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Una pausa.

A simple vista no puedo leer la etiqueta nutricional de este #ChocoWafer de #Milka. Le hice una #foto con el #iPad y me entero que tiene 17 gramos de hidratos de carbono. Sí, tiene #azúcar, pero yo cuento #carbohidratos y uso #insulina.

Quizás lo que les voy a decir no sea nada nuevo para nadie… Pero igual se los comento.

Soy goloso. Sí, lo soy… Y tengo diabetes! Buena combinación, ¿cierto? 😉

Hoy día nos dimos un descanso con la familia.
Suena raro, darse un “descanso” cuando se está de vacaciones, y en Europa…
Pero es que llevamos 15 días intensos por acá, no hemos parado y ha sido maravilloso.

Entonces, hoy hicimos una pausa.

No salimos a conocer nada en especial. Solo a almorzar por ahí y luego al supermercado para comprar algunos víveres que nos estaban faltando.

Y me compré un par de cosas sin azúcar y una con azúcar: un ChocoWafer de Milka. Una galleta oblea, redonda, bañada en chocolate.
De buenas a primeras le calculé unos 20 gramos de hidratos de carbono.

Traté de leer la información nutricional y… No pude! La letra es muy pequeña.

Sí, tengo presbicia, uso lentes para leer, pero esta letra simplemente NO LA LEO.

Y díjeme a mi mismo: “Mi Mismo MiDiabetes… No tengo mucha alternativa y me inyectaré para los 20 hc que le calculé (en base a galletas y dulces que he probado en Chile)”.

Cuando le iba a hacer la foto correspondiente para el registro, se me iluminó la ampolleta. ¿Y si le tomo una foto y la amplío para leer mejor? Uso la cámara como lupa…

Tenía el iPad, pero igual funciona con un teléfono.

Le tomé la foto y luego la amplié: 17 gramos de hidratos de carbono según pude traducir por ahí. No muy lejos de los 20 que intuí.

Listo… Ya me lo comí, estaba rico… y todo anda bien. 🙂

Un nuevo uso para la cámara del teléfono, un pequeño gusto, una pausa en vacaciones.

De churros, diabetes, sentido común y experiencia.

Poco más de un mes atrás mi amiga María Jesús Navarro, que reside en Valencia y fue quien me alojó en su casa con motivo del Diabetes Experience Day, me había enviado unas fotos suyas comiendo churros con chocolate en la Chocolatería Valor. Como yo ya sabía que viajaría le dije que no le perdonaba si no me llevaba a degustar esas maravillas que veía en la foto. Y ella cumplió.



Quizás una de las golosinas que más recuerdo haber disfrutado de pequeño son justamente los churros, asociados a atardeceres paseando por la playa en verano, ferias de diversiones y circos en septiembre, acá en Chile.

Me gustaban entonces, me gustan ahora, me requete gustan y seguirán gustando, estoy seguro… no puedo negarlo.


Hay una historia familiar también ligada a eso, pues mi tío favorito los preparaba en casa cuando éramos chicos para que los disfrutáramos junto a mis primos.


Con casi 28 años ya con diabetes, no recuerdo bien cuándo los volví a comer luego del diagnóstico. Seguramente fue a fines de los 90, cuando ya usaba multi dosis de insulina como tratamiento, en combinación con el conteo de carbohidratos. Sí recuerdo que las primeras veces la hiper glicemia post prandial era fija, pues la fritura en aceite hacía difícil calcular el momento preciso de la absorción (cosa que no ha cambiando mucho hoy 😉 )



Cuando la semana pasada publiqué la foto de los churros con chocolate que comí en Valencia, muchos me preguntaron cuántos hidratos de carbono tenían cada uno. Cuál era mi glicemia pre prandial y cuál la post prandial.


La verdad es que de buenas a primeras no tengo todas las respuestas.
Cuando vi los churros simplemente los “agrupé” mentalmente para darme una idea del volumen y desde ahí hacer un cálculo aproximado. ¿30, 40, 50 gramos de hidratos de carbono quizás?
 ¿Y el chocolate? El chocolate decía “sin azúcar” y olvidé preguntar con qué estaba endulzado… Me pareció que tenía maltitol, por el sabor dulce, espeso y de buena consistencia y agradable al paladar. Además es sabido que el maltitol funciona muy bien con el chocolate y en reposteria.

Miro el registro de la bomba de insulina y puse 80 grs. de hidratos de carbono y un bolo cuadrado para cubrir hasta una hora y media luego de haberlos comido.


¿Pero saben la verdad? Yo quería disfrutar mis churros con chocolate en Valencia, quería guardar ese momento para siempre. Porque tampoco es algo que yo haga siempre. De hecho hacía rato que no había comido… Y los de Chile son algo distintos.

Entonces… ¿Vale la pena amargarse, complicarse, por tratar de dar con el cálculo exacto? ¿Merece la pena recriminarse por no acertar? ¿Merecemos reprimir un deseo tan básico como el disfrutar algún bocado? ¿Si todos los días, cada día, cada momento pensamos la diabetes y nos esforzamos por tratar de hacer las cosas bien, acaso no merecemos alguna vez un premio?


Si somos conscientes, si sabemos que es algo extraordinario, si hemos hecho del ensayo y error nuestra filosofía de vida para enfrentar la diabetes yo creo que sí, merecemos ese premio, merecemos sentirnos bien. Quizás se trate de una forma de evasión de la realidad… Pero yo creo que no tiene nada de malo, e incluso muchos terapeutas lo recomiendan con el fin de liberar la tensión acumulada que perfectamente podría llevarnos a una depresión. Ahora, se trata de no abusar eso sí, que eso quede claro.



En un anterior viaje a España, en 2012, estando en Madrid también comí churros… Y luego, unos días despues, caminábamos por las calles de Barcelona y unos amigos compraron una porción al pasar para comer mientras andábamos la ciudad. Y los disfruté igual que ahora. Sin remordimientos. Con la certeza de que si fallaba el cálculo usaría insulina para corregir.



No niego que con el tratamiento que uso se hace mucho más fácil “salirse” a veces de la norma. Pero qué tal si la próxima vez que vean a su médico le plantean una posibilidad así. Y no tiene que ser necesariamente churros. Puede ser cualquier alimento que ustedes añoren comer y quizás por ahora lo tienen vedado. Quizás es el momento de atreverse, de transar con un poco de ejercicio extra, mayor apego y esfuerzo por estar en rango, para poder hacer esa “salida”, que desde el punto de vista mental ayuda mucho, se los aseguro.



Esta vez creo que mi glicemia post prandial fue de 170 y algo… Sí, parece que fallé. Pero lejos de enojarme con eso, lo único que quiero es que se repita la ocasión para volver a probar y demostrar que aprendí, que saqué conclusiones de la experiencia y podré no solo disfrutar el momento si no que también contarlo como un nuevo triunfo sobre la diabetes.

¿Por qué fui a las 73ª Sesiones Científicas de la Asociación Americana de Diabetes?

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Porque quiero aprender más.

Muchos me preguntan por qué voy a este tipo de reuniones. Si son congresos dedicados básicamente a profesionales de la salud, en donde muchas materias son de una alta complejidad científica, ¿qué puede hacer alguien como uno allí?

La verdad es que desde que me involucré en el ámbito de la diabetes en forma más profesional, por allá por 2002, me di cuenta que si no estaba al día con lo que estaba ocurriendo en materia de investigación, productos, nuevas formas de tratarla, etc., simplemente sería un espectador pasivo de todo lo que ocurriera.

Además, mi personalidad un tanto inquieta en la búsqueda de nuevos “saberes diabetísticos” me llevaban a mirar una y otra vez lo que la red ponía a mi alcance. 

Leer primero la noticia en un portal y luego llegar hasta la misma fuente, la publicación científica, hace que uno vaya afinando la mente para entender más, al tiempo que plantea el desafío por dar respuesta a lo que en un principio es desconocido.

Recuerdo cuando una profesora de lenguaje, en la enseñanza básica, nos hacía leer libros con el diccionario al lado para buscar aquellas palabras cuyo significado desconocíamos. Decía “No, no me pregunten a mi, búsquenlo en el diccionario…”.
Bueno, quizás ahí está el origen de todo… 😉



Así, no fue raro cuando decidí lanzar MiDiabetes.cl que lo primero que pensé fue en tratar de saber siempre más… Y aparte de leer mucho, otra forma de aprender es asistiendo a cursos y conferencias. Aunque no sean para pacientes, aunque entienda la mitad. Y es que a pesar de la complejidad, siempre hay algo que se puede aprender.



Menos raro fue inscribirme por primera vez como asistente a un Congreso de la Sociedad Chilena de Endocrinología y Diabetes (SOCHED)… Ahora, ni se imaginan la cantidad de explicaciones que tuve que dar para que me permitieran asistir, pues a pesar de pagar la inscripción no soy profesional de la salud. Eso fue en 2009, en Coquimbo, IV Región, norte de Chile. Ahora ya no me ponen problemas y así pasaron luego Santiago, Antofagasta y Valdivia. 



Antes, en 2006, había estado en Cape Town, Sudáfrica, como uno de los representantes de la Fundación Diabetes Juvenil de Chile en el Congreso Mundial de la Federación Internacional de Diabetes (IDF), pero en aquella ocasión no pude asistir a ninguna conferencia pues cumplía otra funciones.


Entre medio, muchos cursos de distinta complejidad, pero todos orientados a profesionales de la salud. Por lo mismo es que cuando me entregan el certificado al final, para mi es un papel más. Jamás llegaré a saber tanto como un médico, por lo que el cartón queda por ahí sobre los papeles en el escritorio (más me importan las credenciales como testimonio de mi asistencia y los apuntes que tomo de las charlas que más me interesan 😉 ).



Mirando los programas que suelen aparecer con anticipación uno ya se puede dar cuenta por donde irá la mano de las presentaciones científicas. Y si bien en los congresos hay muchos y variados temas, siempre por ahí hay una presentación que aparece como novedosa o puede ser aun aporte de nuevos conocimientos. Y ya eso vale la pena.



Me sigue sorprendiendo que en Chile no haya nada por el estilo dedicado o que involucre a pacientes. La educación que se nos da está restringida a alguna charla mensual en alguna clínica o a las charlas que los propios hospitales dan a sus pacientes cada cierto tiempo y bueno, a lo que la FDJ lleva haciendo por más de 25 años. Pero así, algo más formal, en donde se va a aprender o por último a reunirse con otro iguales, como un congreso de pacientes con todas sus letras, no existe.



Los congresos o reuniones científicas auspiciadas por laboratorios también son una excelente ocasión para tomar contacto con la industria, que tiene medicamentos y productos dedicados a nosotros que muestran a los médicos… Pero muchos laboratorios, por restricciones de sus políticas comerciales, no pueden tener contacto directo con pacientes, lo que es una complicación para todos.



Entonces, cuando ya se ha ido a muchos congresos acá en Chile, llega el momento de salir. Llega el momento de ir a la que hoy por hoy es la reunión científica más importante del mundo. No por nada la última sesión de ADA 2013 congregó a poco más de 18.000 asistentes, 60% provenientes de fuera de los Estados Unidos.

Y había harto que ver. Tanto que junto a la Sra MiDiabetes hicimos un buen equipo, pues en muchas situaciones habían conferencias simultáneas muy interesantes y ella iba a una mientras yo a otra.



El esfuerzo no es menor. Y no estamos hablando solo de levantarse a las 6 AM todos los días por 5 días, y terminar pasadas las 18 horas todos esos días… También está el costo económico que significa llegar desde el último confín del mundo hasta una ciudad en el interior de los Estados Unidos.


Por eso se agradece la cooperación de Alatheia-Medical, que me hizo un aporte para solventar el costo de la inscripción.

Y se agradece muy especialmente el apoyo irrestricto de la Sra. MiDiabetes. Ir junto a ella, en su calidad de médico pediatra, interesada en temas de endocrinología y obesidad infantil, y como mi compañera de vida, no sólo hace que el congreso ya sea entretenido, hacen que como paseo adquiera otra dimensión. Y ambos aprendemos mucho.



¿Pero saben? Todo el esfuerzo merece la pena. Como lo dije en otro escrito, escuchar de primera fuente los hallazgos de investigaciones, en boca de los propios investigadores, no tiene precio. Poder darnos cuenta de cuánta gente está en lo mismo que uno, tratando de mejorar la calidad de vida de las personas con diabetes es significativo. Conocer personalmente a personas con las que interactuamos todos los días a través de la web y las redes sociales… Eso no tiene precio. El ejemplo más claro fueron los encuentros que tuvimos con Mila, Jimmy y toda la familia de Jaime, mi dulce guerrero. Que ganas que tuviéramos más tiempo para compartir. 

Que fantástica posibilidad de ver ahí, en vivo y en directo el desarrollo que han alcanzado algunos laboratorios con sus productos. Y la importante labor que está realizando la International Diabetes Federation también… Todo en el mismo lugar :)



¿Por qué tenía que ir a la ADA? Porque quería aprender más y porque junto con el Congreso de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD por sus siglas en inglés) y el Congreso Mundial de Diabetes de la IDF, son los encuentros científicos más grandes sobre diabetes. Y porque como la EASD este año será en Barcelona y el de la IDF en Melbourne, Chicago me quedaba más cerca 😉

MiDiabetes desde Paris.

MiDiabetes en Paris

Cuesta concentrase en escribir cuando se supone que se está de vacaciones.
 Y digo se supone porque habiendo decidido dedicarme a esto de la diabetes a través de un sitio web, mientras sea el único responsable hay poco espacio para el descanso. Pero no me quejo. Es lo que elegí y es algo que me ha ido llenando de satisfacciones.
Además, es la forma perfecta de demostrar que la diabetes no se toma vacaciones. O que justamente en vacaciones es quizás cuando más tengamos que preocuparnos pues las rutinas cambian y con eso es casi seguro que más de algún ajuste tengamos que realizar en nuestro manejo.

Por lo pronto les cuento, para los que no lo sabían, que estoy en Paris, Francia, desde el martes 3. No es la primera vez que visito esta ciudad. Pero desde 1998, la última ocasión que estuve por acá, muchas cosas han cambiando y no sólo en mi diabetes.
Quizás las más significativas son que tengo un hijo y junto a mi señora viajamos con él, uso bomba y hoy internet existe masivamente.

Para mi, un viaje supone una preparación especial. Considero que la planificación es fundamental. Por cierto que tratar de tener todo controlado es imposible, pero sí algunas certezas como donde alojar por ejemplo. Quizás por eso nunca de joven hice el clásico mochileo…

Cuando viene a Europa por primera vez, en 1995, ya usaba multidosis. Pero era con insulina NPH y rápida (cristalina). Recuerdo que una de las preocupaciones era pedir “menú para diabético” en la línea área. Y la otra preocupación era cómo ajustar los horarios de las inyecciones de la NPH, ya sea arriba del avión o ya instalado en el destino.

Con respecto a los horarios, mi médico me sugirió dos alternativas. La primera era ir ajustando poco a poco (una hora cada día) el horario de la inyección de la insulina basal. Así que si teníamos cuatro horas de diferencia, en 4 días debía terminar de ajustar las dosis. Y la otra, pero que me exponía a descompensaciones por lo que requería estar más alerta, era ajustar de inmediato arriba del avión. 
Como buen tímido aprendiz lo primero que hice fue ir ajustando poco a poco, conforme pasaban los días… Y era un desastre, pues me obligaba a estar más pendiente de eso que de lo que de verdad venía a hacer acá (que era trabajar). Entonces mi diabetes molestaba más de la cuenta. Por lo que al siguiente viaje me decidí por la alternativa de modificar de inmediato todo arriba del avión (en donde tengo tendencia a las altas por el estrés de viaje) inyectándome con el horario del destino. 
Y así lo hice varias veces sin grandes problemas. 
Y en esta ocasión, con la bomba, me resulta más fácil aún, ya que sólo tengo que cambiar la hora de la bomba por la hora del destino para que las basales ajustadas comiencen a hacer su trabajo. Así tuve glicemias muy normales durante todo el desplazamiento hasta llegar al aeropuerto.

Con respecto al “menú para diabéticos”, les contaré que después de haberlo pedido la primera vez y haberme pasado todo el viaje hipoglicémico, nunca más lo solicité. Es que está pensado para pacientes con diabetes tipo 2, entonces los hidratos de carbono brillan por su ausencia. Y ahí uno tiene andar preparado con la glucosa o el jugo o los dulces…

Hoy como lo que todo el mundo. Pido bebidas sin azúcar y edulcorante y lo demás lo voy viendo con harto sentido común. Eso sí, mis glucosas me acompañan siempre.

Estando en Paris el tema ha sido bien fácil. La información nutricional está por todas partes y es cosa de leer no más para hacer los cálculos. Como buenos turistas con presupuesto limitado, no nos vamos a meter a restaurantes caros, que tienen platos sofisticados en donde hay que adivinar los ingredientes. Y como en cada esquina hay más de un café chiquito y con onda la oferta es amplia.
Las baguettes con más ricas y crujientes acá, el queso sabe de otra manera, pero los hidratos de carbono son casi lo mismo. Si sumamos las largas caminatas diarias (nosotros no somos turistas de arriba de buses o autos) tenemos una buena combinación para conseguir glicemias dentro del rango.
En estos 4 días he tenido sólo un par de hipoglicemias sintomáticas (una en el hotel, llegando de un paseo con 39 mg/dL) y dos hiperglicemias sobre 200, ambas esta mañana en el museo de Orsay.

Llevo también un cambio de cánula con llenada de reservorio y eso no ha significado ningún problema.

Esta mañana, al entrar al museo debimos cruzar un arco detector de metales. La instrucción era vaciar los bolsillos y dejar todo, los bolsos y cámaras fotográficas en una caja, para pasarlos por el lado. Así lo hice y el señor guardia me dijo que mi “móvil” también debía dejarlo. Él creyó ver un teléfono al mirar la bomba. Le dije que era una bomba de insulina y muy presto me pidió disculpas y me dijo que pasara no más. 
Y algo similar sucedió ayer, cuando subimos a la Torre Eiffel. También hay que pasar un control y esta vez soné! Literalmente activé la alarma. Otra vez la bomba. Cosa que no ocurrió al salir en el aeropuerto de Santiago. De hecho allá no me revisaron nada, y conste que en una maleta de mano llevaba casi la mitad de su contenido en insumos para MiDiabetes: jeringas, cánulas, insulina, glucagón, cartuchos de insulina, lápices desechables, aguas, etcétera.

En fin, cosas de los viajes, pero para todo hay que estar preparado. Sólo así pienso que se disfruta más y mejor.