Opinión

(No) Diga 33… (años con diabetes).

No. No les voy a contar cómo fue mi diagnóstico de diabetes tipo 1 allá por el lejano día viernes 13 de junio de 1986.
No, no les voy a decir que en ese entonces tenía 18 años y estaba recién cursando el primer semestre de la carrera de Publicidad en la Universidad de Santiago de Chile.
No, no les voy a decir que ese viernes, a las 18 horas, llovía a cántaros cuando entré a la consulta de un diabetólogo en la clínica Indisa, en al capital de Chile… y me quedé internado 5 días.
No, no les voy a decir otra vez que llegué ahí gracias al buen consejo de una enfermera de la empresa donde trabajaba mi papá, que escuchando los síntomas que él le contó que yo tenía, le recomendó que me hiciera unos exámenes, dentro de los que estaban una glicemia en ayunas.
No, para qué les voy a decir que tenía apenas 280 mg/dL de glicemia si eso se los he contado desde que comencé a escribir mi blog, en octubre de 2005, y seguro muchos de ustedes lo saben. No, no fui diagnosticado con cetoacidosis ni nada de eso tan dramático por lo que sí han pasado otros glucolegas. Es que con las “4P de libro” como dijo el doctor entonces (polidipsia, polifagia, poliuria y pérdida de peso), no hacía falta más exámenes ni nada extra para confirmar lo que tenía.
No, no bajé solo un kilo de peso… Bajé muchos, varios más… Pesaba menos de 50 kilos, y conste que ya desde entonces mido 1.72 mt.
No, no les repetiré que la lluvia torrencial que caía ese día de  invierno era una bonita metáfora para explicar lo que sentía en mi vida en ese momento: estaba solo, internado en una clínica con un diagnóstico que sonó muy duro, porque era para siempre… Si, era un vendaval.
No tienen por qué enterarse que no sé qué habría sido de mi vida sin esta diabetes que me diagnosticaron… Quizás habría seguido trabajando en publicidad (para los que no lo saben, sin redactor creativo).
No, no había nadie en mi familia que hubiera tenido diabetes tipo 1 antes que yo, al menos que se sepa públicamente, solo diabetes tipo 2. De eso sí algo sabíamos, por lo menos que no se podía comer azúcar y había que ponerle sacarina al café para endulzarlo.
No tienen por qué saber que me tardé 6 meses en conocer a otra persona que también tuviera diabetes tipo 1 igual que yo… Era el pololo (novio más informal acá en Chile) de una compañera de universidad.
No saben ustedes que en 1986 no había internet? No, no había, por lo que acceder a información sobre el tema era bastante difícil.
No, entonces mi médico no me dijo que podía usar una bomba de insulina… Prácticamente no se sabía de ellas pues recién se estaban comenzando a probar unos años antes.
No, tampoco mi médico me dijo que podría comer de todo lo que quisiera si aprendía a hacerlo, contando carbohidratos, midiendo la glicemia y poniendo la insulina que fuera necesaria. Nada de eso, por el contrario: me dio una pauta fija, en donde lo único autorizado para sobrevivir era casi repetir lo mismo cada día… Y rápidamente me di cuenta que eso dio resultaba.
No, la aguja que me clavaba en mi cuerpo no medía 4mm… Medía 12… Y no era en un lápiz, era en una jeringa. De hecho esa aguja venía separada de la jeringa, había que ajustarla a presión. Y la insulina venía en dos denominaciones de concentración: U80 y U40… Y pobres de nosotros si nos equivocábamos al ponerla en la jeringa incorrecta, porque se venía la hipo segura.
No, en 1986 no había tanta disponibilidad de productos sin azúcar como hay ahora, solo conocíamos la “fructosa” como alternativa al azúcar tradicional… Por lo que probábamos los productos que la contenían como si fueran de libre consumo… Error mayúsculo me enteré años después.

No tuve un glucómetro hasta 4 años luego de ser diagnosticado, cuando pude comprar unos de los primeros que llegó al país, marca Ames, mientras, comparaba tablas de colores y partía las tiras a lo largo para poder medirme más veces.

No, entonces nadie me hizo ver la importancia de cuidarme muy bien esos primeros años de tratamiento (y así llegué 8 años después a un control desastroso: 12.4% de hemoglobina glicosilada). De la memoria metabólica nadie hablaba entonces (eso es que cuidándose bien los primeros años se disminuyen los riesgos y se retrasa la aparición de complicaciones).

No, nunca imaginé en 1986, cuando Maradona con la mano de Dios llevaba a Argentina a ganar el mundial de futbol de México, que años después junto a personas iguales a mi, con diabetes, lograríamos mejorar una política de salud pública consiguiendo que un tratamiento fuera cubierto por el Estado.

No, en 1986 no pensé que cumpliría 31 años libre de complicaciones… las que finalmente llegaron en forma de una retinopatía, que estoy tratando ahora con buenos resultados. Es decir, cumplí más allá de lo que los estudios muestran y le di tiempo a la ciencia de encontrar nuevas terapias para tratarme. Todo el cuidado estricto que he tenido con mi diabetes desde hace 25 años no ha sido en vano.

No, tampoco sabía en aquel año que en el resultados de las complicaciones no solo tiene que ver el control de la diabetes, que hay mucho más que un porcentaje de hemoglobina glicosilada, mucho más que el tiempo en rango, que variabilidad glicémica. También hay que considerar calidad de vida y algo que solemos olvidar: los factores genéticos. Porque hay muchas complicaciones y/o enfermedades sobre las cuales se tiene más pre disposición solo por la herencia. Quizás si mis abuelos no hubieran tenido todos cataratas, yo no las tendría. Quizás si en toda mi familia hubiera habido sobrepeso, obesidad, yo no habría mantenido la contextura delgada que por muchos años tuve, y en algo hoy todavía me acompaña.


Hay muchas cosas que “no”, es un hecho. Pero han pasado 33 años ya con diabetes y casi no me doy cuenta, porque al final han sido más los “sí”. Y aquí estoy, conmemorando mi diabersario.

Julio Iglesias cantaba que “nada más son media vida…”, entonces no me queda nada más que ir por los otros 33.

5 Responses

  1. Felicitaciones yo llevo 23 años diabetis tipo 2 y tengo puras complicaciones

  2. ¡Qué grande Marcelo! Felices 33 años.

    Yo cumplí hace poco 23, ¡me llevas 10! y también a la misma edad, a los 18 años. Mi debut fue un mes antes del viaje de fin de curso a Bariloche (tradicional viaje en Argentina) y fue un autodiagnóstico porque no aguantaba a los recreos para ir al baño. En ese entonces tenía un CD de la Enciclopedia Mosby de Medicina, y al buscar los síntomas estaba más que claro el diagnóstico. Mi primera HbA1c fue de 14%

    Las tiras en orina, el ponerle el aire al vial de insulina para llenar las jeringas Terumo que te atravesaban al pincharte, las primeras cintas reactivas de Bayer, la cura para la diabetes que siempre se auguraba para el siguiente año… Cómo cambió todo ¿no?

    ¡Brindo por el avance de la ciencia que hizo que los 2 estemos vivos hoy!

    1. Gracias por tus palabras Alejandro… Y sí…
      Yo recuerdo que mi primera aproximación a las “nuevas terapias” fue un par de meses después del diagnóstico, mirando un programa de televisión que hablaba de los avances en las ciencias, así en general. Y lo que mostraban era a un joven estudiante de medicina chileno, Marcelo Díaz de Valdés, que había ido al Joslin a ponerse una de las primeras bombas de insulina comerciales del mundo… Un armatoste más grande que los walkman de la época (te hablo de 1986). Y Marcelo mostraba cómo le había cambiando la vida para mejor, considerando lo complicado que se le hacía estudiar medicina y cumplir con todos los horarios que los tratamientos tradicionales le imponían.
      En ese momento me dije que algún día tendría una bomba como esa…
      Lo más bonito es que en 1994, cuando conocí a quien es mi esposa le hablé de este estudiante que había visto en la tele, con una bomba y ella me contó que fueron compañeros de facultad, él iba unos cursos más arriba y eran cercanos. Lo que hizo que a la primera oportunidad que tuvimos de toparnos en un congreso de diabetes (él es internista pero muy estudioso de la diabetes claro está) mi esposa nos presentó y le conté aquella promesa que me hice a mi mismo.
      Pasaron 7.300 días y pude usar algo mejor! 20 años después me puse mi primera bomba, que por lo menos era más pequeña que las que usó Marcelo.
      Marcelo tiene más 50 años con diabetes y es un privilegiado… Le ha tocado conocer, probar y vivir un poco más que nosotros con la enfermedad y es un testigo y usuario de cuanto avance haya podido darse en todo este tiempo.
      Así vamos construyendo la historia, y es bueno que así sea, porque para muchos, las cosas comenzaron cuando a ellos les pasó… Y conociendo de primera fuente lo que ocurría antes, podemos ser más agradecidos y entender mejor el momento en el que estamos ahora.

  3. Creo que supere la meta de todos, este año cumplo 36 años con Diabetes 1 y gracias a Dios sin ninguna complicación absolutamente sana, como me hace recordar aquellos años en que de verdad las jeringas eran separadas de las agujas y pucha que dolian esos pinchazos y si medir los colores de las glicemias (yo tambien cortaba las tiras para hacerlas durar)jajaja, era muy escaso encontrar alimentos libres de azucar todo prohibido hoy en dia la vida es mucho mas facil pero a pesar de que como nosotros que vivimos en esos mundos aquellos logramos mantenernos bien a esta edad, espero que volvamos a contar de nuestras vidas con esta amiga que quiso vivir con nosotros de por vida (diabetes) y que recordemos en 33 años mas nuestras grandes anécdotas de nuestros comiensos siendo diabéticos. Un gran abrazo. Y Feliz cumple diabersario

    1. Tal y como lo describes!
      Gracias por tus palabras, que nos ayudan a recordar el camino recorrido… Un camino muy parecido, por no decir igual.
      Seguimos adelante, por más y mejor, porque nadie dijo que sería fácil, pero sí se puede!

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