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Alatheia Medical y el mercado de las bombas de insulina…

Viernes, 22 de octubre de 2010

¿Ahora a la ‘chilean way’?
Alatheia Medical

La semana pasada leí unas declaraciones del Ministro de Salud Jaime Mañalich con respecto al rescate de los 33 mineros de Atacama que precisamente ayer por la tarde me hicieron mucho sentido.

Él contaba que reunidos con los expertos de la Nasa que vinieron muy poco después del hallazgo del grupo para entregar algunas directrices sobre el trato en materia de salud en relación a su confinamiento, lo que más le había llamado la atención al Ministro fue el comentario que si los chilenos tuvieran protocolos para todo, como tienen en el llamado primer mundo, ya seríamos un país desarrollado. Porque los profesionales ya los tenemos… Y la tecnología se puede comprar. Es la forma de hacer las cosas lo que hay que cambiar.
Y eso fue precisamente lo que aplicaron: protocolos para todo, aún con el riesgo de llenarse de papeles… Pero para que llegado el momento de cualquier eventualidad, estuviera quien estuviera a cargo, se supiera qué hacer… porque el protocolo lo indicaría.

Y eso fue lo que vi ayer en el lanzamiento formal de las Bombas de Insulina Dana de Sooil en nuestro país, realizado en dependencias de la Fundación Diabetes Juvenil de Chile. Vi a una empresa que se toma muy en serio su lugar en el mercado. Una empresa que ha invertido tiempo y recursos en desarrollar un trabajo desde cero, armando protocolos para aplicar en determinadas situaciones y así ponerse al servicio de los pacientes. Pues como ellos mismos definen, “la bomba de insulina es un producto ético y como tal debe ser tratado: con cuidado, con resguardo de cada detalle, un producto en donde el servicio hace la diferencia”.

Creo que para quienes no sabían mucho de bombas, y para los que ya sabíamos algo también, la presentación de ayer fue una pequeña clase de repaso, en donde se respondieron las mayoría de la inquietudes que muchos tienen.

Conocer la tecnología desarrollada por Sooil, los fabricantes koreanos de la bomba Dana, puede sorprender a quien no ha leído mucho, pero además darse cuenta que estamos frente a uno de los mayores y más antiguos fabricantes de bombas de infusión de insulina del mundo no es menor.

Uno de los postulados de Alatheia Medical es que al igual que en los países desarrollados, la bomba esté disponible y sea accesible para la mayoría de los pacientes como una alternativa más, y que el factor precio no sea la primera barrera.

Por lo mismo es que luego de contarnos del sistema de trabajo, del protocolo de entrenamiento y entregar las características técnicas del producto dejaron para el final el tema de los precios. Alcancé a anotar que la Dana R, la top de línea, que incluye control remoto con glucómetro cuesta poco más de CLP$2.600.000.- y puede ser cancelada en 6 cheques, sin interés.

El otro modelo es más barato, (sin control remoto y CLP$1.800.000 aproximadamente) y queda abierta como política de up grade que quien compra el modelo más básico, al momento de optar al modelo superior debe cancelar sólo la diferencia del precio que tengan ambas en ese momento en el mercado. Los precios son por lanzamiento y mencionaron que estarán vigentes hasta fines de este año 2010.

Cualquiera de los dos modelos que se comercializan tienen un garantía de fábrica de 4 años.
Pueden ver en el MiDiabetes Lo Prueba respectivo, para más detalles.

Eché un poco de menos la nula mención de las desventajas del uso o los riesgos que lleva implícito el uso de bomba, como la cetoacidosis, pero imagino que los protocolos lo incluyen.

Ver pare creer. El papel aguanta mucho.

Si bien es cierto que Alatheia Medical tiene el aval serio de años de trabajo en el área de los insumos y equipos médicos, muchos de ellos de gran complejidad, no es menos cierto que el papel aguanta mucho y por más que al momento de la compra se firme un contrato en donde quedan establecidos los derechos y deberes por ambas partes, el papel aguanta mucho y habrá que verlos en la práctica cómo se manejan.

Ojalá nadie tenga que recurrir al protocolo de asistencia, sin embargo se agradece que hablen de un servicio 24/7 sin costo extra, pues quizás una de las mayores preocupaciones a las que nos vemos enfrentados quienes usamos bomba es un desperfecto inesperado un domingo en la madrugada. Y por más que se les preguntó sobre ese tema, tanto Rubén Kramarenko, Gerente General, como Pamela Hales, Representante Point of Care y Especialista en Diabetes hicieron hincapié en aquello.

Alatheia Medical apuesta por un protocolo exclusivo, en donde el foco de la atención es el paciente, y todas las acciones del equipo multidisciplinario tienden a entregarle todas las herramientas para sacar el máximo provecho de su bomba. Evaluación psicológica, apoyo de especialistas en nutrición, enfermería y contacto directo y estrecho con el médico tratante, recalcando que la bomba de insulina es una indicación médica, marcaron la presentación de una estrategia comercial potente hacia los pacientes.

Permítanme algo que puede parecer una arrogancia. Lo más fácil ya ha sido hecho: lanzar un producto de probada eficacia y calidad.  Ahora en base a los protocolos fijados, cumplir las promesas que se hicieron representa el mayor desafío, el que sólo con el paso del tiempo podremos evaluar.

Y les aseguro que dada la importancia del tema, estaremos muy atentos.

¿Acaso no es esa la “chilean way”?

No podemos ignorar la realidad…

Jueves, 30 de septiembre de 2010

pero sí podemos tratar de cambiarla.

Hace varios años ya le escuché decir a una persona muy respetable que la diabetes no genera noticias todos los días. Decía eso para justificar el manejo de un medio de comunicación especializado y su poca periodicidad. Por supuesto que discrepé, pues a esas alturas la globalización, y sobre todo internet, ya eran una realidad y el caudal de información diario era innegable. En lo que sí estábamos de acuerdo era en la necesidad de abordar esa información con seriedad, con responsabilidad, separando lo fundamental de lo intrascendente, lo verdaderamente importantes de la noticia barata que sólo busca a través del sensacionalismo aumentar la circulación o el rating.

Sin embargo con el paso de los años, y dedicándome a esto de lleno, creo que nunca imaginé lo difícil que podía llegar a ser seleccionar y a la vez generar contenidos para publicar algo que sea de real interés para todos, y que además me deje contento al final del día.

Seguro que podría tener “noticias” casi todos los días si me dedicara a publicar los resultados preliminares de estudios que hablan de la “cura de la diabetes”, por ejemplo.

Pero también encuentro muchas noticias (las más) que hablan de lo malo de la diabetes, que hablan de amputaciones, de ceguera, diálisis, impotencia, transplantes y por cierto hasta de muerte.

Está fresca en mi memoria la noticia del fallecimiento del Jefe del las FARC en Colombia, el llamado “Mono Jojoy”, que dicen fue localizado y emboscado gracias a… su diabetes! Y es que ya tenía problemas en los pies y cuando solicitó unos zapatos especiales pusieron en ellos un localizador GPS que fue fundamental para ubicar donde estaba su cuartel general. Conclusión de los medios: la diabetes traicionó al Mono Jojoy…

Cuando veo una historia así, me surgen todas las dudas… No se mucho qué hacer. ¿La publico? ¿No la publico? ¿Le cambio el tono?

La verdad sea dicha, sí sé que hacer. Sí sé cómo actuar, porque lo he venido haciendo toda mi vida. Y es que soy optimista por naturaleza, por lo que siempre voy a privilegiar las noticias positivas. Me resulta más natural y fácil predicar con el ejemplo y hablar de mí (soy la persona con diabetes que mejor conozco ;) ) y mis exámenes revelan que estoy bien controlado.

Pero siempre está la duda…

Hace poco me llegó la noticia de una mujer inglesa de 47 años, diagnosticada con diabetes tipo 1 a los 9. Las fotos y su historia publicada en un conocido diario británico, eran elocuentes: amputada de ambas piernas y un brazo. A punto de perder el otro. Ya transplantada de riñón y varias otras consecuencias más debido un mal manejo en su diabetes que ella misma explicaba.

En resumen decía que durante su niñez participaba en varias actividades en su colegio y las hipoglucemias y su cuidado interrumpían su “disfrute” en el ballet o como porrista. Entonces para ella y su madre la forma de solucionar eso era estar permanentemente hiperglucémica. No vino a tomar conciencia del daño que se estaba haciendo hasta quedar embarazada de su primer hijo a los 30 años. Afortunadamente ni su primer ni su segundo hijo tuvieron problemas al nacer.
Hoy ya sabe lo que le espera. Sabe y está consciente que pronto vendrá la amputación del otro brazo.
Por cierto que en la foto actual luce una sonrisa de oreja a oreja. Y se ve auténtica, porque hoy quiere crear conciencia de las nefastas consecuencias de no darle la importancia que la diabetes se merece. Hoy quiere ser, y la prensa le da cabida, la imagen de que todos esos miedos y pesadillas que nos acosaron en nuestros primeros días con la enfermedad pueden ser realidad. Y eso puede ser loable: quiere educar desde su nefasta condición. Al parecer no le queda alternativa.
La nota está muy bien redactada y documentada, de aquello no hay dudas.

Es una realidad que no podemos ignorar. Hay personas que sufren las peores consecuencias del mal manejo de la diabetes.

Ella hoy busca crear conciencia y es usada como ejemplo.
Lo que no comparto es que los medios y algunas organizaciones destaquen este tipo de noticias por sobre los cientos de pacientes que sí están bien controlados, que sí han cumplido 20, 30, 40, 50 ó más años con diabetes y no tienen grandes inconvenientes. (Bueno, la Joslin Diabetes Center sí lo hace con su medalla de honor… que espero tener algún día, por lo pronto voy para la de los 25 años).

El debut de la diabetes es un golpe en la cabeza de todos los involucrados, del paciente y su entorno más cercano.
Todavía hoy, y seguirá ocurriendo, la primera referencia sobre diabetes que se le viene a la cabeza a todo el mundo es el adulto mayor, con sobrepeso, sedentario, amputado, dializado y ciego… Eso es una realidad, y como dato por si no lo saben en nuestro país, un gran porcentaje de las personas están en diálisis debido a una nefropatía diabética.

Pero es una realidad que sí podemos cambiar…

Clemente

La semana pasada apareció publicado en un diario de circulación nacional (La Nación) una nota que se titulaba: Diabetes juvenil, héroes por su salud. Y para dar pie a una nota muy completa sobre diabetes tipo 1 entrevistaron entre otras personas a mi buena amiga Ofelia con su hijo Clemente, que practica taekwondo en la Fundación Diabetes Juvenil de Chile. La idea era mostrar justamente la cara positiva de la diabetes. Y a mi juicio, el objetivo fue plenamente logrado.

Aquí está el archivo en PDF para que lo vean.

Esas son las noticias que me gusta destacar. Porque es el otro lado de la medalla. Es el lado amable, que no esconde temores y dudas, pero que demuestra que somos más fuertes y que con las herramientas, la actitud y la educación adecuadas podemos llegar lejos, porque si queremos podemos cambiar la realidad.

Hoy es cuando no podemos ignorar la realidad; hoy es cuando podemos cambiarla para mejor.

El valor de una glucemia

Martes, 14 de septiembre de 2010

Glucemia Perfecta!

¿Cuál es el verdadero valor de una glucemia me pregunto yo?

Y la respuesta no va por el lado del costo monetario, que hoy, en Santiago de Chile, bordea los CLP$ 400 más o menos (algo así como US$0,80.).

La semana pasada tuve la fortuna de estar con más de un glucolega, en distintas circunstancias. También estuve con personas que no teniendo diabetes están muy ligadas a este dulce mundo.

Más allá de las simpatía que siento por todos ellos (por lo general no me reúno con personas que no me caen bien) pude observar una cosa en común que me llamó poderosamente la atención.

Y es que las reuniones estaban situadas en un café o en una oficina, en horarios propicios para comer o tomar algo.
Y yo siempre que como algo que contenga aunque sea una mínima cantidad de hidratos de carbono, me controlo. Es algo automático. No lo puedo dejar pasar, siento que no lo debo dejar pasar.

Y me cuestionaron que me midiera tanto…

Actuar en base a supuestos ya no me sirve.

Ha pasado mucha agua bajo el puente, o azúcar si se quiere ser más literal je je je je, para suponer que si me siento bien estoy “muy bien”… O por el contrario. ¿Cuántos de quienes me leen ha confundido una baja con una alta porque le hicieron caso a los síntomas nada más, sin pincharse el dedo? Y el rebote de vuelta sólo tiene esa explicación, ¿o no?

Muchos me preguntan y se asombran de mis hemoglobinas glicosiladas ya casi fijas en torno a los 6,0 y 6,2% hace más de 6 años. Pero esa cifra es el resultado del control. Y no de otra cosa.

Alguien me dijo (espero que en broma) que un día de estos le gustaría quitarme mi glucómetro y hacerme comer y beber sin medirme la glucemia para ver qué hago…

Y yo que lo pienso, me digo que eso sería un desastre.

Voy a un café y pido un moka, descafeinado con leche descremada (mi gastritis lo agradece).Y ya antes averigüé que ese café tiene 46 grs. de hidratos de carbono… Y junto con la glucemia, ahí está el dato para programar el bolo que la bomba me administrará. ¿Qué pasaría si no me mido y no me inyecto insulina para ese café? A menos que esté bajo una hiperglucemia no la evita nada.

No siento que se un lujo medirme tanto, para mi es una necesidad. Algunos pensarán que es una obsesión, quizás, pero me siento bien.

Una amiga me ofreció un jugo light… Y por supuesto que me medí y me puse insulina, pues esa botella de 200 cc de jugo “light” tenía 22 grs. de hidratos de carbono, ¿cómo los voy a dejar pasar así como así?

Entiendo que hay un número importante de glucolegas que quizás no recibe todas la cintas que necesita al día, pero está en nosotros asumir el protagonismo de nuestro tratamiento y luchar por ellas.

Hoy, ese valor que muestra mi máquina forma parte del arsenal de armas que tengo para luchar por evitar las complicaciones de la diabetes, y siento que cualquier esfuerzo que haga por ello cuenta.

En primera persona…

Martes, 22 de junio de 2010

Este post lo escribí hace un tiempo ya y lo publiqué en mi anterior blog… Sin embargo es de los que siempre leo otra vez… Es mi cable a tierra. Y apropósito de algunas cosas que han pasado en los últimos días se los voy a mostrar otra vez.
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Qué fácil resulta para algunos de nosotros caer en la tentación…

Nos convertimos en diabéticos insulino dependientes a muy corta edad. Y en la medida que pasan los años, y vamos aprendiendo cada vez más de esta condición, nuestro nivel de conocimiento nos lleva a límites impensados.
Qué facil resulta entonces caer en la arrogancia de creernos médicos, de creer que todo lo que leímos y lo que aplicamos con nuestra diabetes debe aplicarse a todos los diabéticos.
Qué fácil resulta decirle a una madre de un chiquito debutante, con una hipoglicemia severa con convulsiones “No, no se preocupe, si hipoglicemias va a hacer toda la vida, entonces… una más o una menos, que más da”.
Qué fácil resulta ceerse un Dios en el manejo de la diabetes, un todopoderoso, que todo lo sabe y todo lo que hace es ley… Alguien que está por encima de todos.
Qué facil resulta creerse líderes porque llevamos más de la mitad de nuestra vida siendo diabéticos y nos hemos convertido en “ejemplos” dignos de imitar: aprendimos de la manera más dura todos los trucos y manejos poco ortodoxos para hacer de la diabetes nuestra aliada… y a veces creemos que eso está bien.
Qué fácil resulta creerse “Educador en Diabetes” por el sólo hecho de ser diabético, como si el conocimiento de las tablas de multiplicar nos calificara para pararnos frente a un curso de 25 niños en un colegio como “maestros” y enseñarles a multiplicar…
Qué fácil resulta darle indicaciones a una persona ignorante en el tema, inocente, que cree en ti por tu labia y postura frente a la vida.

¿Qué nos cuesta asumir nuestra propia ignoracia? ¿Qué nos cuesta ser consecuentes? ¿Qué nos cuesta respetar a un profesional que no por nada gastó al menos 12 años de su vida en aprender de medicina? Tal vez no estemos de acuerdo con su manejo… pero no somos médicos.

Es cierto. El poder que nos confiere el hablar en primera persona es fuerte. Pero por lo mismo debemos ser responsables. Si queremos ser el espejo del niño que recién está partiendo debemos ser consecuentes y humildes.
Debemos asumir nuestra ignoracia, nos hará más nobles.
Debemos tener conciencia que ningún consejo que nosotros pudiéramos dar reemplazará jamás la opinión de un médico, jamás.

¿Qué es lo que quiero? Llegar con mi testimonio de vida de hombre, esposo, padre, profesional, de diabético por ya largos 24 años a quienes recién están comenzando, también a quienes ya llevan un tiempo y todavía no encuentran el tratamiento óptimo para su vida.
No quiero premios ni alabanzas. No quiero dejar a una madre temblando por el siniestro futuro que le auguro a su hijo, prefiero que esa madre se informe más y lo deduzca al conocer mi buena historia y al darse cuenta que tal vez ella no lo está haciendo tan bien como parece…

Prefiero un “gracias” desde el alma, por el ejemplo de vida que estoy dando más que las loas por mis “incuestionables conocimientos médicos sobre diabetes”.

Llevo 24 años aprendiendo de diabetes. Y cada día descubro algo nuevo.

Me nutro con otros diabéticos y sus historias, me nutro con lo que cuentan sus padres, sus hermanos, sus esposas e hijos. Me nutro de un contacto cercano con distintos profesionales de la salud: médicos, enfermeras, nutricionistas, psicólogos. Con cada uno de ellos aprendo y discuto distintos puntos de vista. Los respeto y me respetan. Jamás le diría a un paciente que cambie de tratamiento, jamás le diría que su médico lo está haciendo pésimo, no tengo los estudios para hacerlo. Lo que si puedo hacer es confrontarlo con otros tratamientos y concluir que un ajuste podría mejorar su calidad de vida… como ha mejorado a lo largo de estos años la mía.

¿Insulina Oral Lyn en Chile? Ver para creer.

Lunes, 29 de marzo de 2010

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Oral Lyn

Hace rato que no iba a algún “evento” del mundo de la diabetes.

La semana ante pasada el destino y la buena voluntad de algunas personas quisieron que pudiera participar como asistente a la presentación titulada “Nuevas Opciones en la Administración de Insulina”, que en Santiago de Chile realizó el reconocido endocrinólogo Jaime Davidson, de la Southwestern Medical School de la Universidad de Texas.

Fuimos convocados a los salones de un hotel en la comuna de Providencia por el Laboratorio PMG Pharma.

Un coctail previo, breve presentación y conversación con el Dr. Davidson y a la conferencia.

El doctor comenzó con una afirmación muy potente: “Los pacientes no saben suficiente de diabetes… Y lo peor es que cuando dejan la consulta se convierten en sus propios médicos”.

Vaya! Bastante obvio a mi parecer, pero que fuerte resulta escucharlo de boca de un médico.

El Dr. Davidson mencionó que el estudio Optimize, sobre 1500 pacientes diabéticos tipo 2 en 7 países, demostró que más del 50% de los pacientes no conocían su HbA1c, y el 55% de los pacientes que usan insulina no logran los rangos metas deseados. También se concluyó que existe más temor a inyectarse insulina que a pincharse el dedo para medir su glucemia…

Otra de sus afirmaciones que escuché fue en relación a la importancia de la glicemia postprandial, hoy en día considerado un muy buen predictor de la diabetes tipo 2, así como un factor de riesgo elevado en problemas cardiovasculares.

Con estos antecedentes, avalados por un sinnúmero de cifras y gráficos, comenzó lo que de verdad me interesaba más: la presentación de Oral Lyn.

Es complicado cuando uno asiste a estas cosas, pues está el prejuicio de creer que te tratarán de vender el “producto” como el “justo lo que usted necesita”…

Lo primero que hay que decir es que Oral Lyn es una insulina del tipo oral, que viene en un aplicador muy similar al que usan quienes padecen asma.

Dista mucho de las llamadas insulinas orales que fracasaron hace poco años (Exhubera y otras), las que eran absorbidas en el pulmón, lo que generó reportes de complicaciones asociadas tales como cáncer.

Oral Lyn, se absorbe en la cavidad bucal, en la mucosa, en las paredes de la boca.

El Dr. Davidson mostró un caso clínico. Y claro que se ve que funciona. Al menos con el efecto hipoglucemiante que se le pide a una insulina.

Datos más o menos claves: es insulina regular humana. Líquida. Está aprobada por la FDA, tiene una absorción que se inicia entre los 3 y 5 minutos después de aplicada, con un peak entre los 50 y 60 minutos, por lo que puede decirse que es más bien lineal. En consecuencia casi no genera hipoglucemias. Su duración en el cuerpo no llega a los 120 minutos.

La descripción que hace el Dr. Davidson es que se siente más bien fría en la boca y no puede ser aplicadas en muchas unidades cada vez, por lo que como se usa en bolos con las comidas, es recomendable aplicarla antes y después de ingerir los alimentos.
Para conocimiento de los usuarios, la presentación incluye dos tubos de 400 UI y un aplicador; y un “puf” equivale a una unidad de insulina.

Cabe mencionar que se usa obligatoriamente combinada con alguna insulina basal (inyectable) y está especialmente recomendada para aquellos pacientes que tengan fobia a las inyecciones o en caso de DT2 que se inicien en la terapia con insulina…

La prensa anunciaba la llegada de la misma a nuestra América Latina, específicamente a Ecuador, para 2006… ¿Qué pasó entre medio? Llegó a Ecuador. ¿Por qué ha tardado tanto en entrar en el resto de la región? 

La barrera del precio puede ser una razón. Cuesta más que las insulinas tradicionales. ¿Cuánto? Lo desconozco.

Lo que sí se es que Oral Lyn es el “caballito de batalla” de Generex, la compañía canadiense que la fabrica y que se dedica al desarrollo de sistemas de aplicación de medicamentos por vía oral.

Hoy Oral Lyn está aprobada para la venta en India, Argelia, El Líbano y Ecuador.
El sitio web de Generex consigna que en este momento están en Fase III estudios con más de 347 pacientes en más de 74 sitios alrededor del mundo, entre los que se incluyen algunos ubicados en los Estados Unidos, Canadá, Bulgaria, Polonia, Rumania, Rusia y Ucrania.

Según algunos trascendidos, se estarían realizado las presentaciones en los organismos competentes para lograr su aprobación en nuestro país, por lo que siendo optimistas, se espera que pudiera ser lanzada en 2011.

¿Mi opinión? Ver y probar para creer. Ya con casi 24 años en esto, he escuchado y he visto bastante. Está bien que haya empresas interesadas en ofrecernos alternativas. Tienen derecho a hacerlo y los pacientes nos lo merecemos, pero es mejor ser cautelosos.
Me gustaría ver los estudios y noticias más recientes. Lo único que se encuentra en la web es sobre su lanzamiento en Ecuador y la aprobación en la India… en 2005 y 2006 respectivamente.

Una insulina que no se inyecta es el llamado “Santo Grial” del tratamiento de la diabetes. Si Oral Lyn lo fuera, estoy seguro que ya estaría en más países y los millones que nos inyectamos la insulina ya andaríamos con el aplicador en el bolsillo.

¿Alguien sabe más? Ojalá lo compartan por acá.

Diabetes, un precario equilibrio.

Miércoles, 27 de enero de 2010

Nunca me han gustado los titulares que mezclan diabetes con la palabra muerte.
Mi visión de la vida es más optimista, aunque por lo demás, todos nos vamos a morir algún día…

Hace casi 24 años ya que aprendí que con diabetes y usando insulina no me puedo dormir en los laureles. El balance entre bajas y altas es susceptible de ser alterado a cada momento. Basta un descuido, una omisión, un supuesto errado para tener como resultado una glicemia que no nos gusta y nos hace sentir mal. La insulina suficiente para corregir las altas y las glucosas o dulces azucarados para las bajas son parte de las armas con las que todos los días enfrentamos nuestra diabetes y la hacemos seguirnos el ritmo, el que nosotros marcamos. Así debe ser, siempre.

Me llega una noticia publicada por BBC Mundo cuyo título es “En diabetes la baja glucosa también mata”. Es sobre un estudio que concluye que el tratamiento intensivo para bajar los niveles de azúcar en sangre podría ser tan peligroso como permitir que el azúcar esté en un nivel alto.

Se estudió a pacientes tipo 2 con dos agentes orales y también otro grupo al que se le había incorporado la insulina a su tratamiento.

Bueno. Obvio que hay riesgo. La insulina es hipoglucemiante por definición, por lo que las bajas son esperables sí o sí. El punto es estar lo suficientemente educado para prevenirlas y no llegar a la hipoglicemia severa y de ahí a la muerte.

Cualquiera de los estados, bajos o altos, es riesgoso, sólo difieren en el tiempo en el que seremos presa de sus consecuencias.

Por años se ha dicho que un signo de buen control es tener la HbA1c bajo 7%… Pero por ahí se ha cambiado el discurso para hablar de valores cercanos a 6%… Lo que hace una gran diferencia. Quienes hemos hemos hecho el camino desde los 12 hasta lo 5,9 sabemos lo difícil que es bajar sólo una décima cuando ya llegaste a los 6,5…

Titulares como estos, que incluyen la advertencia tácita que usar insulina puede matar, son contra los que debemos luchar los que estamos por la terapia intensificada en los diabéticos tipo 1 y por la insulinización temprana en los tipo 2.

Titulares como estos son los que no me gustan.

Debemos internalizar que la insulina no es la cura, pero es el mejor tratamiento del que disponemos hoy. No hay otro con iguales propiedades. Sólo aprendiendo a usarla bien podremos sacarle el mejor provecho y seguir caminando, como lo hacen millones en el mundo, por la cuerda floja de la diabetes con la seguridad de no caeremos.

Por lo menos así lo pienso yo.

Link a la noticia: http://www.bbc.co.uk/mundo/ciencia_tecnologia/2010/01/100127_diabetes_glucosa_men.shtml

Link al estudio: http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736%2809%2961969-3/fulltext

Un páncreas artificial no es la cura de la diabetes.

Miércoles, 20 de enero de 2010

Cuesta escribir esto pero no tengo por qué ocultar lo que siento.

Y es que la noticia que leo no me emociona tanto como a otros…

La nota en cuestión la recibí vía Twitter el miércoles de la semana pasada por la mañana y no pude publicar nada pues estuve todo el día en reuniones de las que espero poder informarles más adelante.

Se las resumo. La Fundación de Investigación para la Diabetes Juvenil (JDRF por sus siglas en inglés) anunció una innovadora alianza con Animas Corporation (cuyos dueños son Johnson & Johnson) para desarrollar en conjunto un sistema automatizado y ayudar así a las personas con diabetes tipo 1 en un mejor control de su enfermedad. Este sería el primer paso en el más revolucionario avance en el tratamiento de la diabetes tipo 1 pues de lo que se habla es del desarrollo de un páncreas artificial, un sistema totalmente automatizado para entregar insulina al pacientes basado en los cambios en tiempo real del nivel de azúcar en la sangre.
Se espera iniciar las pruebas en un año y en un plazo de unos cuatro tenerlo listo para la comercialización y aprobación por parte de la FDA.

Les dejo el enlace al comunicado para que lo vean ustedes mismos. http://www.jdrf.org/index.cfm?fuseaction=home.viewPage&page_id=2458B97B-1279-CFD5-A70D0580F67A16A9

Debo declarar que encuentro tremenadamente destacable y respetable el trabajo que desarrolla la JDRF, eso es incuestionable.

Pero no puedo emocionarme por lo que leo. Cuando se plantea que el dispositivo será un páncreas artificial es en donde me surgen las dudas.

Primero se dice que el dispositivo detendrá la infusión automáticamente en situaciones de hipoglicemia y la aumentará en caso contrario.

Invito a los lectores más nuevos a leer, y a los antiguos a recordar, que acá mismo en MiDiabetes.cl, y con ocasión del Congreso de la ADA en USA, publiqué una nota sobre el Paradigm Veo, el dispositivo de Medtronic que es una bomba asociada a sensor continuo de glucosa que lanza la alarma de hipoglicemia y detiene hasta por dos horas la infusión de insulina. Más todavía. Acaba de ser presentado en España.

O sea, ya hay algo parecido en el mercado Europeo, pero todavía no recibe la aprobación de la FDA. Desconozco la relación entre Medtronic y la JDRF, desconozco el por qué todavía no es aprobada en los Estados Unidos.

Pero más allá de las dudas de orden económico-político que me surgen, aparecen otras más relacionadas con la cosa científica.

¿Han reparado en lo que implica escuchar sobre un órgano artificial? Pulmones artificiales, corazón artificial… Y hasta el sistema de diálisis cae en la categoría de riñón artificial. ¿Y cómo son esos aparatos? ¿En qué circunstancias llegan a ser usados? Grandes, costosos, usados como elementos de salvataje frente a una emergencia vital.

Es cierto que el avance de la ciencia nos ha llevado a la disminución en el tamaño de los dispositivos. Basta ver las imágenes de las primeras bombas de insulina: verdaderas mochilas en las espaldas de los pacientes, hoy reducidas a medidas similares a las de un buscapersonas o un teléfono móvil.

Bomba y sensor continuo de glucosa en un mismo aparato ya trabajan juntos, con resultados no del todo óptimos, pero abren la esperanza de que algo mejor vendrá.

Sin embargo, liberar al paciente de la toma de decisiones… Todavía lo veo lejano.

Tendríamos que adentrarnos en los intrincados caminos de la química de la alimentación para entender que la liberación de insulina por parte de las células beta no comienza cuando el azúcar llega a la sangre. Tendríamos que tener muchas páginas para explicar el mecanismo que propicia la liberación por parte del hígado del glicógeno que nos hace subir la glicemia cuando estamos bajos.

Hoy yo, con los datos de glicemia e ingesta de carbohidratos que ingreso a la bomba propicio que el aparato me ofrezca una cifra, una sugerencia en cuanto a la cantidad de insulina a liberar para determinada comida. Y todo eso basado en la comunión de las partes móviles del equipo y un complejo software. Pero soy yo el que modifica esa cantidad si lo que voy a comer contiene muchas grasas o es de absorción rápida. Soy yo el que decide activar una basal temporal al 50% luego de realizar un ejercicio sostenido en el tiempo. Soy yo el que previendo una situación de estrés y posible aumento de la glicemia me aplico 0,2 UI para mantener el azúcar en el rango meta. Soy yo el que sabe que dependiendo de donde me ponga la cánula, habrá una variación en la absorción de la insulina, y en ese caso, tengo que cebarla con más unidades que las normales… y hasta subir un poco mi basal por un rato.

La regulación del nivel de mi azúcar en sangre parte en mi cerebro… Y no me imagino este “páncreas artificial” conectado a mi cerebro.

Reducir la explicación del funcionamiento de un páncreas artificial a que si el sensor marca alta la bomba infunde más y si es una baja deja de bombear, es saber poco del trabajo de nuestro maravilloso cuerpo humano (bueno, maravilloso es un decir en mi caso).

Hay muchas otras investigaciones que van por el camino de la modificación genética, de un reajuste de nuestro sistema inmune, vacunas y células madre de por medio, que para mi tienen más el sentido de la “cura”.

Pero como dije hace casi 24 años, ojalá alguno de los esfuerzos que se hacen por “mejorarnos” resulte. Ojalá haya un aparato, un método, un medio que pueda curarnos de una vez por todas, o por lo menos curar a los que están por ser diagnosticados.

Como en esas navidades en que no esperaba nada y tenía el mejor regalo que pudiese haber escogido, antes que las decepciones y la desesperanza por el fracaso prefiero la cautela y llevarme una tremenda sorpresa cuando lo que se dice y anuncia con comunicados de prensa sea de verdad realidad.

Glucómetros… esos aparatos en los que debemos confiar

Martes, 21 de julio de 2009

A propósito del revuelo que causó la noticia sobre Lantus y los estudios que la situaban siendo el origen de algunos tipo de cáncer es que me detuve a pensar…

¿Por qué usamos los glucómetros que usamos? ¿Precio? ¿Calidad? ¿Costumbre? ¿Obligación? ¿Es lo que hay no más?

Llegó a mis manos el glucómetro Prodigy Autocode. En un próximo “MiDiabetes lo prueba” les contaré como estuvo, pero esta prueba me llevó a recordar cuando hace un par de años probé un modelo anterior de la misma marca… que me pareció bastante pobre en calidad, muy lejos del que probé hoy día, o sea hay un avance considerable en lo que la marca nos ofrece hoy día.

Y claro… De términos técnicos como glucosa oxidasa, reflexión de luz y otras cosas poco sabemos o la verdad poco nos interesa… Pero debería, pues del resultado que leemos en esa máquina depende casi nuestra supervivencia.

Pero… ¿quién certifica que lo que marca el glucómetro que usamos sea la realidad? ¿Quién nos garantiza que los resultados son confiables?

A las insulinas les pedimos muchos estudios clínicos que garanticen su efectividad y su seguridad… Y a las máquinas con las que medimos nuestra glicemia… ese resultado que nos lleva a dosificar nuestra jeringa, lápiz o bomba no le pedimos lo mismo.

Saben ustedes que el estándar internacional permite hasta el 20% de error como margen a los glucómetros… ¡20%! A esta hora, las 22:09, mi bomba me corrige con 0,6 UI si tuviera 300 mg/dL y con nada si tuviera 240 mg/dL…

El punto es que ¡confiamos! en esas máquinas sin cuestionar mucho parece… Y justo me encuentro con un artículo en el New York Times on line que trata del tema. Se los copio abajo pues creo que está sólo para suscriptores. Habla de que los estándares para monitores de glicemia deben ser elevados dada la cantidad de gente que los usa hoy día para dosificar tratamientos y lo crítico de su uso, ya que es común verlos incluso en las salas de urgencia de hospitales.

Todo un tema.

Standards Might Rise on Monitors for Diabetics

By GARDINER HARRIS
Published: July 18, 2009

Federal officials may soon require improvements for the glucose monitors used by more than 11 million diabetics in the United States.

The rise in the use of home glucose monitors, even by hospitals, is pushing the action by the Food and Drug Administration, which for decades has followed international standards that allow the devices to be wrong by as much as 20 percent. Such a wide error rate can leave patients vulnerable to severe problems, including seizures, unconsciousness and coma.

In June, the agency pressed the international group that sets the standards to tighten them. If the group refuses to act, the agency “may instead recognize other (higher) performance standards” on its own, according to a June letter from Dr. Margaret A. Hamburg, the agency commissioner.

A change in the international standards is the easiest and best option, officials said. The International Organization for Standardization, which sets the standards, can act quickly and broadly. But the F.D.A. can change the rules itself through a more time-consuming and cumbersome process.

Officials said they would keep pushing until monitor accuracy improves, a promise that diabetes doctors cheered. In a May letter, the American Association of Clinical Endocrinologists formally asked that the agency act on the issue.

“Because of the highly variable quality of the meters and the glucose testing strips in widespread use, the safety of our patients who depend upon those meters is threatened,” the letter said.

Khatereh Calleja, a spokeswoman for the Advanced Medical Technology Association, which represents monitor manufacturers, responded, “We think the present standard is working.”

Diabetes has been diagnosed in 18 million people in the United States, and another 6 million are estimated to have the disease without knowing it. It is the seventh leading cause of death and costs the United States an estimated $174 billion a year, with the federal Medicare program spending $1 billion on diabetes test strips alone.

Of particular concern to federal officials is the increasing use of home glucose monitors in hospitals. A landmark 2001 study published in The New England Journal of Medicine found that using insulin to maintain low blood sugar levels in critically ill patients, even those without diabetes, reduced hospital deaths by 34 percent — a result so astonishing that hospitals around the world soon adopted the practice.

But instead of buying the highly accurate and expensive glucose monitors used in the study, many hospitals bought cheaper home models never approved for hospital use. More recent studies have shown that critically ill hospital patients whose glucose levels were kept low suffered more problems — the opposite result from 2001.

The difference, F.D.A. officials said, may have resulted because many patients in the second study were checked with home monitors.

“We think this technology is not up to par for some of the protocols we see out there” like hospital treatment of critically ill patients, said Dr. Alberto Gutierrez, deputy director of the agency’s in vitro diagnostics office. “We feel passionately that this is an important issue.”

Besides having a wide error rate, many home monitors give the wrong result if patients are taking certain drugs like Tylenol or even vitamin C. The Accu-Chek monitors made by Roche can be confounded by drugs commonly used in dialysis. Julie A. Vincent, a Roche spokeswoman, said, “Every blood glucose monitor on the market has some limitation or interferences.”

The F.D.A. issued warnings about the drug-related problems, but doctors complain that they have a hard time keeping straight which drugs conflict with which monitors.

“In the hospital setting, you really don’t know how many deaths are due to things that may be related to meter accuracy,” said Dr. Richard Hellman, a former president of the endocrinology group. “I don’t know how common it is, but I don’t think it’s rare.”

A study by government researchers found that when comparing tests from five different popular monitors, results varied by as much as 32 percent. For a class science project recently, Morgan DiSanto-Ranney, 16, of Bishop O’Connell High School in Arlington, Va., bought seven different glucose monitors and had her father, a diabetic, use all of them.

“What I found was that almost all of the meters were off from one another by 60 to 75 points,” Morgan said in an interview. Two of the meters — Ascensia Breeze and Ascensia Breeze II, both made by Bayer — differed by an average of 62 points, she said.

Staci Gouveia, a Bayer spokeswoman, said her company’s monitors meet federal requirements. “If the F.D.A. standards change, Bayer will work with the F.D.A. to meet their requirements and assure the accuracy and effectiveness of our meter,” Ms. Gouveia said.

Morgan’s mother is Emilia DiSanto, a staff investigator for Senator Charles E. Grassley, Republican of Iowa. Briefed on Morgan’s test and other studies, Mr. Grassley sent a letter to the F.D.A. in June asking officials to review the problem.

As a result of her project, Morgan’s father lost faith in glucose monitors. “He doesn’t use them as much anymore,” she said.

That reaction is exactly what federal officials are hoping to avoid by quietly pressing manufacturers to improve accuracy. Multiple studies make clear that diabetics who routinely use monitors are healthier and suffer fewer serious complications than those who do not.

Manufacturers have long complained that any requirement to improve accuracy would lead them to raise prices, which would discourage use.

“If we decrease the use of meters, you will have some fairly dire consequences to health,” Dr. Gutierrez said, but requiring stricter accuracy standards “seems a reasonable and safe practice to do.”

Every year, the F.D.A. receives reports of several deaths and thousands of injuries related to glucose monitor failures, but the reports represent only a fraction of the actual toll. Insulin-dependent diabetics slip into unconsciousness once a year on average, and 40 percent suffer seizures or coma in their lifetimes because of low blood sugar levels, according to the American Diabetes Association, which has long advocated stricter accuracy standards for monitors.

“Insulin is a dangerous drug, and if someone makes the wrong decision about its use because of a bad test, they could die,” said Dr. David Sacks, an associate professor of pathology at Harvard Medical School.