La vida diaria

En la cuerda floja, con diabetes.





Han sido dos noches complicadas. Bueno, quizás no tanto considerando que llevo 30 años con diabetes y las hipoglicemia han formado parte importante del paisaje cotidiano.

Pienso en ello y creo que estoy viviendo al límite, en la cuerda floja, con diabetes. ¿Sí? ¿No? Suena a título de película de acción… ¿Es lo que quiero de verdad?

Hace dos noches, desperté muy sobresaltado a eso de las 3 AM. Estaba todo mojado (y nada tenía que ver con la fina lluvia que esa hora caía sobre la ciudad de Santiago de Chile).
Estaba sobresaltado, contrariado. Sin dudas tenía una hipoglicemia. 
Pero a pesar de tener claridad en que cursaba un cuadro de baja de azúcar en mi sangre, hice cosas que no debí hacer: comí 3 gomitas sin medir mi glicemia en el glucómetro. Pensé que no era necesario comprobar que estaba bajo. Era necesario actuar rápido. Ni siquiera encendí la luz. A oscuras, sabiendo donde están en mi mesa de noche, estiré el brazo y alcancé las gomitas. Comí solo tres… Y esperé un rato… Sentí que necesitaba más, esas 3 eran solo 9 gramos de hidratos de carbono. Comí otras 6, para completar 27 gramos de hidratos de carbono. Luego de un rato, caí en un sueño profundo. Sueño del que me desperté con la alarma del reloj a las 6 AM. Tenía 170 mg/dL.


Se preguntarán “¿Y qué pasó con el sensor Marcelo, si tú usas sensor?” 


Les respondo.

El sensor que yo uso tiene una vida útil informada por el fabricante de 6 días, al cabo de los cuales hay que cambiarlo. Pues yo los uso un poco más. Cuando se cumple esa fecha, saco el transmisor y lo vuelvo a poner como si fuera un sensor nuevo. He superado bastante esos 6 días, con mediciones muy acertadas, eso se debe principalmente a mi poca variabilidad glicémica, no todos pueden hacer lo mismo. 

Entonces, el sensor que estaba usando esa noche llevaba algo así como 9 días y ya daba muestras de agotamiento: variaciones muy bruscas de arriba hacia abajo, flechas indicando tendencias en cada momento… Esas señales yo las entiendo como que ya debo cambiarlo. Pero la noche en cuestión esto ocurrió tarde, pasadas las 22:30… Y cambiar el sensor a esa hora, pues no es lo más recomendable, ya que la inicialización del sistema puede demorar un par de horas por lo menos.
Decidí apagar el sensor y cambiarlo al día siguiente, por lo que enfrenté la noche sin sensor… Pero sin tomar ninguna otra precaución más que medir mi glicemia (en rango estaba) al momento de pagar la luz y dormir.


Y aquí es en donde surgen los distintos caminos que podemos tomar para llegar a un mismo destino: pasar una buena noche.


Podría haber puesto una alarma para medirme y despertarme a las 2 AM. 

Podría haber bajado un poco la infusión de insulina basal, considerando que no es raro que tenga alguna detención de la bomba a mitad de la noche porque mi glicemia baja, aunque eso siempre depende de lo que haya comido a la cena.
Podría haber comido algo de absorción lenta y conformarme con amanecer un poco más alto de lo que acostumbro.
Y así podría seguir.

O sea al irme a dormir apagando el sensor, lo que es un hecho distinto a lo que ocurre cada día, NO tomé ninguna decisión, ninguna… Y ese fue mi error.

Capítulo 2.

Anoche… Anoche… 


Anoche tenía un sensor nuevo, funcionando muy bien desde la mañana. Sin embargo, durante el día noté que al parecer estaba quedándome corto con la insulina. Glicemias post prandiales un poco altas, lo que me llevó a corregirme varias veces, pero con resultados que no eran los que hubiera esperado. Raro.

Me fui a dormir pasadas las 22:30. En rango, con la tranquilidad de tener el sensor.

Monitoreo antes de irme a dormir.
Me dormí profundamente. Estaba muy cansado porque además arrastraba un fuerte dolor de espalda desde la mañana.

Entre sueños sentí la alarma de baja de la bomba.
Entre sueños, yo desactivaba la alarma, con la confianza que la infusión estaba detenida y debía recuperarme solo de la hipoglicemia, con las reservas de glucógeno que seguramente hay en mi hígado.
Eso, hasta que poco antes de media noche con la alarma que sonaba insistentemente decidí mirar la pantalla.

Miré la bomba: poco más de una hora detenida, con una medición inferior a 40 mg/dL (el sensor no mide más abajo). La línea es plana…
Me medí con el glucómetro. 29 mg/dL marcaba el InsuLinx.
29 marcaba el InsuLinx
¿Me sentía de 29? Sí, por lo que no hice un segundo chequeo.
Comí mis gomitas salvadoras y me dormí otra vez… Hasta las 2 AM… En que otra vez sonó la alarma de baja… No me medí con glucómetro, la bomba marcaba 52, comí gomitas… Me dormí hasta pasadas las 4, con la alarma nuevamente. Y repetir el ciclo.

Obviamente que desperté a las 6 con mucho sueño. No dormí bien. Tenía 141 a esa hora.

Toda la noche...
Y otra vez la pregunta: ¿Que pasó? Cené bien anoche, calculé bien los hidratos de carbono.

¿Qué pasó?
Sí, tengo diabetes y ella es bipolar a veces como me dice una buena amiga (sin ofender a quienes tienen ese trastorno de personalidad). Una veces se porta muy bien y otras, mejor ni hablar.
¿Qué pasó?

No encontrar una respuesta a veces deprime.
Estos son los Everest de los que a veces hablo: todos los tenemos, cada día, no tiene por qué ser una montaña de verdad la que tengamos que subir… Nuestra vida, la mayoría de las veces es cuesta arriba.

¿Qué pasó?


Mi análisis, y ya saben que no soy médico…


Debí comer hidratos de carbono de acción lenta luego del primer episodio, ese del 29 registrado. No haberlo hecho fue un gran error.

Quizás he estado tan bajo en el último tiempo, comiendo pocos hidratos de carbono, que no tengo ya muchas reservas de glucógeno en el hígado, y por eso “no van a mi rescate”. Tendré que “rellenar”, y para eso, deberé estar un poco más alto unos días, más alto que mis rangos, y subir la carga de hidratos de carbono que ingiero.
Debo ajustar las basales. Está claro que tampoco es lógico tener tantas suspensiones predictivas de la infusión de insulina basal por la noche. Es decir, es una función maravillosa de la bomba de insulina MiniMed 640G. Es una especie de seguro, pero yo digo que siempre el mejor seguro es no tener que usar el seguro… Y si lo estoy usando es porque algo está fallando. Algo que se puede y debo corregir.

Quizás, y esto es solo una especulación, la zona en que tengo la cánula, la parte lateral de mi cintura, donde tengo más depósito de grasa, no estuvo absorbiendo bien la insulina durante el día (de ahí mis salidas de rango post prandiales), y al acostarme, y presionar justo de ese lado, se haya generado un efecto así como de masaje que haya hecho que en ese momento sí pasara bien la insulina… No lo sé… Puede ser. 

En diabetes todo puede ser.

No soy un súper héroe. Y aunque algunos dicen que en vez de capa usamos glucómetros e insulina, no me interesa serlo. Menos si con algunas acciones pongo en riesgo mi seguridad.
Esto se los cuento para que vean que esta es mi realidad. Quizás no muy distinta a las que les toca vivir a ustedes. Para que vean que quien parece el ejemplo y la inspiración, luego de 30 años sigue cometiendo errores, porque humanos somos.

Vivimos en una cuerda floja, en un precario equilibrio. Vivimos tomando decisiones frente a lo que vendrá. Qué agotador suena… Que agotador es.


¿Cómo estar mejor y evitar que estas cosas pasen? C
Solo sacando lecciones. Solo levantándonos una y otra vez.

Nadie dijo que la tecnología es infalible. Nadie ha dicho que el uso de la bomba de insulina elimina las hipoglicemias. Las disminuye, sí. Y de eso puedo dar testimonio.
Pero justamente el tener menos hipoglicemias cada día, hace que cuando me ocurren episodios como los que les he descrito algo de decepción se produzca. Y mucho de rabia conmigo mismo. Pero no saco nada con quedarme pegado en eso, debo moverme, debo dar el paso siguiente.

Porque mientras tenga neuronas que sigan haciendo su trabajo, que sigan haciendo sinapsis y comunicándose unas con otras, pues seguiré pensando, actuando y manteniendo el equilibrio para mañana estar mejor que ayer.

Marcelo González.

Ya no estoy usando el monitoreo continuo Dexcom.

Alguna vez dije que no usaría bomba de insulina, que no era para mi, que me bastaba con el buen control que tenía con la multidosis.
Alguna vez dije que ya mi cabeza funcionaba como bomba, que me medía y pinchaba insulina las veces que fuera necesario en el día y eso estaba bien, que no mejoraría mucho más mi A1c que ya era de 6.1% entonces… 


Alguna vez dije que no necesitaba la bomba de insulina… Y luego de dos años de uso continuo me la saqué 2 meses y vi que no podía estar sin ella. 


Yo se que hay personas que la han probado y no les ha convencido. Yo se que hay quienes se dan unas “vacaciones” de la bomba y les respeto… Pero yo, a estas alturas, no imagino volver a la multidosis. Y eso no tiene que ver con algún problema con las jeringas o lápices. No, se trata simplemente de una mejor calidad de vida y de lo que a mi me resulta más cómodo.



Por otro lado, mi primer acercamiento al monitoreo continuo lo tuve con Medtronic, la marca de la bomba que uso. Desgraciadamente el sensor que existía en ese entonces, les hablo de 2009, no me gustó, tuve problemas y el costo de los insumos hacía que la decisión de no usarlo fuera lo que prevaleció.

Más tarde, estando en Chicago en el congreso de la Asociación Americana de Diabetes en junio de 2013, Alatheia Medical me invitó a la inducción que la gente de Dexcom les haría como parte del protocolo de asignación de la representación para Chile de dicho monitoreo continuo.

Y así, luego de casi 3 horas de reunión, me vi saliendo a las 12 del día hacia una ancha avenida de una hermosa ciudad norteamericana, con un sensor continuo de glucosa puesto en mi abdomen, y un receptor en el cinturón que me iba diciendo en tiempo real lo que estaba ocurriendo con mi glucosa. La sonrisa dibujada en mi rostro lo decía todo. 
La sensación era indescriptible. Porque era mucho mejor de lo que había probado antes, era lo último en tecnología disponible y sentía que realmente tenía todo lo de mi diabetes bajo control por primera vez.



Recibí de regalo el primer kit y de ahí en adelante compré mis sensores como lo hace el resto de los pacientes que lo están usando.


Como habrán leído en la nota que hice en su momento, este monitoreo continuo se compone de 3 partes: el sensor que se pone bajo la piel, el transmisor que se adosa al sensor y el receptor. Los sensores tienen una duración de 7 días. El transmisor según el fabricante dura 6 meses, luego de lo cual, al agotarse la batería que no es recargable, debe ser sustituido. Y el receptor (el aparato en donde vemos las gráficas, los números y las flechas hacia donde va nuestra glucosa) tiene garantía de un año.


Y ahí estaba yo otra vez pensando que lo usaría solo en algunas ocasiones, si total me medía casi 10 veces al día pinchándome los dedos.


Y ahí estaba yo, volviéndome un adicto a mirar las gráficas, a analizar, a descubrir en qué momento comienza a hacerme efecto la insulina. En qué momento hace efecto la glucosa que uso para subir las bajas, qué pasa cuando como pizza, y el ejercicio, y qué me ocurre al detener la bomba para subir una baja leve.

Ahí estaba yo descubriendo que mientras dormía me pasaba unas dos horas en el borde de la hipoglicemia cada noche, hasta que de pronto la alarma de tendencia hacia abajo me despertaba.



Y de ser un obsesivo con los números me di cuenta que todo lo que muchos decían era cierto: la clave es mirar las flechas, la tendencia y adelantarse a lo que viene.


Y ahí estaba yo, modificando mis basales y bolos de insulina para ajustarlos a lo que el sensor me “sugería”.

Y de tanto aplicar ensayo y error y mejoras en el tratamiento, llegué a una A1c de 5.8%, la más baja de toda mi vida con diabetes.



Pasaron los 6 meses de uso del transmisor y siguió funcionando como el primer día. Por publicaciones de otros usuarios en la web, me di cuenta que eso no es extraño. Los 6 meses es un margen que se da Dexcom para cumplir oficialmente, pero esta pieza puede durar más según el uso. Hay personas que lo han usado hasta 12 meses.


Pues bien, a mi me duró exactos 11 meses. Y en mayo pasado compré uno nuevo. El costo no es menor, pero ya me había acostumbrado y como teníamos pensado con mi familia pasar las vacaciones de invierno en Europa por tres semanas, sentía que lo necesitaba sí o sí.


Como vieron los que siguen mis publicaciones permanentemente, en las vacaciones no tuve inconveniente alguno… hasta el último día.
 Ese día, a principios de agosto, con un sensor prácticamente nuevo, el receptor perdió la señal. Al reiniciarlo y esperar la calibración de dos horas, no alcanzaba a estar operativo por una hora más y otra vez lo mismo.


Pensé que podía ser algo con el sensor, por lo que decidí que al llegar a Chile compraría una caja nueva. Pero sorpresa! Ocurrió lo mismo. 
Y cuando ya estaba en las oficinas de Alatheia Medical para ver cómo podíamos solucionar el problema, zas! Un mensaje en el receptor que me hubiera gustado no ver: “Contacte al distribuidor local. Error HWRF”.



Ese mensaje lo que dice es que el receptor presenta una falla que no tiene arreglo y debe ser cambiado… cosa que se hace gratis si el equipo está en garantía. El que yo estaba usando tenía 15 meses de uso, por lo que no calificaba para el cambio.

El punto es que el receptor es bastante costoso y en estos momentos tengo otras prioridades. 
Por ejemplo, mi bomba tiene ya 6 años de uso (la garantía acaba a los 4) y cuando falle la cambiaré sí o sí, eso no se discute.



Por lo que no compré un nuevo receptor. No me arrepiento, pero confieso que lo he extrañado.


¿Por qué? Porque he debido “reentrenarme” en “pensar” la diabetes un poco más. Volver a medirme mucho, dejando mis dedos como colador… Y lo que más lamento es que ese kilo y medio ganado en las vacaciones se convirtió en poco más de 3 extras por una razón muy simple.
 Con el sensor anticipaba bastante las hipoglicemias y actuaba en consecuencia: detenía la infusión y no llegaba a necesitar nada más, con glicemias muy estables durante casi todo el día.
 Hoy, desgraciadamente puedo estar muy normal escribiendo, como ahora, y no darme cuenta que ya estoy en 50 o menos… Y en ese caso no me basta con detener la infusión: debo comer hidratos de carbono… Hidratos de carbono que se van sumando y me hacen ganar peso.



Mientras la tecnología no sea incorporada a las canastas GES en nuestro país, este tipo de dispositivos estará reservado para pocas personas, principalmente por su alto costo.



Por otro lado, ver que ya existe un producto similar que se lanzará pronto al marcado europeo con un precio al alcance de más gente, como el FreeStyle Libre, me hace ser optimista. Total, esperé 6 años para usar Dexcom mirando como los glucolegas en USA lo usaban, que espero pase menos tiempo antes que pueda usar Libre.



Mientras tanto, me mediré más, comeré menos y haré más ejercicio, para tratar de bajar esos kilos extras que no me gustan para nada. Porque si además de comprar el monitoreo continuo debo comprar ropa extra ya no hay presupuesto que aguante 😉

De churros, diabetes, sentido común y experiencia.

Poco más de un mes atrás mi amiga María Jesús Navarro, que reside en Valencia y fue quien me alojó en su casa con motivo del Diabetes Experience Day, me había enviado unas fotos suyas comiendo churros con chocolate en la Chocolatería Valor. Como yo ya sabía que viajaría le dije que no le perdonaba si no me llevaba a degustar esas maravillas que veía en la foto. Y ella cumplió.



Quizás una de las golosinas que más recuerdo haber disfrutado de pequeño son justamente los churros, asociados a atardeceres paseando por la playa en verano, ferias de diversiones y circos en septiembre, acá en Chile.

Me gustaban entonces, me gustan ahora, me requete gustan y seguirán gustando, estoy seguro… no puedo negarlo.


Hay una historia familiar también ligada a eso, pues mi tío favorito los preparaba en casa cuando éramos chicos para que los disfrutáramos junto a mis primos.


Con casi 28 años ya con diabetes, no recuerdo bien cuándo los volví a comer luego del diagnóstico. Seguramente fue a fines de los 90, cuando ya usaba multi dosis de insulina como tratamiento, en combinación con el conteo de carbohidratos. Sí recuerdo que las primeras veces la hiper glicemia post prandial era fija, pues la fritura en aceite hacía difícil calcular el momento preciso de la absorción (cosa que no ha cambiando mucho hoy 😉 )



Cuando la semana pasada publiqué la foto de los churros con chocolate que comí en Valencia, muchos me preguntaron cuántos hidratos de carbono tenían cada uno. Cuál era mi glicemia pre prandial y cuál la post prandial.


La verdad es que de buenas a primeras no tengo todas las respuestas.
Cuando vi los churros simplemente los “agrupé” mentalmente para darme una idea del volumen y desde ahí hacer un cálculo aproximado. ¿30, 40, 50 gramos de hidratos de carbono quizás?
 ¿Y el chocolate? El chocolate decía “sin azúcar” y olvidé preguntar con qué estaba endulzado… Me pareció que tenía maltitol, por el sabor dulce, espeso y de buena consistencia y agradable al paladar. Además es sabido que el maltitol funciona muy bien con el chocolate y en reposteria.

Miro el registro de la bomba de insulina y puse 80 grs. de hidratos de carbono y un bolo cuadrado para cubrir hasta una hora y media luego de haberlos comido.


¿Pero saben la verdad? Yo quería disfrutar mis churros con chocolate en Valencia, quería guardar ese momento para siempre. Porque tampoco es algo que yo haga siempre. De hecho hacía rato que no había comido… Y los de Chile son algo distintos.

Entonces… ¿Vale la pena amargarse, complicarse, por tratar de dar con el cálculo exacto? ¿Merece la pena recriminarse por no acertar? ¿Merecemos reprimir un deseo tan básico como el disfrutar algún bocado? ¿Si todos los días, cada día, cada momento pensamos la diabetes y nos esforzamos por tratar de hacer las cosas bien, acaso no merecemos alguna vez un premio?


Si somos conscientes, si sabemos que es algo extraordinario, si hemos hecho del ensayo y error nuestra filosofía de vida para enfrentar la diabetes yo creo que sí, merecemos ese premio, merecemos sentirnos bien. Quizás se trate de una forma de evasión de la realidad… Pero yo creo que no tiene nada de malo, e incluso muchos terapeutas lo recomiendan con el fin de liberar la tensión acumulada que perfectamente podría llevarnos a una depresión. Ahora, se trata de no abusar eso sí, que eso quede claro.



En un anterior viaje a España, en 2012, estando en Madrid también comí churros… Y luego, unos días despues, caminábamos por las calles de Barcelona y unos amigos compraron una porción al pasar para comer mientras andábamos la ciudad. Y los disfruté igual que ahora. Sin remordimientos. Con la certeza de que si fallaba el cálculo usaría insulina para corregir.



No niego que con el tratamiento que uso se hace mucho más fácil “salirse” a veces de la norma. Pero qué tal si la próxima vez que vean a su médico le plantean una posibilidad así. Y no tiene que ser necesariamente churros. Puede ser cualquier alimento que ustedes añoren comer y quizás por ahora lo tienen vedado. Quizás es el momento de atreverse, de transar con un poco de ejercicio extra, mayor apego y esfuerzo por estar en rango, para poder hacer esa “salida”, que desde el punto de vista mental ayuda mucho, se los aseguro.



Esta vez creo que mi glicemia post prandial fue de 170 y algo… Sí, parece que fallé. Pero lejos de enojarme con eso, lo único que quiero es que se repita la ocasión para volver a probar y demostrar que aprendí, que saqué conclusiones de la experiencia y podré no solo disfrutar el momento si no que también contarlo como un nuevo triunfo sobre la diabetes.

Problemas de la diabetes… y un usuario de bomba de insulina.

La vida no es fácil… Aunque se esté de vacaciones.

Esta tarde antes de comer me medí… Y vaya sorpresa! 305 mg/dL marcaba el glucómentro. Estaba tan sorprendido pues había estado un poco bajo en la tarde, pero no me había sobre tratado, que no atiné de inmediato a hacer lo que la experiencia indica en una situación así: volver a medir. Y es que cuando casi no hay síntomas y el repaso mental indica que se hizo todo lo que se acostumbra a hacer, sin omitir inyecciones o comer de más, hay que buscar las causas y tratar de encontrarlas.

Acá está la consecuencia de la obstrucción del catéter... #diabetes #diabetestruobles #tipo1 #type1 #insulinpump #bombadeinsulina #insulin #insulina #cateter #catéter #glucómetro #glucometer #glicemia #glucemia #bloodglucose #test #hight #alta #hiperglice

Pues ya pensando con más calma me medí otra vez, pensando que las manos podían tener algún tipo de residuo de comida o que el glucómetro anduviera pensando ya en la samba del Carnaval de Río que pronto comienza por acá…

No. No estaba equivocado. 294 mg/dL marcó esta vez. Prácticamente la mismo, y dentro de los rangos de error que se aceptan (otro dedo, otra gota de sangre, otra prueba distinta a la primera).

Está bien… Sigamos pensando. Mientras me pasé el bolo para corregir y para cubrir los pocos hidratos de carbono que tendría mi cena (una ensalada liviana).

Hice el gesto para tomar mi bomba de insulina, giré, la miré y paf!!!!!
Ahí estaba la causa de la hiperglicemia, a la vista de todos: el catéter de la bomba estaba siendo presionado, y por lo tanto obstruido, por el clip que sujeta la bomba a mi cinturón. Ahí estaba la explicación para la hiperglicemia. La insulina basal no estaba pasando como es debido.

Esto explica una glicemia de 305 mg/dL. El catéter estaba siendo obstruido por el clip con el que llevo la bomba en el cinturón, impidiendo el paso de la insulina casi en su totalidad. #diabetes #type1 #tipo1 #problemasdeladiabetes #diabetestruobles #bomb

Lo que ocurre es que esta tarde nos quedamos en el departamento y dormí una pequeña siesta. Y para no tener problemas hice algo que no acostumbro: puse la bomba en el mismo lado en el que tengo la cánula en el cuerpo. Por lo general las uso en el lado contrario: si la cánula la tengo al lado derecho, pongo la bomba en mi cinturón en el lado izquierdo, y con eso el catéter (el tubo largo por donde va la insulina desde la bomba hasta la cánula que está insertada bajo la piel) queda completamente estirado, sin riesgo de enredos ni “atrapamientos” indeseados (¿les conté de las veces en los que ha salido volando todo al engancharse en la manilla de alguna puerta?).

Lamentablemente esta situación de obstrucción no es detectada por la bomba. Sólo detecta la nula infusión, lo que no era el caso pues debe haber quedado pasando una mínima cantidad…

Por lo que no queda otra cosa que estar atentos y seguir usando la bomba en el lado contrario, para seguir disfrutando las vacaciones.

La vida con bomba de insulina no es color de rosa.

Bajando... #diabetes #tipo1 #type1 #hiperglicemia #insulin #insulina #glucómetro #cosasdeladiabetes

Las últimas 24 horas han sido como en una montaña rusa… Y literalmente, porque yo en las montañas rusas me mareo y termino con náuseas… igual que ayer.

Por eso yo digo “antes de probar la terapia con bomba hay que conocer muy bien los pro y los contra”.

Este es uno de los contra: la cánula queda mal puesta (lo comprobé al sacarla, le había dado a un vaso sanguíneo dificultando la absorción de la insulina) y en pocos minutos, al no estar recibiendo la insulina al ritmo apropiado ya estaba con una hiperglicemia de aquellas.

Si ya teniendo diabetes y usando como tratamiento inyecciones con jeringas o lápices hay muchas variables que debemos tratar de controlar, con bomba se suman variables “mecánicas” que son críticas cuando una de ellas se hace presente negativamente.

Una cánula doblada, porque entró en una zona donde la piel era un poco más gruesa por ejemplo, o al aplicarla hicimos un movimiento que hizo que se desviara, va a hacer dificultoso el paso de la insulina, sobre todo el micro goteo basal.

Una cánula que da justo en un vaso sanguíneo va a provocar una mini hemorragia. Y esa sangre también va a afectar la forma en que se absorba la insulina, si es que no derechamente tapa la cánula y le impide el paso.

Un reservorio con más de un uso va a presentar mayor resistencia al pistón del motor que empuja la insulina para que salga.

Me explico: el reservorio es el depósito de la insulina en la bomba. Es como el cuerpo de una jeringa. Como las jeringas, tiene un tapón de goma que es empujado por el pistón, un “brazo” para que la insulina salga.
Muchas de las personas que usamos bomba de insulina, como medida de ahorro reutilizamos el reservorio. ¿Pero qué pasa? Al ir liberando la insulina, la cara interna del reservorio va quedando en contacto con el aire hasta que lo cambiemos o lo rellenemos. Y ahí también quedan restos de insulina, que se seca. Y cuando lo rellenamos, ese depósito en las paredes ofrece resistencia al émbolo. Entonces cuando se está usando la infusión basal, con microgoteos, se mueve muy poco. Y esto, lamentablemente el sistema de la bomba no lo detecta (como si lo hace con oclusiones importantes). Y el resultado es una hiperglicemia preprandial que no esperábamos.

Entonces hay que pensar que todas las piezas mecánicas pueden fallar por lo que hay que descartar que sea la cánula, el reservorio y hasta la misma bomba que presente una falla. Hasta pensar en que la insulina podría tener algún problema.

Finalmente, con elementos como jeringas y cartuchos de insulina de repuesto tanto para la nasal, como para los bolos de alimentación y corrección, podemos solucionar el impasse.

Pero para eso, hay que estar preparado.

En piloto automático y feliz.

Sonríe...

Siempre estamos reclamando por todo, quejándonos… Bueno, suele ser una constante, y sobre todo con la diabetes.

En la vida diaria es cosa de ver los “libros de sugerencias y reclamos” de las tiendas para darse cuenta que las sugerencias o felicitaciones son las menos. No niego que nos pasan cosas malas en nuestro diario vivir, y es nuestro derecho alzar la voz y quejarnos pues puede ser la forma de solucionar los problemas, pero aquello nos hace olvidar destacar también lo otro, lo bueno.

El regreso de vacaciones no fue fácil.
Casi 45 días en Europa me llenaron el alma hasta el tope, y la realidad del día a día en Santiago parece poner más distancia todavía con lo que vivimos junto a mi esposa e hijo en el viejo continente.

Pero hay que pensar en positivo y proyectar ya el siguiente viaje 😉

Y también hay que decir que la tía Betty este tiempo se ha portado de maravillas. Bueno, algunos ya vieron mi HbA1c al regresar a Chile: 6.0%, y si bien no es el único parámetro que importa, es muy significativo.
Y las bajas o las hiperglicemias han sido tan pocas o leves que casi no dan para mencionarlas.

Estas últimas semanas han sido como poner el piloto automático. Las cánulas de la bomba andan bien, las glicemias andan bien, las comidas están bien. Fui al control con mi doctora GES, me dio la receta, fui a la Isapre, luego a la farmacia y no hubo un solo problema…

O sea, la diabetes no ha sido tema. Lo que no quiere decir que siga atento a lo que está sucediendo. Justamente poniendo atención a lo que estaba pasando es que reparé en esta “normalidad”. Pero aunque sean muchos años ya, no deja de sorprenderme y gratificarme.


Me siento bien. Me siento feliz. Se vienen muchas cosas entretenidas este años. Se agendan y planifican reuniones y queda poco tiempo para escribir o actualizar el sitio. Me lleno de reuniones y surgen nuevas ideas y proyectos para hacer de MiDiabetes algo mejor, para hacer que MiDiabetes y la diabetes de ustedes, o las que les tocó de cerca, esté mucho mejor ;)

Que así sea!

En fin. Estoy contento y quería que lo supieran.

Dex4, glucosa líquida.

Dex4, glucosa líquida

Ya muchos saben que suelo usar glucosa para subir mis bajas. En general uso tabletas de glucosa Dex4. Cada tableta tiene 4 gramos de hidratos de carbono de acción rápida.
En un viaje que hice el año pasado compré un par de frascos de la presentación líquida de la misma marca, para tenerla por si acaso. Y por distintas razones (no por falta de oportunidad 😉 ) no la había probado… hasta el sábado pasado.
No estaba tan bajo, sólo 68 mg/dL, pero sí muy sintomático, por lo que pensé que de seguro iba bajando a toda velocidad. Fue cerca de las 16:30 hrs. Y como tenía esta glucosa en mi velador díjeme “llegó el momento”.
Bueno… Por fortuna no estaba tan bajo porque me costó mucho abrir el ennvase. Tiene un sello exterior, la tapa y luego otro que simplemente a mi me resultó imposible abrir. Le tuve que pedir a mi señora que lo hiciera. Deben haber sido como 5 minutos de lucha contra el sello interior!
Finalmente ella lo abrió y yo me tomé esta cosa. La verdad sea dicha sabe bastante bien, era sabor a limón. El contenido del envase equivale a 15 grs. de hidratos de carbono.
Como es lógico, me medí un rato después y tenía 148 mg/dL! Pienso que me fui mucho para arriba. Quizás con la mitad habría andado bien.
La conclusión es que funciona. Cumple el objetivo de subir la glicemia muy rápido. Quizás necesito más pruebas para ver la dosificación que a mi me sirve. Las tabletas ya las tengo bien calculadas.
Lo que no recomiendo por nada es estar muy bajo y tratar de usarla estando solo… Lidiar con el envase estando bajo no me hizo mucha gracia. Imagino a un niño tratando de abrir el sello para luego de tanto esfuerzo terminar derramando todo el contenido.
En beneficio de la duda, tendría que probar más de uno para ver de verdad que los sellos cuesta abrirlo. Puede que haya sido solo mala suerte, pero por ahora seguiré prefiriendo mis tabletas de glucosa.

ACTUALIZACIÓN: Olvidé mencionar que esta presentación no se comercializa en Chile, sólo tenemos tabletas y gel.

“En el Día del Padre, regálale zapatos especiales para diabéticos”

No son especiales, sólo son cómodos.

Esta mañana me llegó un correo spam con un mensaje que me perturbó: “En el Día del Padre, regálale zapatos especiales para diabéticos”. 

Quedé perplejo. Verifiqué a qué cuenta de email me lo habían enviado, pues creí que había toda una colusión para enviármelo a alguna de MiDiabetes.cl… Pero no… Simplemente el destino me estaba jugando una broma macabra.



Bueno, quiero dejar en claro que no estoy en contra del libre emprendimiento. Quiero dejar en claro que cada cual es soberano de elegir qué usa. Y si una diabetes un tanto mal controlada los hace necesitar esos “zapatos especiales”, está bien.
 Pero yo espero y me esfuerzo día a día para no necesitarlos nunca.


Hace 25 años que tengo diabetes (sí, voy a seguir insistiendo, jajaja) y siempre he comprado el calzado que yo he querido: desde mis añoradas zapatillas de lona de colores Topper (usaba un pie de un color y el otro de otro color, si seré…) pasando por botines de gamuza, zapatos con cordones, sin cordones y múltiples variedades deportivas, hasta llegar a las que uso hoy (parece que tendré que jubilarlas ya).


De algo sí siempre me he preocupado. Como no puedo darme el lujo de elegir algo que potencialmente dañe mis pies, siempre he buscado con mucho cuidado. ¿Y qué condiciones pongo? Primero que me gusten, no voy a usar algo que me desagrade estéticamente. Segundo que sea un calzado cómodo, flexible. Que me quede como guante. Que no tenga costuras que puedan ejercer algún tipo de presión en mi pie. Que esté hecho de buenos materiales, que sea fresco en verano y cálido en invierno.

Parece poco, parece mucho. ¿Pero eso no debería ser lo que cada simple mortal le exija a su calzado? Puede que me tome mucho tiempo encontrar lo que busco. Puede que sea un poco más costoso que otros modelos… ¿Pero saben una cosa? Me he dado cuenta que los “zapatos especiales para diabéticos” cuestan lo mismo o más incluso. 

Entonces, si recién voy en los 43 años de edad, ¿para qué me voy a poner algo que usan los viejitos de 80?

Y quizás cuando tenga 80 siga usando mis zapatillas favoritas, las zapatillas especiales para MiDiabetes 😉

De algo estamos claros acá en la casa: mi hijo ya sabe cuál es el regalo que NO quiero para este Día del Padre 😉

“Querido hijo: yo tengo diabetes”.

Con mi hijo Max.

¿Les ha pasado o no? ¿Han tenido que decir la frase que está en el título?

Eso. Explicarle la diabetes que tienen a sus hijos.


Si no les ha pasado (porque no tienen hijos) quizás les toque más adelante. Ojalá les toque, porque eso quiere decir que han sido protagonistas de uno de los momentos más importantes y trascendentes en la vida de un ser humano: el nacimiento de un hijo.

 Si han sido diagnosticados ya mayores, con los hijos más grandes, pues habrá que explicarles.

El diagnóstico de la diabetes es un duro golpe. Eso no admite discusión. Es hasta desconcertante y atemorizador para una persona adulta… Y puede significar un punto de inflexión muy fuerte al interior de una familia.

¿Y qué pasa con los hijos en ese caso?


¿Qué pasa cuando de la noche a la mañana su padre o madre se va internado unos días y al volver a la casa le ven clavándose jeringas en el estómago y pinchándose los dedos para sacar una gota de sangre?
 ¿Qué pasa cuando los juegos deben ser interrumpidos para beber algo azucarado y compensar esa inoportuna hipoglicemia?

Bueno. En mi caso se ha dado en forma natural. Además, estando ligado al tema de la diabetes los últimos 9 años no podía ser de otro modo. 😉

Hubo una época, no mucho tiempo atrás, en que mi hijo (hoy de 13 años) decía: “Ah, ya… Mi papá está alto porque anda gruñón…”. Y bueno… Era verdad. A él le habíamos dicho que uno de los síntomas que me hacían darme cuenta que estaba con una hiperglicemia era justamente el cambio de humor.


Los niños siempre tienen preguntas. Y será nuestra misión entregarles las respuestas claras y de acuerdo a su edad para que puedan entenderlas.

Una técnica que no sólo uso con mi hijo, lo hago también con chiquitos recién diagnosticados, es preguntar qué tanto saben del tema en cuestión y a partir de ahí, con ese conocimiento o ignorancia, construir una respuesta.

Porque si son pequeños no sacamos nada con decirles, en el caso de los tipo 1, que nuestro sistema inmune se volvió loco y comenzó a atacar las células beta que producen la insulina en el páncreas… Mejor será decir: “fíjate que mi cuerpo no produce insulina y por eso tengo que inyectármela con la jeringa”. Si pregunta qué es o para qué sirve la insulina responderemos lo más claro posible.

Si ya nacieron con uno de los padres teniendo diabetes es un poco más fácil. Estarán familiarizados porque habrán visto desde siempre las actividades de medir la glucosa e inyectar la insulina. Seguro que hasta hayan sido medidos ellos más de alguna vez ;)



Hay que ser honesto. Querer protegerlos con historias de cuentos de hadas en lo referente a la diabetes no sirve. Los niños en eso nos pueden dar lecciones. Las cosas por su nombre. Los niños pequeños suelen ser muy concretos, por eso que los eufemismos con ellos no sirven.

Por otro lado, el temor a la muerte también suele estar presente en esas etapas tempranas de la vida, por lo que el camino es llevarles la tranquilidad de que con el tratamiento adecuado a su padre o madre nada le pasará. Esto no implica que cuando vayan creciendo y su nivel de madurez y comprensión aumente no se les explique los posibles efectos de una diabetes mal cuidada. Estarán en edad de entender. 

De todos modos yo soy de la idea de ver el lado positivo y hablar de que con los cuidados adecuados viviremos bien muchos años. Además, la alimentación saludable, que debe ser compartida por toda la familia, es algo bueno para todos. Lo mismo que el ejercicio. Aprovechar justamente esas instancias para hablar de diabetes con ellos es muy enriquecedor.

Enseñarles a enfrentar una emergencia debe ser una de las prioridades cuando ya se hacen más grandes: qué hacer, a quién llamar, qué es lo que se necesita en caso de una baja. Cosas sencillas, sin complicarse de más.

Me ha correspondido muchas veces conocer papás jóvenes que se aterran con que alguno de sus hijos menores se inyecte insulina o se pinche el dedo debido a su curiosidad… O el clásico: “yo quiero ser como mi papá”.

Todavía no llega a mis oídos ningún caso que dé cuenta de aquello. No digo que no haya ocurrido. Por lo mismo es que con hijos pequeños recomiendo tener los insumos de la diabetes bien guardados (igual que cualquier otro medicamento). Tal vez el tema de las glicemias no sea problema, tomarles una de vez en cuando no les hará mal (y quizás hasta diagnostiquen una diabetes tipo 1 temprana, ojalá que no!). Con la insulina la explicación de que el papá se la inyecta porque no tiene nos da la posibilidad de decir: “no te preocupes, tú no la necesitas porque tú si tienes”.



La diabetes es parte de nuestra vida y como tal también de nuestro entorno. Mientras mayor sea la naturalidad con la que la manejemos, mayor seguridad infundiremos a quienes nos rodean.

Queremos estar la mayor cantidad de tiempo con nuestros hijos. Queremos protegerlos de cualquier cosa mala que pudiera ocurrirles… 

Cuidarnos nosotros, preocuparnos de nuestra diabetes es el punto de partida para que eso ocurra y los veamos crecer felices cada día.

¿Contar… o no contar?



No, no estoy hablando de carbohidratos, pastillas o unidades de insulina.
Me refiero a decir o no decir en el trabajo que se tiene diabetes.

Claramente este es un tema que nos importa a los más grandes… Y como los jóvenes de ayer somos los mayores de hoy, es un tema que hay que plantear.

El otro día me sorprendí cuando un glucolega a través del chat me dijo que en su trabajo no saben que él tiene diabetes… Diablos!

Imagino que habrá una poderosa razón para que eso ocurra… O algo de temor… O desconocimiento. No lo sé. Quedamos de conversarlo en persona.
Pero aunque todavía no hablo con él el tema en profundidad me aventuro a divagar un poco. Ya me enteraré de las razones que tiene para no decir que tiene diabetes.

Justamente siento que el tema es importante pues un reciente estudio ha demostrado que una persona con diabetes en edad laboral llega a perder hasta 15 hora al mes en su trabajo por un evento de hipoglucemia… Y eso es una voz de alerta. Alerta para nosotros, los pacientes y alerta para quienes comparten con nosotros en el ámbito laboral.

Descontando que la diabetes bien controlada no nos impide tener una vida activa y productiva… ¿Por qué no contar? ¿temor a la discriminación?

Por sobre cualquier consideración legal (en Estados Unidos hay un acápite especial para la diabetes en la Ley de Ciudadanos Americanos con Discapacidades), hay algo que subyace y no lo podemos negar: la predisposición para que tanto empleadores como otros empleados, debido al desconocimiento, piensen que un trabajador con diabetes representa un problema, ausentismo laboral, menor capacidad productiva y en general cosas con connotaciones negativas.

No sé si les ha pasado, pero muchos de esos pensamientos también rondan la cabeza de familiares y hasta del mismo paciente.

Pero no es menos cierto que un paciente bien compensando, usando los tratamientos adecuados, siguiendo un plan de alimentación y de ejercicios apropiados no debería enfrentar dificultades insalvables en su trabajo. Es más. Puede que incluso, por el deseo de demostrar que la diabetes no es una barrera, hasta sea más eficiente que alguien que se dice “sano”.

Quizás a las personas con diabetes tipo 2 no les ocurre, pero en el caso de los tipo 1 suele pensarse que no mencionarlo hará que se reciba un trato igual a quienes no tienen la enfermedad… Lo que nos puede jugar en contra.

Quizás ser diagnosticado cuando niño predisponga positivamente a contarle a todo el mundo que tienes diabetes con la naturalidad de quien no ha tenido otra forma de vida distinta. Quizás el diagnóstico de adulto sea más duro, un golpe más fuerte, la aceptación más difícil, y por lo mismo haya más resistencia a hablar del tema.

A mi me diagnosticaron cuando estaba en la universidad. Por lo que me correspondió entrar al mundo laboral junto con la Tía Betty.
Y en todas las entrevistas, una de las primeras cosas que mencionaba era que tenía diabetes tipo 1. Un par de frases para aclarar las diferencias con la tipo 2 y que no afectaba de forma alguna mi desempeño profesional.

Por cierto que las más de las veces nos encontraremos con mucho desconocimiento y parecerá que deberemos repetir una y otra vez la misma historia, pero finalmente estoy seguro que valdrá la pena.

Todo depende de cada uno, pero si enfrentamos la diabetes con apertura no tendremos que ir de carreras al baño para inyectarnos (les aseguro que contrario a lo que muchos creen, el baño, y más si es público, es el peor lugar para inyectarse…).

No miento si digo que nunca, nunca mientras estuve como asalariado trabajando en agencias de publicidad mi diabetes significó un impedimento para dar rienda a mis ímpetus creativos (trabajaba como redactor creativo). Jamás la diabetes puso distancias entre mis compañeros y yo. Además, por lo general, en cualquier celebración en conjunto, siempre tenían reservadas para mi las gaseosas light y alimentos más naturales, en un gesto que retrata muy bien el lado humano de las personas que me rodeaban. Pero fue tarea mía involucrarlos, fue mi misión “evangelizarlos” sobre la diabetes, fue mi misión descubrir quien era más receptivo y fortalecer el vínculo con esa persona. Y recuerdo que nada fue forzado y que todo valió la pena. Incluso hoy, más de 20 años después, al encontrarme con alguno por ahí lo primero que me preguntan es cómo está mi diabetes.

Tuve suerte quizás. Tuve suerte y está en mi personalidad compartir mucho de mi vida, y más si se trata de mi diabetes.

Sumando y restando creo que hay muchas más razones para contar que para ocultar en el trabajo que se tiene diabetes.

La primera es la más importante, tiene que ver con la seguridad de nuestra vida. Si por alguna razón nos viene una hipoglicemia severa en el trabajo… ¿cómo sabrán los colegas qué hacer si no saben siquiera por qué nos pasa lo que nos pasa?

Ninguno de nosotros está libre de sufrir una hipoglicemia severa. Y aunque no sea severa, aunque no necesitemos que nos inyecten glucagón o nos lleven a un servicio de urgencia (¿están dispuestos a hacer pasar por todo eso a alguien que no tiene idea que eso puede ocurrir?), ¿cómo explicas la necesidad imperiosa de comer algo azucarado a media mañana?
Quizás en una reunión social no importe mucho. Suelen haber bebidas sin azúcar y de las otras… Pero el riesgo estará siempre.
¿E inyectarse a escondidas?.. Eso yo no concibo.

Otra razón es que somos nosotros mismos, las personas con diabetes, los llamados a educar al resto de la población. Somos nosotros, que estamos un poco más instruidos, los que debemos romper los mitos, derribar la ignorancia que surge entorno a la diabetes. Si callamos estamos siendo cómplices del silencio y la desinformación. 
Si tenemos buen control, si somos eficientes, si hay millones de personas con diabetes en el mundo que se desenvuelven en sus labores sin inconvenientes… ¿por qué no divulgarlo?

Ahora, si hay temor a algún tipo de discriminación, bueno, el camino legal debe ser la opción.

Pero para ganar la pelea hay que dar la batalla.

Yo cuento… ¿y tú? ¿cuentas o no?