribí acá un post titulado “Trata de ponerte en mis zapatos”, que justamente tocaba el tema, pero más enfocado en aquellos profesionales de la salud que muy livianamente le dicen al paciente (y a sus estudiantes de medicina): “No, si la insulina no duele. Si las agujas son tan pequeñas que ni se sienten. Y los pinchazos bien hechos en los dedos ni se notan”.


Algo de razón tienen. Pero permítanme decirles que cada ser humano es único y lo que para uno es apenas un cosquilleo, para otros puede ser mucho más. Y la insulina fría duele, y otra arde. Y pincharse en la yema del dedo duele más que en los bordes y más todavía si es con una lanceta usada más de una vez…


Por cada 4 veces que me pincho los dedos y me digo: no quiero que me duela… me duele una. Y vaya que duele a veces. Y eso es así.


Puedo tratar que ese dolor físico no afecte mi estado de ánimo. Puedo comunicar ese dolor para buscar empatía en un semejante. También puedo utilizarlo para victimizarme.

Pero decidir que no me duela. Mmmm… Creo que no puedo…


Menos cuando me preguntan directamente al verme medirme una glicemia: “¿Te duele?”.



¿Y si me lo pregunta un chico pequeño, recién diagnosticado?
¿Qué le voy a decir? “No, no te preocupes, si no duele…”.

Para mi eso sería mentirle, porque he sentido dolor físico en mis dedos miles de veces ya (saquen la cuenta, 29 años con diabetes tipo 1… Y los últimos 20 con 4 o más glicemia diarias…).

Obviamente no pondré mi peor cara de dolor, ni usaré palabras que lo lleven a condicionar negativamente ese acto tan rutinario para nosotros de pincharnos los dedos cada día. Diré: “A veces duele, a veces no duele, pero la idea es hacerlo de la mejor forma para que no duela”.
Si le digo que no duele y a la primera que se pincha le duele, quedaré como el más grande mentiroso del mundo mundial.

Es cierto, a veces a mi la diabetes me duele.