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                                        "Querida, invité a un diabético a cenar..."



saber de diabetes

20.04.2009. Por Marcelo González G.

Típica colación de diabético

No pocas veces la esposa de un amigo escuchó esta frase para informarle que habría visitas en la noche… Y cuántos problema representaba esa invitación no sólo por inoportuna, claro ella ya tenía planes!, sino que además echaba a andar toda una serie de acciones para poder “atender” como corresponde al complicado "amigo diabético".

"Pero… ¿Qué puede comer? ¿Le gusta el pescado? ¿Y el vino? ¿Los diabéticos no pueden comer papas, no es cierto? Tampoco arroz… ¿Y el postre? ¿Es que sólo tengo duraznos en conserva con crema? ¿Y si compramos un helado light, bajo en grasas? Sabe que más… Invítelo a un restaurante mejor".

Cuántas veces hemos visto la cara de horror de nuestros anfitriones que se arman un gran lío al saber que tenemos diabetes… Y si le agregamos que tenemos Tipo 1… Mejor ni comentar las expresiones. Finalmente nos sentábamos a la mesa y lo que había era puras verduras cocidas… ¡cero hidratos de carbono! Y para no incomodar, vamos pidiendo pan entonces ;)

Y esta situación la podemos llevar a la fiesta de cumpleaños de los amiguitos, el asado del fin de semana, la comida de celebración de los 50 años de matrimonio de los papás, el almuerzo aniversario de la empresa, la convivencia del colegio… Invitaciones y eventos sociales de todo tipo.

No bien hemos salido del hospital o la clínica luego del diagnóstico, y al llegar a nuestro hogar nos encontramos de golpe con la cruda realidad: hace 22 años mi mamá se preguntaba qué diantres me podía dar de comer, si ya no podía comer azúcar, dulces, tortas, helados, bebidas azucaradas o chocolates según dijo el doctor entonces. ¡Como si mi alimentación hubiese estado basada exclusivamente en esos productos!

Bueno. Recuerdo que tomamos debida nota de TODO lo que me dieron en la clínica, de sus raciones y combinaciones. Desde ese tiempo me quedó la costumbre de probar en algunos desayunos unas galletas de soda o agua, con mantequilla, un trocito de jamón y arriba una pequeña cucharadita de mermelada de frambuesas ligth… Para mi, una exquisitez.

Arroz con pollo a la plancha… Puré de papás con un guiso de carne… Fruta cocida de postre… Y así muchas otras cosas de que tan elaboradas visualmente parecían imposibles de replicar en casa. Pero era más simple que eso, era lo mismo de antes pero más medido: una pequeña ración de hidratos de carbono, proteinas y muchas verduras, ojalá verdes, porque tenían nada de hidratos de carbono. Así descubrimos que el puré de papas me funcionaba mejor con las papas no tan molidas. Y por un tema de absorción, era mejor que las pastas las comiera al dente, a la hora de almuerzo y dejara el arroz para la cena. Era cosa de probar no más y el horizonte se comenzó a abrir.

Poco a poco fuimos abasteciéndonos de algunos productos (no había muchos acá en Chile en 1986) "especiales para diabéticos": yogurth, flanes, jaleas, mermeladas, galletas, gaseosas, chocolates… Pero eso no era “comida de verdad”. Y nos fuimos dando cuenta con el apoyo de algunas personas que lo único que había que hacer era simplemente conocer la cantidad de hidratos de carbono de lo que comía, pero siempre limitando la ingesta y respetando sagradamente los horarios, la insulinoterapia de entonces así lo obligaba.

Hace poco en Facebook, una acompañera de universidad publicó una foto de entonces en la que aparezco comiédome una manzana… Y les puedo asegurar que esa foto fue tomada a las 11 de la mañana o a las 4 de la tarde… que era la hora en que me tocaban las colaciones (por la acción de la insulina NPH). Y así me convertí, a mediados de 1986 y todo 1987 en el chico de las manzanas y los yogurths de piña, frutilla o frambuesas… y las galletas de soda, alimentos que por la facilidad para conocer su contenido de hidratos de carbono no podían faltar en la lonchera de quien tuviera diabetes tipo 1 que se preciara de serlo. En mi mochila convivian permanentemente los cuadernos y libros con todo este “arsenal alimenticio” que podía servir para quedarme en una isla desierta llegado el caso.

Poco tardé en darme cuenta que si quería beber algo aceptable por mi nueva condición, y con lo que me gustaban las gasesosas, simplemente tenía que considerar llevar yo mismo mis provisiones cuando fuera de visita a algún lugar. Fiestas, cumpleaños, invitaciones familiares a almorzar eran la prueba de fuego. Una soberana lata les diré, pero así no más era… Y en algunos contados casos sigue siéndolo.

No se imaginan cómo sufrieron mi mamá y mi abuela que siempre me habían preparado queques que no bien salían del horno ya comenzaban a ser degustados aun calientes por este servidor ;) Y es que no había caso con la fructosa (azúcar de la fruta) el único endulzante ademas de la sacarina, que era usado para cocinar… pero que tenía un resultado poco apetitoso cuando era sometido a preparaciones que requerían altas temperaturas.

Así que poco a poco fuimos conociendo lugares donde preparaban “cosas” "especiales para diabéticos". Pero eran… y siguen siendo más costosas que las “normales”.

Y los viajes. En el primero que hice en avión ya como Tipo 1 se me ocurrió pedir el "menú para diabéticos": casi me dio una hipoglicemia severa pues era para tipo 2: verduras, verduras y más verduras. Nunca más pedí ese menú, ahora pido normal y ahí voy separando que como y que no.
Para algunos amigos, los menos eso sí, todavía sigue siendo una complicación invitarme… Los más, afortunadamente y gracias al “trabajo” de educación que he venido haciendo con ellos, tienen claro que a mi me basta una bebida light (no bebo alcohol ni fumo) y estamos ok. El resto, como de todo. Los hidratos de carbono de acción rápida para las posibles emergencias los llevo conmigo siempre.

Hoy, con tratamientos bastante menos restrictivos, el tema es más fácil. Pero requiere disciplina y un buen conocimento del conteo de carbohidratos.

Dependiendo en el ambiente en que nos movamos, unos podemos estar expuestos a situaciones como eventos donde los cócteles se suceden día por medio… O las celebraciones o “colaciones compartidas” en el colegio con los niños más pequeños… Ahí es justamente donde tenemos que lucirnos dando muestras de nuestro conocimiento, midiendo antes, a lo mejor durante, y por supuesto después, para sacar conclusiones y volver a aplicar lo que nos resultó y corregir los errores…

Y por último, siempre existirán las manzanas de 15 h de c cada una… Lo mismo que las galletas de soda (3,5 h de c cada una) y los yogurths de 10 ;) .






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