vacaciones

Y MiDiabetes apareció en Viena.

Hasta ahora, podría afirmar que en materia de diabetes este viaje había sido muy “normal”. Glicemias dentro de rango, unas pocas bajas y altas, pero no muy significativas.

Pero las fotos y las sensaciones de hoy lo dicen todo. MiDiabetes apareció en Viena.

Luego de la hiperglucemia nocturna y alguna que otra baja bordeando el límite, después de almuerzo creo que cometí algunos errores que hay que mejorar.

Ya estaba bajo, caminamos un par de horas y había comido algo de glucosa. Eso fue cerca de las 13 horas. Si ven el gráfico de la última foto se ve claro.

Almorcé pescado frito con papas fritas… Pero lo que no fotografié fue la porción y media de calamares a la romana 😉 No, no hay foto de ellos… Pero estaban deliciosos!!!

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Murphy apareció también.

El Dexcom perdió la señal del sensor. Eso me ha pasado antes. Y la solución que yo uso es reiniciarlo. Entonces, hay dos horas de espera antes de calibrar.

Eso ocurrió justo al terminar el almuerzo.

Como la tarde incluía más turismo, dejé la basal muy baja, pensado que caminaríamos.
Error: sí, hicimos turismo, pero arriba de un bus de esos que recorren la ciudad y sus lugares más destacados. No modifiqué la basal, solo tomaba fotos y fotos…

Arriba del bus se cumplieron las dos horas. 308 marcó el glucómetro. Efecto de los calamares, sin duda… Y bueno, el mal cálculo que me llevó a ponerme poca insulina. Tenía sed, me sentía un poco mal, pero vamos! Llevamos casi 3 semanas recorriendo esta parte de Europa y también hay cansancio (aunque para muchos sea raro estando de vacaciones). Entonces pensé que podía ser eso, o efecto del clima, bastante húmedo y caluroso.

Me corregí. Sin embargo el Dexcom llegó a 340 (que comprobé con el glucómetro).

Otra corrección y ya comenzó a bajar.

En el metro de vuelta, alarma de baja: dos flechas hacia abajo cuando tenía 230. Eso significa que la glucemia está descendiendo unos 5 puntos por minuto.

Bajando! Bajando!

¿Qué hice? Detuve la bomba media hora.

Llegué a 73 sin comer nada, pero atento a lo que podía venir… 😉
Luego vino la cena, más controlada en los hidratos de carbono.

Sin título

Y las últimas 3 horas muestran que ya todo se estabilizó.

MiDiabetes apareció en Viena, pero no enturbió el maravilloso paseo de hoy, porque sin desesperar volví a tomar el control 🙂

Una pausa.

A simple vista no puedo leer la etiqueta nutricional de este #ChocoWafer de #Milka. Le hice una #foto con el #iPad y me entero que tiene 17 gramos de hidratos de carbono. Sí, tiene #azúcar, pero yo cuento #carbohidratos y uso #insulina.

Quizás lo que les voy a decir no sea nada nuevo para nadie… Pero igual se los comento.

Soy goloso. Sí, lo soy… Y tengo diabetes! Buena combinación, ¿cierto? 😉

Hoy día nos dimos un descanso con la familia.
Suena raro, darse un “descanso” cuando se está de vacaciones, y en Europa…
Pero es que llevamos 15 días intensos por acá, no hemos parado y ha sido maravilloso.

Entonces, hoy hicimos una pausa.

No salimos a conocer nada en especial. Solo a almorzar por ahí y luego al supermercado para comprar algunos víveres que nos estaban faltando.

Y me compré un par de cosas sin azúcar y una con azúcar: un ChocoWafer de Milka. Una galleta oblea, redonda, bañada en chocolate.
De buenas a primeras le calculé unos 20 gramos de hidratos de carbono.

Traté de leer la información nutricional y… No pude! La letra es muy pequeña.

Sí, tengo presbicia, uso lentes para leer, pero esta letra simplemente NO LA LEO.

Y díjeme a mi mismo: “Mi Mismo MiDiabetes… No tengo mucha alternativa y me inyectaré para los 20 hc que le calculé (en base a galletas y dulces que he probado en Chile)”.

Cuando le iba a hacer la foto correspondiente para el registro, se me iluminó la ampolleta. ¿Y si le tomo una foto y la amplío para leer mejor? Uso la cámara como lupa…

Tenía el iPad, pero igual funciona con un teléfono.

Le tomé la foto y luego la amplié: 17 gramos de hidratos de carbono según pude traducir por ahí. No muy lejos de los 20 que intuí.

Listo… Ya me lo comí, estaba rico… y todo anda bien. 🙂

Un nuevo uso para la cámara del teléfono, un pequeño gusto, una pausa en vacaciones.

Mucho ha cambiado. Sin embargo sigo teniendo diabetes…

“Suerte de tener paciencia porque la suerte se busca”. 
ZPU, Golpe de Suerte, Doce Lunas.

Esta vacaciones comenzaron en Holanda.
No visitaba Amsterdam desde agosto de 1996, hace 18 años ya.
Muchas cosas han cambiado. Esta vez en el viaje no éramos solo Tamara y yo…  Se sumaba nuestro hijo de 16. No llegamos en tren desde Frankfort, esta vez fue en avión, directo desde Santiago. No nos quedamos en un hotel en una habitación minúscula, arrendamos un departamento…
Iguales, pero no tanto.
Pero otras cosas seguían igual.

Luego de instalados en el departamento y nada más comenzar a caminar las calles de una ciudad, pequeña en extensión y en número de habitantes si la comparamos con otras urbes europeas de igual fama (unos 700.000 aproximadamente), comenzaron a aparecer los mismos edificios, del mismo color, las mismas bicicletas y los mismos ciudadanos arriba de ellas, sintiéndose los dueños de las calles.

La cervecería de la esquina, el puente de aquella foto, el restaurante de crepes… El jardín de flores… Todo igual. Claro! La zona central, la más turística, admite pocos cambios. Quizás una casa un poco más inclinada que entonces, y nada más.

Caminar la ciudad era recordar. Era mirar un poco atrás y también adelante.

Estar acá no es cuestión de suerte. Soy de los que cree que con diabetes o sin diabetes la suerte se busca.
Disfrutar unas vacaciones como las que estamos pasando con mi familia es un premio que nos damos nosotros mismos. Estar acá no es fruto de ganarse la lotería ni nada parecido. Es la recompensa por el trabajo bien hecho. Unas veces cuesta más, otras cuesta menos. Pero es trabajo.

Y lo mismo pasa con la diabetes y la búsqueda de un buen control.  No es tarea fácil, pero se puede conseguir.

Hace poco comentábamos con un grupo de colegas on line sobre el afán de traducir el buen control de la diabetes muchas veces a un solo parámetro, al resultado de la hemoglobina glicosilada. Y estábamos de acuerdo en que eso no lo es todo. Más todavía si sabemos que puedes estar muy alto… y muy bajo muchas veces y tener una A1c de 6.5%.
Pero eso… ¿es calidad de vida? Yo creo que no.
Calidad de vida es ser feliz.

Cosas del viaje.

Siendo práctico, les comento cosas del viaje.

Ya no hay tanta ansiedad antes de partir. Mis viajes no suelen ser a la aventura de lo desconocido. Nunca ha sido ese nuestro estilo. Vamos a lugares en donde la civilización, como la conocemos y vivimos día a día, lleva instalada muchos años.
Entonces… ¿qué podría hacer que nuestro disfrute con diabetes saliera mal? No debería haber grandes inconvenientes si tomamos las precauciones mínimas. Y por mínimas hablo de completar el check list de nuestros insumos… Y medirnos… medirnos… medirnos, una y otra vez, para tener una idea de lo que está ocurriendo en nuestro organismo.

Por cierto, siempre es recomendable andar con algún bocadillo (galletas, chocolate, caramelos) que nos ayuden a subir o mantener una glucemia porque no nos gustó la comida del avión, por ejemplo.
Hacía rato que no volaba en KLM… Y siendo muy honesto, la comida no me gustó para nada. Por lo que solo privilegié los hidratos de carbono más conocidos (un poco de pan en la comida y desayuno), la poca fruta que sirvieron, galletas y algún vaso de jugo con azúcar.
Eso sí, siempre midiendo mucho mi glucemia y corrigiendo con insulina si era necesario.

El cambio de hora (6 horas más en Europa que en Chile) prácticamente no me afectó. No bien me subo al avión pongo el reloj de la bomba con la hora de destino, y así ya comienzo a adaptarme. Cuando usaba multidosis, era lo mismo: inyectaba las basales un poco adelantadas. Sí, estaba más expuesto a una hipoglucemia, pero controlándome seguido podía prevenirla. Y por último, terminar un viaje un poco más alto no me afectaba casi nada. No podemos dejar que la diabetes no arruine la diversión.

Nosotros pensamos que arrendar un departamento nos resulta más barato y cómodo. Tenemos más espacio, más privacidad individual y la posibilidad cierta de preparar la comida que queramos. Las comodidades mínimas que tenemos en casa. Y eso para alguien con diabetes hace más fácil la vida cuando andamos paseando.
Sí, hemos comido fuera, pero sin duda y como ya vieron en alguna foto que subí al muro de Facebook, comer como en casa es muy agradable (y más económico).

En #Berlín, cenando como en casa. #ensalada #pastas #comidacasera

 

Caminar, caminar y caminar.



Por si no les quedó claro, nosotros entendemos el turismo de ciudad caminando. Conociendo y perdiéndose en sus calles, sintiendo los olores, mirando los colores, escuchando a la gente. Usando los magníficos medios de transporte público disponibles podemos conocer más.
Pero andar de turista significa caminar… mucho.
Un tour a pie, de 2 a 4 horas, con un guía que te cuente lo más relevante de los lugares que vamos pasando es una buena forma de adentrarse en la historia de la ciudad en que se está. Además, permite tomar nota de lo que se puede visitar luego, con más profundidad.
Ahora, si ya un miembro de la familia ha estado en la ciudad, también la perspectiva cambia, pero hay cosas que descubrir juntos.

Tabletas de glucosa, caramelos y mucha agua, junto al glucómetro y la insulina adentro de la mochila y ya está. Y unos euros para comprar lo que sea necesario: una fruta a la pasada, más agua o derechamente la comida si es que la hora avanza y seguimos con los pies en la calle.

¿Una hipo en pleno museo? Bueno, ¿acaso es primera vez que tengo una? No. Y como en algunos no dejan entrar con las mochilas a la sala de exhibición, pues la glucosa y el glucómetro en el bolsillo. Aunque debo recordar al gentil guardia del Museo Van Gogh en Amsterdam, que cuando pasé el arco detector de metales y al mostrarle antes mi bomba de insulina me dejó continuar con mucha amabilidad, dándome las gracias por advertirle de mi condición.
Eso es sentido común. Y ese es el que debe reinar en la vida en general. No darle a la diabetes más importancia de la que tiene.

No es un pretexto, no es una excusa, la diabetes es una oportunidad.

De hecho, miro lo que ha sucedido en los medios con Sierra Sandison y mis convicciones se ven reafirmadas.

Con una foto ella ha conseguido en muy poco tiempo lo que muchos llevamos haciendo hace años: mostrar nuestra diabetes sin complejos.
En buena hora que los medios hayan reaccionado y le den cabida a la historia de esta chica de 20 años, diagnosticada hace 2 con diabetes tipo 1, y que desfilando en traje de baño con su bomba de insulina ganó el concurso de belleza de Miss Idaho.
Les invito a hacer todos los mismo, y si no es una bomba, pues con lo que usen. Varios muestran orgullosos sus lápices o jeringas.

El azúcar como idioma universal.

Es una suerte que el inglés tenga raíces comunes con el alemán y el holandés… Porque azúcar suena parecido. Entonces, hay que leer las etiquetas nutricionales para mirar qué tiene lo que estamos comiendo cuando la información está disponible.

Alguien me preguntaba cómo lo hacía con algunas cosas que sí tienen azúcar, como la salsa de tomates.
Y mi respuesta es ¿quién dijo que yo no como azúcar?
Si cuento carbohidratos, si mido mi glicemia, si uso insulina, no hay gran problema en consumir productos con algo de azúcar. Y si hago mucho ejercicio, como salir a caminar todo el día, pues que buen aliado tenemos.
El pan envasado tiene azúcar… El ketchup tiene azúcar, las salsas, la mayonesa y así.

Aprender. Ensayo y error, ahí está la clave. Hacer las pruebas en casa, para que cuando salgamos a “la vida” no nos llevemos una sorpresa… Y si nos llevamos esa sorpresa, pues sacar las lecciones y tratar que no se repita. ¿Se repitió? No es un fracaso, es un repaso de la lección por aprender, para aprenderla mejor 😉 .

En este viaje he tenido hiper y he tenido hipos… Cómo no tenerlas si tengo diabetes. ¿Esos “eventos” me hacen un mal paciente? No. ¿Los últimos 20 años con A1c de 6% me hacen un “buen paciente”? Tampoco.

Vivimos de rutinas, y las vacaciones no están ajenas a ello. Entrando en la rutina de este tiempo, con o sin diabetes podemos y debemos disfrutar igual.

No creo que haya pacientes buenos o malos, solo hay los que saben y los que saben menos, porque al final del día todos, todos queremos estar bien.

Cuando vine la vez pasada usaba lápices con el sistema de multidosis, hoy uso bomba de insulina y monitoreo continuo de glucosa. Pero en esencia, todo sigue siendo lo mismo: medir, contar e inyectar.

Hoy tengo mucha más experiencia, más fotos para compartir y momentos para recordar. Muchos errores he cometido. He acumulado kilómetros arriba de un avión, un tren o un auto. Y espero seguir acumulándolos.

Algunas cosas han cambiado, otras no. No es suerte estar acá.

La diabetes y la no rutina de las vacaciones.

O de cómo estar preparados para los imprevistos que la vida nos pone por delante.

Cambia, todo cambia decía la canción.

¿Por qué habría de seguir todo igual si nosotros cambiamos día tras día?
 ¿Por qué tendría la diabetes que permanecer constante, si son tantas las variables que la influyen?

Pensar eso es un error.

Vacaciones supone un cambio en la rutina, quizás el mayor de los cambios es transformar esa rutina en la no rutina.

No hay un día igual a otro. Al menos así entiendo yo las vacaciones.
Hace muchos años ya que las vacaciones suponen más movimiento que de costumbre para nosotros como familia. No somos de ir a la playa y tendernos en la arena con la panza al sol. No, eso no va con nosotros. Lo nuestro tampoco llega a las aventuras extremas. Pero si visitamos un lugar que no conocemos tratamos por lo menos de ir a la mayoría de los sitios más atractivos, de movernos, recorrer, caminar, conocer, observar el paisaje geográfico y humano, y todo eso. Turistas de a pie, con los ojos bien abiertos y con cámara fotográfica al cuello.


Pero esto supone un gran desafío para el manejo de mi diabetes.

Y el primero que enfrenté vino el día previo a nuestra partida.
 Hice un cambio de cánula de la bomba de insulina y un cambio del sensor continuo de glucosa. Y lo hice sin pensar mucho.

Lo primero que noté al ponerme la cánula fue que me dolió un poco más que lo de costumbre. Ya al pasar la insulina para cebar la cánula había algún malestar. Un pequeño ardor, para nada intenso, pero yo sentía cuando estaba pasando la insulina del bolo. 
Debí reparar en ello de inmediato, pero no lo hice… porque se venían las vacaciones.

Las primeras 24 horas, que incluyeron un viaje de casi 10 horas conduciendo, con paradas para descansar claro está, fueron de sube y baja… Con glicemias muy erráticas a pesar de hacer el cálculo correcto de los hidratos de carbono.

Pero había que sumar también la inactividad, al estar sentado solo conduciendo, y algo de estrés cuando el tráfico se ponía intenso. Entonces, tantos factores a considerar a veces confunden, perturban un poco el raciocinio.

Una cosa que también pasé por alto fue que en un arrebato de innovación, me puse la cánula en la parte frontal del abdomen, a poco más de dos dedos del ombligo. Y si bien es cierto que esa es una zona indicada, yo casi nunca la he usado con las cánulas. 
No sé si se han fijado, pero vean las fotos de la publicidad de las bombas, y ese suele ser el lugar escogido.

Bueno… En mi caso, debo confesar que eso se ve bien solo en las fotos, eso pasa en la tele no más, porque a mi no me funciona. Así de simple.

Pero como estoy de vacaciones, me tomó un par de días darme cuenta y decidir cambiar la cánula. Volví a mi lugar favorito: la parte lateral de mi cintura (si es que tengo cintura, jajaja). Ahí he “cultivado” unas “interesantes” acumulaciones de grasita que me “ofrecen” una amplia superficie para elegir y poner la cánula hasta donde la torsión de mi tronco me permita en la parte posterior… 
Cambié la cánula y asunto arreglado, en ese aspecto.

La rutina es buena en muchos aspectos. Nos da seguridad, nos reafirma cuando hacemos las cosas bien. Nos premia dándonos las pautas para repetir ciertas acciones y tener casi siempre los mismos resultados. Nos pone en piloto automático. Nos hace pensar menos… Pero por lo mismo puede ser dañina

La lección aprendida es que hay que elegir el momento adecuado para hacer algún cambio que pueda afectar nuestras glicemias. 


Yo elegí mal al ponerme la cánula más adelante, porque se venían días en los que habría muchos otros factores que podrían afectar mis glicemias tanto o más que el sitio de inserción.


Ahora las hiper o las hipos son más por problemas de cálculo de los hidratos de carbono o ejercicio extra. Cosas que en vacaciones pueden ocurrir, porque cuesta más planificar. 


Pero sumando y restando, he disfrutado sin que la diabetes haya sido un obstáculo, porque la veo más como un desafío: incorporarla a la no rutina y pasarla bien igual.

MiDiabetes desde Paris.

MiDiabetes en Paris

Cuesta concentrase en escribir cuando se supone que se está de vacaciones.
 Y digo se supone porque habiendo decidido dedicarme a esto de la diabetes a través de un sitio web, mientras sea el único responsable hay poco espacio para el descanso. Pero no me quejo. Es lo que elegí y es algo que me ha ido llenando de satisfacciones.
Además, es la forma perfecta de demostrar que la diabetes no se toma vacaciones. O que justamente en vacaciones es quizás cuando más tengamos que preocuparnos pues las rutinas cambian y con eso es casi seguro que más de algún ajuste tengamos que realizar en nuestro manejo.

Por lo pronto les cuento, para los que no lo sabían, que estoy en Paris, Francia, desde el martes 3. No es la primera vez que visito esta ciudad. Pero desde 1998, la última ocasión que estuve por acá, muchas cosas han cambiando y no sólo en mi diabetes.
Quizás las más significativas son que tengo un hijo y junto a mi señora viajamos con él, uso bomba y hoy internet existe masivamente.

Para mi, un viaje supone una preparación especial. Considero que la planificación es fundamental. Por cierto que tratar de tener todo controlado es imposible, pero sí algunas certezas como donde alojar por ejemplo. Quizás por eso nunca de joven hice el clásico mochileo…

Cuando viene a Europa por primera vez, en 1995, ya usaba multidosis. Pero era con insulina NPH y rápida (cristalina). Recuerdo que una de las preocupaciones era pedir “menú para diabético” en la línea área. Y la otra preocupación era cómo ajustar los horarios de las inyecciones de la NPH, ya sea arriba del avión o ya instalado en el destino.

Con respecto a los horarios, mi médico me sugirió dos alternativas. La primera era ir ajustando poco a poco (una hora cada día) el horario de la inyección de la insulina basal. Así que si teníamos cuatro horas de diferencia, en 4 días debía terminar de ajustar las dosis. Y la otra, pero que me exponía a descompensaciones por lo que requería estar más alerta, era ajustar de inmediato arriba del avión. 
Como buen tímido aprendiz lo primero que hice fue ir ajustando poco a poco, conforme pasaban los días… Y era un desastre, pues me obligaba a estar más pendiente de eso que de lo que de verdad venía a hacer acá (que era trabajar). Entonces mi diabetes molestaba más de la cuenta. Por lo que al siguiente viaje me decidí por la alternativa de modificar de inmediato todo arriba del avión (en donde tengo tendencia a las altas por el estrés de viaje) inyectándome con el horario del destino. 
Y así lo hice varias veces sin grandes problemas. 
Y en esta ocasión, con la bomba, me resulta más fácil aún, ya que sólo tengo que cambiar la hora de la bomba por la hora del destino para que las basales ajustadas comiencen a hacer su trabajo. Así tuve glicemias muy normales durante todo el desplazamiento hasta llegar al aeropuerto.

Con respecto al “menú para diabéticos”, les contaré que después de haberlo pedido la primera vez y haberme pasado todo el viaje hipoglicémico, nunca más lo solicité. Es que está pensado para pacientes con diabetes tipo 2, entonces los hidratos de carbono brillan por su ausencia. Y ahí uno tiene andar preparado con la glucosa o el jugo o los dulces…

Hoy como lo que todo el mundo. Pido bebidas sin azúcar y edulcorante y lo demás lo voy viendo con harto sentido común. Eso sí, mis glucosas me acompañan siempre.

Estando en Paris el tema ha sido bien fácil. La información nutricional está por todas partes y es cosa de leer no más para hacer los cálculos. Como buenos turistas con presupuesto limitado, no nos vamos a meter a restaurantes caros, que tienen platos sofisticados en donde hay que adivinar los ingredientes. Y como en cada esquina hay más de un café chiquito y con onda la oferta es amplia.
Las baguettes con más ricas y crujientes acá, el queso sabe de otra manera, pero los hidratos de carbono son casi lo mismo. Si sumamos las largas caminatas diarias (nosotros no somos turistas de arriba de buses o autos) tenemos una buena combinación para conseguir glicemias dentro del rango.
En estos 4 días he tenido sólo un par de hipoglicemias sintomáticas (una en el hotel, llegando de un paseo con 39 mg/dL) y dos hiperglicemias sobre 200, ambas esta mañana en el museo de Orsay.

Llevo también un cambio de cánula con llenada de reservorio y eso no ha significado ningún problema.

Esta mañana, al entrar al museo debimos cruzar un arco detector de metales. La instrucción era vaciar los bolsillos y dejar todo, los bolsos y cámaras fotográficas en una caja, para pasarlos por el lado. Así lo hice y el señor guardia me dijo que mi “móvil” también debía dejarlo. Él creyó ver un teléfono al mirar la bomba. Le dije que era una bomba de insulina y muy presto me pidió disculpas y me dijo que pasara no más. 
Y algo similar sucedió ayer, cuando subimos a la Torre Eiffel. También hay que pasar un control y esta vez soné! Literalmente activé la alarma. Otra vez la bomba. Cosa que no ocurrió al salir en el aeropuerto de Santiago. De hecho allá no me revisaron nada, y conste que en una maleta de mano llevaba casi la mitad de su contenido en insumos para MiDiabetes: jeringas, cánulas, insulina, glucagón, cartuchos de insulina, lápices desechables, aguas, etcétera.

En fin, cosas de los viajes, pero para todo hay que estar preparado. Sólo así pienso que se disfruta más y mejor.