Estoy suscrito a innumerables servicios de noticias sobre diabetes, a muchos portales que envían newsletters cada vez a que aparece algo nuevo sobre el tema; constantemente reviso las publicaciones especializadas y los sitios web de las principales asociaciones de diabetes del mundo. Sitios de clínicas, centros de investigación, hospitales y prestigiosas universidades son una parada regular. También lo que dice la industria que gira en torno a la diabetes ocupa parte de mi tiempo cada día. Por cierto, leo los blog de muchos pacientes que, al igual que yo, comparten su día a día con diabetes con el resto de la DOC (Diabetes Online Community)… Y converso harto con personas que andan en las mismas que yo: buscando más y más información.
Y siempre aparece por ahí algún estudio que da esperanzas sobre la cura de la diabetes, un nuevo tratamiento o sobre la “posible prevención de la diabetes tipo 1, porque se ha descubierto no sé que gen que si se modifica puede ser, que a lo mejor, quizás, en una de esas, quién sabe, se logre evitar que el sistema inmune destruya las células beta…”.
Por razones éticas, ningún estudio parte inmediatamente en seres humanos. Nuestros amigos los ratones de laboratorio suelen ser quienes han de pasar por todo el padecimiento para que llegado el momento, si los comités de ética lo aprueban y la investigación lo amerita, la investigación continúe en personas.
Sin desmerecer el valor de toda la investigación científica, queda claro que generando un “paciente ideal” (el ratón) en un “mundo ideal” (el laboratorio), es más factible llegar a los resultados esperados. Se simplifica el problema, se reducen las variables para lograr aislar la más relevante, la que se quiere probar (recuerdan el método científico que nos enseñaron en la escuela) y ya está, se obtienen conclusiones.
Insisto en que no estoy menospreciando el trabajo, hay mucho esfuerzo, dedicación y recursos en ello. Y alguien tiene que hacer esa labor.
Por lo mismo es que estoy seguro que si fuéramos ratones ya estaríamos curados. ¿ Cuántas veces he leído que se ha curado la diabetes… en ratones? ¿Cuántas veces he escuchado que se puede prevenir la diabetes tipo 1… en ratones? ¿Cuántas veces he visto un reportaje que muestra que si se modifica un gen o se usa tal alimentación, la diabetes en ratones no existe?
Lo malo para todos nosotros es que no somos ratones. Y además, cada vez que surge una luz sobre el origen de la diabetes se abren más interrogantes.
La realidad es dura.
Si todo fuera tan fácil, el mal llamado “páncreas artificial” ya sería realidad.
Es que una máquina todavía no puede interpretar y ajustar todos los factores que inciden en la variación de la glicemia. Piensen no más: todas las hormonas contrareguladoras (adrenalina, glucagón, hormona de crecimiento, etc.), ejercicio, tipo de alimentación, combinación de los alimentos, hora de alimentación, insulina, alguna enfermedad viral, el estrés, factores ambientales (calor, frío), tiempo de evolución de la enfermedad, medicamentos asociados y así un largo etcétera que podemos resumir en la vida entera de un ser humano único, irreductible en sus experiencias particulares.
Es cosa de ver los videos de los experiemntos en pacientes humanos para apreciar la complejidad del asunto.
Pero… ¿Hay esperanza? Claro que la hay. Los cientos de papers que se publican al año así lo indican. A lo que hay que estar atentos es a leer entre líneas, a ir más más allá y no deslumbrarnos por cantos de sirena. La mayoría de los investigadores termina sus conclusiones con una frase que ya me sé de memoria: “este es un avance, pero hacen falta más estudios para comprobar que lo que afirmamos sea igual para todos…”.
Por eso es que al final del día a veces me dan ganas de ser ratón.
Así es, me dan ganas de participar en algún estudio que, a través de la labor de investigadores, sirva para ayudar a mis glucolegas. Creo que todos deberíamos tener esa disposición, por supuesto si no hay riesgos graves asociados (cosa que queda muy explicitada en los protocolos).
Quizás sin proponérselos muchos de ustedes han sido en cierta forma ratones de laboratorio. Supongo que saben que la insulina glargina (Lantus) no está aprobada para menores de 6 años ni embarazadas… ¿Y cuántos la han usado a pesar de estar en esos grupos sin presentar ningún inconveniente? Conozco a varios. Y ese uso le ha permitido al médico que la recetó “hacer experiencia” y acumular casos para el futuro.
En nuestro país se hace investigación, por lo que hay que estar atentos y preguntarles a nuestros médicos qué se está haciendo. Quizás podamos participar. Es una buena manera también de estar informados y demostrar que queremos ir más allá y no ser exclusivos receptores de los beneficios sino también partícipes de su génesis.
Ayudando en la investigación nos ayudamos todos.
¿Están dispuestos a ser ratones?






