Personal

Diabetes y embarazo, una experiencia personal.

Tengo Diabetes 1 hace 20 años y quiero tener un hij@!

Javiera
Hola soy Javiera, tengo diabetes desde los 12 años, hoy tengo 32 y quiero tener un hij@!
Comencé este camino hace un año aproximadamente, porque hay que prepararse.
Siempre supe que podía hacer de todo teniendo una diabetes bien controlada, pero cada desafío nos enfrenta a nuevos requerimientos, nuevas metas, más exigencias… Jajaja como si ya tuviéramos pocas!
Como siempre dice mi partner Marcelo… “No somos médicos ni chefs, por lo tanto no damos recetas”. Pero hablamos desde la experiencia… y de la buena, del cuidado de la diabetes con un equipo que te acompaña, de cuidarse siempre y EDUCARSE! Es que si Elliot Joslin estuviera vivo seríamos amigos, lo sé! Porque la Educación es el tratamiento de la diabetes.
Les cuento que mi hemoglobina glicosilada (HbA1c) hace años no supera los 6,5% y no porque quiera tener hijos desde hace tiempo (por lo menos 15 años), sino porque quiero vivir y vivir bien. La vida es muy buena y entretenida para llenarse de malas experiencias. El trabajo es duro, pero de verdad se puede lograr!

En este tema, diabetes y embarazo, hay de todo.

Experiencias buenas, malas, discursos correctos y algunos equivocados; pero sea lo que sea que busquen deben llenarse de buenas fuentes.

También encontrarán recomendaciones claves para el proceso PREVIO al embarazo, las que entrega la Asociación Americana de Diabetes (ADA por sus siglas en inglés) por ejemplo, son buenas y claras:

Cuidados pre concepcionales con tu equipo ginecológico.

  • cuidados de Diabetes con tu equipo endocrino, ¿cuáles?
    • HbA1c menores a 7%.
    • Meta glicemia preprandial: 70 – 119 mg/dl.
    • Meta glicemia 1 hora postprandial: 100 – 140 mg/dl.
    • Hábitos saludables, peso, alimentación y ejercicio,
    • Realizar un examen previo al embarazo que incluya: HbA1c, Presión Arterial, saber si hay y tener control de enfermedades al corazón, riñón, nervios y ojos.
    • Además realizar un examen de la Tiroides.

Todas estás recomendaciones son generales y están acompañadas de lo que TU equipo de diabetes te recomiende, todas las personas somos diferentes y necesitaremos cuidados especiales según nuestros requerimientos, pero esto nos entrega una buena guía.
¿Qué hice yo?
Prepararme, leer mucho, cuidar mi peso y alimentación siempre, hacer ejercicio regularmente y mucho más.

Yo uso bomba de infusión continua de insulina hace por lo menos 10 años, por lo tanto estoy entrenada en este tratamiento y desde esta vereda les hablaré, pues es lo que yo manejo. Además un mes antes de embarazarme comencé a usar el FreeStyle Libre, el sensor de Glucosa Flash que fue (ya les detallaré) una TREMENDA ayuda.

Lo previo para mi fue al menos estar un año antes con una HbA1c de 6,1%. ¿Por qué? Porque es necesario asegurarse que podemos controlar la diabetes sin agregar el embarazo aún. Creo que “ponerse las pilas” cuando ya estás embarazada es muy encima, y aunque hemos escuchado muchos casos de éxito, la recomendación de HbA1c es baja durante el embarazo, por lo tanto vale la pena entrenarse antes, porque lograrla después no será sencillo.

Los primeros 3 meses del embarazo son claves para la formación del bebe, por lo tanto si tu diabetes está en control te aseguras que esa etapa está ok! En cambio, si decides comenzar a “controlar tu diabetes” luego de saber que estás embarazada podrías demorar unos 2 o 3 meses en lograrlo, justo el tiempo que tu bebe te necesita al 100%.

Bueno, con toda esta etapa previa en orden, ahora la campaña es embarazarse… 😉 Para mi fue una buena experiencia. Rodearte de buenas energías y pensar positivo es clave, amor, familia y amigos.

Yo decidí además que fuera un proceso de pareja y no grupal… Jajajaja, no sé pero creo que guardar este proceso para nosotros fue una buena decisión.

Y bueno… Con 6 semanas… Ya era evidente el “atraso” y estaba embarazada!
Test positivo y al doctor! Todo bien y a esperar la “temida” eco del primer trimestre.

Respecto de la diabetes, las recomendaciones en este periodo son “cuidarse” lo mejor posible, es un periodo clave para el embarazo y desarrollo exitoso de éste. Muchos embarazos se pierden antes de las 8 a 12 semanas y a veces nada tiene que ver con Diabetes, por lo tanto estar cuidada y bien es lo mejor en este periodo.

Cuando ya estás embarazada, con qué equipo deberías contar?

  • Ginecologo que haya atendido pacientes con diabetes o que tenga experiencia. Además de su equipo (Matrona, nutricionista, etc.)
  • Pediatra para atención del bebe en el parto y sus posibles complicaciones.
  • Diabetologo que se comunique con equipo que controla el embarazo y que idealmente haya preparado el periodo previo a este junto a ti.
  • Tu eres la LIDER de tu equipo, siempre!

Les dejo un resumen de mi diabetes ese primer trimestre… que en realidad es como si no estuvieras embarazada. Técnicamente los cambios hormonales que “afectan” tu control, vienen después, por qué? porque las hormonas que aumentan los requerimientos de insulina y que afectarán tu diabetes se producen por la placenta y en los primeros meses la placenta recién está formándose, aún no funciona en su 100% (por decirlo de alguna manera fácil).

Así que en resumen, este periodo fue un paraíso en mi diabetes. Como ademas me puse muy estricta mi HbA1c del inicio bajo de 6,1% a 5,7% yo feliz! la verdad es que debo decir orgullosa que siento que le cumplí a mi bebe, mi parte ya estaba hecha, ahora sólo le tocaba crecer sanit@.

Me dediqué a observar mis curvas de glicemia, descargar informes de mi sensor y enviárselos a mi diabetologo para que estuviera al tanto.

Debemos recordar que en este periodo pueden aparecer algunos síntomas propios del embarazo, nauseas, vómitos, mareos, sueño, etc. etc. Tal vez esos podrían dificultar el control de la Diabetes, me imagino que especialmente cuando los síntomas están relacionados a la comida, si efectivamente no toleras nada y vomitas mucho, probablemente será más difícil estar bien.

Afortunadamente yo no tuve ninguno de estos síntomas, por lo tanto mi foco estuvo en Diabetes solamente.

Les cuento que comencé a mirar más las curvas y gráficos, a corregir periodos de basar que no andaban tan bien, etc. etc. Junto a mi Diabetólogo, observamos y ajustamos, a las 10 semanas de embarazo me pidieron unos exámenes de rutina (que generalmente se hacen a las 8 semanas), en estos agregué la HbA1c y esta fue de 5,7% por lo tanto, estábamos perfectos!

*Las recomendaciones ya embarazada, entregadas por la ADA ahora son:

  • Meta glicemia preprandial: 60 – 99 mg/dl.
  • Meta glicemia postprandial: 100 – 129 mg/dl (1 a 2 horas desde el inicio de la comida), aunque mi diabetologo me pidió máximo 120 mg/dl.
  • HbA1c 6%.

Este fue el análisis que hicimos:

  1. Mirar las curvas y obvio… ver más allá!Patrones diarios FreeStyle LibreExplicación: esta es una de las imágenes que te entrega la descarga de datos del FreeStyle Libre, un resumen de los días descargados en gráfico y además con las lecturas de glucosa, ósea todos aquellos puntos grises son las lecturas que realizó el sensor.
    Además en la parte de arriba te entrega un promedio de glicemia por los bloques de horas.Cuando yo miro esto, tengo un buen resumen, pero debemos mirar más allá porque aquí pueden estar “escondidos” algunos momento del día que necesiten ajustes, al mirar esto podemos pensar que estamos casi perfectos.
    Patrón de Glucosa del FreeStyle Libre
    Explicación: aquí vemos algo muy parecido al anterior, pero con sólo algunos cambios que son muy importantes.a. Se agrega “Mediana objetivo” que es la meta de glicemia que uno establece, pensando en un valor de HbA1c. Esa configuración se realiza antes de descargar los datos cuando conecto al computador y no directo en el lector (donde sólo puedo configurar el “rango deseado).Como me di cuenta de esto luego de descargado los datos, uds. pueden ver aquí que la Mediana Objetivo está en 154 mg/dl., pero como ya contamos los objetivos en embarazo son una HbA1c de 6%, por lo tanto deberíamos homologar la glicemia a ese rango.

    Con este rango el informe del sensor me entrega datos como:

    • Probabilidad de glucosa baja.
    • Mediana de glucosa (comparada con el objetivo)
    • Variabilidad por debajo de mediana.

    b. Se agregan en rojo los eventos de glucosa baja! CLAVE, porque lo que en la primera foto pasaba desapercibido, ahora nos muestra que hay periodos del día en lo que los puntitos rojos son muchos.

2. Comparar las 2 primeras imágenes con el despliegue de los días:

 

Despliegue de días del FreeStyle Libre

 

Explicación: aquí vemos un ejemplo de 3 días (aparecen todos los descargados), pero les muestro estos para tener una idea.

Si miramos esto vemos que “esos puntitos rojos acumulados en la noche” son un patrón que se mantiene casi todos los días, por lo tanto lo que parecía perfecto en la primera imagen, si necesitaba corrección.

Este análisis y los ajustes necesarios permiten que tu control sea muy estricto y el objetivo de HbA1c se cumpla.

Como les conté antes, las hormonas del embarazo aun no afectan las glicemia y por eso podemos aprender de este periodo y corregir. Así enfrentaremos el segundo trimestre con más herramientas, donde el promedio descrito de glicemia alcanza 8 diarias más las postprandiales.

 

Y bueno, ya se nos vendrá el segundo trimestre… Ya les contaré como va todo! Ahí se sumarán otras dudas y aprehensiones… ¿Cómo será el parto? ¿Y luego?

Queda tanto aun… y a disfrutar =)

Nos leemos

Javi

Javiera Pinto vive con diabetes tipo 1 desde 1994, cuando tenía 12 años de edad.
Javiera es Directora de Educación de Fundación Mi Diabetes.

De tristezas, diabetes y Angelina Julie.

Él es tu amigo, tu compañero, tu defensor, tu perro.
Tú eres su vida, su amor, su líder.
Él será tuyo siempre, fiel y sincero, hasta el último latido de su corazón.
A él le debes ser merecedor de tal devoción.”
Anónimo

 

Angelina Julie

Luego de 17 días desaparecida, Angelina Julie, está de regreso en casa. No todas las historias como esta tienen un final feliz… Nosotros sí lo podemos contar.

Me voy a tomar una licencia, y en este blog, en donde escribo de diabetes, voy a escribir algo personal… Porque si al final somos indivisibles y todo lo que nos pase, de una u otra forma afecta nuestra diabetes, es bueno contar historias.

 

Desde que tengo uso de razón he estado rodeados por esos seres de 4 patas que considero mucho más que una “mascota”. Son miembros de la familia. 
Primero en la casa de mis padres, también en las de mis abuelos que siempre visité, y finalmente en el hogar que formamos hace 22 años con mi esposa.
Desde que éramos pareja, siempre estuvo la idea de tener un can que nos moviera la cola de felicidad al llegar a casa.

Y así llegó Timoteo, un labrador retriever negro, que había nacido el lluvioso 18 de septiembre de 1997, imposible de enseñar a no destrozar las plantas… Por lo que su misión como “labrador” era solo cosechar… 😉
Cuando Timoteo se hacía viejo, y las enfermedades comenzaban a instalarse en su existencia, decidimos que quizás hasta para él sería bueno tener compañía más cercana, y llegó Guillermo Antonio Felipe Luis, que es una mezcla de Schnauzer. Y vaya que la pasaron bien los casi 3 años que alcanzaron a estar juntos. Timoteo falleció de causas naturales los primeros días de enero de 2010.

Guillermo dormía con nosotros, en nuestra cama.
Y se convirtió en un aliado importante en el manejo de mi diabetes. No, no crean que detecta hipoglicemias y cosas parecidas… Lo que ocurre es que tiene por costumbre despertarse a eso de las 2 AM para ir al baño. Entonces me despertaba para que le abriera la puerta, momento que yo aprovechaba para controlar cómo estaba mi azúcar en la sangre a esa hora. Así me salvó de varias hipos e hiper, pues estaba obligado a tomar alguna decisión con el número que me mostraba la máquina.

Siempre estuvo la idea de buscar un compañero o compañera para Guillermo. Por carácter, la recomendación era tener una hembra.
Sin embargo, nuestra afición por viajar (a veces por un largo tiempo) nos limitaba a conseguir esa cachorrita: ¿quién los cuida? ¿Molestamos a mis padres otra vez? ¿Pagamos por un hotel canino? ¿Nos extrañarán? ¿Les extrañaremos nosotros? ¿es justo con ellos ese “abandono” temporal?

A mi siempre me llamaron las atención los bulldog, sin distingo de si era inglés o francés. Quería un compañero o compañera para Guillermo que tuviera personalidad propia, por presencia.
En más de una oportunidad ante la posibilidad cierta de tener uno me negué, por el tema que mencioné antes, el de asumir una responsabilidad mayor con dos perros más bien pequeños que vivirían dentro de la casa (Timoteo era del patio trasero y era feliz con eso).

Finalmente en agosto de 2015, hacia finales de ese mes, parecía que los astros se alineaban y supimos de una cachorra bulldog francés “vaquita”, por el color blanco con manchas negras, de poco menos de 2 meses, que quedaba de una camada de varios hermanos más.
El 28 de agosto de 2015 Angelina Julie llegó a vivir con nosotros. Había nacido el 2 de julio.

Desde el principio demostró su personalidad más extrovertida que Guillermo. Guillermo es un gentleman que mira todo, lo analiza y luego toma una decisión: casi siempre es la de no intervenir, jajajaja. 
Angelina es más impulsiva, atropelladora, come con muchas ganas, bota la comida fuera de su plato, usa sus patas delanteras para más cosas que caminar… Es divertida, cariñosa, ronca mucho y huele peor!!! Pero esas son características de la raza… Quienes tienen bulldogs francés me entenderán. 
Los frenchies son así. Pero solo mirar su carita y sus ojos ya hace que te conquisten. Son adorables.

Angelina ha crecido sana y gracias a las publicaciones que he compartido en algunas redes sociales, ya muchos de nuestros amigos la conocen y también saben que forma parte importante de nuestra familia.
Para prevenir cualquier “accidente”, por recomendación de su veterinaria, Guillermo fue castrado… Porque además duermen juntos en la cocina (imposible para nosotros tener un sueño reparador con los ronquidos de Angelina). Pensamos más adelante cruzar a Angelina porque queremos verla ser madre también y así hacer crecer la familia de 4 patas en la casa.

La noche del domingo 19 de junio hacía frío. Hacía mucho frío, y como de costumbre, a eso de las 21 horas, salí con Angelina y Guillermo al jardín delantero de la casa, para que estuvieran ahí por última vez antes de cerrar las puertas e ir a acostarnos.
La rutina es esa: salen, hacen lo que tienen que hacer, entramos, suben al dormitorio, están una hora con nosotros recibiendo y dando cariño, y luego los bajamos a la cocina. Así cada noche, desde hacía 10 meses.

Como hacía frío, entré a buscar algo para abrigarme. Un par de minutos… Un par de minutos bastaron para escuchar a Guillermo ladrar, salir apurado, mirar hacia donde estaba Guillermo y no ver a Angelina y sentir su ausencia. No pensé en que podía estar en el otro lado del jardín… Simplemente sentí que ya no estaba con nosotros.
La llamé… La busqué al otro lado… No vino. Llamé a mi esposa para avisarle… Me asomé por sobre la reja, no se veía nadie… Salimos a la calle a buscarla… Nada… Salimos en el auto para buscarla un poco más lejos… Y nada…
La angustia, la pena, el dolor, la desazón y la incertidumbre nos invadieron.
Lloramos todos, los tres con nuestro hijo.
Lloré mucho, como nunca imaginé que podía llorar.
Esa noche casi no dormí… Estaba destrozado. Me sentía responsable. Le falle a ella, que confiaba en mi… Una pena infinita me invadió para no abandonarme por 17 días. Los amigos más cercanos lo saben.

Bajé casi 3 kilos en esos 17 días.
Los primeros días no tenía ganas de comer. Apenas lo hice. Además, estaba resfriado. Todavía no me explico cómo pude controlar tan bien mi diabetes y no caer en una descompensación. Quizás los años, seguro la bomba de insulina que utilizo, y mucho de sentir que tenía que estar bien para buscarla a ella. No tenía alternativa. Tenía que estar bien.

Yo trabajo desde casa, por lo que la compañía de Angelina y Guillermo es permanente. Ya tenemos nuestra rutina de cada día. Están conmigo, por lo general en el escritorio, durmiendo. Se despiertan, me piden salir, jugar un rato. Les alimento, compartimos mucho tiempo juntos.

Angelina no se escapó. La reja estaba cerrada, y no cabe entre los barrotes. Angelina es muy cariñosa. Se da con quien llegue a casa o pase frente al jardín. Basta levantarle los brazos y ella se para en sus dos patas traseras. No ladra.
Angelina fue sustraída desde nuestro jardín. Seguramente por arriba de la reja, que no es muy alta. Para nosotros, era la desaparición de un miembro de la familia.

Lo peor es no saber dónde está, no tener certeza alguna de las condiciones en la que la tienen… Para quien quiere a estos seres de 4 patas, para quien los quiere mucho, es muy duro enfrentar eso.

Sabemos que los “frenchies” están de moda. Sabemos que es una de las razas de perros más robada hoy en Chile. Pero uno no espera que le toque lo que parece una mala jugada del destino.

Sabemos que muchos perros robados se comercializan en ferias libres, mercados persas, y por supuesto en páginas en internet. Es cosa de mirar en el computador, o darse una vuelta por las ferias un domingo a medio día… Pero la nuestra es una perrita que ya está más grande… Y no está esterilizada. Entonces lo que se piensa es que la llevarán a un criadero clandestino y la usarán para reproducción… Esa es la realidad de muchos de los perritos robados también.

Entonces, te roban tu mascota y ¿qué haces?

Yo fui a primera hora del lunes 20 a Carabineros, a la 18ª Comisaría de Ñuñoa… Y la carabinero que estaba en la puerta, que me preguntó qué necesitaba y a la que le relaté lo que me había pasado me dijo que ellos “no podían hacer nada, porque no había testigos ni ningún indicio… “ Que mejor me dedicara a buscarla, y cuando tuviera una pista les avisara. 
Y me di media vuelta y me fui, con más pena que gloria. O sea, redes sociales, carteles en las calles, amigos, visitas a ferias libres y mercados persas, porque la autoridad no se hace cargo pensé.

Le pregunté a mi hermana, que algo sabe de esto por su trabajo y tampoco lo tenía muy claro.
 La recomendación: un cartel con recompensa. Hice un cartel para fotocopiar y así tener una buena cantidad y pegarlos en el barrio, para comenzar.
Pero la verdad, yo no tenía mucha esperanza. Es decir: si la robaron, no estaría en el barrio… Porque no se perdió. De eso estaba seguro.

Comenzamos el rito de la búsqueda. Y en cada cartel que pegaba, quedaba un poco de mi esperanza. Lloré pegando carteles…
En las redes se multiplicaba el mensaje. Muchos ayudaron. Muchos se interesaron. Muchos ofrecieron ayuda.
Mi papá empapeló su barrio. Y así, mucha solidaridad.

Finalmente mi hermana me dijo que debía hacer la denuncia en la PDI. Y ahí me trataron muy bien.
De hecho, aunque suene frío, una mascota robada para ellos es lo mismo que el robo de un televisor o una bicicleta. Se debe hacer la denuncia y será la Fiscalía la que determine si hay mérito para investigar o no.

Estando en la PDI el martes 21 de junio, específicamente en la Brigada de Delitos Medio Ambientales (la denuncia se puede hacer en cualquier unidad), recibí una llamada. Una voz de hombre, más bien joven y con un bajo nivel educacional por la forma de expresarse, me preguntó si había encontrado mi perro. No alcancé a responder y me cortó. Luego hicimos contacto otra vez pero según él no era mi perro. Por un momento creí que luego de 3 días vería a mi Angelina.
La denuncia iría a la Fiscalía. Eso tardó una semana. Es mejor denunciar directamente en la Fiscalía y se ahorran ese tiempo de tramite.

Llegó el primer fin de semana y la búsqueda nos llevó a las ferias persas de Santiago. No solo a la tradicional del Biobío, también a la de Teniente Cruz, reconocidas por ser lugares donde se puede conseguir un perro de raza, por bajo precio… Y dudosa procedencia, bueno, no solo perros…
La mayoría de quienes habían pasado por esto me lo recomendaban: si ves a tu perro, no lo cuestiones, cómpralo sin dudarlo!
Estuve en contacto directo con el detective que me decía que ellos por ahora no podían hacer nada hasta que la Fiscalía emitiera una orden de investigar, pero para eso, se necesitaban más antecedentes, alguna pista, que en ese minuto yo no tenía.

Ir a una feria persa a buscar un perro en particular es como buscar una aguja en un pajar… Nosotros íbamos para sentir también que hacíamos algo, que no estábamos en casa, de brazos cruzados, dejando pasar quizás la oportunidad de encontrarla. Pero la sensación de desesperanza nos invadía nada más al mirar y no ver nada.

De todos modos dejábamos carteles y conversamos con guardias y policías para hacerles saber que estábamos buscando a nuestra Angelina y ofrecíamos una recompensa. ¿Cuánto? No sabíamos pero $400.000 podían ser.

Recomendaciones y datos me hicieron llegar incluso a uno de los lugares más peligrosos de Santiago, en la zona oriente… Me dijeron que había un criadero clandestino de perros y que allí había muchos, que varias personas habían recuperado en ese lugar a sus perritos robados.
Fui, me expuse, conversé con personas que me miraban con desconfianza… Pero no conseguí nada.
Bueno, conseguí salir de ahí indemne, lo que para muchos a quienes les relaté esa experiencia ya era un logro.

Los mensajes a mi WhatsApp se sucedían… Muchos, solo malas bromas de personas que no logran entender el dolor que puede significar la pérdida de una mascota, de un miembro tan importante en nuestra familia.

Y hacía frío sobre Santiago… Y cada vez que salía a la calle, a cerrar la puerta de entrada repitiendo los ritos con Guillermo, se me encogía el corazón pensando en Angelina.

Pasó el fin de semana largo, se había cumplido más de una semana de la desaparición y un llamado telefónico serio, de una persona que de verdad nos entendía, me devolvió algo de esperanza. Me dijo que le parecía haber visto a Angelina el viernes 24 de junio, envuelta en una frazada, en brazos de una mujer, en la sucursal de un Banco Estado, en San Luis de Macul. Me describió a la mujer y me recomendó ir al lugar a preguntar. Eso queda a unos 5 kilómetros de nuestra casa, pero al otro lado de la Autopista Vespucio Sur, hacia al sur oriente.
Con ese dato fui a la Fiscalía. Si fue vista en un banco, se podían pedir las grabaciones de las cámaras de seguridad. Tenía el día y la hora bastante acotada.
 En la fiscalía ingresaron los nuevos antecedentes, pero obviamente que hay todo un proceso burocrático que lleva a que iniciar las acciones tomen tiempo.

Entonces… ¿Qué hacer?

Fui al lugar donde la habían visto. Fui y conversé con el Guardia de Seguridad del banco, que de tanto ver gente entrar con perros a la sucursal ya no se fija en eso. Pegué carteles en los alrededores y conversé con los dueños de algunos locales comerciales. En la farmacia del barrio me atendieron sus propios dueños, una pareja de adultos mayores, amantes de los perros, que se conmovieron y lloraron conmigo al escuchar la historia. Me dejaron pegar carteles, me regalaron más cinta adhesiva y junto a sus dependientas me dieron ánimo porque “usted va a encontrar a su perrita”. Salí de ahí con mucha esperanza.
Me fui a recorrer las Veterinarias del barrio. Mi esposa hizo lo mismo en forma virtual, enviando mails a todas las de las comunas cercanas. Muchas no respondieron, otras enviaron de vuelta el acuse de recibo con algunas palabras de apoyo.

Cuando ya volvía a la casa suena mi teléfono móvil. Me llamaban de la farmacia. Me pedían que volviera pues una clienta había reconocido a Angelina en el cartel.
 Volví y me encontré con una señora que vive a unos 4 kilómetros de ahí, más hacia el sur oriente, cerca de las intersecciones de Tobalaba y Departamental.
 Ella tiene un negocio, una botillería, y me dijo que el fin de semana había visto a una mujer, con Angelina en sus brazos, envuelta en una frazada… Y la descripción coincidía con la que me habían dado por teléfono (ella no sabía esa información). 
Me dio su dirección y teléfono por si quería llamarla. Obviamente ese era otro dato que podía aportar a la Fiscalía. Y así lo hice al día siguiente. Pero una vez más, antes que ellos emitieran la orden, fui directamente hasta el lugar.

Quienes conocen la zona saben que es un barrio más bien popular, casas pequeñas, de construcción semi solidas, y si uno sigue el dirección al oriente se encuentra con los faldeos cordilleranos y algunas quebradas. Si bien algunas poblaciones han sido erradicadas de ahí por los riesgos de aluviones (que los afectaron en años anteriores) de todos modos ha llegado gente nueva a algunas “tomas”, por lo que para quienes llevan más tiempo no es sorpresa ver caras nuevas con mucha frecuencia. Es lo que me dijeron la mayoría de los dueños de negocios con los que conversé y a quienes les pedí permiso para pagar carteles. Gente muy receptiva también y dispuesta a ayudar.

¿Podría estar Angelina en alguna casa por ahí? Habían pasado 12 días ya y eran los únicos datos concretos que teníamos pero… ¿Y si se habían confundido? Los bulldog francés se parecen muchos unos a otros, incluso en más de un grupo en Facebook ponían la foto de uno que había aparecido preguntando si era Angelina.

El fin de semana del 2 y 3 de julio la pasamos mal. El sábado 2 Angelina cumplía un año de edad. Y salimos a recorrer algunas ferias libres del barrio y de comunas adyacentes a donde la habían visto… Pero hacía tanto frío, y el ambiente era tan deprimente que solo queríamos que no estuviera ahí.
Además, estábamos enfermos. Un resfrío rebelde, con las defensas muy bajas nos tenía por las cuerdas con mi señora. Mi hijo estaba en las mismas, y con una sobre carga de estudio por termino del semestre.

El domingo fuimos a una feria persa en la misma zona, en la calle Departamental, al poniente de donde la habían visto por última vez. Amigos recorrían otras en paralelo. Pero nada. Solo vimos la venta de algunos cachorros de raza indeterminada.
Volvimos a casa con pena, una vez más.

La semana del 4 de julio comenzó con la idea de intensificar la difusión en redes sociales, aunque poco a poco las esperanzas comenzaban a flaquear. 
Lo positivo es que me llamaron de la Fiscalía, me pidieron más antecedentes y se comprometieron a agilizar las medidas. El contacto que seguía manteniendo con el detective de la BRIDEMA de la PDI ayudó a eso también.

El miércoles 6, fui a dejar a mi esposa a un evento al que había sido invitada, porque la vida continúa. Eso fue cerca de las 20 horas.
Luego de dejarla y comenzar a volver a casa, a eso de las 20:15, y en medio de un tráfico horrible, recibí un llamado. Me di cuenta que tenía varias llamadas perdidas del mismo teléfono.
Lo primero que hace la voz de un hombre al otro lado de la linea es identificarse, con nombre y apellido. Eso solo me había pasado cuando me llamaron para darme el dato del Banco Estado donde habían visto a Angelina.
 Me pregunta si soy Marcelo González, luego de lo cual me dice: “Creo que le tengo una buena noticia… Encontré a su perrita”.

Si bien era la noticia que estaba esperando desde hacía 17 días, luego de todo lo que había pasado, de los llamados fingiendo que la tenían para cobrar la recompensa, de las malas bromas de adolescentes ociosos y los mensajes de WhatsApp que buscaban engañarnos, no podía menos que desconfiar. Total, ya era público que estábamos ofreciendo un millón de pesos de recompensa también.

Bueno. Le dije a Juan que en vista de todo lo que me había pasado antes, necesitaba ver una foto para comprobar que fuera ella. Y él me dijo que sí era. Que había visto mi publicación en Facebook y era Angelina. 
Me envió una foto… Y por supuesto era. Le re envié la foto a mi señora pero nunca la vio, no tenía señal en su teléfono. Se le envié a mi hijo y él también la reconoció.
Con mi glicemia estable, me comí un par de tabletas de glucosa mientras conducía para evitar una baja, total, prefería estar alto en esa situación.

Juan me dio su dirección, la de su casa, me dijo que estaba con su señora y su pequeño hijo. Que podía ir al buscarla en el momento, pero que ellos no lo hacían por la recompensa. Habían visto todas las publicaciones que habíamos hecho y entendían nuestro dolor, que ellos adoraban a los perro, de hecho tienen una pastor alemán de nombre Estrella, muy bonita.

Pasadas las 20:45 llegué hasta su casa, ubicada la comuna de La Florida, en un conjunto de departamentos de edificios de 4 pisos. El de ellos está en el primero. Me salió a recibir luego que lo llamé por teléfono. Me hizo pasar y me presentó a su señora y su hijo. Y ahí, en el centro del pequeño living estaba Angelina… Mi Angelina.

No, no crean que corrió a recibirme al reconocerme, eso solo pasa en las películas. Me quedó mirando y claramente sí me reconoció, pero creo que mi presencia ahí la desconcertó. Por supuesto que dejó que le hiciera cariño, y se quedó entre mis piernas. Mientras, Juan me contaba la historia que le tocó vivir con ella.

Él trabaja en forma independiente repartiendo pan. Y estaba en eso cuando el día lunes 4 la vio en la calle, a eso de las 6 de la mañana. La vio caminando sola, en el sector donde se pone la feria persa que visitamos el domingo anterior. Eso queda más o menos a un kilómetro de donde fue vista en la botillería.
Al verla sola, y reconocerla como una perrita de raza, dice que su primera impresión fue pensar que estaba perdida, que a alguien se le debía haber escapado. Pero no había nadie en la calle. La subió a su camioneta, como alguna vez hizo con otro perrito que encontró en iguales circunstancias. La arropó con una manta de polar de su hijo, porque notó que tenía frío, pero no se veía con algún daño físico, salvo una pequeña herida que parecía estar cicatrizada a la altura de su hombro derecho.
 El resto de la mañana Juan siguió trabajando y luego la llevó a su casa. Por la tarde le comentó a un amigo que tiene un bulldog francés lo que había sucedido y que era seguro que alguien la debía andar buscando. Su amigo le dijo que buscaría en los grupos de Facebook y así fue como el martes dieron con nuestro aviso.

Juan tenía su camioneta con un pequeño abollón por un choque y por eso estuvo preocupado de solucionar eso, lo que hizo que recién me llamara el miércoles por la tarde.
Mientras, le dieron comida a “Luna”, como llamaban a Angelina. Y su hijo le prestó un autito para que jugara…
La primera noche fue él con su esposa quienes durmieron con ella en su cama, y la segunda noche fue su hijo… Todos coinciden que aparte de ser una perrita muy limpia, no se puede dormir con ella por los ronquidos y sus olores… 😉

Yo quiero destacar la nobleza de ellos como familia. No quisieron recibir la recompensa. De hecho, sentí que se sintieron ofendidos cuando se los mencioné en más de una ocasión. Pero bueno, saben que tienen nuestra gratitud eterna.
Alguien en Facebook, al comenzar nuestro drama comentó lo triste que le parecía que éramos como sociedad, llegar a robar mascotas… Yo le dije que prefería pensar en la gente buena que se conmueve y que solidariza y ayuda a quien lo necesita. Y Juan con su familia están en esta categoría.

Al salir de su casa ese día yo le insistía en que me sentía en deuda con ellos. Le dije a Juan que si en algo podía ayudarles, encantado. Yo no tengo mucho cómo, pues dedicándome 100% a lo de MiDiabetes.cl esperaba que no necesitaran mi ayuda nunca. Pero que quizás si alguna vez su hijo se enferma y requieren un consejo o asistencia, mi esposa es pediatra. Y agregué que trabaja muy cerca de su casa. Juan me preguntó cómo se llamaba ella. Y cuando escuchó su nombre puso cara del sorpresa y emoción: ella ES la pediatra de su hijo.
El mundo es un pañuelo y el destino está escrito: todo ocurre por algo. Le di un abrazo y me despedí.

Poco antes de las 10 de la noche del miércoles 6 de julio de 2016, luego de 17 días fuera, Angelina Julie volvió a casa.
Mi esposa no supo nada hasta que me llamó a las 23:15 porque recién tenía algo de señal en su móvil…
La emoción fue inmensa. La emoción continúa.

Gracias a Juan y su familia. Gracias a todos quienes ayudaron a viralizar nuestra búsqueda, hasta más allá de nuestras fronteras. Gracias a quienes aguantaron nuestros estados, y desde su posición de amigos nos apoyaron. Gracias a quienes entendieron que estuviéramos “idos”… Porque así nos sentimos.

Garcias por tanto, a tantos.

Poco a poco Angelina se reencuentra con las rutinas de este, su hogar, del que nunca debió salir.
Han pasado varios días, pero todavía cuesta creer el final de esta historia.

Sentirla roncar y aromatizar nuestra casa con su olor no tiene precio, y saber que es ella la “responsable” 😉 no se puede explicar.

Una carta para mi, 30 años después.

Una carta desde el futuro, 30 años después.

Santiago, 13 de junio de 2016.


Querido Marcelo:

No te sorprendas si te digo querido. Tienes recién 18 años, pero te quiere más gente de la que crees.
Tampoco te sorprendas, quizás no me conozcas, pero soy tú, 30 años más viejo. Te escribo 30 años desde tu futuro.

Se que acabas de ser diagnosticado con diabetes tipo 1, y te sientes solo, muy solo en esa oscura, fría y húmeda tarde del viernes 13 de junio de 1986. Te sientes solo en una clínica llena de gente, mientras tus padres se tienen que ir, y te dejan al cuidado del personal de enfermería de turno esa noche, en la Clínica Indisa de Santiago de Chile.
Has bajado varios, muchos kilos en las últimas semanas. Has comido como condenado y no subes de peso. Al contrario. Y una sed infinita te persigue, haciendo que al terminar todo lo bebestible del refrigerador sencillamente te conectes a la llave del agua para seguir bebiendo. No han sido semanas fáciles. Es tu primer semestre estudiando la carrera de Publicidad. Te ves enfrentado un mundo nuevo y fascinante. Pero algo no anda bien, y lo sabes.

Te escribo porque a pesar de que el error es una forma fantástica de aprender, y cometerás muchos errores de aquí en más, hay cosas que deberías saber, y al conocerlas te harán sentir un poco mejor.



Primero, yo te recomendaría llorar. Si, es cierto, tienes 18 años, acabas de entrar a la universidad y ya están grandecito ya para derramar lágrimas. Lo que pasa es que de tanto guardarte esas lágrimas, ya en unos años más saldrán a flote con mucha facilidad: una película, una escena en la calle, con comentario, un afecto… Y yo creo que es porque te las estás guardando ;)

No temas expresas tus sentimientos, nunca. No te hará quedar como débil, te hará más humano, te sentirás mejor. Además, ¿a quién tienes que demostrarle fortaleza? ¡A nadie!

Te escribo querido Marcelo porque el día de hoy lo único cierto de lo que te acaba de decir el médico allá abajo en su consulta, es que deberás inyectarte insulina de por vida. No, no tienes que creerle cuando te dice que la cura de la diabetes estará en 5 años. Sí, los ratones de laboratorio sí se han curado, pero seres humanos… Mmmm… Creo que todavía falta para eso. 
Te acaba de decir “No podrás comer nunca más chocolates, dulces, tortas ni helados… De ahora en adelante deberás inyectarte insulina todos los días y comer una dieta especial… Hay que cuidarse de las complicaciones… Y como tienes que aprender eso, ahora te vas a quedar hospitalizado…”

Concéntrate en las cosas positivas del diagnóstico: ha sido a tiempo, no estás grave y tienes un tratamiento a seguir. Focalízate en esas cosas.

Claro, la insulina y lo de hospitalizado, no ha cambiando mucho en este tiempo. Pero lo otro… Vaya, vaya.
Con educación llegarás a comer de todo. ¿No me crees? Mírate en cumpleaños o fiestas, reuniones sociales o lo que sea en unos años más. Otra cosa es que seas mañoso y algunas cosas no te gusten, pero la diabetes no será excusa. Sin embargo, para eso deberás pasar un largo proceso, que nunca acaba.


¿Terminarás la universidad? Si tú quieres. ¿Serás un profesional? Si tú quieres.
¿Tendrás pareja? ¡Claro! ¿Por qué no? Si la diabetes no es contagiosa. Buscar y encontrar depende de ti. E incluso, sin que busques a nadie, igual como dice Fito Páez, aparecerá alguien, te lo aseguro.
¿Hijos? ¡Claro! Uno maravilloso. ¿Tendrá diabetes? Mmmm… Tiene el riesgo aumentando en relación a la población general, eso es innegable. Podrías hacerle un examen de anticuerpos, pero no serviría de mucho. En 2016 todavía no hay como prevenir la aparición de la diabetes tipo 1. Si llega, llega. Ojalá que no, pero creo que tendría un muy buen ejemplo a seguir si es que le tocara. Ojalá que no. Tu mayor temor respecto a la diabetes mientras él crece será tener una hipoglicemia que te imposibilite atenderlo. Y cada vez que lo veas bebiendo agua a raudales, y partir corriendo al baño, lo llamarás para tomar su dedo y medirle la glicemia. Y esos 5 segundos en la máquina serán eternos… Más que los 3 minutos que te tomará medirte la glicemia en una de las primeras máquinas que usarás en 1993.



La diabetes te llevará a conocer lugares que nunca imaginaste y compartirás con personas increíbles. Personas entrañables, y de todas aprenderás.

Te convertirás en una suerte de “conector”, el que unirá a unos y otros, el puente… Pero para eso tienes un largo camino que recorrer.

Te equivocarás muy feo, porque en un primero momento, cerca de ti no habrá conocimiento que aprovechar. Es más, como la diabetes no duele, te darás cuenta de la forma más dura el mal manejo que llevarás. ¿Cómo evitarlo? En 1986 es difícil, no hay muchos especialistas que sepan de verdad. La ciencia avanza, pero no como quisiéramos, el acceso es limitado, muy limitado. Pero hoy no hay excusa.

Sentirás el cariño de tus amigos, algunos que conservarás por estos 30 años, y seguirán contigo.

Te recomiendo no arrepentirte de nada, pero si ser más humilde en tus apreciaciones. Corre riesgos! Es la única forma de avanzar más rápido.

Nadie nace sabiéndolo todo. Y aprenderás cada día. Aprenderás que la diabetes es un ensayo y error permanente, y que cuando crees tenerla dominada, o ya tienes el dominio de una situación… Paf! A empezar otra vez.

Aprenderás que la diabetes es como manejar un auto… Puedes ir más rápido o más lento. Puedes detenerte o pisar el acelerados a fondo. Tu conduces, pero para no salirte del camino ni tener problemas, tu auto debe ser mantenido, hay que ponerle combustible y si no mantienes el volante bien firme, puedes derrapar… Sí, la diabetes es como un auto, solo que no puedes bajarte nunca más. Tendrás que manejarlo para siempre…

Conseguirás cosas que en este momento, solo en esa habitación de la clínica escuchando llover, ni te imaginas.

Podrás viajar con diabetes… Y mucho! Hasta donde ni siquiera sueñas… Y podrás viajar por la diabetes también. Porque tu mensaje de optimismo traspasará las fronteras.

Las llamadas “nuevas tecnologías” te brindarán la oportunidad de llevar una palabra de aliento e inspiración a muchas personas, aunque no te creas el cuento, porque eres menos influyente de lo que crees.

Usarás todos los tratamientos existentes para la diabetes tipo 1 en Chile, ni uno más, ni uno menos, y así podrás hablar con propiedad de cual resulta mejor para ti.

En esa solitaria habitación de la clínica no eres capaz de visualizar el poder de una palabra, la fuerza de una imagen, pero no te preocupes, recién comienzas tu carrera de publicista. Con el ánimo que tienes pronto te darás cuenta que tienes un don para comunicar, y lo aprovecharás para ayudarte a ti primero y luego ayudar a otros. ¿Te imaginas escribiendo parte de tu vida y compartirla públicamente? Así será. Y de pronto conocerás en persona a gente que nunca antes has visto… Y ellos sabrán más de ti de lo que crees, pero tú mismo se lo habrás contado.
Así conocerás familias completas, padres, y sobre todo madres dignas de levantarles un monumento, mamás páncreas literalmente.


Los profesionales de la salud te sorprenderán, de buena y mala manera. Pero las buenas personas prevalecerán, y llegarán a ser tus amigos.

A veces la diabetes te dolerá. Y me refiero no solo a dolor físico, sino al dolor del alma.
Sí, la diabetes duele a veces. Duelen los pinchazos en los dedos, en los muslos, en los brazos, donde más te duelen… Pero duele mucho más adentro. Y debes aceptarlo. Aprenderás a vivir con ello.

La inseguridad de contar con los recursos económicos para tu tratamiento dará paso a la satisfacción de saber que hay una ley que te beneficiará. Pero pronto te darás cuenta de la iniquidad del sistema, y harás lo que esté a tu alcance por cambiar eso.

Sabrás prontamente que con la diabetes no se lucha, no se pelea, no hay una guerra. Es una mochila con la que deberás cargar el resto de tu vida. Y a veces pesará mucho. Y otras un poco menos, porque habrá personas que te ayudarán a acomodarla de mejor manera.

Las prohibiciones dejarán paso a la responsabilidad, a la educación, al conteo de carbohidratos.

Mientras, comenzarás a compilar la banda sonora de tu vida con diabetes, y si en 1986 Soda Stereo lanza Signos, en el 89 The Cure lo hace con Lovesong; el 91 será One de U2. Llegará en 2004 el tiempo de Mr. Brightside de The Killers y en el 2014 será Magic de Coldplay… Imagina lo que viene.

Pasarás por un periodo en que se te olvidará que tienes diabetes… Bueno… Eres joven, no sabes nada, tu doctora no es la mejor, además a ella no le afecta tu mal control. Pero también tienes responsabilidad: le mentirás las glicemias en tu cuaderno y no respetarás las cantidades que indicaron comer. Sí, es un tratamiento horrible, pero en 1986, 87, 88, 89… no hay otro! Eso para comenzar.

Querido Marcelo… Se paciente, deberás serlo, siempre. Ese pequeño estante del supermercado con algunos productos light endulzados con sacarina, dará paso con el tiempo a pasillos completos y ya luego en cada sección habrán cada vez más productos sin azúcar. Sin embargo, tardarás unos 8 años en aprender que no porque no tengan azúcar puedes comer lo que quieras.

Aprenderás a valorar lo que has conseguido porque cuando comenzaste casi no había nada. La educación solo se conseguía en revistas extranjeras o de la mano de alguna enfermera o representante de algún laboratorio, como la que te entregará tus primeros lápices, el año 1994.

Marcelo, estás solo en esa habitación de la Clínica Indisa, te inunda el desconcierto, pero solo puedo decirte una cosa: confía. No será fácil, pero se puede.
Aprende todo lo que puedas y comparte con otros que al igual que tú se sientan confundidos cuando recién comienzan.

No pierdas tiempo en pequeñeces, no gastes esfuerzos en quien no quiere que le ayuden. Ok, sí, inténtalo una vez, dos veces, pero tampoco eres ni será nunca un super héroe. Eres un joven que llegará a ser un hombre que podrá poner su cabeza en la almohada pensando que cuando se vaya, este mundo será un poco mejor que cuando llegó.

No te asombres Marcelo porque en la Antártica se descubre un agujero de ozono en 1986… El agujero que sientes en tu vida será mayor, pero esa sensación no durará para siempre. La toalla solo la puedes tirar en la playa y en el cesto de la ropa sucia.

¿Sabes Marcelo? No te quedes nunca con una duda. Resuélvela lo antes que puedas. No creas nunca que lo sabes todo, nunca se deja de aprender, y menos en diabetes.

Practica los afectos, dale las gracias siempre a quien te tienda la mano, destaca a quien te ayuda. Los Ángeles de la Guarda no abundan, pero las personas con diabetes tienen varios dentro de su equipo.

No te rías del desconocimiento ajeno. Nada sabes de las circunstancias que rodean a esa persona.
Sí preocúpate de derribar mitos, de sacar a la gente de su error. Pero para eso debes ser serio y responsable en relación a tus escasos conocimientos.

Mantén los pies en la tierra.
Un médico no sabe menos que tú que diabetes… Sabe otras cosas. Y juntos son complemento para buscar lo mejor para ti, son equipo, lo serán siempre… Hasta que tú decidas.
Porque no tienes que quedarte con una sola opinión. Tienes derecho a contrastarla con otras.

Tú eres el paciente, tú vivirás con diabetes toda la vida, porque ya lo dijimos… Te aseguro que en 2016, 30 años después de tu diagnóstico, la cura todavía no existe. Y si quieres cumplir 30 años más así de bien, debes contar con lo mejor que esté a tu alcance.

Marcelo, nunca te preguntes “por qué” fuiste tú el diagnosticado con diabetes tipo 1. La pregunta correcta es “para qué”. Y te aseguro que la respuesta le dará un sentido único a tu vida, para siempre.

No tengo intención que sigas estos consejos al pie de la letra, solo quería que sepas que te quiero y quiero lo mejor para ti. Tienes toda la vida por delante, y te puedo asegurar que la diabetes no será un impedimento para que consigas lo que te propongas.

Un abrazo,

 

Marcelo González Guzmán.

Diagnosticado con diabetes tipo 1 en 1986, a los 18 años.

En la cuerda floja, con diabetes.





Han sido dos noches complicadas. Bueno, quizás no tanto considerando que llevo 30 años con diabetes y las hipoglicemia han formado parte importante del paisaje cotidiano.

Pienso en ello y creo que estoy viviendo al límite, en la cuerda floja, con diabetes. ¿Sí? ¿No? Suena a título de película de acción… ¿Es lo que quiero de verdad?

Hace dos noches, desperté muy sobresaltado a eso de las 3 AM. Estaba todo mojado (y nada tenía que ver con la fina lluvia que esa hora caía sobre la ciudad de Santiago de Chile).
Estaba sobresaltado, contrariado. Sin dudas tenía una hipoglicemia. 
Pero a pesar de tener claridad en que cursaba un cuadro de baja de azúcar en mi sangre, hice cosas que no debí hacer: comí 3 gomitas sin medir mi glicemia en el glucómetro. Pensé que no era necesario comprobar que estaba bajo. Era necesario actuar rápido. Ni siquiera encendí la luz. A oscuras, sabiendo donde están en mi mesa de noche, estiré el brazo y alcancé las gomitas. Comí solo tres… Y esperé un rato… Sentí que necesitaba más, esas 3 eran solo 9 gramos de hidratos de carbono. Comí otras 6, para completar 27 gramos de hidratos de carbono. Luego de un rato, caí en un sueño profundo. Sueño del que me desperté con la alarma del reloj a las 6 AM. Tenía 170 mg/dL.


Se preguntarán “¿Y qué pasó con el sensor Marcelo, si tú usas sensor?” 


Les respondo.

El sensor que yo uso tiene una vida útil informada por el fabricante de 6 días, al cabo de los cuales hay que cambiarlo. Pues yo los uso un poco más. Cuando se cumple esa fecha, saco el transmisor y lo vuelvo a poner como si fuera un sensor nuevo. He superado bastante esos 6 días, con mediciones muy acertadas, eso se debe principalmente a mi poca variabilidad glicémica, no todos pueden hacer lo mismo. 

Entonces, el sensor que estaba usando esa noche llevaba algo así como 9 días y ya daba muestras de agotamiento: variaciones muy bruscas de arriba hacia abajo, flechas indicando tendencias en cada momento… Esas señales yo las entiendo como que ya debo cambiarlo. Pero la noche en cuestión esto ocurrió tarde, pasadas las 22:30… Y cambiar el sensor a esa hora, pues no es lo más recomendable, ya que la inicialización del sistema puede demorar un par de horas por lo menos.
Decidí apagar el sensor y cambiarlo al día siguiente, por lo que enfrenté la noche sin sensor… Pero sin tomar ninguna otra precaución más que medir mi glicemia (en rango estaba) al momento de pagar la luz y dormir.


Y aquí es en donde surgen los distintos caminos que podemos tomar para llegar a un mismo destino: pasar una buena noche.


Podría haber puesto una alarma para medirme y despertarme a las 2 AM. 

Podría haber bajado un poco la infusión de insulina basal, considerando que no es raro que tenga alguna detención de la bomba a mitad de la noche porque mi glicemia baja, aunque eso siempre depende de lo que haya comido a la cena.
Podría haber comido algo de absorción lenta y conformarme con amanecer un poco más alto de lo que acostumbro.
Y así podría seguir.

O sea al irme a dormir apagando el sensor, lo que es un hecho distinto a lo que ocurre cada día, NO tomé ninguna decisión, ninguna… Y ese fue mi error.

Capítulo 2.

Anoche… Anoche… 


Anoche tenía un sensor nuevo, funcionando muy bien desde la mañana. Sin embargo, durante el día noté que al parecer estaba quedándome corto con la insulina. Glicemias post prandiales un poco altas, lo que me llevó a corregirme varias veces, pero con resultados que no eran los que hubiera esperado. Raro.

Me fui a dormir pasadas las 22:30. En rango, con la tranquilidad de tener el sensor.

Monitoreo antes de irme a dormir.
Me dormí profundamente. Estaba muy cansado porque además arrastraba un fuerte dolor de espalda desde la mañana.

Entre sueños sentí la alarma de baja de la bomba.
Entre sueños, yo desactivaba la alarma, con la confianza que la infusión estaba detenida y debía recuperarme solo de la hipoglicemia, con las reservas de glucógeno que seguramente hay en mi hígado.
Eso, hasta que poco antes de media noche con la alarma que sonaba insistentemente decidí mirar la pantalla.

Miré la bomba: poco más de una hora detenida, con una medición inferior a 40 mg/dL (el sensor no mide más abajo). La línea es plana…
Me medí con el glucómetro. 29 mg/dL marcaba el InsuLinx.
29 marcaba el InsuLinx
¿Me sentía de 29? Sí, por lo que no hice un segundo chequeo.
Comí mis gomitas salvadoras y me dormí otra vez… Hasta las 2 AM… En que otra vez sonó la alarma de baja… No me medí con glucómetro, la bomba marcaba 52, comí gomitas… Me dormí hasta pasadas las 4, con la alarma nuevamente. Y repetir el ciclo.

Obviamente que desperté a las 6 con mucho sueño. No dormí bien. Tenía 141 a esa hora.

Toda la noche...
Y otra vez la pregunta: ¿Que pasó? Cené bien anoche, calculé bien los hidratos de carbono.

¿Qué pasó?
Sí, tengo diabetes y ella es bipolar a veces como me dice una buena amiga (sin ofender a quienes tienen ese trastorno de personalidad). Una veces se porta muy bien y otras, mejor ni hablar.
¿Qué pasó?

No encontrar una respuesta a veces deprime.
Estos son los Everest de los que a veces hablo: todos los tenemos, cada día, no tiene por qué ser una montaña de verdad la que tengamos que subir… Nuestra vida, la mayoría de las veces es cuesta arriba.

¿Qué pasó?


Mi análisis, y ya saben que no soy médico…


Debí comer hidratos de carbono de acción lenta luego del primer episodio, ese del 29 registrado. No haberlo hecho fue un gran error.

Quizás he estado tan bajo en el último tiempo, comiendo pocos hidratos de carbono, que no tengo ya muchas reservas de glucógeno en el hígado, y por eso “no van a mi rescate”. Tendré que “rellenar”, y para eso, deberé estar un poco más alto unos días, más alto que mis rangos, y subir la carga de hidratos de carbono que ingiero.
Debo ajustar las basales. Está claro que tampoco es lógico tener tantas suspensiones predictivas de la infusión de insulina basal por la noche. Es decir, es una función maravillosa de la bomba de insulina MiniMed 640G. Es una especie de seguro, pero yo digo que siempre el mejor seguro es no tener que usar el seguro… Y si lo estoy usando es porque algo está fallando. Algo que se puede y debo corregir.

Quizás, y esto es solo una especulación, la zona en que tengo la cánula, la parte lateral de mi cintura, donde tengo más depósito de grasa, no estuvo absorbiendo bien la insulina durante el día (de ahí mis salidas de rango post prandiales), y al acostarme, y presionar justo de ese lado, se haya generado un efecto así como de masaje que haya hecho que en ese momento sí pasara bien la insulina… No lo sé… Puede ser. 

En diabetes todo puede ser.

No soy un súper héroe. Y aunque algunos dicen que en vez de capa usamos glucómetros e insulina, no me interesa serlo. Menos si con algunas acciones pongo en riesgo mi seguridad.
Esto se los cuento para que vean que esta es mi realidad. Quizás no muy distinta a las que les toca vivir a ustedes. Para que vean que quien parece el ejemplo y la inspiración, luego de 30 años sigue cometiendo errores, porque humanos somos.

Vivimos en una cuerda floja, en un precario equilibrio. Vivimos tomando decisiones frente a lo que vendrá. Qué agotador suena… Que agotador es.


¿Cómo estar mejor y evitar que estas cosas pasen? C
Solo sacando lecciones. Solo levantándonos una y otra vez.

Nadie dijo que la tecnología es infalible. Nadie ha dicho que el uso de la bomba de insulina elimina las hipoglicemias. Las disminuye, sí. Y de eso puedo dar testimonio.
Pero justamente el tener menos hipoglicemias cada día, hace que cuando me ocurren episodios como los que les he descrito algo de decepción se produzca. Y mucho de rabia conmigo mismo. Pero no saco nada con quedarme pegado en eso, debo moverme, debo dar el paso siguiente.

Porque mientras tenga neuronas que sigan haciendo su trabajo, que sigan haciendo sinapsis y comunicándose unas con otras, pues seguiré pensando, actuando y manteniendo el equilibrio para mañana estar mejor que ayer.

Marcelo González.

Que las complicaciones de la diabetes no te compliquen.


Cuando vivimos con diabetes tipo 1, si pensamos en el corto plazo siempre pensamos en la hipoglucemia e hiperglucemia como las complicaciones que tenemos que evitar…
Y cuando pensamos en el futuro, lo hacemos en la retinopatía, nefropatía y neuropatía (males que afectan, y mucho, a las personas que viven con diabetes tipo 2). Ahí está esa “mala imagen” de la diabetes, con personas ciegas, dializadas y amputadas.

Cuando nos dicen que debemos mantener un estricto control de la diabetes, el argumento suele ser “con eso te evitarás las complicaciones”.
Pero siendo realistas, en rigor, la frase debería ser: cuidándote ahora podrás retrasar o minimizar los efectos (complicaciones) que la diabetes mal controlada tenga en tu vida.
Porque lo sabemos: la medicina no es una ciencia exacta, por lo mismo no puede afirmar categóricamente que cuidándome no tendré complicaciones.

Para algunos puede ser una visión pesimista.

Quienes me conocen, sabe que nada está más alejado de la forma que tengo de enfrentar la vida.
La verdad es que soy realista.
Y dentro de esa realidad está hacer todo lo que esté a mi alcance por estar lo mejor controlado que pueda. Porque tampoco me haría gracia tener todas las complicaciones de una vez.

Por eso me molestan las hiperglucemias de 150 cuando tengo como límite 140…
No, no es de exagerado, es porque yo me propuse que sea así. Y a pesar que parece una cosa muy estresante, para mi no lo es.

Alguna vez, una doctora que hacía tiempo no me veía me dijo: “¡Hola Marcelo! Estás igual… Igual de delgado… Hay pacientes con diabetes que serán siempre delgados… La genética juega un factor muy fuerte…”
Bueno, ya no estoy “tan” delgado como aquella vez. Pero quiero reparar en ese “serán siempre delgados”.

Sabemos que no somos iguales… Y con diabetes, menos iguales.
Sí. Compartimos la misma enfermedad, pero hay tantos factores que no podemos modificar, que aunque con otro glucolega tengamos la misma edad, seamos del mismo sexo, hayamos sido diagnosticados al mismo tiempo, tengamos la misma alimentación… Vamos a tener resultados distintos.

Así como hay familias completas muy longevas, en las que la mayoría de sus integrantes llegan a vivir en buenas condiciones muchos años, hay otras que no. Y en eso, la genética juega un rol importante.
Lo mismo pasa con la diabetes.

Alguien puede llevar un excelente control durante muchos años… Y tendrá alguna complicación. 
Alguien puede llevar un descontrol momentáneo y la complicación aparecerá de la nada.
Ojalá tuviéramos una bola de cristal para saber en qué bando estamos nosotros.
Como eso no es posible, apelemos a lo que conocemos: la memoria, o legado, metabólico. Es decir, el buen control de la diabetes en los comienzos de la enfermedad podría proteger de las complicaciones o retrasar su aparición.
O sea el mensaje es claro: cuidarse ahora sí o sí es una cuenta de ahorros.
Y hoy tenemos buenas herramientas para hacerlo. ¿Por qué no aprovecharla? 
Mis primeros 8 años con diabetes fueron de un control muy malo… Pero todo cambio en 1994. Y ya desde ese entonces, solo con insulina NPH y cristalina, y muchas glicemias, logré un cambio que hoy me permite aprovechar lo mejor de la tecnología moderna (monitoreo continuo y bomba de insulina).

Mis resultados hoy son los que quiero. Un buen nivel de A1c y en el resto de los parámetros que me controlo habitualmente por mi diabetes.

Pero, a pesar que el DCCT demostró que el tratamiento intensificado reduce en un 76% la retinopatía, en un 50% la nefropatía y 60% la neuropatía, hay cosas que no he podido evitar.

Por ejemplo una gastroparesia, que es una manifestación de una neuropatía (daño de los terminales nerviosos).

¿En qué consiste la la gastroparesia?

Es un trastorno en el cual la respuesta de los músculos de la cavidad abdominal se ven alterados, con lo que que produce un vaciamiento gástrico más lento. Esto se origina por un daño en el nervio vago.
 Si bien las causas en la población general no están claras, la mayoría de las personas que es diagnosticada con gastroparesia lo es por tener diabetes.

Cuando uno come, parece que todo va quedando en la entrada del estómago, no se mueve… Y eso hace, por ejemplo, que si se pone la insulina muy encima del inicio de la ingesta de los alimentos, comience a hacer efectos antes que los hidratos de carbono lleguen al torrente sanguíneo, con la consiguiente hipoglicemia. Lo que no sería tan malo si enseguida no tuviéramos una hiperglucemia, porque los alimentos se absorbieron mucho rato después, cuando la insulina ya había hecho su efecto.

Los síntomas más comunes de la gastroparesia son náuseas, sensación de saciedad después de comer sólo una pequeña cantidad de comida y vómitos de alimentos no digeridos, a veces varias horas después de una comida.
Otros síntomas comunes incluyen el reflujo gastroesofágico, dolor en la zona del estómago, hinchazón abdominal y falta de apetito.
Por eso es que por lo general, y en función del tipo de alimento que coma, debo hacer un ajuste muy fino del momento en el cual inyectar. Un factor que no todos tienen que considerar, porque no todos tienen gastroparesia.
Tampoco siempre es igual. Hay períodos en que lo noto mucho más.
Variar el tipo de comida, hacer más comidas en el día, reducir las cantidades, masticar muy bien, controlar la glucosa más seguido son algunas de las cosas que podemos hacer. Si la situación es más compleja, hay medicamentos y hasta cirugía, que según sea el caso, podrían solucionar el problema.

Así, pedir una porción más pequeña en el restaurante, terminar comiendo después que todos en el almuerzo familiar, son “complicaciones” menores que finalmente se asumen más fácilmente.

Luego de 29 años disfrutando de la vida con diabetes, la gastroparesia que tengo, leve al fin y al cabo, es simplemente una señal de alerta, para seguir cuidándome, porque quiero que las complicaciones no me compliquen.

Pueden ver lo que piensan al respecto otro miembros de #diabetesLA.

Carolina: http://blogdiabeticotipo1.blogspot.com.co/2015/09/complicaciones-sinonimo-de-diabetes.html

Mariana: http://dulcesitosparami.blogspot.mx/2015/09/el-lado-humano-de-la-diabetes-y-sus.html

Mila: http://jaime-dulceguerrero.com/las-complicaciones-que-tanto-nos-preocupan/

Mi hemoglobina glicosilada: de 12.4 a 5.8%.



En agosto de 1994 yo tenía 8 años con diabetes y 12.4% de hemoglobina glicosilada (HbA1c). Tuve que conocer a quien sería mi esposa y madre de mi hijo para darme cuenta lo mal controlado que estaba. 


21 años después seguimos más juntos que nunca con Tamara, mi hijo tiene 17, pero ya no tengo 12.4% de HbA1c.
¿Cómo es posible que en 8 años desde que fui diagnosticado con diabetes tipo 1 nunca me pidieron una HbA1c?
 Eran otros tiempos… No había tanta información… Que yo no supiera quizás podía justificarse, pero ¿y los médicos?

21 años después tengo, por segunda vez, 5.8%.

Si bien es cierto que mantengo HbA1c bajo 6.6 desde 1995, luego que me apliqué, que me involucré activamente en el control de mi diabetes, está cifra de 5.8% debe ser de las que me tiene más contento. 
Y no necesariamente porque sea la más baja, si no porque es el resultado de un trabajo muy minucioso.

La gente que no me conoce lo suficiente suele decir con la primera información: “Ah… Es que tú usas bomba, por eso tienes esa hemoglobina glicosilada”.


La verdad sea dicha: tengo hemoglobina glicosilada bajo 6.6% desde 1995, usando insulina cristalina y NPH, con lápices y jeringas, con unas 4 o más mediciones de glucemia al día.

Yo comencé usar la bomba de infusión de insulina en noviembre de 2006. En ese momento yo tenía 6.1% de HbA1c.
Y lo que más recuerdo cuando se presentaron las bombas de insulina en Chile, fue lo que me dijo Mieco Hashimoto, Enfermera Educadora en Diabetes de Medtronic (que vino a dar una conferencia): “Marcelo, la bomba no va a mejorar mucho tu HbA1c, pues ese valor ya está bien. Lo que puede hacer es mejorar tu calidad de vida. Hará que el resultado de tu HbA1c sea consecuencia de un mejor control glucémico, con menos variación, menos altas y bajas seguidas, con más estabilidad”.
 Y tenía toda la razón.

Mi anterior 5.8% fue producto del uso del Monitoreo Continuo Dexcom. Con él aprendí muchas cosas.
 Y este 5.8%, debo atribuirlo en gran medida al uso de la bomba de insulina MiniMed 640G, de Medtronic.
 Porque antes de ella estaba en 6.1. Pero venía con muchas hipos largas… Sostenidas por la noche. Lo que me llevaba a comer para compensarlas y se me pasaba un poco la mano. Inestabilidad glucémica era la constante. Es que también había dejado de usar el Dexcom.


Pero tampoco nos engañemos.
Cuando uno inicia un tratamiento nuevo, o da un paso adelante en el que ya tenía, hay una motivación extra que nos puede llevar a tener buenos resultados, con cierta seguridad. 

Estoy usando una bomba nueva, quiero sacarle el mayor partido, me aplico, aprendo harto, estoy atento, me controlo más, me fijo muy bien en lo que como, hago un buen conteo de hidratos de carbono… Y zas! Los resultados llegan. 
Es que hay que ser rigurosos.


Pero… No podemos negar que la tecnología ayuda.

Si hasta he bajado tres kilos sin hacer ejercicio extra! 

La tecnología Smart Guard de la nueva bomba de insulina MiniMed 640G funciona. A mi me funciona!
 Yo era un poco escéptico al respecto. Los sensores de Medtronic no tienen tan buen resultado como los de Dexcom, eso es un hecho científicamente comprobado. Además, la forma de aplicarlos, muy traumática a mi juicio, tampoco ayuda mucho.


Pero me acostumbré. Porque me di el trabajo de ser paciente y de encontrar la zona en mi abdomen en donde funcionan mejor. Y estoy obteniendo muy buenos resultados.

Además, con una variabilidad glucémica reducida (no hay tantos altos ni bajos), el sensor anda más preciso.



Debo agradecer la fortuna de vivir en esta época y también tener la oportunidad de usar esta tecnología hoy. 


Pero siempre con la esperanza de que lo mejor está por venir.

¿Cuánto marcará mi próxima HbA1c? Espero que menos de 5.8%.

A veces Mi Diabetes me duele.

Bueno, bueno... Algunos sensores de #Medtronic parece que no me quieren  #Enlite #sangre #blood #cgm #MonitoreoContinuoDeGlucosa

¿Qué es el dolor para ustedes?
¿Qué significa para ustedes decir “me duele”?

A veces Mi Diabetes me duele.

Y no estoy hablando de sufrimiento, que es otra cosa. Al menos para mi, y de eso hablaremos en otro post.

La RAE adjudica a DOLOR dos definiciones:



dolor.
(Del lat. dolor, -ōris).

1. m. Sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior.
2. m. Sentimiento de pena y congoja.



Sin pensar mucho, sobre esa base, cuando yo digo que a mi, mi diabetes a veces me duele (sobre todo al poner un sensor o pinchar un dedo), en realidad lo digo desde el punto de vista del paciente que tiene esa “sensación molesta de una parte del cuerpo”, la de la definición 1.


Y atención, que no estoy hablando de ninguna complicación de largo plazo originada por la diabetes. Reitero, me refiero al pinchazo en el dedo, a una inyección de insulina, al cambio de una cánula, a la puesta de un sensor de monitoreo continuo de glucosa.

Me refiero al dolor que podemos sentir en el día a día.


¿Puedo elegir que no me duela esa acción? ¿Puedo decidir que no me duela?

 Creo que si nos atenemos a la definición número 1, no. No puedo decidir que no me duela.

Y en el caso de la definición 2… Es más difícil pero no imposible. Eso ya cae en el ámbito de la psicología y algún tipo de terapia según sean las circunstancias del paciente.


Por otro lado, cada uno tenemos una percepción distinta del dolor. Y eso es muy válido. Dicen que los hombre somos más cobardes. Que sometidos al dolor de un parto natural, seguro no lo soportaríamos como sí lo hacen muchas mujeres.


Pero entendámonos.

Alguna vez ya escribí acá un post titulado “Trata de ponerte en mis zapatos”, que justamente tocaba el tema, pero más enfocado en aquellos profesionales de la salud que muy livianamente le dicen al paciente (y a sus estudiantes de medicina): “No, si la insulina no duele. Si las agujas son tan pequeñas que ni se sienten. Y los pinchazos bien hechos en los dedos ni se notan”.


Algo de razón tienen. Pero permítanme decirles que cada ser humano es único y lo que para uno es apenas un cosquilleo, para otros puede ser mucho más. Y la insulina fría duele, y otra arde. Y pincharse en la yema del dedo duele más que en los bordes y más todavía si es con una lanceta usada más de una vez…


Por cada 4 veces que me pincho los dedos y me digo: no quiero que me duela… me duele una. Y vaya que duele a veces. Y eso es así.


Puedo tratar que ese dolor físico no afecte mi estado de ánimo. Puedo comunicar ese dolor para buscar empatía en un semejante. También puedo utilizarlo para victimizarme.

Pero decidir que no me duela. Mmmm… Creo que no puedo…


Menos cuando me preguntan directamente al verme medirme una glicemia: “¿Te duele?”.



¿Y si me lo pregunta un chico pequeño, recién diagnosticado?
¿Qué le voy a decir? “No, no te preocupes, si no duele…”.

Para mi eso sería mentirle, porque he sentido dolor físico en mis dedos miles de veces ya (saquen la cuenta, 29 años con diabetes tipo 1… Y los últimos 20 con 4 o más glicemia diarias…).

Obviamente no pondré mi peor cara de dolor, ni usaré palabras que lo lleven a condicionar negativamente ese acto tan rutinario para nosotros de pincharnos los dedos cada día. Diré: “A veces duele, a veces no duele, pero la idea es hacerlo de la mejor forma para que no duela”.
Si le digo que no duele y a la primera que se pincha le duele, quedaré como el más grande mentiroso del mundo mundial.

Es cierto, a veces a mi la diabetes me duele.

Ya no estoy usando el monitoreo continuo Dexcom.

Alguna vez dije que no usaría bomba de insulina, que no era para mi, que me bastaba con el buen control que tenía con la multidosis.
Alguna vez dije que ya mi cabeza funcionaba como bomba, que me medía y pinchaba insulina las veces que fuera necesario en el día y eso estaba bien, que no mejoraría mucho más mi A1c que ya era de 6.1% entonces… 


Alguna vez dije que no necesitaba la bomba de insulina… Y luego de dos años de uso continuo me la saqué 2 meses y vi que no podía estar sin ella. 


Yo se que hay personas que la han probado y no les ha convencido. Yo se que hay quienes se dan unas “vacaciones” de la bomba y les respeto… Pero yo, a estas alturas, no imagino volver a la multidosis. Y eso no tiene que ver con algún problema con las jeringas o lápices. No, se trata simplemente de una mejor calidad de vida y de lo que a mi me resulta más cómodo.



Por otro lado, mi primer acercamiento al monitoreo continuo lo tuve con Medtronic, la marca de la bomba que uso. Desgraciadamente el sensor que existía en ese entonces, les hablo de 2009, no me gustó, tuve problemas y el costo de los insumos hacía que la decisión de no usarlo fuera lo que prevaleció.

Más tarde, estando en Chicago en el congreso de la Asociación Americana de Diabetes en junio de 2013, Alatheia Medical me invitó a la inducción que la gente de Dexcom les haría como parte del protocolo de asignación de la representación para Chile de dicho monitoreo continuo.

Y así, luego de casi 3 horas de reunión, me vi saliendo a las 12 del día hacia una ancha avenida de una hermosa ciudad norteamericana, con un sensor continuo de glucosa puesto en mi abdomen, y un receptor en el cinturón que me iba diciendo en tiempo real lo que estaba ocurriendo con mi glucosa. La sonrisa dibujada en mi rostro lo decía todo. 
La sensación era indescriptible. Porque era mucho mejor de lo que había probado antes, era lo último en tecnología disponible y sentía que realmente tenía todo lo de mi diabetes bajo control por primera vez.



Recibí de regalo el primer kit y de ahí en adelante compré mis sensores como lo hace el resto de los pacientes que lo están usando.


Como habrán leído en la nota que hice en su momento, este monitoreo continuo se compone de 3 partes: el sensor que se pone bajo la piel, el transmisor que se adosa al sensor y el receptor. Los sensores tienen una duración de 7 días. El transmisor según el fabricante dura 6 meses, luego de lo cual, al agotarse la batería que no es recargable, debe ser sustituido. Y el receptor (el aparato en donde vemos las gráficas, los números y las flechas hacia donde va nuestra glucosa) tiene garantía de un año.


Y ahí estaba yo otra vez pensando que lo usaría solo en algunas ocasiones, si total me medía casi 10 veces al día pinchándome los dedos.


Y ahí estaba yo, volviéndome un adicto a mirar las gráficas, a analizar, a descubrir en qué momento comienza a hacerme efecto la insulina. En qué momento hace efecto la glucosa que uso para subir las bajas, qué pasa cuando como pizza, y el ejercicio, y qué me ocurre al detener la bomba para subir una baja leve.

Ahí estaba yo descubriendo que mientras dormía me pasaba unas dos horas en el borde de la hipoglicemia cada noche, hasta que de pronto la alarma de tendencia hacia abajo me despertaba.



Y de ser un obsesivo con los números me di cuenta que todo lo que muchos decían era cierto: la clave es mirar las flechas, la tendencia y adelantarse a lo que viene.


Y ahí estaba yo, modificando mis basales y bolos de insulina para ajustarlos a lo que el sensor me “sugería”.

Y de tanto aplicar ensayo y error y mejoras en el tratamiento, llegué a una A1c de 5.8%, la más baja de toda mi vida con diabetes.



Pasaron los 6 meses de uso del transmisor y siguió funcionando como el primer día. Por publicaciones de otros usuarios en la web, me di cuenta que eso no es extraño. Los 6 meses es un margen que se da Dexcom para cumplir oficialmente, pero esta pieza puede durar más según el uso. Hay personas que lo han usado hasta 12 meses.


Pues bien, a mi me duró exactos 11 meses. Y en mayo pasado compré uno nuevo. El costo no es menor, pero ya me había acostumbrado y como teníamos pensado con mi familia pasar las vacaciones de invierno en Europa por tres semanas, sentía que lo necesitaba sí o sí.


Como vieron los que siguen mis publicaciones permanentemente, en las vacaciones no tuve inconveniente alguno… hasta el último día.
 Ese día, a principios de agosto, con un sensor prácticamente nuevo, el receptor perdió la señal. Al reiniciarlo y esperar la calibración de dos horas, no alcanzaba a estar operativo por una hora más y otra vez lo mismo.


Pensé que podía ser algo con el sensor, por lo que decidí que al llegar a Chile compraría una caja nueva. Pero sorpresa! Ocurrió lo mismo. 
Y cuando ya estaba en las oficinas de Alatheia Medical para ver cómo podíamos solucionar el problema, zas! Un mensaje en el receptor que me hubiera gustado no ver: “Contacte al distribuidor local. Error HWRF”.



Ese mensaje lo que dice es que el receptor presenta una falla que no tiene arreglo y debe ser cambiado… cosa que se hace gratis si el equipo está en garantía. El que yo estaba usando tenía 15 meses de uso, por lo que no calificaba para el cambio.

El punto es que el receptor es bastante costoso y en estos momentos tengo otras prioridades. 
Por ejemplo, mi bomba tiene ya 6 años de uso (la garantía acaba a los 4) y cuando falle la cambiaré sí o sí, eso no se discute.



Por lo que no compré un nuevo receptor. No me arrepiento, pero confieso que lo he extrañado.


¿Por qué? Porque he debido “reentrenarme” en “pensar” la diabetes un poco más. Volver a medirme mucho, dejando mis dedos como colador… Y lo que más lamento es que ese kilo y medio ganado en las vacaciones se convirtió en poco más de 3 extras por una razón muy simple.
 Con el sensor anticipaba bastante las hipoglicemias y actuaba en consecuencia: detenía la infusión y no llegaba a necesitar nada más, con glicemias muy estables durante casi todo el día.
 Hoy, desgraciadamente puedo estar muy normal escribiendo, como ahora, y no darme cuenta que ya estoy en 50 o menos… Y en ese caso no me basta con detener la infusión: debo comer hidratos de carbono… Hidratos de carbono que se van sumando y me hacen ganar peso.



Mientras la tecnología no sea incorporada a las canastas GES en nuestro país, este tipo de dispositivos estará reservado para pocas personas, principalmente por su alto costo.



Por otro lado, ver que ya existe un producto similar que se lanzará pronto al marcado europeo con un precio al alcance de más gente, como el FreeStyle Libre, me hace ser optimista. Total, esperé 6 años para usar Dexcom mirando como los glucolegas en USA lo usaban, que espero pase menos tiempo antes que pueda usar Libre.



Mientras tanto, me mediré más, comeré menos y haré más ejercicio, para tratar de bajar esos kilos extras que no me gustan para nada. Porque si además de comprar el monitoreo continuo debo comprar ropa extra ya no hay presupuesto que aguante 😉

28 años ya.

Era frío. Era invierno.
Era 13. Era junio. Era 1986.
Era viernes.

Era lluvia. Era barro.
Era un río desbordado.
Era empezar de nuevo.

Era Santiago de Chile.
Era universidad.
Era un tiempo difícil.
Era época de sueños.

Era clínica. Era un doctor…
Eran días de internación.
Era sorpresa, era decepción
Era prohibición.
Era mucho, mucho temor.

Era comida. Era azúcar
Era sangre. Era enfermera.
Era insulina. Eran muchas preguntas
Era más que una inyección.

Era crecer. Era andar
Era correr. Era escapar
Era pensar. Era llorar.

Era balcón. Eran visitas.
Era familia. Eran amigos.
Era complicado. Era sin luz.

Era ignorancia. Era más.
Era futuro. Era incertidumbre
Eran sueños rotos.

Era culpa. Era odio.
Era dolor. Era angustia
Era miedo.

Era amor.

Era diabetes…
Era mi vida.
Eso era, nada más.

La diabetes y la no rutina de las vacaciones.

O de cómo estar preparados para los imprevistos que la vida nos pone por delante.

Cambia, todo cambia decía la canción.

¿Por qué habría de seguir todo igual si nosotros cambiamos día tras día?
 ¿Por qué tendría la diabetes que permanecer constante, si son tantas las variables que la influyen?

Pensar eso es un error.

Vacaciones supone un cambio en la rutina, quizás el mayor de los cambios es transformar esa rutina en la no rutina.

No hay un día igual a otro. Al menos así entiendo yo las vacaciones.
Hace muchos años ya que las vacaciones suponen más movimiento que de costumbre para nosotros como familia. No somos de ir a la playa y tendernos en la arena con la panza al sol. No, eso no va con nosotros. Lo nuestro tampoco llega a las aventuras extremas. Pero si visitamos un lugar que no conocemos tratamos por lo menos de ir a la mayoría de los sitios más atractivos, de movernos, recorrer, caminar, conocer, observar el paisaje geográfico y humano, y todo eso. Turistas de a pie, con los ojos bien abiertos y con cámara fotográfica al cuello.


Pero esto supone un gran desafío para el manejo de mi diabetes.

Y el primero que enfrenté vino el día previo a nuestra partida.
 Hice un cambio de cánula de la bomba de insulina y un cambio del sensor continuo de glucosa. Y lo hice sin pensar mucho.

Lo primero que noté al ponerme la cánula fue que me dolió un poco más que lo de costumbre. Ya al pasar la insulina para cebar la cánula había algún malestar. Un pequeño ardor, para nada intenso, pero yo sentía cuando estaba pasando la insulina del bolo. 
Debí reparar en ello de inmediato, pero no lo hice… porque se venían las vacaciones.

Las primeras 24 horas, que incluyeron un viaje de casi 10 horas conduciendo, con paradas para descansar claro está, fueron de sube y baja… Con glicemias muy erráticas a pesar de hacer el cálculo correcto de los hidratos de carbono.

Pero había que sumar también la inactividad, al estar sentado solo conduciendo, y algo de estrés cuando el tráfico se ponía intenso. Entonces, tantos factores a considerar a veces confunden, perturban un poco el raciocinio.

Una cosa que también pasé por alto fue que en un arrebato de innovación, me puse la cánula en la parte frontal del abdomen, a poco más de dos dedos del ombligo. Y si bien es cierto que esa es una zona indicada, yo casi nunca la he usado con las cánulas. 
No sé si se han fijado, pero vean las fotos de la publicidad de las bombas, y ese suele ser el lugar escogido.

Bueno… En mi caso, debo confesar que eso se ve bien solo en las fotos, eso pasa en la tele no más, porque a mi no me funciona. Así de simple.

Pero como estoy de vacaciones, me tomó un par de días darme cuenta y decidir cambiar la cánula. Volví a mi lugar favorito: la parte lateral de mi cintura (si es que tengo cintura, jajaja). Ahí he “cultivado” unas “interesantes” acumulaciones de grasita que me “ofrecen” una amplia superficie para elegir y poner la cánula hasta donde la torsión de mi tronco me permita en la parte posterior… 
Cambié la cánula y asunto arreglado, en ese aspecto.

La rutina es buena en muchos aspectos. Nos da seguridad, nos reafirma cuando hacemos las cosas bien. Nos premia dándonos las pautas para repetir ciertas acciones y tener casi siempre los mismos resultados. Nos pone en piloto automático. Nos hace pensar menos… Pero por lo mismo puede ser dañina

La lección aprendida es que hay que elegir el momento adecuado para hacer algún cambio que pueda afectar nuestras glicemias. 


Yo elegí mal al ponerme la cánula más adelante, porque se venían días en los que habría muchos otros factores que podrían afectar mis glicemias tanto o más que el sitio de inserción.


Ahora las hiper o las hipos son más por problemas de cálculo de los hidratos de carbono o ejercicio extra. Cosas que en vacaciones pueden ocurrir, porque cuesta más planificar. 


Pero sumando y restando, he disfrutado sin que la diabetes haya sido un obstáculo, porque la veo más como un desafío: incorporarla a la no rutina y pasarla bien igual.