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“Querido hijo: yo tengo diabetes”.

Jueves, 9 de junio de 2011

Con mi hijo Max.

¿Les ha pasado o no? ¿Han tenido que decir la frase que está en el título?

Eso. Explicarle la diabetes que tienen a sus hijos.


Si no les ha pasado (porque no tienen hijos) quizás les toque más adelante. Ojalá les toque, porque eso quiere decir que han sido protagonistas de uno de los momentos más importantes y trascendentes en la vida de un ser humano: el nacimiento de un hijo.

 Si han sido diagnosticados ya mayores, con los hijos más grandes, pues habrá que explicarles.

El diagnóstico de la diabetes es un duro golpe. Eso no admite discusión. Es hasta desconcertante y atemorizador para una persona adulta… Y puede significar un punto de inflexión muy fuerte al interior de una familia.

¿Y qué pasa con los hijos en ese caso?


¿Qué pasa cuando de la noche a la mañana su padre o madre se va internado unos días y al volver a la casa le ven clavándose jeringas en el estómago y pinchándose los dedos para sacar una gota de sangre?
 ¿Qué pasa cuando los juegos deben ser interrumpidos para beber algo azucarado y compensar esa inoportuna hipoglicemia?

Bueno. En mi caso se ha dado en forma natural. Además, estando ligado al tema de la diabetes los últimos 9 años no podía ser de otro modo. ;)

Hubo una época, no mucho tiempo atrás, en que mi hijo (hoy de 13 años) decía: “Ah, ya… Mi papá está alto porque anda gruñón…”. Y bueno… Era verdad. A él le habíamos dicho que uno de los síntomas que me hacían darme cuenta que estaba con una hiperglicemia era justamente el cambio de humor.


Los niños siempre tienen preguntas. Y será nuestra misión entregarles las respuestas claras y de acuerdo a su edad para que puedan entenderlas.

Una técnica que no sólo uso con mi hijo, lo hago también con chiquitos recién diagnosticados, es preguntar qué tanto saben del tema en cuestión y a partir de ahí, con ese conocimiento o ignorancia, construir una respuesta.

Porque si son pequeños no sacamos nada con decirles, en el caso de los tipo 1, que nuestro sistema inmune se volvió loco y comenzó a atacar las células beta que producen la insulina en el páncreas… Mejor será decir: “fíjate que mi cuerpo no produce insulina y por eso tengo que inyectármela con la jeringa”. Si pregunta qué es o para qué sirve la insulina responderemos lo más claro posible.

Si ya nacieron con uno de los padres teniendo diabetes es un poco más fácil. Estarán familiarizados porque habrán visto desde siempre las actividades de medir la glucosa e inyectar la insulina. Seguro que hasta hayan sido medidos ellos más de alguna vez ;)



Hay que ser honesto. Querer protegerlos con historias de cuentos de hadas en lo referente a la diabetes no sirve. Los niños en eso nos pueden dar lecciones. Las cosas por su nombre. Los niños pequeños suelen ser muy concretos, por eso que los eufemismos con ellos no sirven.

Por otro lado, el temor a la muerte también suele estar presente en esas etapas tempranas de la vida, por lo que el camino es llevarles la tranquilidad de que con el tratamiento adecuado a su padre o madre nada le pasará. Esto no implica que cuando vayan creciendo y su nivel de madurez y comprensión aumente no se les explique los posibles efectos de una diabetes mal cuidada. Estarán en edad de entender. 

De todos modos yo soy de la idea de ver el lado positivo y hablar de que con los cuidados adecuados viviremos bien muchos años. Además, la alimentación saludable, que debe ser compartida por toda la familia, es algo bueno para todos. Lo mismo que el ejercicio. Aprovechar justamente esas instancias para hablar de diabetes con ellos es muy enriquecedor.

Enseñarles a enfrentar una emergencia debe ser una de las prioridades cuando ya se hacen más grandes: qué hacer, a quién llamar, qué es lo que se necesita en caso de una baja. Cosas sencillas, sin complicarse de más.

Me ha correspondido muchas veces conocer papás jóvenes que se aterran con que alguno de sus hijos menores se inyecte insulina o se pinche el dedo debido a su curiosidad… O el clásico: “yo quiero ser como mi papá”.

Todavía no llega a mis oídos ningún caso que dé cuenta de aquello. No digo que no haya ocurrido. Por lo mismo es que con hijos pequeños recomiendo tener los insumos de la diabetes bien guardados (igual que cualquier otro medicamento). Tal vez el tema de las glicemias no sea problema, tomarles una de vez en cuando no les hará mal (y quizás hasta diagnostiquen una diabetes tipo 1 temprana, ojalá que no!). Con la insulina la explicación de que el papá se la inyecta porque no tiene nos da la posibilidad de decir: “no te preocupes, tú no la necesitas porque tú si tienes”.



La diabetes es parte de nuestra vida y como tal también de nuestro entorno. Mientras mayor sea la naturalidad con la que la manejemos, mayor seguridad infundiremos a quienes nos rodean.

Queremos estar la mayor cantidad de tiempo con nuestros hijos. Queremos protegerlos de cualquier cosa mala que pudiera ocurrirles… 

Cuidarnos nosotros, preocuparnos de nuestra diabetes es el punto de partida para que eso ocurra y los veamos crecer felices cada día.

¿Contar… o no contar?

Miércoles, 8 de junio de 2011



No, no estoy hablando de carbohidratos, pastillas o unidades de insulina.
Me refiero a decir o no decir en el trabajo que se tiene diabetes.

Claramente este es un tema que nos importa a los más grandes… Y como los jóvenes de ayer somos los mayores de hoy, es un tema que hay que plantear.

El otro día me sorprendí cuando un glucolega a través del chat me dijo que en su trabajo no saben que él tiene diabetes… Diablos!

Imagino que habrá una poderosa razón para que eso ocurra… O algo de temor… O desconocimiento. No lo sé. Quedamos de conversarlo en persona.
Pero aunque todavía no hablo con él el tema en profundidad me aventuro a divagar un poco. Ya me enteraré de las razones que tiene para no decir que tiene diabetes.

Justamente siento que el tema es importante pues un reciente estudio ha demostrado que una persona con diabetes en edad laboral llega a perder hasta 15 hora al mes en su trabajo por un evento de hipoglucemia… Y eso es una voz de alerta. Alerta para nosotros, los pacientes y alerta para quienes comparten con nosotros en el ámbito laboral.

Descontando que la diabetes bien controlada no nos impide tener una vida activa y productiva… ¿Por qué no contar? ¿temor a la discriminación?

Por sobre cualquier consideración legal (en Estados Unidos hay un acápite especial para la diabetes en la Ley de Ciudadanos Americanos con Discapacidades), hay algo que subyace y no lo podemos negar: la predisposición para que tanto empleadores como otros empleados, debido al desconocimiento, piensen que un trabajador con diabetes representa un problema, ausentismo laboral, menor capacidad productiva y en general cosas con connotaciones negativas.

No sé si les ha pasado, pero muchos de esos pensamientos también rondan la cabeza de familiares y hasta del mismo paciente.

Pero no es menos cierto que un paciente bien compensando, usando los tratamientos adecuados, siguiendo un plan de alimentación y de ejercicios apropiados no debería enfrentar dificultades insalvables en su trabajo. Es más. Puede que incluso, por el deseo de demostrar que la diabetes no es una barrera, hasta sea más eficiente que alguien que se dice “sano”.

Quizás a las personas con diabetes tipo 2 no les ocurre, pero en el caso de los tipo 1 suele pensarse que no mencionarlo hará que se reciba un trato igual a quienes no tienen la enfermedad… Lo que nos puede jugar en contra.

Quizás ser diagnosticado cuando niño predisponga positivamente a contarle a todo el mundo que tienes diabetes con la naturalidad de quien no ha tenido otra forma de vida distinta. Quizás el diagnóstico de adulto sea más duro, un golpe más fuerte, la aceptación más difícil, y por lo mismo haya más resistencia a hablar del tema.

A mi me diagnosticaron cuando estaba en la universidad. Por lo que me correspondió entrar al mundo laboral junto con la Tía Betty.
Y en todas las entrevistas, una de las primeras cosas que mencionaba era que tenía diabetes tipo 1. Un par de frases para aclarar las diferencias con la tipo 2 y que no afectaba de forma alguna mi desempeño profesional.

Por cierto que las más de las veces nos encontraremos con mucho desconocimiento y parecerá que deberemos repetir una y otra vez la misma historia, pero finalmente estoy seguro que valdrá la pena.

Todo depende de cada uno, pero si enfrentamos la diabetes con apertura no tendremos que ir de carreras al baño para inyectarnos (les aseguro que contrario a lo que muchos creen, el baño, y más si es público, es el peor lugar para inyectarse…).

No miento si digo que nunca, nunca mientras estuve como asalariado trabajando en agencias de publicidad mi diabetes significó un impedimento para dar rienda a mis ímpetus creativos (trabajaba como redactor creativo). Jamás la diabetes puso distancias entre mis compañeros y yo. Además, por lo general, en cualquier celebración en conjunto, siempre tenían reservadas para mi las gaseosas light y alimentos más naturales, en un gesto que retrata muy bien el lado humano de las personas que me rodeaban. Pero fue tarea mía involucrarlos, fue mi misión “evangelizarlos” sobre la diabetes, fue mi misión descubrir quien era más receptivo y fortalecer el vínculo con esa persona. Y recuerdo que nada fue forzado y que todo valió la pena. Incluso hoy, más de 20 años después, al encontrarme con alguno por ahí lo primero que me preguntan es cómo está mi diabetes.

Tuve suerte quizás. Tuve suerte y está en mi personalidad compartir mucho de mi vida, y más si se trata de mi diabetes.

Sumando y restando creo que hay muchas más razones para contar que para ocultar en el trabajo que se tiene diabetes.

La primera es la más importante, tiene que ver con la seguridad de nuestra vida. Si por alguna razón nos viene una hipoglicemia severa en el trabajo… ¿cómo sabrán los colegas qué hacer si no saben siquiera por qué nos pasa lo que nos pasa?

Ninguno de nosotros está libre de sufrir una hipoglicemia severa. Y aunque no sea severa, aunque no necesitemos que nos inyecten glucagón o nos lleven a un servicio de urgencia (¿están dispuestos a hacer pasar por todo eso a alguien que no tiene idea que eso puede ocurrir?), ¿cómo explicas la necesidad imperiosa de comer algo azucarado a media mañana?
Quizás en una reunión social no importe mucho. Suelen haber bebidas sin azúcar y de las otras… Pero el riesgo estará siempre.
¿E inyectarse a escondidas?.. Eso yo no concibo.

Otra razón es que somos nosotros mismos, las personas con diabetes, los llamados a educar al resto de la población. Somos nosotros, que estamos un poco más instruidos, los que debemos romper los mitos, derribar la ignorancia que surge entorno a la diabetes. Si callamos estamos siendo cómplices del silencio y la desinformación. 
Si tenemos buen control, si somos eficientes, si hay millones de personas con diabetes en el mundo que se desenvuelven en sus labores sin inconvenientes… ¿por qué no divulgarlo?

Ahora, si hay temor a algún tipo de discriminación, bueno, el camino legal debe ser la opción.

Pero para ganar la pelea hay que dar la batalla.

Yo cuento… ¿y tú? ¿cuentas o no?

Seis años del GES… ¿qué he aprendido?

Miércoles, 4 de mayo de 2011



No voy a explicar acá en profundidad que es el GES, pero les puedo aportar a los que no lo saben (nuestros amigos extranjeros seguramente) que el GES es un beneficio de salud garantizado por ley, que no discrimina y se implementa para mejorar la calidad de vida de la población. Con el GES todos los beneficiarios, ya sea del sistema público o privado de salud, tienen derecho a exigir las garantías establecidas por el Estado para los diversos problemas de salud que contempla. Estas garantías son acceso a la atención, plazos máximos para otorgar las atenciones garantizadas, calidad igual para todos y protección financiera.

La Diabetes Mellitus Tipo 1 fue una de las cinco patologías que se incluyó justamente en el plan piloto, por lo que es de las que acumula más tiempo en el sistema.

Por un pequeño pago único mensual, tengo acceso a la consulta con un médico especialista, exámenes y los más importante para nosotros los tipo 1, los insumos que nuestro tratamiento necesita: por cierto que la insulina y las tiras reactivas están incluidas. Por ahora no se incluye la terapia con bomba infusora por lo que eso debo costearla yo, pero descontando aquello la ayuda en notable.



Como desde junio de 2005 ya ha pasado un largo tiempo en el que hemos ido haciendo camino al andar, tratando de solucionar muchos problemas de logística por ejemplo, permítanme hacer una lista de lo que he aprendido. Es una lista un tanto sesgada quizá pues yo estoy en el sistema privado de salud, pero hay varias cosas que les pueden servir como ejemplo, hay mucho originado en el ensayo y error, al igual que he hecho con mi diabetes.

1.-
Nadie nos hace un favor al atendernos por el GES, ni en la isapre, ni en el centro médico ni en la farmacia. El GES es un derecho garantizado por ley. Así que aunque parezca soberbia, cuando llegamos a alguna parte, tenemos que hacer valer nuestro derecho y no sentir que llegamos pidiendo caridad.

2.-
El sistema ha probado no ser universal (y no me refiero al cambio de nombre del original AUGE que quedó de lado cuando se dieron cuenta que las fuerzas armadas y de orden no recibían el beneficio), si no a que por más que hayan cosas comunes, cada isapre y farmacia lo enfrenta distinto.
Entonces, lo que nos sirve a unos, como experiencia, no se aplica exactamente a otros. Entonces debemos aprender la mecánica del prestador que nos tocó para seguirla al pie de la letra.

3.-
Pocas veces he salido con todos mis insumos de la farmacia. Casi siempre hay problemas de stock, y la respuesta es: “¿puede venir a buscarlo en un par de días?”. Por lo que a poco de andar el sistema me “hice cliente” de una en particular. Así por lo menos ya la gente me conoce y estás más o menos preparada (lo que no quita que todavía no tienen un registro exclusivo de los pacientes GES para tener stock suficiente para el mes).

4.-
Siempre que haya algún problema hay que dejar constancia por escrito, en alguna parte. El libro de reclamos de la farmacia o directamente con el (la) ejecutivo (a) de la isapre.
Si van por tercera vez a la farmacia y no encuentran todos los insumos y les piden volver por ellos, como si ustedes tuvieran la culpa de ser “enfermitos” y querer 300 cintas de glicemia en vez de las 50 que lleva todo el mundo, no hay forma de demostrarles a los superiores que eso ya les había ocurrido antes.




5.-
Tomar nota del nombre de la persona que los atendió, llamarla por su nombre. En este mundo tan tecnologizado, donde somos un número (rut) la mayoría de las veces, que ellos sepan con quien están hablando y ustedes conozcan el nombre del interlocutor no es malo. Ayuda. La salud es un tema sensible, personal.
Y con la rotación de gente en los call centers, en las oficinas de atención de las isapres y en las farmacias… lo que diga Juanito a veces no está apegado a la verdad y Pedrito dice lo contrario. Lo mejor para argumentar son los datos, fechas y nombres. Además… que de una vez por todas alguien se haga responsable y no sea siempre culpa de que “se cayó el sistema”.
No hay peor respuesta al “¿Pero quién le dijo eso?” que el “no sé… un funcionario”.

6.-
Si el problema es con la farmacia y es reiterado a pesar de su insistencia, quizás llegó la hora de ir a la isapre. Por lo demás es la isapre la que nos obliga a ir a una cadena de farmacias en particular. Estamos obligados… Somos clientes cautivos. Con mayor razón deben tratar de solucionar nuestro problema a la brevedad.

7.-
Siempre tener insumos extra, para emergencias… Entendiendo por emergencia que la farmacia no tenga stock.
Bueno, esto se puede conversar con el médico y pedirle que en la receta en vez de poner 40 UI de insulina al día, ponga no sé, 43… Tampoco se trata de acumular por acumular.
Primero, con eso nos estamos cubriendo porque las dosis suelen ser variables y segundo, no nos quedaremos sin el vital elemento en caso se nos ocurra ir a la farmacia un domingo en la tarde… y no les quede insulina…

8.-
Por lo mismo, ojalá no ir a la farmacia ni los viernes después de las 5 ni los fines de semana… Sobre todo si el stock de insumos que tenemos en casa está casi por acabarse. 
Si hay un problema, ya sea falta de stock (que pueden conseguir en otro local) o el sistema está caído, o el inconveniente es de la isapre (cuyo funcionario ingresó mal el período y aparecen sin tratamiento por ejemplo) será muy difícil que encuentren a alguien que solucione el entuerto.

9.-
Sean amables con la gente de la isapre o de la farmacia. El funcionario que está detrás del escritorio o del mesón es persona igual que nosotros, a veces con los mismos o peores problemas. Por mucho que exijamos nuestros derechos, hay maneras y maneras… Y la mayoría de los inconvenientes se solucionan con buena voluntad.

10.-
Cuando vean que la conversación para solucionar el problema con la persona al otro lado del mesón es un diálogo de sordos, mejor pidan hablar con el jefe, plantéenle sus dudas, e inquietudes. A veces la fuente del conflicto está plenamente identificada y ustedes mismos pueden ser un aporte para encontrar la solución.

Alguna vez, en un contacto con el contralor de una isapre él estaba muy sorprendido por la cantidad de cosas negativas que le conté me habían pasado en las dinámica del beneficio GES. Y estaba sorprendido pues me dijo que a él no le llegaba ninguna queja, de ningún afiliado… Y así creía que todo estaba bien.

Por lo mismo es que se deben usar los conductos regulares para elevar las quejas y solicitudes… Pero en honor a la verdad, también deberíamos ser agradecidos y hacer ver las cosas buenas que pasan.

11.-
La Superintendencia de Salud el el organismo contralor de FONASA e Isapres. Si la solución no ha llegado por los canales adecuados (la isapre), para allá hay que ir.

12.
Traten de informarse de la canasta de insumos que les corresponde, de las marcas y laboratorios que están presentes.
Es decir, muchas veces he escuchado a la gente quejarse porque sólo le “dan” de una marca de tiras reactivas. Primer error: no nos dan las tiras, es un derecho… Y mucho o poco, pagamos por ello.
Segundo, la mayoría de las isapres tiene convenio con más de un laboratorio, por lo que la elección de qué tira y glucómetro usar pasa por una conversación con el doctor GES y las necesidades personales.

Es cierto que en los hospitales eso no ocurre, ahí sí que hay sólo una marca para usar, pero por lo menos sabemos que las marcas presentes en el mercado chileno son confiables.

Recuerden que en la farmacia NO PUEDEN cambiarles la receta, por lo que si les dicen: “Ah… Es que esa marca no está en su canasta”, averigüen bien con la Isapre antes de aceptar lo que ellos digan. Incluso hay médicos GES que no conocen a cabalidad la canasta GES que le corresponde al paciente.

Eso sería. Espero que no pasen otros 6 años y sigamos con los mismos inconvenientes. Ya muchas de estas cosas deberían estar solucionadas, pero veo que se siguen cometiendo los mismos errores del principio.

¿Alguno de ustedes tiene algo más para aportar?

Lo quiero ahora lo quiero ya!

Martes, 19 de abril de 2011

Leía el otro día en un blog amigo, cuyo nombre mantendremos en reserva ;) , las quejas de una persona porque no había visto los resultados que él esperaba con la terapia de rehabilitación que estaba siguiendo un sobrino y otros niños que él conocía. Atribuía el fracaso directamente a la terapia, sin más. Sin entrar en detalles, el sentido común me llevó a pensar que muchos factores podían intervenir en ese resultado, pero me detuve en uno que para nosotros, las personas con diabetes, es bien importante: el tiempo desde el diagnóstico y el que llevaban haciendo la terapia.

Desde chiquitos, y sobre todo en esta época en la que nos ha tocado vivir, nos acostumbramos a tener lo que queremos en el acto; basta llorar un poco para tener la comida, el dulce… o el juguete que reclamamos.


Cuando vemos televisión, sólo apretando un botón en el control remoto que está en nuestra mano podemos cambiar de canal y buscar el que nos entretenga o informe, de acuerdo con el gusto y la necesidad del momento.

Detenidos frente a la luz roja del semáforo, no bien vemos de reojo parpadear el hombrecito verde que autoriza a los peatones a cruzar se comienzan a escuchar las aceleradas de los motores, y cual peregrinaje se inicia lentamente un movimiento en cadena de los vehículos listos para arrancar.

Navegando en internet, desesperados por la lentitud de la conexión, no hacemos más de tres clics para llegar a lo que buscamos… y somos pocos los que pasamos de la segunda página de resultados en Google cuando necesitamos alguna información.

O sea, lo queremos rápido… lo queremos ya.

 La inmediatez es un signo de los tiempos. Todo sucede ahora, todo parece tener un resultado en este instante. Hemos dejado de ser pacientes, para ser tremendamente impacientes en todo. Y en nuestra diabetes también.

Sin ir más lejos, en mi última visita a la farmacia por mis insumos para la diabetes hubo un problema y no me moví de ahí hasta que se solucionó. Me ofrecieron una alternativa que incluyó el envío de un mail y la espera de la respuesta. No aguanté la espera y llamé yo mismo desde mi teléfono móvil. En menos de 10 minutos el problema estaba solucionado.


¿Cuántos de ustedes han sentido frustración y derechamente rabia cuando no consiguen los números “ideales” de su diabetes?

¿Cuántos han caído en depresión luego de comprobar en carne propia que por más esfuerzo que hagan, algo falla y la hemoglobina no baja?
¿Cuántos, en alguna etapa de su vida con diabetes, no han querido mandar todo al carajo por culpa de esta enfermedad crónica, que parece que todo lo complica?



Con casi 25 años con diabetes puedo asegurarles que todo esfuerzo vale la pena. Con casi 25 años junto a la Tía Betty puedo confirmarles que al final, todo esfuerzo tiene su recompensa.
 Cada décima de una hemoglobina glicosilada a la baja es un logro. Cada glicemia post prandial dentro del rango es bueno. Cada hiperglicemia deja una enseñanza para corregir. Cada felicitación del médico es un golpe de ánimo. Cada permiso de fin de semana ganado el lunes, martes o miércoles por un buen control se atesora y disfruta al máximo…



Hoy no estaría orgulloso de las cifras que acompañan mi vida con diabetes: peso normal, colesterol normal, presión normal, 5 dedos completos en cada pie, visión correcta en cada ojo (bueno, el astigmatismo no es atribuible a la diabetes), dos riñones que funcionan impecables, en fin… si hubiese sido impaciente por no obtener los resultados esperados los primeros años.

Es decir, todo el esfuerzo desplegado, los desvelos midiendo glicemias en la madrugada, contando carbohidratos cada vez, calculando bolos de corrección (no olviden que me pasé 20 años con jeringas no más), midiendo y volviendo a medir, corrigiendo y volviendo a corregir, están dando sus frutos. No hay signos de complicaciones endosables a la diabetes

Aprendí a ser paciente. Aprendí a que hay que sembrar para cosechar.


La diabetes es traicionera. Si le damos la espalda nos puede asestar una puñalada donde más nos duela.

De nada sirven las lamentaciones si nosotros somos los primeros responsables de nuestro tratamiento, pues hasta con los más mínimos recursos, que en nuestro país están garantizados por ley, podemos llevar un mejor control.

Hay un circulo vicioso, porque la impaciencia nos lleva a la frustración. Y la frustración a descuidar la enfermedad.

Pero pensar siempre que lo que hacemos por nuestra diabetes día a día nos llevará a un mejor futuro nos hace mejores pacientes, más conscientes , y nos abre las puertas para disfrutar un mañana mejor, como lo estoy disfrutando yo.

Y lo digo ahora, lo digo ya y quiero decir lo mismo en 25 años más!

Desayuno.

Miércoles, 16 de marzo de 2011

Desayuno Antes / Después

Para lo que acostumbro, las 9:49 AM es un poco tarde para tomar desayuno. Pero es que esta mañana acompañé a mi esposa al laboratorio pues se está haciendo una serie de exámenes.
Hubo un inconveniente con el código de una de las prestaciones así que debíamos ir a la isapre a resolver el tema. Nada muy complicado en todo caso.
Como Tamara se había tomado la mañana libre, teníamos tiempo de sobra para hacerlo.
Estábamos ambos sin desayunar así que decidimos que era la ocasión para ir por algo distinto a lo de todos los días. Y camino a la isapre hay justo un Starbucks. La decisión estaba tomada. ;)
Tampoco se trataba de hacer una comilona de la ocasión. Con Tamara a dieta y mi ya clásica disposición un tanto negativa a la comida (eso sí, no eludo el café) el pedido sería simple.

Un capuccino con un muffin de durazno ligth para mi. La niña que nos atendió me dijo que el muffin era endulzado con sucralosa, Lamentablemente no sabía cuántos hidratos de carbono tenía en total.

Me había controlado la glicemia mientras esperaba a Tamara en el laboratorio, a las 8:45 y estaba en 115, así que los 86 mg/dL me parecieron bien para estar en ayunas, pero con la sensación que iba bajando.

Al tomarle el peso y luego el sabor al muffin me quedó claro que era light: no sabía mal, no era desabrido, pero no estaba “dulce”. Bien me dije. Es más… Me gustó! La consistencia de la masa y la fruta en su interior está bien lograda.
Fui cauto y sólo le calculé a todo cerca de 40 gramos de hidratos de carbono. Si iba bajando, prefería quedar un poco alto después, sobre todo que yo andaba conduciendo.

Pues bien. Me quedé corto, pero más o menos no más, jejejeje. Los 153 mg/dL post prandiales (dos hora después) no están taaaaaaaan mal. O sea… Mi rango es hasta 140 (atención, MI rango, discutido con MI médico y de acuerdo a MI esquema, ok?), por lo que me hubiese gustado no pasar de aquello, pero si somos más flexibles, tengo el atenuente que era la primera vez que probaba uno de esos muffins (no como muchas cosas dulces la verdad), y descubrir luego del ensayo y error que sólo le tengo que poner un poco más de hidratos de carbono (unos 55 creo) me deja una positiva sensación.

Llegué al cuartel general de MiDiabetes a ver la web de Starbucks, pero en la información nutricional de sus productos no aparece el muffin en cuestión :( , se los haré saber a los chicos del café la próxima vez que vaya.

Ahora tengan por seguro que el almuerzo de un rato más será saludable de verdad ;)

¿Qué me pasó? ¿Será que tengo diabetes?

Miércoles, 22 de diciembre de 2010

Glucemias

Es que no hay muchas otras explicaciones. Tampoco las necesito parece.

Quizás si buscamos la parte más fisiológica, luego de mucha investigación podamos llegar a una respuesta que satisfaga a todo el mundo pero no es la intención, mejor dicho no merece la pena.

Ya. Lo del otro día fue raro, pero dejen que les cuente, porque las fotos en Facebook daban para mucho.

Pueden hacer clic en la foto para verla más grande.

Foto 1.
Por la mañana me desperté bajo, que duda cabe. Tenía 40 mg/dL a las 7:41 AM.
Como mi hijo ya salió de vacaciones, todas las actividades matutinas se han retrasado cerca de hora… Pero yo sigo con las basales antiguas. Y justo a las 7:15 tengo un aumento de la basal en la bomba por el inicio de la jornada y luego el desayuno… Y no la he corregido.

Me comí una tableta de glucosa (4 grs. de hidratos de carbono) y desconecté la bomba camino a la ducha. En un rato más tomaría desayuno,

Foto 2.
Poco más de 30 minutos después ya estoy frente al desayuno. Me mido y tengo 66. Lo que para mi es normal para iniciar el día. Bueno, desayuno 50 grs. de hidratos de carbono entre yogurth y algo de pan más un café con leche y me pongo 4.8 UI de insulina.

Foto 3.
Se me pasó un poco la hora de la post prandial (siempre controlo 2 horas después y esta vez fueron tres horas). Tengo 133 mg/dL. Ok me digo y no hago nada. Es decir no como nada.

Foto 4.
Antes de almuerzo estoy bastante bien, 102. 45 grs. de hidratos de carbono y 4.8 UI de insulina dice la bomba. Lo acepto y va para adentro.

Foto 5.
Tuve que salir a hacer unos trámites y otra vez me retrasé con la hora del control post prandial, pero los 131 me decían que estaba bien, por lo que no hice nada.

Foto 6.
Una hora y 15 minutos después estaba muy sintomático de una hipoglucemia. Y claro, el glucómetro marcaba 57 mg/dL. No usé glucosa, me comí unas masas que tenían algo de azúcar así que con eso combinaba la necesidad de subida rápida y la mantención después.

Foto 7.
Controlé 20 minutos después y ya iba en 69, sin síntomas y con la sensación de normalidad ya restablecida.

Foto 8.
Ya sin ningún síntoma, controlé a las 18:36. Con 118 me quedé muy tranquilo.

Foto 9.
A las 21:06 hrs. y luego de ir a buscar a mi señora, ya sentados a la mesa tenía 143. La cena tenía hidratos de carbono de acción lenta equivalentes a 55 grs. La bomba marcó 4.8 UI de insulina.

Foto 10.
Ocho minutos para las once de la noche llegó la hora de dormir luego de ver algo de TV. El glucómetro decía 159 por lo que apagué la luz muy confiado.

Foto 11.
Chan, chan!
Creo que me debo haber despertado por lo menos unos 15 minutos antes de medirme. La cortina del ventanal del dormitorio estaba medio abierta y la luz de la luna llena iluminaba bastante. Recordé el eclipse mientras pensaba por qué estaba tan despierto. Me dije “estoy bajo”. No estaba sudando, no temblaba pero estaba muy alerta, sin embargo no hice nada… Me decía: “estoy bajo”. Pero me sentía tan cansado y con tanto sueño que me acomodé para… seguir durmiendo!!!! O sea. Está claro, cuando estamos bajos algunos nos ponemos muy testarudos… hasta con nosotros mismos, jajajajajaja.
Finalmente pensé: “Ya! Algo hay que hacer”. Y comencé por encender la luz de mi velador.

Cuidando de despertar a mi señora me controlé la glucemia, mientras al mismo tiempo abría uno de los tubos de glucosa que siempre están a mano. La máquina marcó los ya famosos 21 mg/dL. Me comí una tableta (4 h. de c.) y tomé una foto con el iPhone. Es que es la más baja que he controlado. La anterior era de 27.
Vacié en mi mano cuatro tabletas más para ingerir un total de 20 h. de c. Se me cayó una al suelo… y rodó como una moneda haciendo un ruido que en otra circunstancia habría pasado inadvertido, pero que con la quietud de la noche (y con el eclipse comenzando) hizo que mi señora se despertara. Como tantas veces antes me preguntó qué me pasaba. Le dije que estaba bajo. “Ah, ya, ¿comiste glucosa?” dijo ella y siguió durmiendo.
No se asusten, me quiere igual ;)

Como era una baja muy baja, decidí quedarme despierto con la luz encendida a esperar un rato hasta sentirme mejor.

El eclipse ya se veía bastante. Como no quería quedarme dormido agarré el iPhone y tomé unas fotos de la luna desde mi posición. Pero mejor subí la foto de la glucemia de 21 al muro de Facebook de MiDiabetes.cl. Aproveché de ver el estado de mis amigos y comenté lo que había escrito una amiga que está en España. Claro, por la diferencia de hora allá ya era de mañana y a ella le sorprendió que estuviera despierto a esa hora. Nos dio para un intercambio de frases. Ahí comprobé que estaba bien bajo y aunque no temblaba tuve que repetir varias veces lo que escribí pues cometí muchos errores con las letras. Hagan la prueba de escribir en una pantalla touch con 21 de glucemia ;)
Recibí un par de comentarios en esa foto a esa hora. Había más compatriotas despiertos…

Foto 12.
Apelando a la regla de 15 (tratar una hipoglucemia con 15 grs. de hidratos de carbono de acción rápida y volver a controlar 15 minutos después) me controlé a las 3:31 AM. Y oh sorpresa! La máquina marcó 239 mg/dL. No me lo podía explicar.

Lo primero que pensé fue en una falsa baja (justo en estos días Abbott en los Estados Unidos está haciendo un llamado a la devolución de millones de cintas de sus máquinas por falsos bajos). Luego pensé en que quizás como muchas veces hice antes había sobre tratado la baja, es decir comí más de la cuenta. Pero, ¿sería eso efectivo?

Entre el sueño, la porfía y la baja misma está claro que con suerte podía pensar en el eclipse, subir una foto a Facebook y desearle a una amiga mis parabienes por la llegada de su marido a España… Vamos! Eran las 3:30 de la madrugada…

Y adivinen qué se me ocurrió. Como miré que estaba alto… pues que me puse insulina!!!!! Qué bestia pensaría ya más despierto en la mañana. Me pasé un bolo de 1 unidad pensado en que cada unidad me baja cerca de 50 mg/dL…

Foto 13.
No pasó mucho rato mientras miraba la luna hasta encontrar una explicación a los 239…

Las manos! Las manos contaminadas con el polvo de las tabletas de glucosa. A diferencia de lo que hago siempre, sacarlas de a una con el dedo pulgar e índice, esta vez volteé el tubo para que cayeran todas las que quedaban en la palma de mi mano…

Es decir, pasé por alto una regla básica del autocontrol: manos bien limpias antes de medir una glucemia. Si ni siquiera se necesita usar alcohol o algún desinfectante. Basta lavar bien las manos con agua y luego secar con efectividad, porque la humedad también puede alterar la muestra.

Con la ampolleta literalmente encendida en mi cerebro y en la lámpara del velador procedí a medirme… otra vez. Y ahí estaba. 135 mg/dL casi 35 minutos después de la ingesta de las tabletas de glucosa, pero… me había inyectado 1 unidad de insulina! La sensación de que sería una noche larga me invadió.
Miré la luna, la sombra de la tierra ya casi la cubría completa. LA neurona que me estaba funcionando me lo hizo ver, pero también me dijo que mejor comía otra cosa para cubrir la insulina que tenía adentro ya.

Tenía sueño, estaba cansado, me comí tres tabletas más, 12 gramos de hidratos de carbono…
Apagué la luz. No supe más del eclipse.

Foto 14.
El reloj despertador sonó a las 7:20. Lo apagué. Tenía mucho sueño. Me sentía muy cansado, como después de un ejercicio extenuante.

A las 7:40 logre abrir un ojo y me controlé como hago siempre. Los 164 que marcó la máquina no me sorprendieron. Era mejor que seguir bajo aunque da la impresión que las últimas 3 tabletas de glucosa estuvieron de más. Me corregí con 1,1 UI de insulina porque claramente estaba fuera de mis rangos meta.

Foto 15.
A las 8:16, es decir 36 minutos después de la corrección y la desconexión por la ducha estaba en aceptables 85. Desayuno de 48 h de c con 4.8 UI para cubrirlos.

Foto 16.
Otra vez tuve que salir y atrasé el control post prandial. Pero me llevé una sorpresa. No esperaba los 55 mg/dL que tenía. Estaba poco sintomático. Comí 20 grs. de h de c.

Foto 17.
Antes de almuerzo estaba con 122 y de ahí las glucemias ha seguido más normales.

¿Qué entiendo por normales? Ajustadas a mis rangos meta y totalmente esperables en relación a la ingesta de comida, ejercicio y dosis de insulina.

Lecciones.

La primera y más grande. Ya lo he dicho. Llevar tanto tiempo con diabetes no me hace inmune a los “accidentes” que nos pueden ocurrir a todas las personas con diabetes, todos los días.

La rutina, hacer las cosas en forma mecánica, sin pensar en lo que estamos haciendo puede jugarnos malas pasadas. No lavarme las manos fue un error. Aunque por la hora y las circunstancias podría estar exculpado… De todos modos debí limpiar el dedo o usar el de la mano que no recibió directamente las glucosas del envase para medirme la glucemia.

Otra cosa importante. Para quienes usamos bombas la programación de la infusión de insulina basal es muy importante. Y hay que estar mirando que funcione bien. Yo no modifiqué un parámetro: tengo una basal que sube a partir de las 7:20 AM, porque en condiciones normales (con mi hijo en el colegio) a las 7:30 ya estoy desayunado. Si ahora lo hago casi una hora más tarde, está claro a donde me puede llevar el exceso de insulina sin alimento.

Por otra parte, buscarle a todo explicación (sobre todo en materia de diabetes) puede llevarnos a chocar con un muro infranqueable. Que más da, tenemos diabetes! y esa es la explicación más simple, pero no por ello no resulta interesante hacer el camino inverso y ver qué ocurrió, aprender de nuestros errores para tener más aciertos en el futuro.

Yo me desperté a mitad de la noche muy alerta con 21 mg/dL. No estaba sudando ni temblando. Sí puedo afirmar que tenía cierta confusión mental.
Quizás el ritmo al que estuvo bajando mi glucemia fue más bien lento. En otras ocasiones he estado muy sintomático controlando con el glucómetro sólo 70 mg/dL. Y lo más seguro que en esa ocasión lo que ocurrió es que justo controlé cuando iba para abajo…

He tenido síntomas con 70 y no he tenido síntomas con 30. Todo depende de nuestro organismo.

El paso del tiempo es un factor importante. Mientras más años con diabetes, sentimos menos síntomas y hasta podemos confundirlos.
Si tenemos un mejor control y nuestras glucemias bordean siempre los 70 – 100, los síntomas deberían aparecer con cualquier valor que se salga de esos márgenes. Yo me siento hiperglucémico con poco más de 160 por ejemplo.

En esta marcha hay días buenos… y días no tan buenos. Pero a no desanimarse.
El camino el largo y de todos modos nos va entregando satisfacciones. Que mirar para atrás no nos detenga, aprovechemos y disfrutemos el viaje.

¿Y si no tuviera diabetes?

Martes, 19 de octubre de 2010

Lo más probable es que estaría con sobrepeso.
Y es que también mi colesterol estaría por la nubes.
Sería una persona muy sedentaria, eso es seguro.
Tendría una alimentación muy poco saludable y para nada variada.
Mucha de la puntualidad y responsabilidad que me caracteriza no existiría.
La preocupación que siento por el prójimo quizás no sería tan marcada.
La costumbre de leer las etiquetas de los alimentos que ingiero sería nula.
No habría conocido a muchas de las maravillosas personas que conozco gracias a la diabetes.
Capaz que hasta fumaría.
No tendría la menor idea de la diferencia entre diabetes tipo 1 y diabetes tipo 2.
Probablemente miraría con pena y desdén a quienes sufren las consecuencias de una diabetes mal cuidada.
Pensaría que la diabetes es cosa de gente mayor.
Pensaría que las dieta diabética es lo peor.
Miraría a un pequeño que se inyecta insulina con lástima y más dolor que el que él mismo siente.
No entendería la preocupación de un padre al ver que su otro hijo, el “sano”, comienza a beber más agua de la normal y a ir de carreritas al baño…
Pensaría que pincharse los dedos varias veces al día, sacarse una gota de sangre, ponerla en una máquina y luego chuparse ese mismo dedo es lo más freak del mundo.
No entendería cómo es posible que alguien que “no puede comer azúcar, necesite precisamente azúcar para sentirse bien” .
Creería que estar “alto” es andar drogado y “bajo” deprimido…
Diría: “no, a mi no me va a dar esa cosa, si yo me cuido mucho, yo no como azúcar…”.
Creería que a todos los niños les da diabetes el día siguiente de Halloween…
Pensaría que las tiras que se usan para medir el azúcar en la sangre son “radiactivas” y no reactivas…
Creería que las lancetas son sólo esos aguijones que las abejas usan cuando se enojan con uno y lo pican…
Creería que el mercado de la diabetes está lleno de “tiburones” de los negocios y no conocería que de verdad hay algunos que son verdaderos ángeles de la guarda con nosotros.
No me preocuparía del embarazo de muchas de mis amigas, a menos que se sospechara que soy el padre de la criatura…
Creería que la culpa de la diabetes de los hijos es de los padres y de nadie y nada más.
Pensaría que las famosas 4P del diagnóstico (polidipsia, poliuria, polifagia y pérdida de peso) son simplemente una nueva forma de sacar la lengua como el ya clásico :P
Escucharía la palabra glucagón y pensaría en que es una nueva mala palabra.
Pensaría en un hombre con diabetes como un candidato seguro a tener serios problemas sexuales.
Recordaría a Bret Michaels sólo como el vocalista del grupo Poison y no porque tiene diabetes desde los 8 años y está bastante bien a pesar de algunos inconvenientes por ahí.
Imaginaría a una persona con diabetes parada en una fila por largo rato llenándose de hormigas que se le subirían por las piernas…
Diría: Pobre el chico de los Jonas Brothers, ojalá se cure luego y pueda seguir cantando con sus adorables hermanos…
Un bombero sería sólo la persona que apaga los incendios y no alguien que usa microinfusora de insulina…
Pensaría: que terrible esa enfermedad que le da a todos los humoristas y cantantes viejos, que terminan  amputados, dializados y casi ciegos…
Glucómetro, HbA1c, glucemia capilar y muchas otras serían palabras muy técnicas y pensaría que mejor se las dejamos a los doctores y científicos no más…

Podrías seguir escribiendo, pero creo que ya está bueno, quizás ustedes pueden aportar lo suyo :)

No soy capaz de decir: “si volviera a nacer, me gustaría tener diabetes otra vez…”, pero la verdad es que después de más de 24 años no me imagino sin la diabetes en mi vida.

No podemos ignorar la realidad…

Jueves, 30 de septiembre de 2010

pero sí podemos tratar de cambiarla.

Hace varios años ya le escuché decir a una persona muy respetable que la diabetes no genera noticias todos los días. Decía eso para justificar el manejo de un medio de comunicación especializado y su poca periodicidad. Por supuesto que discrepé, pues a esas alturas la globalización, y sobre todo internet, ya eran una realidad y el caudal de información diario era innegable. En lo que sí estábamos de acuerdo era en la necesidad de abordar esa información con seriedad, con responsabilidad, separando lo fundamental de lo intrascendente, lo verdaderamente importantes de la noticia barata que sólo busca a través del sensacionalismo aumentar la circulación o el rating.

Sin embargo con el paso de los años, y dedicándome a esto de lleno, creo que nunca imaginé lo difícil que podía llegar a ser seleccionar y a la vez generar contenidos para publicar algo que sea de real interés para todos, y que además me deje contento al final del día.

Seguro que podría tener “noticias” casi todos los días si me dedicara a publicar los resultados preliminares de estudios que hablan de la “cura de la diabetes”, por ejemplo.

Pero también encuentro muchas noticias (las más) que hablan de lo malo de la diabetes, que hablan de amputaciones, de ceguera, diálisis, impotencia, transplantes y por cierto hasta de muerte.

Está fresca en mi memoria la noticia del fallecimiento del Jefe del las FARC en Colombia, el llamado “Mono Jojoy”, que dicen fue localizado y emboscado gracias a… su diabetes! Y es que ya tenía problemas en los pies y cuando solicitó unos zapatos especiales pusieron en ellos un localizador GPS que fue fundamental para ubicar donde estaba su cuartel general. Conclusión de los medios: la diabetes traicionó al Mono Jojoy…

Cuando veo una historia así, me surgen todas las dudas… No se mucho qué hacer. ¿La publico? ¿No la publico? ¿Le cambio el tono?

La verdad sea dicha, sí sé que hacer. Sí sé cómo actuar, porque lo he venido haciendo toda mi vida. Y es que soy optimista por naturaleza, por lo que siempre voy a privilegiar las noticias positivas. Me resulta más natural y fácil predicar con el ejemplo y hablar de mí (soy la persona con diabetes que mejor conozco ;) ) y mis exámenes revelan que estoy bien controlado.

Pero siempre está la duda…

Hace poco me llegó la noticia de una mujer inglesa de 47 años, diagnosticada con diabetes tipo 1 a los 9. Las fotos y su historia publicada en un conocido diario británico, eran elocuentes: amputada de ambas piernas y un brazo. A punto de perder el otro. Ya transplantada de riñón y varias otras consecuencias más debido un mal manejo en su diabetes que ella misma explicaba.

En resumen decía que durante su niñez participaba en varias actividades en su colegio y las hipoglucemias y su cuidado interrumpían su “disfrute” en el ballet o como porrista. Entonces para ella y su madre la forma de solucionar eso era estar permanentemente hiperglucémica. No vino a tomar conciencia del daño que se estaba haciendo hasta quedar embarazada de su primer hijo a los 30 años. Afortunadamente ni su primer ni su segundo hijo tuvieron problemas al nacer.
Hoy ya sabe lo que le espera. Sabe y está consciente que pronto vendrá la amputación del otro brazo.
Por cierto que en la foto actual luce una sonrisa de oreja a oreja. Y se ve auténtica, porque hoy quiere crear conciencia de las nefastas consecuencias de no darle la importancia que la diabetes se merece. Hoy quiere ser, y la prensa le da cabida, la imagen de que todos esos miedos y pesadillas que nos acosaron en nuestros primeros días con la enfermedad pueden ser realidad. Y eso puede ser loable: quiere educar desde su nefasta condición. Al parecer no le queda alternativa.
La nota está muy bien redactada y documentada, de aquello no hay dudas.

Es una realidad que no podemos ignorar. Hay personas que sufren las peores consecuencias del mal manejo de la diabetes.

Ella hoy busca crear conciencia y es usada como ejemplo.
Lo que no comparto es que los medios y algunas organizaciones destaquen este tipo de noticias por sobre los cientos de pacientes que sí están bien controlados, que sí han cumplido 20, 30, 40, 50 ó más años con diabetes y no tienen grandes inconvenientes. (Bueno, la Joslin Diabetes Center sí lo hace con su medalla de honor… que espero tener algún día, por lo pronto voy para la de los 25 años).

El debut de la diabetes es un golpe en la cabeza de todos los involucrados, del paciente y su entorno más cercano.
Todavía hoy, y seguirá ocurriendo, la primera referencia sobre diabetes que se le viene a la cabeza a todo el mundo es el adulto mayor, con sobrepeso, sedentario, amputado, dializado y ciego… Eso es una realidad, y como dato por si no lo saben en nuestro país, un gran porcentaje de las personas están en diálisis debido a una nefropatía diabética.

Pero es una realidad que sí podemos cambiar…

Clemente

La semana pasada apareció publicado en un diario de circulación nacional (La Nación) una nota que se titulaba: Diabetes juvenil, héroes por su salud. Y para dar pie a una nota muy completa sobre diabetes tipo 1 entrevistaron entre otras personas a mi buena amiga Ofelia con su hijo Clemente, que practica taekwondo en la Fundación Diabetes Juvenil de Chile. La idea era mostrar justamente la cara positiva de la diabetes. Y a mi juicio, el objetivo fue plenamente logrado.

Aquí está el archivo en PDF para que lo vean.

Esas son las noticias que me gusta destacar. Porque es el otro lado de la medalla. Es el lado amable, que no esconde temores y dudas, pero que demuestra que somos más fuertes y que con las herramientas, la actitud y la educación adecuadas podemos llegar lejos, porque si queremos podemos cambiar la realidad.

Hoy es cuando no podemos ignorar la realidad; hoy es cuando podemos cambiarla para mejor.

El valor de una glucemia

Martes, 14 de septiembre de 2010

Glucemia Perfecta!

¿Cuál es el verdadero valor de una glucemia me pregunto yo?

Y la respuesta no va por el lado del costo monetario, que hoy, en Santiago de Chile, bordea los CLP$ 400 más o menos (algo así como US$0,80.).

La semana pasada tuve la fortuna de estar con más de un glucolega, en distintas circunstancias. También estuve con personas que no teniendo diabetes están muy ligadas a este dulce mundo.

Más allá de las simpatía que siento por todos ellos (por lo general no me reúno con personas que no me caen bien) pude observar una cosa en común que me llamó poderosamente la atención.

Y es que las reuniones estaban situadas en un café o en una oficina, en horarios propicios para comer o tomar algo.
Y yo siempre que como algo que contenga aunque sea una mínima cantidad de hidratos de carbono, me controlo. Es algo automático. No lo puedo dejar pasar, siento que no lo debo dejar pasar.

Y me cuestionaron que me midiera tanto…

Actuar en base a supuestos ya no me sirve.

Ha pasado mucha agua bajo el puente, o azúcar si se quiere ser más literal je je je je, para suponer que si me siento bien estoy “muy bien”… O por el contrario. ¿Cuántos de quienes me leen ha confundido una baja con una alta porque le hicieron caso a los síntomas nada más, sin pincharse el dedo? Y el rebote de vuelta sólo tiene esa explicación, ¿o no?

Muchos me preguntan y se asombran de mis hemoglobinas glicosiladas ya casi fijas en torno a los 6,0 y 6,2% hace más de 6 años. Pero esa cifra es el resultado del control. Y no de otra cosa.

Alguien me dijo (espero que en broma) que un día de estos le gustaría quitarme mi glucómetro y hacerme comer y beber sin medirme la glucemia para ver qué hago…

Y yo que lo pienso, me digo que eso sería un desastre.

Voy a un café y pido un moka, descafeinado con leche descremada (mi gastritis lo agradece).Y ya antes averigüé que ese café tiene 46 grs. de hidratos de carbono… Y junto con la glucemia, ahí está el dato para programar el bolo que la bomba me administrará. ¿Qué pasaría si no me mido y no me inyecto insulina para ese café? A menos que esté bajo una hiperglucemia no la evita nada.

No siento que se un lujo medirme tanto, para mi es una necesidad. Algunos pensarán que es una obsesión, quizás, pero me siento bien.

Una amiga me ofreció un jugo light… Y por supuesto que me medí y me puse insulina, pues esa botella de 200 cc de jugo “light” tenía 22 grs. de hidratos de carbono, ¿cómo los voy a dejar pasar así como así?

Entiendo que hay un número importante de glucolegas que quizás no recibe todas la cintas que necesita al día, pero está en nosotros asumir el protagonismo de nuestro tratamiento y luchar por ellas.

Hoy, ese valor que muestra mi máquina forma parte del arsenal de armas que tengo para luchar por evitar las complicaciones de la diabetes, y siento que cualquier esfuerzo que haga por ello cuenta.

En primera persona…

Martes, 22 de junio de 2010

Este post lo escribí hace un tiempo ya y lo publiqué en mi anterior blog… Sin embargo es de los que siempre leo otra vez… Es mi cable a tierra. Y apropósito de algunas cosas que han pasado en los últimos días se los voy a mostrar otra vez.
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Qué fácil resulta para algunos de nosotros caer en la tentación…

Nos convertimos en insulino dependientes a muy corta edad. Y en la medida que pasan los años, y vamos aprendiendo cada vez más de esta condición, nuestro nivel de conocimiento nos lleva a límites impensados.
Qué facil resulta entonces caer en la arrogancia de creernos médicos, de creer que todo lo que leímos y lo que aplicamos con nuestra diabetes debe aplicarse a todas las personas con diabetes.
Qué fácil resulta decirle a una madre de un chiquito debutante, con una hipoglicemia severa con convulsiones “No, no se preocupe, si hipoglicemias va a hacer toda la vida, entonces… una más o una menos, que más da”.
Qué fácil resulta ceerse un Dios en el manejo de la diabetes, un todopoderoso, que todo lo sabe y todo lo que hace es ley… Alguien que está por encima de todos.
Qué facil resulta creerse líderes porque llevamos más de la mitad de nuestra vida teniendo diabetes y nos hemos convertido en “ejemplos” dignos de imitar: aprendimos de la manera más dura todos los trucos y manejos poco ortodoxos para hacer de la diabetes nuestra aliada… y a veces creemos que eso está bien.
Qué fácil resulta creerse “Educador en Diabetes” por el sólo hecho de tener diabetes, como si el conocimiento de las tablas de multiplicar nos calificara para pararnos frente a un curso de 25 niños en un colegio como “maestros” y enseñarles matemáticas…
Qué fácil resulta darle indicaciones a una persona ignorante en el tema, inocente, que cree en ti por tu labia y postura frente a la vida.

¿Qué nos cuesta asumir nuestra propia ignoracia? ¿Qué nos cuesta ser consecuentes? ¿Qué nos cuesta respetar a un profesional que no por nada gastó al menos 12 años de su vida en aprender de medicina? Tal vez no estemos de acuerdo con su manejo… pero no somos médicos.

Es cierto. El poder que nos confiere el hablar en primera persona es fuerte. Pero por lo mismo debemos ser responsables. Si queremos ser el espejo del niño que recién está partiendo debemos ser consecuentes y humildes.
Debemos asumir nuestra ignoracia, nos hará más nobles.
Debemos tener conciencia que ningún consejo que nosotros pudiéramos dar reemplazará jamás la opinión de un médico, jamás.

¿Qué es lo que quiero? Llegar con mi testimonio de vida de hombre, esposo, padre, profesional, con diabetes por ya largos 24 años a quienes recién están comenzando, también a quienes ya llevan un tiempo y todavía no encuentran el tratamiento óptimo para su vida.
No quiero premios ni alabanzas. No quiero dejar a una madre temblando por el siniestro futuro que le auguro a su hijo, prefiero que esa madre se informe más y lo deduzca al conocer mi buena historia y al darse cuenta que tal vez ella no lo está haciendo tan bien como parece…

Prefiero un “gracias” desde el alma, por el ejemplo de vida que estoy dando más que las loas por mis “incuestionables conocimientos médicos sobre diabetes”.

Llevo 24 años aprendiendo de diabetes. Y cada día descubro algo nuevo.

Me nutro con mis amigos, con otras personas con diabetes y sus historias, me nutro con lo que cuentan sus padres, sus hermanos, sus esposas e hijos. Me nutro de un contacto cercano con distintos profesionales de la salud: médicos, enfermeras, nutricionistas, psicólogos. Con cada uno de ellos aprendo y discuto distintos puntos de vista. Los respeto y me respetan. Jamás le diría a un paciente que cambie de tratamiento, jamás le diría que su médico lo está haciendo pésimo, no tengo los estudios para hacerlo. Lo que si puedo hacer es confrontarlo con otros tratamientos y concluir que un ajuste podría mejorar su calidad de vida… como ha mejorado a lo largo de estos años la mía…

Porque esto es en primera persona.